Las rocas de los gentiles de Hendaia

El destino final de estas grandes rocas o dunbak no era el arenal de Hendaia, sino un lugar muy distinto, situado a treinta y seis kilómetros de distancia de aquí. Cuentan que unos gentiles arrancaron una gran piedra de la Peñas de Aia y cuando se disponían a lanzarla a la catedral de Baiona para destruirla, se tropezaron y finalmente vieron frustrada su meta. La piedra acabó en este rincón de la playa de Ondarraitz y en la caída se partió en dos. Desde aquel momento este pueblo marinero quedó ligado para siempre a sus dos gemelas.

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Así era la historia que se le contaba a todo aquel que preguntaba acerca de las gemelas de la playa de Hendaia. Incluso hay una versión más escatológica en la que se cuenta que el tropezón de los gentiles fue con una boñiga. Lo cierto es que es una historia de lo más rocambolesca, quien sabe si se trate de una metáfora de los últimos recuerdos de la lucha ideológica que tuvo que suceder entre las antiguas religiones vascas y el cristianismo. Desde luego que para mí la imagen de unos gentiles lanzando una gran piedra a una catedral me da mucho que pensar; más aún el hecho de que finalmente los gigantes no consiguieran su meta y que esta lucha frustrada quedara grabada en la costa vasca para siempre.

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Mitologías a parte lo cierto es que estas piedras, conocidas también como dunba luzea y dunba zabala, han sido formadas gracias a la fuerza del agua y el viento. Los geólogos nos cuentan que antes de tomar esta forma, estaban unidas al continente. Su silueta es la estampa más característica de este lugar.

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Venir a conocerlas es la excusa perfecta para acercarse a este rincón. Estamos en una magnifica playa de tres kilómetros de fina arena. Está repleta de paseantes y también de gente practicando surf, cuenta con muy buenas olas para ello.

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Y si las gemelas y la playa no os parecen suficiente excusa para visitar este sitio, lo hará el Chateau d´Abbadie. En lo alto de los acantilados que están enfrente de las famosas rocas, se alza un castillo de cuento. Su arquitectura es impresionante aunque su ubicación no se queda para nada atrás. Se trata de la antigua morada de Antoine d´Abbadie (1810-1897). Fue alcalde de Hendaia pero también astrónomo, antropólogo, lingüista y miembro de la academia de las Ciencias. Su peculiar personalidad se refleja en todo el edificio; instaló un observatorio astronómico para realizar catálogos de estrellas. Era también un apasionado de los viajes, existen esculturas de animales exóticos por toda la fachada del edificio. Entre sus hazañas encontramos que realizó la primera cartografía de Etiopía. Además fue uno de los más ardientes defensores de su lengua, el euskera, y su cultura.

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SorginenHendaia

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