Huellas renacestista a los pies del Oiz

Me encanta ir en busca de rincones por nuestro territorio. Además de ilustrativo, es divertido y ¡barato!, algo que hoy día no viene nada mal. Hacía muchos años que no iba a Ziortza-Bolibar (Bizkaia). Lo recordaba como un sitio cargado de arte, totalmente rodeado de montaña. ¿Y hay algo mejor que ahondar en nuestra historia mientras hacemos una travesía por nuestros montes? Bizkaia y toda Euskadi es así. Seguramente se deba a que nuestra vida económica, social y cultural se haya desarrollado en las faldas de nuestros verdes montes y escarpadas costas. Esto hace que en cualquier lugar encuentras tesoros como el del Monasterio de Santa María de Zenarruza, que fue antiguamente Colegiata.

Más info: https://turismo.euskadi.eus

Tengo que confesaros que no recordaba que aquí se encontrasen las pocas muestras de arte de la época renacentistas en Euskadi.

Aunque la edificación de este lugar comenzó antes. Cuenta la leyenda que allá por el siglo X, los lugareños vieron cómo un águila cogía una calavera de una tumba que estaba abierta y la dejó caer en el lugar donde hoy se encuentra el templo. Interpretaron aquello como una señal divina y decidieron construir aquí este bonito monumento. La verdad es que al estar tan rodeados de naturaleza, no es tan difícil imaginar la escena. Nosotros tuvimos la suerte de ver un corzo en los alrededores, se encontraba bebiendo agua en uno de los arroyos que rodea al Monasterio. Aquello lo interpretamos también como un mensaje divino, ese tan popular que reza: Al que madruga, Dios le ayuda. 😉

Pero no os dejéis engañar por su naturaleza porque este sitio no ha sido nunca un lugar recóndito. De hecho, ha sido y es una parada internacional. En pocos minutos escuchamos hablar en tres idiomas distintos. Y es que este enclave tiene el honor de ser Camino de Santiago, está dentro de la ruta del Camino del Norte. Se trata de una parada obligatoria en este popular recorrido porque es entre otras cosas Monumento Nacional de Euskadi.

Foto: http://xacopedia.com

 

Este hecho le hace tener en su haber un claustro de estilo plateresco, muy poco habitual por estos lares, por no decir que es el único. Este movimiento artístico es una forma de arte que surgió en la península entre el Gótico tardío y el Renacimiento, a finales del siglo XV, extendiéndose durante los dos siglos siguientes. Este estilo se caracteriza por una decoración rica que cubre las fachadas con elementos vegetales, fantásticos y todo tipo de figuraciones. En este claustro podemos encontrar muchas conchas que nos recuerdan que estamos en plena ruta jacobea.

Foto: http://www.euskadi.eus

Su retablo también es uno de las pocas muestras de este movimiento artístico en Euskadi. Otra joyita del lugar con pinturas y esculturas de la escuela flamenca. Es muy bonito ver como un arte tan ostentoso como el de la época del Renacimiento, se entremezcla con las vigas de madera de estilo rural y arcos medievales de media punta.

En el interior del templo llama mucho la atención su órgano. Resulta que es ¡el más antiguo de Euskadi! Fue construido en 1686, también en estilo plateresco, por Joseph de Eizaga Echebarria, franciscano natural de Eibar, y su discípulo y homónimo José de Echebarria. Echebarria fue clave en la formación del órgano hispano.

Creo que poco más se puede decir de este rincón de Bizkaia, a los pies de Oiz, más que se trata de una visita obligada en nuestra agenda. Os invito a visitar también el pueblo de Ziortza-Bolibar donde está el museo de Simón de Bolívar. Aquí se puede ahondar en la historia de los vascos en Latinoamerica y pasear por sus calles repletas de caseríos y molinos muy bien conservados.

Fuente en el paseo de Ziortza-Bolibar
Una de las calles de Ziortza-Bolibar.
Motivos que nos recuerdan que estamos en plena ruta jacobea.

 

Por la Italia más medieval (Parte III: Siena, una ciudad de la Edad Media)

Se me van acumulando temas y viajes para contaros pero toca seguir con mi ruta por Italia antes de empezar con más andanzas, y es que la Toscana da para tanto que podría estar semanas hablando sobre todos sus rincones. Cuesta concretar, y mucho. La parte más medieval de la Toscana sea quizás para mí la más desconocida. Así que, seguimos,… Después de dejar atrás San Gimignano, al noroeste de la provincia de Siena, nos dirigimos al centro de la región. Para llegar hasta allí atravesamos pequeñas colinas, valles poco profundos, zonas boscosas, campos de viñas y cereal donde aparece de repente algún ciprés despistado.

En el corazón de la provincia se encuentra la capital. Quizás no es la ciudad más importante de La Toscana, Florencia ocupa este venerable lugar, pero desde luego que Siena sí es la ciudad medieval más destacada.

Lo que todo el mundo recuerda cuando llega a esta ciudad y que llama mucho la atención, es su plaza semicircular en cuesta de color anaranjado. Allí se encuentra la Torre de Mangia de origen medieval. Esta torre es altísima y se ve desde muchos puntos. Pertenece al ayuntamiento, alcanza los 88 metros de altura y domina la Piazza del Campo.

En italiano Mangia quiere decir “el que come mucho”. Parece ser que al primer guardián de la Torre, Giovanni di Balduccio, le gustaba la buena vida, comía y bebía en abundancia, gastándose todos sus ahorros. Por ello era conocido como mangiaguadani, el “come ahorros”. Era tal la cantidad de dinero que la Torre se “comía” en reparaciones de su reloj y el sistema automático de campanas que tomó el nombre de este personaje tan peculiar.

La plaza además de curiosa, es muy animada. No se me ocurre mejor sitio que este para tomar un rico helado italiano en una tarde de verano. Las gradas que veis a mi espalda son parte de los preparativos para la gran fiesta de este lugar, y diría que de toda Italia. Es el Palio de Siena, una carrera de caballos que enfrenta los distritos de la ciudad y que se remonta a la Edad Media. ¡Qué pena que no la pude ver! La emoción ya se notaba entre sus gentes.

La competición se desarrolla dos veces al año, el 2 de julio en honor a la Virgen de Provenzano y el 16 de agosto en honor de la Asunción de la Virgen. Se desarrolla de la misma manera que se hacía en el medievo. Los trajes, la música, la carrera,… dicen que es como un viaje en el tiempo. Como no tuve la suerte de verlo, ¡tengo excusa para volver a Siena!

 

Me encantan las fuentes de Italia. Y qué importante son en verano. Hay agua potable ¡por todas partes! Tengo que reconocer que la que más me gustó es la de la Fontana di Trevi, en Roma. A la derecha de la impresionante fuente barroca, existe una con un agua muy fresca y rica. El agua de esta de Siena tampoco estaba nada mal pero sin duda lo más espectacular es la escultura que la corona. La más bonita e impresionante de la ciudad, dicen que es la Fuente de Gaia que no pude ver por las gradas de las fiestas. Pero aquí os dejo una foto. Tiene esculturas de Jacopo della Quercia.

Y como en toda Italia, las catedrales son ¡impresionantes! Después de la de Florencia, esta es la que más me impresionó. No sé si era la luz que desprendía, los colores, las esculturas o todo ello en su conjunto, pero sin duda, es una de las más espectaculares de Italia. El conjunto de la catedral y el baptisterio es todo un buenísimo ejemplo de arte gótico italiano. Aquí se cumple con creces eso que se dice de que una imagen vale más que mil palabras.

Lo mejor de estas ciudades tan espectaculares como esta, declarada en el año 1995 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO por ser la representación de una ciudad medieval, es perderse por sus calles y monumentos. Y así perdiéndome por sus rincones, encontré cosas tan bonitas como estas.

Espero que hayáis disfrutado del viaje. Como os dije en el pasado post, fue en esta bella ciudad donde me hospedé, en el Hotel Deli Ulivi. Muy buen hotel. Aquí os dejo el enlace de Agroviajeros, afiliada a Booking para más info. http://www.agroviajeros.com/toscana

Por la Italia más medieval (Parte II: Un skyline del siglo XIV)

Aunque el plato fuerte de nuestro camino hacia Siena fuera San Gimignano y su silueta, no podía dejar de hablaros de la pequeña ciudad toscana de Monteriggioni. Pocas veces he visto una ciudad amurallada tan bien conservada como esta, estamos en la provincia de Siena. Fue construida en el siglo XIII y poco se ha transformado desde entonces. El tiempo se detuvo en este pequeño rincón de la Toscana hace más de ochocientos años. Así que lo que veíamos; las murallas, las catorce torres y las casas llevan intactas desde entonces, lo que la convierte en uno de los mejores ejemplos conservados de la Edad Media de toda Italia. ¡Imprescindible e impresionante!

Vista aérea de Monteriggioni.
En el interior de las murallas se encuentran las casas medievales.

Este lugar amurallado además de tener intactas sus edificaciones, también guarda inalterable en su memoria un hecho que marcó profundamente su historia. Tras resistir los ataques de Florencia con éxito, en 1554 fue traicionado por el guardián de la población. Giovannino Zeti había sido desterrado de Florencia, pero los Médici le prometieron poder regresar si antes entregaba las llaves de la ciudad a los florentinos. Cosa que hizo.

Una de las puertas de la gran muralla.

Después de dar cobijo a Zeti tras sus murallas, los monteriggionesis no consiguieron sobrellevar tal tradición que aún perpetúa a fuego en el sentir de este pequeño rincón de la Toscana. Y es que esta ciudad tuvo en la Edad Media un papel muy importante en los conflictos entre Siena y Florencia. A lo largo de los años, los habitantes de esta ciudadela soportaron con éxito los ataques de los poderosos florentinos. Hasta que la “gran traición” consiguió lo que no se pudo lograr por la fuerza.

Cuatro de las catorce torres de la ciudad.
Una de las casas de Monteriggioni.

Y por si nos habíamos quedado con ganas de torres, arribamos a lo que seguro tuvo que ser el New York de la Edad Media. Desde luego que los peregrinos del medievo que llegaban por la Vía Francígena hasta aquí para luego dirigirse hacia Roma se tuvieron que quedar de piedra.

Si yo nunca había visto semejantes edificaciones medievales, me imagino que los peregrinos del siglo XIV ¡mucho menos! San Gimignano tiene un skyline medieval que para sí quisiera New York. 

Si ya impresióna esta silueta, imaginaos como tuvo que ser cuando todas las torres estaban conservadas. Esta pequeña localidad ha logrado mantener quince de las cerca de setenta torres que debió de haber en este lugar. 

Estas impresionantes edificaciones le hacen ser entre otras cosas, uno de los lugares más visitados de la Toscana. Cuando te adentras en este pintoresco pueblo te das cuenta que las torres son alargadas y estrechas, difieren mucho de las nuestras. Y es que además de defensivas tenían otra utilidad, las familias adineradas competían entre sí por ver quien podía construir la torre más alta, ya que simbolizaba más poder y riqueza. 

Entre el s. XII y s. XIV esta villa vivió una época de esplendor económico. Ello se debía a que era lugar de peregrinaje a Roma, los ricos productos del campo como el vino y el aceite hicieron el resto.

La vida transcurre sobre todo en la Piazza Cisterna, muy cerca es donde se encuentra la que dicen es ¡la mejor heladería del mundo! Estando ahí y en pleno julio, merecía la pena detenerse y probarlo.

No se si era el calor, el hambre, que es el mejor helado del mundo o un combinación de todo pero lo cierto es que estaba de morirse de bueno.

En el próximo post la bella ciudad de Siena. Es allí donde nos hospedamos. En el Hotel Deli Ulivi. Muy buen hotel. Aquí os dejo el enlace de Agroviajeros, afiliada a Booking para más info. http://www.agroviajeros.com/toscana

 

Por la Italia más medieval (Parte I: Orvieto)

Aunque la Toscana tenga como capital a la deslumbrante Florencia, cuna del Renacimiento, me quedé sorprendida con lo medieval que son sus pequeños pueblos rodeados de viñas, olivos y sus inconfundibles cipreses.

A los pies del castillo de Castiglione del Lago.

Recorrimos pueblos tan encantadores como Orvieto, Castiglione del Lago, San Gimignano o la impresionante Siena. Cada vez que visitábamos las callejuelas de cada uno de estos rincones pensaba para mi misma; sin duda este es el pueblo más bonito de toda la Toscana. Hasta que llegábamos a otro encantador pueblito y entonces decía, no, ¡sin duda el más increíble es este! Y así durante todo el recorrido que duro varios días. ¡Qué deciros cuando llegamos a Florencia! Estaba incluso más bonita de lo que la recordaba. Lo único que no me agrado de este viaje, fue el poco tiempo que tuve para saborear cada rincón de la antigua Etruria.

Típico paisaje toscano en San Gimignano.

Aquí comienza un recopilatorio de este impresionante viaje. Os confieso que quería contaros en este post todo el recorrido pero lo he tenido que dividir por partes, ya que cada lugar tiene tantas cosas que contar que me ha resultado imposible resumirlo tanto.

Primera parada, Orvieto:

Este pueblito está en la provincia de Umbria, pero muy cerca de la Toscana. Es una parada obligatoria para los que visitan esta región. Nada más llegar te sorprenden unas grandes murallas que se entremezclan con la toba volcánica marrón, es toda una fortaleza natural. De hecho, fue en época antigua una importante ciudad etrusca, ¡no me extraña! Ahí arriba estaban muy bien resguardados. Nada hace pensar que entre estos muros se encuentre todo un pueblo, y menos aún que sea el lugar donde se asienta una impresionante catedral de estilo gótico italiano como esta.

Los que habéis visitado Italia sabéis que en este país cosas así suceden constatemente. De repente asoman obras de arte y edificios tan espectaculares como esta catedral del siglo XIV.

Parece ser que los Papas pasaban aquí largas temporadas, de ahí esta espectacular edificación. Dejamos atrás la Piazza del Duomo para cruzar la avenida principal. Por sus calles se esparcen casas medievales muy bien conservadas, tiendas y pequeños cafés con mucho encanto.

No pude resistir la tentación de tomar un espresso con las vistas puestas en la catedral. Es uno de esos pequeños placeres que me di durante todo el viaje. Pero aunque este pequeño pueblo de no más de veinte mil habitantes sea ya de por si, sorprendentemente bonito, aún nos guarda una sorpresa bajo la manga.

Existen dos Orvietos; el de la superficie y el que se encuentra bajo nuestro pies. Y es que toda la roca de origen volcánico está horadada por más de mil pozos, galerías y cavernas. ¡Si! ¡¡He dicho mil!!,… ¡Increíble!  La llaman la ciudad subterránea. En estas galerias se puede saber más acerca de la vida de los misterioso etruscos. Los historiadores cada vez se sienten más fascinados por la cultura, ingeniería e historia de este pueblo del que los romanos aprendieron tanto. En las galerías se pueden ver pinturas y obras de este pueblo, la parte más antigua del Pozzo della Cava es creación de ellos. También obras de ingeniería que parecen la verdad, cosa de un ingeniero del siglo XXI.

Es impresionante también el pozo de San Patricio que servía como reserva de agua en caso de un asedio medieval. El Papa Clemente VII ordenó su construcción después de escapar del ataque a Roma y refugiarse en Orvieto.

Algunas de las galerías se han utilizado como bodega, ya que estamos en tierra de vinos. Su relación con los caldos se remonta al periodo etrusco. Ellos llamaban a Orvieto, Oinarea que creen que significa “la ciudad donde corre el vino”. Se cuenta que Luca Signorelli, en el contrato firmado para realizar los frescos de la Capilla San Brizio, pidió 1.000 litros de vino al año para él y para sus ayundantes.

Las murallas, las galerías y las callejuelas empedradas hicieron que me entraran ganas de volver a Laguardia. Se parecen muchísimo. La verdad que nuestro rincón de Rioja Alavesa poco tiene que envidiar a Orvieto. Viajando te das cuenta de que nuestro pequeño rincón en el mundo es también otra maravilla.

En este lugar es también donde el controvertido exciclista guipuzcoano, Aitor González, gano la octava etapa del Giro de Italia, allá por el año 2002.

En el próximo post, más paradas de este viaje tan bonito por la Italia más medieval.

 

Bóboli, un jardín por amor

Este verano he tenido la suerte de recorrer algunos de los lugares más bonitos de Italia y diría que de Europa, con permiso de nuestra preciosa Euskadi. Cuantos más rincones del mundo conozco, más pienso que la belleza, el arte y la cultura están casi siempre estrechamente relacionadas con la naturaleza. Y es que la buena vida no se entiende sin estar en contacto con la tierra, ¿verdad? Eso mismo debieron de pensar los Médici, la familia más famosa del Renacimiento, cuando trasladaron su hogar al flamante Palacio de los Pitti, situado junto a los bonitos jardines de Bóboli. Este parque fue el resultado del amor de Cósimo I de Médici por su esposa Eleonora.

Jardín de Bóboli, dentro del Palazzo Pitti de Florencia.

Esta impresionante edificación se encuentra en la capital de La Toscana, en Florencia, junto a la ribera sur del río Arno, muy cerca del emblemático Ponte Vecchio. El palacio fue levantado por Luca Pitti, ostentoso banquero florentino que falleció en 1472, sin ver terminada su gran obra. Sus descendientes habitaron aquí hasta que en 1549 el declive de la fortuna familiar obligó a Buonaccorso Pitti a venderlo a la gran duquesa de Toscana, esposa de Cosme I de Médici y así paso a ser la residencia habitual de la influyente, poderosa y más famosa familia del Renacimiento, los Médici. Ellos fueros los mecenas de artistas y científicos como Leonardo Da Vinci. Hoy en día es un museo increíble donde puedes ver colecciones de arte e incluso cosas curiosas como el fastuoso cuarto de baño de Napoleón I. Y es que este lugar también sirvió de residencia por un corto período de tiempo al militar francés.

“El joven Michelango” escultura de Emilio Zocchi 1862. El trono del Gran Duque de Toscana y el baño de Napoleón I.

Detrás del gran Palacio como escondido para los florentinos, se encuentran estos grandes jardines con sus espléndidos 45.000 metros cuadrados. Es la zona verde más grande de la capital toscana.

Foto: turismotoscana.es
El pequeño lago situado en una de las terrazas del jardín.

Antes de habitar aquí, la familia Médici tenía su residencia en el centro de Florencia. La vida capitalina no les acababa de convencer del todo, echaban de menos el campo y la naturaleza. Es cuando ellos compran este gran palacio que comienza la historia de este bonito parque.

Eleonora Álvarez de Toledo, aristócrata española y duquesa consorte de Florencia.

Cósimo I de Médici tuvo fama de tirano pero también fue conocido por el amor que le profesaba a su esposa Eleonora. Además de ser esposa y madre de sus once hijos, disfrutaba de privilegios que no estaban dispuestos para las otras consortes de políticos, como participar en política y en cuestiones de gobierno. Fue esta admiración hacia su mujer lo que le hizo construir estos jardines, dando indicaciones precisas: tenía que ser un parque cuya belleza estuviera a la altura de la hermosura de su esposa. En sus inicios abarcaba sólo una parte, fue en el siglo XVII cuando se extendió hasta el suroeste.

Frente al Museo de Porcelana, en una de las zonas más altas del jardín.

No se si estará o no a la altura de la belleza de Eleonora, pero lo que sí es cierto es que este parque cautiva. No es el típico jardín repleto de flores, más bien son arboles y arbustos lo que podemos encontrar a nuestro paso pero eso no le resta belleza al lugar. Paseando por el parque es fácil imaginar por qué decidieron levantar aquí este bello jardín. La senda del parque sube hasta una pequeña colina, y es que antiguamente se trataba de una cantera.  Por el trayecto nos encontramos con encinas, cipreses mediterráneos y los olores del pequeño boj, en estas latitudes su aroma es incluso más intenso.

También nos topamos con grutas, fuentes, pérgolas y decenas de estatuas de mármol. El arquitecto florentino Raffaello fue el responsable del diseño de los jardines en 1549. Pero murió al poco tiempo, por lo que las obras tuvieron que suspenderse. Se reiniciaron alrededor de 1558, a cargo del arquitecto y escultor florentino Bartolomeo Ammannati.

En los patios italianos y también en este jardín no solo se paseaba y se tomaba el sol, también se representaban obras de teatro y conciertos. A escasos metros del palacio está el anfiteatro. En su centro se encuentra este curioso obelisco, es egipcio, fue traído desde la Villa Médici en Roma.

No pude parar de fotografiar el pequeño jardín de rosas que se encuentra enfrente del Museo de Porcelana. Difícil elegir entre sus piezas de cerámica y estas bonitas flores.

Si venís a La Toscana no os olvidéis de visitar este pulmón de la capital. ¡Merece la pena!

Billetes, sitio oficial: https://webshop.b-ticket.com/webshop/webticket/eventlist?tokenName=CSRFTOKEN

Precio: 13 €

Horario: 8:15–18:30

Dirección: Piazza Pitti, 1, 50125 Firenze FI, Italia

Achicoria para el camino

A los que nos toca quedarnos por aquí en estas fechas, estamos siendo testigos de que este verano está siendo algo inusual, incluso para nosotros; por un día de playa, tenemos cuatro o cinco de zirimiri y nubes. Pero a pesar de la lluvia, la temperatura está siendo agradable e incluso en ocasiones sale el tímido sol. Sin duda, el clima ideal para hacer muchas actividades. Una de las mejores opciones es pasear. Personalmente prefiero los días sin mucho sol para andar por nuestros caminos. Uno de mis paseos preferidos es el de los acantilados de la playa de Azkorri (Getxo). Como cada verano llama la atención por su belleza y cantidad esta bonita flor de color azul-lila que crece junto a los senderos y caminos.

En su día me sorprendió saber que esta planta de la familia de las asteráceas, es la achicoria común (txikoria en euskera). Sí, esta bonita flor de perfectos pétalos azul-lila, es ese famoso sustitutivo del café. Para prepararlo se utiliza la raíz de la planta, tostada tiende a acaramelarse y al molerla, da como resultado un sabor intenso, ligeramente picante y amargo que recuerda al café. Se utilizó sobre todo en épocas de escasez de la afamada bebida con cafeína, como en la Guerra Civil o la Postguerra, más adelante se empezó a mezclar con café hasta que su uso casi desapareció. Recuerdo como si fuera ayer el olor de la cocina de mi amama cuando preparaba café con achicoria las tardes de domingo, decía que con la mezcla se intensificaba el sabor y que así era más sano. Hoy día debido a su peculiar sabor y a sus beneficios para la salud está volviendo a muchas cocinas de los grandes restaurantes.

¿Cuáles son sus beneficios?

Tiene una cantidad alta de inulina, muy buena para regular el azúcar. Además, posee intibina, que le da ese sabor amargo tan característico, que ayuda a la digestión. Es rica en ácidos grasos esenciales, vitaminas del grupo B y minerales como el potasio, calcio y fósforo. Y dicen incluso que ayuda a reducir peso, ya que evita la retención de líquidos y aporta menos de 20 kcal por cada 100 gramos. Una joya natural y culinaria que todos deberíamos tener en la cocina.

La podemos cultivar nosotros mismos, es una planta muy rústica que no requiere de muchos cuidados y además se puede sembrar durante todo el año. Aunque los mejores resultados se logran con las siembras de otoño y primavera. Es originaria de Europa, así que en nuestro clima se encuentra de maravilla. Le gusta crecer a los bordes de los senderos como sucede en los caminos de Azkorri.

Es una maravilla de planta que puede alcanzar el metro de altura. Solo tiene una raíz, pero esta es profunda y gruesa. Su flor sale precisamente ahora y la podemos encontrar hasta el mes de septiembre. Lo normal es que su flor sea de color azul-lila pero puede coger tonalidades rosas e incluso blancas.  Un dato curioso; la flor solo se abre a pleno sol y sigue su trayectoria al igual que los girasoles.

Es una vieja conocida de nuestros campos y también de la medicina. El mismísimo Carlomagno ordenó cultivarla junto a otras hierbas y condimentos.

Azkorri y sus acantilados tiene otras riquezas naturales como el brezo del cantábrico y muchas otras plantas y arbustos. Estos días las tonalidades y olores de estos caminos merecen un paseo y más en esas jornadas de poco sol, ya que no hay muchas sombras. El sol quizás no, pero la que si nos acompañará en nuestro paseo, es la bonita y alegre flor de la achicoria.

 

El premio al árbol con mejor sombra es para…

Algunos en verano van en busca del sol y están deseando que los rayos tuesten su piel, otros en cambio vamos buscando la mejor sombra donde cobijarnos, sobre todo esos días despejados cuando parece que el astro rey no da tregua. Un propósito que con los años se va consolidando, es como si el cuerpo tuviese un tope de sol y poco a poco nos lo va advirtiendo, por lo menos eso me pasa a mí. Los que vamos en busca de este bien tan preciado, sabemos que la mejor sombra es la de los árboles y si le acompaña debajo una buena mata de hierba mejor que mejor.

En un bosque de Bizkaia debajo de un frondoso roble

Buscando, buscando, nos surgen algunas dudas, muy importantes si es que nos vamos a echar un largo rato a los pies de uno. ¿Cuál es la mejor sombra? ¿Qué árbol será el que mejor nos proteja de los temibles rayos del sol? Todos hemos escuchado eso “de la higuera, la sombra no es buena; y la del nogal trae mucho mal”. ¿Pero qué hay de cierto? La sabiduría popular en ocasiones es muy sensata. La higuera es un pequeño árbol de copa grande y frondosa que invita a tumbarse sobre sus raíces pero no es oro todo lo que reluce. Este arbusto originario de Asia despide un olor, casi asfixiante, debido a que contiene un jugo lechoso, un látex, también conocido como leche de higo que fluye en cuanto se corta. Se utiliza para eliminar verrugas pero en mucosas es irritante y puede producir alergias. A la higuera y su peculiar olor se le atribuyen incluso cualidades mágicas. En Donibane Lohitzune se cuenta que el que se pone debajo de su sombra en San Juan aprende a tocar el violín. (Pikondo baten azpian musika-tresna batekin jartzen denak berehala ikasiko du tresna hori jotzen.)

Con el nogal (Intxaurrondo en euskera) pasa algo por el estilo. Su sombra es muy apetitosa porque a simple vista tiene muy buena copa y esta es alta. Pero las hojas y las cáscaras de los frutos de este árbol caduco contienen mucha cantidad de taninos, lo que con el contacto puede producir toxicidad. Está claro que estar debajo de la higuera y el nogal no acarrea mucho peligro. Aunque una siesta no sabemos, ni cuanto puede durar, ni si acabaremos con una de sus cáscaras en la boca, sobre todo si eres de esos que duerme a pierna suelta. No obstante, dudo que también en este caso suceda nada grave.

Nosotros por si acaso nos decantamos por la sombra del roble. ¡Qué maravillosa que es! Este árbol, oriundo del hemisferio norte, es frondoso y de gran copa. Además deja entrar algo de luz a sus raíces por lo que es fácil encontrar hierba bajo su tronco. Además tiene mucha altura por lo que su sombra es alargada, puede llegar a medir más de 40 metros. Y aquí os podéis echar tranquilos a dormir, no es un árbol tóxico. Su corteza tiene una cantidad importante de taninos que se utilizan como remedio natural pero tenemos que ingerirla en grandes cantidades.

Descansado bajo un roble joven

El roble o aritza en euskera, es un árbol muy vinculado a nuestra cultura. No es casualidad que los fueros se hayan firmado durante siglos bajo su sombra. Se creía que tenía poderes mágicos y que poseía un espíritu propio. El roble ocupa un lugar de honor y es símbolo de resistencia y fiabilidad entre los vascos. Desde luego que a mí ¡me encanta su sombra! No obstante para los días de mucho calor este árbol ¡no es el adecuado! Según la tradición popular la mejor sombra para esos días asfixiantes de calor es,…. ¡¡el haya!! o como se le conoce por aquí, pagoa. Y si no mirar esta foto de hace unas semanas en Urkiola. Así que, The Oscar goes to,… El premio al árbol con mejor sombra va para el haya o como lo conocen los científicos el Fagus sylvatica.

En uno de los hayedos de Urkiola hace unos días

Son árboles que no dejan pasar casi los rayos de sol, a sus pies no crece apenas hierba y sobre todo, ¡¡tiene una sombra muy fresca!! Sus árboles desprenden una humedad que les hace ser el mejor sitio para esos días de olas de calor, quizás sea porque necesitan de terrenos con agua para crecer. Su olor además es una maravilla. Los hayedos tienen un no se qué, que qué se yo, que atrapan. Es uno de nuestros grandes tesoros, normalmente este árbol de la familia de las fagáceas, crece en grupo, así que es difícil verlo solo. Nuestra cordillera es uno de sus refugios junto a los Pirineos en la Península Ibérica. Si este verano no sabéis donde meteros por el calor, apuntad, un hayedo es el mejor sitio para resguardarse.