Seminario en la UIMP sobre el potencial educativo del Ajedrez

UIMP

El apoyo unánime del Parlamento Español el pasado 11
de febrero al ajedrez como herramienta pedagógica, que
refuerza una decisión similar del Parlamento Europeo
en marzo de 2012, ha aumentado mucho la demanda
de docentes y clases en horario lectivo o extraescolar.
Esas decisiones se basan en estudios científicos sólidos
y largas experiencias en todo el mundo que llegan a la
misma conclusión: los alumnos de ajedrez educativo
desarrollan más la inteligencia en múltiples parámetros
(incluida la emocional) y mejoran su rendimiento
académico, sobre todo en matemáticas y comprensión
lectora, precisamente las dos áreas donde el promedio de
los alumnos españoles obtiene peores resultados en el
Informe Pisa.
La prioridad urgente es formar docentes que cubran
masivamente esa demanda. A ese objetivo va dirigido este
curso de la UIMP, que otorga créditos académicos del
Ministerio de Educación. Para asistir y aprovecharlo no
es necesario tener conocimientos técnicos sobre ajedrez,
un juego milenario que se ha convertido en una escuela
de vida. Además de sus efectos puramente pedagógicos,
también se ha acreditado su valor social y terapéutico;
por ejemplo, en el retraso del envejecimiento cerebral
y del mal de Alzheimer; en el TDAH, el autismo o el
síndrome de Ásperger; o en la rehabilitación de presos
y drogadictos. Los docentes y los ajedrecistas deben
tirar ahora del resto de la sociedad para desarrollar las
decisiones parlamentarias.

DIRIGIDO A:
– Docentes de todas las áreas y ámbitos académicos.
– Diplomados o estudiantes de Magisterio, Psicología,
Pedagogía, Ciencias de la Actividad Física y el Deporte,
Historia, Matemáticas, Bellas Artes, Humanidades y
Periodismo.
– Entrenadores, monitores y educadores de ajedrez.
– Público en general.

El seminario tendrá lugar en Santander entre el 2 y el 4 de Septiembre. Cuantos estén interesados en asistir a tan importante cita formativa pueden encontrar más información en http://www.uimp.es/agenda-link.html?id_actividad=62LO&anyaca=2015-16

Interdisciplina Ajedrecística


De cara a la introducción del Ajedrez como Asignatura en los centros docentes, es importante subrayar su potencial interdisciplinar en una educación integral con perfil trasversal en intensa interrelación con las demás materias académicas cuya riqueza podrá evidenciarse a continuación, lo cual, supone un considerable refuerzo mutuo en la impartición de sus contenidos respectivos por el placer que produce en el alumnado la aplicación de unos conocimientos recientemente adquiridos en otros campos del saber ajenos a los mismos. A continuación ofrezco alguna guía de por donde se puede tender puentes para fortalecer armónicamente la presencia del ajedrez en el centro de enseñanza:
1 Matemáticas:
-Problemas ajedrecísticos con implicación matemática, verbigracia, la Leyenda de Sissa donde aparece el cálculo sobre el tablero y los granos de trigo; ¿Cuántos reyes pueden colocarse en un tablero sin que se ataquen? ¿Cuántos caballos? Etc. ¿Cuántos recorridos son posibles por un caballo por todo el tablero sin pasar dos veces por el mismo suelo? ¿Cuántas piezas son necesarias para cubrir todas las casillas con su fuerza usando únicamente las de un bando? Etc.
-Problemas matemáticos ambientados en Ajedrez: ¿En este diagrama qué bando tiene más valor sobre el tablero? El producto cartesiano puede presentarse bajo la forma de un problema de ajedrez…
-Ajedrecistas famosos y matemáticos: Andersen, Lasker, Euwe…
-Matemáticos ajedrecistas de fuerte nivel: Euler, Gaus, Hilbert…
2 Lengua e Idiomas:
-Dictados con temática ajedrecística
-Lectura de cuentos y poesías de ajedrez.
-Una redacción sobre ajedrez…
-La jerga ajedrecística: Lenguaje de ajedrez; Su influjo en el lenguaje coloquial por ejemplo: Escaquearse, Jaque Mate, enrocarse, sacarlo de sus casillas, ajedrezado, hacer tablas, etc.
-Vocabulario en otro idioma de Rey, Dama, Alfil, Jaque, etc.
-Disputar partidas por internet con hablantes del idioma que se estudia para chatear en dicho idioma.
3 Historia
-Historia del Ajedrez
-Personajes históricos ajedrecistas como Napoleón, Marx,…
-El Ajedrez en los monasterios, palacios y cafés y su paralelo sociopolítico con la teocracia, el feudalismo y la burgusía…
4 Ciencia
-Ajedrez e informática Hombre-Máquina; Fraude del autómata “El Turco” Primera máquina de Ajedrez de Torres-Quevedo…etc.
-Filósofos y científicos destacados ajedrecistas: Rousseau, Hume, Einstein, Oppenheimer…
5 Arte
-Belleza del ajedrez.
-Ajedrez en pintura, cine, teatro, literatura….
-Proyección de una película de Ajedrez.
-Artistas buenos ajedrecistas: Tolstoi, Ravel, Prokofiev, Duchamp, Chaplin, Bogart, Woody Allen…
6 Deporte
-El ajedrez tiene federación en más de 160 países.
-Valores deportivos
-Mezclar la práctica de ajedrez con otros deportes como se hace en Triatlon.

7 Manualidades
-Dibujos, Recortables, Plastilina…
-Construir tablero mural en marquetería.
-Construir ajedrez gigante de tela.
-Confeccionar vestidos pata Ajedrez Viviente.

Aula de Ajedrez
Lo ideal y más práctico, es que en cada centro exista un aula de ajedrez a donde el alumnado acuda a recibir la materia. Este recinto deberá ser como cualquier otra aula pero:
-Las mesas no deberán ser muy anchas, es preferible el pupitre a una mesa de biblioteca.
-Deberá contar con tablero mural.
-Un armario donde guardar el material.
-Pizarra
-Ordenador y proyector.
-Decoración ajedrecística en paredes con elementos instructivos.
-El material docente sólo podrá ser utilizado con este fin.

Implicación del Ajedrez en el Centro
El Ajedrez al ser un juego, puede aprovechar su camaleónica versatilidad, portabilidad, economía de recursos, integración del alumnado, etc, para involucrarse en todos los motivos que ofrezca el calendario lúdico-festivos:
-En fechas navideñas: Tarta de ajedrez y concurso de dibujos, cuentos, relatos y poesías de Ajedrez.
-En Carnavales: Ajedrez viviente, disfraces de Ajedrez…
-En Semana Santa: Torneo interno
-Fin de curso: Macrosimultánea con Maestro Internacional en el patio.

El Ajedrez como asignatura

Una de las experiencias más bellas de mi vida ajedrecística: impartir clases junto a Triki "El monstruo de las galletas" en el Colegio Umedi de Bilbao.
Una de las experiencias más bellas de mi vida ajedrecística: impartir clases junto a Triki “El monstruo de las galletas” en el Colegio Umedi de Bilbao.

El trabajo que tengo el gusto de presentar, fue redactado hace algunos años con motivo de un requerimiento profesional que se me solicitó por parte de la institución docente, a fin de ponderar el potencial acomodo transversal curricular de nuestro juego-deporte-ciencia en el marco educativo. La intención con la que escribí el texto, huelga decir, fue la de presentar a los educadores e instituciones implicadas, las enormes ventajas y virtudes que la docencia del ajedrez puede suponer para los centros y los educandos, motivo por el que animo, a cuantas personas estén interesadas en introducir el ajedrez en el aula, que tomen nota de este texto del que pueden servirse libremente (Haciendo referencia al autor y procedencia) para facilitar su labor de fomentar el ajedrez.

1. AJEDREZ: ECONOMÍA Y RENTABILIDAD

La práctica del ajedrez, tiene fácil acomodo físico y programático, dado que su realización puede llevarse a cabo en recintos cerrados y espacios abiertos, tanto en verano como en invierno. Su transporte, cuidado y almacenamiento, tampoco revisten dificultad alguna, como ninguno es el riesgo que comprota su ejercicio. Mínimo es el equipamiento necesario para su disfrute, como mínimo es también el gasto en infraestructuras e instalaciones que requiere el desarrollo de su actividad. Todas estas cualidades, propias de cualquier juego de mesa, unidas al bajo coste económico que supone su mantenimiento, en relación con su alto aprovechamiento y rentabilidad social, arroja como resultado, un hecho que no ha pasado desapercibido para las empresas patrocinadoras ni para nuestras instituciones: El ajedrez es rentable

2. AJEDREZ: IMAGEN

La práctica del ajedrez, transfiere al sujeto que lo practica, sea éste personal, empresarial o institucional, ese halo de nobleza, corrección, seriedad e inteligencia en el que le ha envuelto el inconsciente colectivo, motivo que lo hace aún más atractivo de cara a incorporarlo como elemento relevante y significativo con el que distinguirse a la hora de proyectar una determinada imagen externa.

3. AJEDREZ: INTEGRACIÓN

El ajedrez, por sus propias peculiaridades, halla para sí y para quien lo ejercita, fácil acomodo e integración en los distintos medios y circunstancias que le rodean. Analicemos el caso de una escuela, colegio o instituto, en una perspectiva amplia y abierta:

3.1 Integración en el programa educativo

La materia de ajedrez, proporciona suficientes motivos que permiten el juego interdisciplinar, reforzando con ello los pilares sobre los que se asientan los procesos cognitivos: Todas las materias pueden encontrar en el ajedrez, un auxiliar, una excusa para sus explicaciones y ejercicios: Las matemáticas pueden poner sus problemas de sumas y restas, usando diagramas de ajedrez con el valor de sus piezas; el lenguaje puede ejemplificar la estructura de las frases de Sujeto + Verbo + Predicado en el código ajedrecístico (C x A, Caballo come Alfil), en clase de idioma, se puede hacer dictados y redacciones con el ajedrez como tema, etc.

3.2. Integración en el centro

Aparte de impartirse como materia, el ajedrez tiene cabida como opción extraescolar u ocio en los recreos. A ello le deberemos añadir que, por su versatilidad, el ajedrez ofrece insospechadas formas de participación en las distintas actividades que el centro tenga a bien organizar a lo largo del curso escolar. Así, en Navidad, carnaval, Semana Santa, fiestas del colegio, excursión o Fin de curso, se pueden materializar variopintas actividades lúdico-formativas, verbigracia, un simultánea, un ajedrez viviente, un concurso de dibujos y cuentos de ajedrez, una tarta de ajedrez, Guiñol y Marionetas, etc.

3.3 Integración del alumnado

Pero el ajedrez, como se ha dicho, no solo propicia su propia integración, sino también la de quien lo practica. En este caso, el alumnado independientemente de su edad o sexo, al participar en su conjunto del conocimiento de un juego común, posibilitará a los sujetos más tímidos y retraídos, encontrar el cauce perfecto para su integración individual en el grupo, al contar de entrada, con un elemento más de conjunción.

3.4 Integración de la discapacidad

Por ser un juego predominantemente mental, su práctica no le está vetada a nadie, sea cual sea su disfunción o discapacidad, pues el juego del ajedrez, puede ejercitarse por ciegos, sordomudos, paralíticos, e incluso, deficientes mentales. Ello abre una salida lúdico-deportiva a cuantas personas, por desgracia, les afecte alguna de éstos problemas, cosa más difícil de lograr, en el acceso a otras actividades. A este respecto, debe destacarse la fuerte inversión que en ajedrez, está haciendo la ONCE, en todas y cada una de sus sedes nacionales.

3.5 Integración generacional y familiar

El ajedrez permite disfrutar en rango de igualdad a distintos segmentos de edad, sin necesidad de tratar al niño como niño, ni al mayor como mayor –dentro del tablero, se entiende-. Ello permite su fácil integración familiar, donde no es raro ver a tres generaciones, en torno a un tablero o acudiendo en familia a los torneos.

3.6 Integración social

Al final, el ajedrez, como cualquier otra actividad humana, permite al individuo integrarse en el mundo que le circunda, pues en definitiva, el ajedrez es un medio, nunca un fin, para compartir momentos entretenidos y felices con los demás o una mera excusa para encontrarse con los amigos.

4. AJEDREZ: DISCIPLINA, NORMA Y LEY

4.1 Aceptación de la norma

Al estar regulado, como cualquier otra disciplina deportiva, cuantos beneficios psico-mentales se siguen de practicar deporte, pueden computarse entre los que se siguen de jugar al ajedrez; El sujeto que juega al ajedrez, asume un conjunto de normas que no está en su mano variar que son iguales para todos. El ajedrez le viene dado al alumnado como una realidad perfecta y acabada que no se presta a los cambios típicos de los juegos de patio a los que está acostumbrado el educando. Aceptar la complejidad de la normativa básica del juego de ajedrez para un niño, viene a ser algo parecido al asentimiento tácito-consentido que el ciudadano recién incorporado a la sociedad hace de la realidad jurídica-constitucional vigente. El niño aprende que sin aceptar, ni respetar un mínimo de normas, no se logra el objetivo, cuál es, el de jugar con cierto sentido.

4.2 Aceptación del rival

Aunque en estadios avanzados, el ajedrez permite el disfrute individual, lo propio del juego es la presencia de un oponente. El niño aprende del ajedrez como juego, la necesidad de la existencia de un rival para poder jugar, de un rival que ofrezca resistencia para que el juego sea divertido, y que la rivalidad empiece y termine con la partida sobre el tablero, pero no fuera de ella en la vida, porque al ajedrez sólo se invita a jugar a los amigos. Como disciplina deportiva, aprende que en el juego están de sobra las trampas, que por encima del resultado, está el juego limpio, aprende pues lo que se conoce como deportividad. Este aprendizaje abre a la conciencia del yo, la perspectiva de otros yo iguales, de cuya realidad ajena, hemos de aprender a convivir racional y pacíficamente los distintos intereses cuando entren en conflicto. En ajedrez, la aceptación del rival comienza y acaba en un apretón de manos antes y después de la partida con el respeto mutuo durante el turno de juego, etc.

4.3 Aceptación del mediador

La complejidad del ajedrez, precisa a menudo la mediación de un tercero, cuya autoridad emana de un mayor conocimiento del juego. En este sentido, la figura del árbitro o monitor, hace las veces de juez que vela por la buena marcha del sistema y la correcta aplicación de las normas.

4.4 Aceptación del resultado

Por último, tenemos la aceptación del resultado, cosa que en ajedrez, por ser una disciplina mental e individual, resulta en verdad, algo más difícil de asumir. A este respecto, se debe destacar, que la intensidad de la victoria o de la derrota de una partida de ajedrez, sin exagerar, va mucho más allá del placer de una caricia o el dolor de una bofetada, pues afecta de lleno a la psique de la persona, a su autoestima, a su capacidad… El Yo, no tiene excusa tras la cual esconder su fracaso, pues ni el azar ni el equipo, ni el árbitro, ni la climatología, o la elección del material, inciden lo suficiente como para explicar los aciertos y errores. La aceptación del resultado en ajedrez, supone pues, aceptar la propia responsabilidad de tu juego, de tus movimientos, de tus cálculos. En este sentido, también es reseñable que como resultado de lo anterior, el miedo a la derrota y la euforia por la victoria, pueden y de hecho ocurre, malograr a los jugadores.

5. AJEDREZ: PERSONALIDAD Y CONDUCTA

Estrechamente relacionado con lo anterior, la práctica habitual del ajedrez, indiscutiblemente ayuda a moldear positivamente el comportamiento del ajedrecista, dentro y fuera del tablero, sin que ello tenga por qué coincidir en la personalidad con la que el sujeto se acerca al juego, pues todos los posibles modos, tienen cabida y reflejo en el juego de ajedrez: Las personas tímidas, introvertidas o prudentes optarán por un juego cerrado, defensivo, expectante, pasivo, a la espera de una oportunidad para el contraataque, e decidirán por aperturas de dama, rehusarán gambitos, y se inclinarán por juego estratégico, posicional, rápidas simplificaciones que precipitan las partidas hacia la técnica del final. En cambio, jugadores extrovertidos, de acción, gustarán de partidas abiertas, iniciar la apertura con Peón de Rey, tomar la iniciativa, escogerán líneas de ataque, realizarán un juego táctico donde abunden posiciones asimétricas, con posibilidades de sacrificios, etc. Pues bien, los hábitos y habilidades que modifican la conducta del jugador, sin variar ni incidir en demasía sobre su propia personalidad son:

5.1 Autocontrol físico

La práctica del ajedrez requiere un mínimo de quietud y silencio para la concentración, en consecuencia obliga al jugador a controlar su movimiento corporal. Tanto su juego como el del rival, se verían seriamente afectados si uno de los dos hiciera ruido o continuos tics nerviosos que impidieran la concentración. Es paradójico que, no son pocos los sujetos hiperactivos que incapaces de estar quietos y en silencio en otras actividades, parecen angelitos frente a un tablero, y a la inversa, niños la mar de tranquilos, se muestren muy excitados en cuanto juegan una partida. Será tarea del profesor, favorecer lo uno y evitar lo otro, en la medida de lo posible.

5.2 Autocontrol emocional

El conjunto de emociones que se dan cita antes, durante y después de la partida, son un factor tan sumamente decisivo en la vida personal y deportiva del ajedrecista, que cualquier monitor de ajedrez, con una mínima preparación y dos dedos de frente, sabe que es de lo primero a atender en sus discípulos. La ansiedad, las preocupaciones, los nervios y los cuadros psicosomáticos que les acompaña, aumento de la micción, sequedad bucal, sudoración, aceleración del ritmo cardíaco, distorsión de la percepción temporal, etc, son síntomas propios del jugador que le ayuda activar todas su capacidades físico-mentales en el juego. Pero en el Ajedrez, es imprescindible asumir dicha realidad, para someterla a fin de canalizar toda esa presión hacia un resultado positivo, como lo es, estar en óptimas condiciones para afrontar la partida. En ajedrez, el exceso de euforia o abatimiento, puede comportar la derrota, por una desmesurada confianza o por indecisión. La alegría y la pena, no deben exteriorizarse delante del rival, ni cuando se gana, ni cuando se pierde, pues se supone que en la partida, ambos contendientes han disfrutado del juego, y quien ha ganado, ha enseñado, y el que ha perdido, ha aprendido; de ahí la ley no escrita de la mutua obligación que tienen los jugadores de quedarse tras la partida para analizar comentando las jugadas. Si el tutor de ajedrez no aborda el control emocional del jugador con la suficiente profundidad, puede dar pie a la idolatría egocéntrica de un alumno aventajado, el desinterés de quien no ha aprendido a perder, y a crear obsesiones que dan como resultado al ajedrezómano. Pero tampoco durante la partida es bueno que tu rostro sea el reflejo del alma, no es bueno para tus intereses, que el contrario adivine por tus gestos como tú percibes la posición, si estás contento o preocupado, serio o confiado, etc.
Todo este conjunto de hechos a tener en cuenta, hacen desaconsejable la competición, hasta que el alumnado no tenga el bagaje como para entender por qué gana y por qué pierde, o dicho de otro modo: No se le debe echar a la piscina, sin saber nadar.

5.3 Autocontrol mental

El juego del ajedrez exige del jugador: atención, concentración y reflexión, según sea su nivel de juego, conocimientos e intereses sobre el mismo. Evidentemente, la reflexión del jugador en el transcurso de una partida, correrá parejo, de una parte a la resistencia que ofrezca el rival, pero en mayor dependencia, de su cúmulo de conocimientos. Ante una determinada posición, la reflexión del principiante será más pobre, breve y superficial que la de un jugador experimentado, mas con todo ello, requiere de ambos una gran dosis de atención por parte de su conciencia: en el principiante porque no está acostumbrado obligado a poner sus cinco sentidos en la ejecución correcta de lo poco que sabe; en el caso del jugador experimentado para poner en juego todo su saber y experiencia. El juego de ajedrez, ayuda al niño a concentrar toda su atención dispersa, de un modo gradual casi imperceptible por tratarse de un juego. De un modo voluntario, pero inconsciente, el alumnado adquiere dicha facultad de activar su concentración, concentrando su atención dispersa sobre el tablero. Será tarea del docente, trasladar la mencionada habilidad a ulteriores aplicaciones en el campo de los estudios, o cualquier otro área, La concentración media del jugador de ajedrez sobre su partida, suele ser de media entre un 75% -80%. El ajedrecista precisa tanta concentración porque debe prestar una doble atención: Primero debe atender a la buena ejecución técnica del cúmulo de normas que rigen el juego, y después, debe atender a los chances del juego en sí: sus amenazas, sus defensa, las celadas, la táctica, la estrategia, el plan, etc. Sólo cuando se ha adquirido un altísimo nivel, puede jugarse de modo mecánico o rutinario, prestando sólo atención de modo puntual. Es así como se puede ver a “jugadores de café” charlando mientras juegan un apartida, o a ajedrecistas de gran experiencia, jugando partidas “relámpago” a un minuto. Pero esto no es ajedrez, es “mover madera”.

6. AJEDREZ Y PREVENCIÓN

Conocido es por todos, que cuantas más alternativas de ocio disponga el adolescente, cuanto más sometido esté su tiempo a una determinada afición y cuanto más regule su vida entorno a una disciplina deportiva, menos riesgo correrá de caer en peligros sociales como las sectas o la drogadicción, ambas verdaderas amenazas para nuestra indefensa juventud.
En este sentido, el ajedrez cumple sobradamente con el resto de las citadas actividades, pero además, dado que los peligros de caer en las sectas y las droga, entrañan en buena medida, un alto componente psico-mental, la capacidad de usar el ajedrez como instrumento preventivo contra ambos, se ha revelado en cuantos ensayos y experimentos se han llevado a cabo, como uno de los mejores métodos para combatir dichos males. En este aspecto, es reseñable que el ajedrez ha sido recomendado por la UNESCO para introducirse como materia de estudio en la edad escolar.

7. AJEDREZ Y ACTIVIDAD MENTAL

El cerebro es un “músculo” y como cualquier otro músculo, precisa de ejercicio para desarrollarse y no atrofiarse. La práctica del ajedrez, ayuda a poner en ejercicio todas las capacidades mentales del cerebro de un modo integral, y es por ello que se dice que el ajedrez desarrolla la inteligencia: En verdad, el ajedrez no desarrolla la inteligencia más que las matemáticas o el lenguaje, en cuyos campos, ciertamente queda muy por debajo, sino la inteligencia integral, pues cuando uno resuelve una operación matemática o analiza una oración, focaliza el ejercicio mental sobre un área y una facultad muy determinada, en cambio, la práctica del ajedrez conjuga la activación de muchas más facultades a la vez, como podremos expresar a continuación, no sin antes, aludir a un equívoco demasiado extendido entre los padres quienes a menudo creen que sus hijos se volverán inteligentes por jugar al ajedrez, cuando precisamente ocurre a la inversa, que los niños inteligentes juegan al ajedrez, porque una cosa es desarrollar la inteligencia, y otra muy distinta es crearla:

7.1 Percepción

La percepción está precedida por la correcta interiorización del concepto. Es la experiencia la fuente del conocimiento ¿Pero qué hace posible la experiencia? El concepto, la categoría y el esquema mental sensorial-intelectivo que prefigura dicha percepción. Ante un tablero de ajedrez, el lego percibe de modo confuso, algo blanco y negro con cuadritos; el ajedrecista ve un tablero con columnas, filas, diagonales, bandas, centros, esquinas, etc. Ante unas determinadas piezas colocadas sobre el tablero, le lego percibirá sus formas, figuras y color en el mejor de los casos; el ajedrecista apreciará un valor, unos movimientos, amenazas, defensas, combinaciones, jaques, mates, enroques, etc. Por consiguiente es precisa una correctas instrucción para un buen discernimiento y una exacta discriminación: En un apartida de ajedrez, el alumnado distingue el turno de su juego, las piezas propias de las contrarias, el valor y movimientos de las piezas; las reglas generales de las excepciones; las aperturas de los finales; la táctica de la estrategia; la jugada del plan; las líneas de ataque, de las de defensa… o sea, es un altísimo grado de discriminación continuo.

7.2 Cálculo

El juego de ajedrez, consiste en dar jaque mate al rey contrario, pero con la dificultad de advertirle previamente del peligro que corre con la voz “¡Jaque!”. Es un juego en el que no se desea ganar –a priori- por despiste del rival. Por consiguiente, la victoria de ajedrez es el resultado de una cadena de acontecimientos muy elaborados a base de reflexión y paciencia. El “Jaque-Mate” no sobreviene llovido del cielo, es el fruto de una combinación propiciada por el cálculo. El cálculo de una secuencia de jugadas descansa sobre un desarrollo lógico que anticipa la respuesta del rival. Para obtener una ganancia rápida de material o calidad (valor), le decimos combinación; cuando se analiza una serie más o menos larga de movimientos, cuyo fin es obtener una pequeña ventaja posicional, a eso le decimos analizar una línea. Y cuando de lo que se trata ese de calcular un conjunto de líneas para hacer que el rival entre en nuestro esquema de juego, a la vez de evitar nosotros entrar en el que él pretende, a eso le decimos estudiar una variante. Por último, el estudio de un conjunto de variantes es conocido como preparar una apertura, etc. Es entonces, el cálculo, la táctica, la base del juego ajedrecista. Ya se ha apuntado que el ajedrez exige atención. Concentración y reflexión…. ¿Para qué? Precisamente para atender la necesidad del cálculo.
Imaginación, visualización y fantasía

El cálculo, precisa de una fuerte capacidad de imaginación, visualización y fantasía. El jugador necesita tener claridad de imagen, jugada a jugada, con la precisión fotográfica de una película fotograma a fotograma, pues cualquier error en la visualización, puede suponer la derrota tanto en un ejercicio de ataque como de defensa. La visualización cuando es usada para defenderse de una amenaza, precisa de la imaginación para descubrir cuáles son los peligros latentes de la posición que ha ideado la mente del contrario, es una tarea, pues, de investigación y recreación. En cambio, la visualización necesita de la fantasía cuando se trata de idear algo nuevo, generalmente crear amenazas de ataque al contrario, o sea cuando se activa la creación. Es un ejercicio de fantasía e imaginación, la gran cantidad de aperturas, esquemas y defensas que la posición de las tres primeras jugadas de ajedrez puede llegar a plantear, sin entrar en las complejidades del medio juego (Ver anexo técnico: La apertura)

7.3 Intuición y preelección

Como se ha podido apreciar, el ingente número de combinaciones posibles de juego que ofrece el ajedrez, todavía hoy inabarcable por el cerebro de silicio, hace imprescindible que el jugador estreche el campo de jugadas a estudiar a la hora de mover. Este momento se denomina preelección. La preelección, qué duda cabe, va mejorando con la experiencia, con el hábito, el conocimiento y la personalidad del jugador. Pero en ocasiones, también ocurre que entra en juego la intuición: La intuición aparece en aquellas ocasiones donde las posiciones del todo nuevas para la conciencia del sujeto; el cálculo no distingue ni se pronuncia sobre las líneas; éstas variables son igual de buenas , igual de malas, y aún así, el jugador elige unas y no otras, a priori, para analizar con profundidad, desechando mirar el resto. Cuantas más líneas decide analizar un sujeto antes de tomar una decisión, menos intuición diremos que tiene para jugar al ajedrez.

7.4 Valor, juicio y decisión

Si la intuición ayuda a reducir el campo sobre el que se tiene que centrar el cálculo, éste, el cálculo, ayuda a discernir al juicio para elegir la jugada que finalmente efectúe sobre el tablero. En cada movimiento, el jugador va formado su decisión. Cada jugada efectuada ha sido una toma de decisión apoyada en un cálculo, precedido por la intuición. Pero toda decisión es un salto al vacío, pues la realidad no responde sólo a tu cálculo; existe el factor externo de la posición y por supuesto, la realidad del contrario. El buen cálculo da confianza e inspira seguridad… pero en ajedrez, hasta los campeones del mundo, las computadoras e incluso los libros se equivocan. En esta toma de decisión personal, la que va haciendo consciente al jugador de la responsabilidad de sus actos. Cualquier despiste, cualquier distracción, cualquier pérdida de concentración, la falta de sacrificio, el espíritu de lucha y sufrimiento, el exceso de confianza, etc. Todo ello depende casi por entero, de su propia y personal actitud, y ello le va haciendo tomar conciencia de su responsabilidad. La decisión responsable ha de descansar pues, en una buena valoración entre las distintas jugadas posibles tras una breve reflexión y cálculo.

7.5 Orden y esquema mental

Como cualquier otro conocimiento, el ajedrecístico, requiere orden y esquema, para estar en condiciones de ser útil a la conciencia. Pero el ajedrez, demanda que éste orden y esquema sea rigurosamente exacto y que se encuentre apunto en todo momento. Es preciso un orden temporal de las jugadas, un orden secuencial lógico de la combinación, un orden de aperturas, de celadas, de tácticas, de finales, una tipología de temas, de mates, etc. Sirva de ejemplo el orden y esquema de variantes de ajedrez.

7.6 Memoria

El grado de instrucción y aprendizaje que requiere la técnica de ajedrez, es parejo al de cualquier carrera universitaria: Es necesario estudiar aperturas, medio juego, final, táctica, estrategia, ideas, tratamiento esquemático de posiciones…. de ahí la inmensa bibliografía sobre materia de ajedrez. En consecuencia, el ajedrecista debe fortalecer su memoria para recordar todo este caudal de conocimiento. Pero la memoria también la va a ejercitar a la hora de calcular, a la hora de jugar, y tras la partida, a la hora de analizar y comentar las posiciones para aprender de ellas, y no cometer los mismos errores en lo sucesivo.

7.7 Desarrollo lógico-lingüístico

La práctica del ajedrez, ayuda al desarrollo lógico-lingüístico por partida doble: Primero, porque se introduce al sujeto en un nuevo código visual, leído, oral y escrito, cual es el ajedrecístico. Y después, porque el pensamiento ajedrecístico no es otra cosa que un continuo discurso de la mente, en continuos diálogos con movimientos (palabras), frases (combinaciones); oraciones compuestas (líneas); párrafos (variantes) o todo un discurso (la partida)

8. AJEDREZ Y DIFICULTAD

Es la dificultad del ajedrez uno de sus mayores atractivos. Mas a la vez, es también una de sus más altas barreras. Hallar el modo de conservar la dificultad como aliciente lúdico, salvando la barrera de su dificultad técnica, es labor del docente. Es un hecho que al ajedrez se aprende jugando con quien sabe más que tú. Y es preciso empezar perdiendo como modo de superación. Pero si no hay la debida preparación psicológica del alumnado para motivarse ante la dificultad, esta dificultad, lejos de atraer, puede desanimar y obtener un fracaso. Por ello, durante los inicios de su aprendizaje, hemos de evitar en lo posible la competición interna del alumnado, hasta que tengan el conocimiento suficiente como para poder afrontar las partidas y salvar las dificultades. Sobre la dificultad y complejidad del juego .

9. EL AJEDREZ. OPCIÓN DE OCIO

Se ofrece pues al alumnado una opción de ocio integral donde va a poder crecer interna y externamente, como jugador y como persona, solo o en grupo… La polivalencia y riqueza del ajedrez con sus perspectivas lúdico-deportivas-científico-estética, permiten al sujeto hacer un uso amplio de sus aplicaciones en un continuo enriquecimiento a lo largo de toda su vida.

10. EL AJEDREZ, EXCELENTE HERRAMIENTA PEDAGÓGICA

En resumen, podemos considerar que por sus características, por su proyección, por su riqueza, por su polivalencia, por su originalidad, etc., el ajedrez, a todas luces, resulta una excelente herramienta pedagógica para educar al alumnado de un modo subliminal en cuantas habilidades, capacidades y conocimiento, aquí se han mencionado, pues al presentarse su ejercicio como un juego y no como una materia propiamente de estudio, los recelos del sujeto a aceptarlo, son muy bajos, por no decir nulos. Sólo por recordar brevemente que estimula, asienta y desarrolla el ajedrez, vamos a citar lo más destacable: Es económico, rentable, da imagen y prestigio, es fácil de adaptar a cualquier medio y circunstancia, ayuda a la integración personal y las discapacidades; introduce los valores de la disciplina, la deportividad, el espíritu de lucha y sacrificio, el respeto a la norma, a la ley y a la autoridad, respeta la personalidad, modifica positivamente la conducta proporcionando autocontrol físico, emocional y mental, potencia la atención, activa la concentración y mueve a la reflexión, ayuda a prevenir contra la drogadicción y las sectas, estimula el ejercicio mental, desarrolla la inteligencia integral, el cálculo matemático, la percepción, la conceptualización, el esquematismo, el orden lógico-lingüístico, potencia al visualización, la imaginación y la fantasía, ejercita la intuición, la anticipación, el valor, el juicio y la toma de decisiones, fortalece la memoria, el aprendizaje y la responsabilidad del sujeto, educa en la superación, haciendo de la dificultad un estímulo y sobre todo, ofrece una opción más de ocio.
Todo ello, hace el ajedrez, una de las mejores herramientas pedagógicas que se conocen, motivo primordial que nos mueve a proponerlo como materia en nuestro programa de enseñanza.

Aprender a equivocarse

 

Te regalo mis gafas. ¡Pero no me comas la Dama!

Lo normal, es que en la familia se nos eduque en el correcto comportamiento a través del ejemplo, el hábito, los modales, las buenas costumbres, así como en la escuela se nos enseña a hacer las cosas lo mejor posible, a esforzarnos en mejorar, perseverar en la acción hasta obtener un buen resultado… En consecuencia, los errores, los fallos y las equivocaciones, por lo general suelen ser objeto de reprimenda, reproche, suspenso y desaliento. Y sin embargo, en el Ajedrez como en la vida misma, de aprender, lo hacemos de nuestros errores. Por eso, es importante el análisis de las partidas propias para enseñar a los jugadores a corregir sus fallos, más también, a encajar las derrotas que es tanto como ayudarles a aprender a equivocarse.
“Aprender a equivocarse”, evidentemente no puede ser lo contrario de “Aprender a acertar”, pues no tendría sentido alguno. “Aprender a equivocarse”, consiste en aceptar que parte del juego descansa sobre el fallo propio o ajeno como fundamento de la derrota o victoria.
Asociar un error a una carga moral, es un recurso emocional que durante milenios ha impreso un freno invisible para evitarlo tanto en los individuos como en los pueblos; Ahora bien, cuando se extrapolan sus consecuencias psico-emocionales diseñadas biológicamente para preservar la sociedad a los resultados de un juego, por muy agonal que presente a la especie Huizinga en su conocido “Homo ludens”, la activación dentro de sus límites ha de ser precisamente limitados, pues no es de recibo que, al jugador le duela una equivocación en el tablero en una proporción igual o superior que si el mismo hubiera acontecido en el plano físico – pongamos por caso una caída al suelo o un suceso afectivo como puede ser la ruptura de una relación de amistad o de pareja – pues sinceramente, habiendo tantos errores como los hay al cabo del día, creo no exagerar que se lloran más entre los escolares principiantes – y en algunos adultos también –los fallos cometidos sobre el tablero que cualquier otra cosa en su cotidianidad, cosa que no debería suceder de ninguna de las maneras, por cuanto el juego, pensado para el esparcimiento y la diversión, no debería comportar mayor padecimiento que el generado por un final triste de una novela. Cuando esto no ocurre, cuando el jugador sufre, llora, y le duele en lo más íntimo de su ser el haberse dejado dar mate del pasillo, haber perdido una partida ganada o no haberse percatado de que podía haber hecho una captura, entonces debe saltar la alarma. ¡Algo pasa!

Una de mis primeras estratagemas psicológicas que empleo cuando detecto que un discípulo añade sufrimiento gratuito a su Existencia por jugar al ajedrez, consiste en situarle bajo la siguiente cascada interrogativa: ¿Qué te duele más, perder una partida o que te arranque la uña con unas tenazas? Veo por tu cara que sería lo último ¿Verdad? Y si es así, ¿entonces por qué lloras lo mismo? A caso supones que he exagerado…bien, entonces ¿Preferirías ganar una partida a cambio de perder la amistad de tus amigos? ¿Cambiarias ser campeón a cambio de suspender matemáticas? – Bueno, algunas preguntas como la última, son del todo contraproducentes en el proceso de toma de conciencia del alumno de que ha de saber graduar su respuesta emocional ante una derrota.

Una segunda opción más racional, es enfrentar al alumnado ante la realidad del juego individual, donde para poder participar, es necesario arriesgar la propia opción de perder. Es más, si no hubiera tal posibilidad, nadie podría ganar; Pero supongamos que se diera el caso de que hubiera alguien que ganara siempre sin esfuerzo ¿ No sería eso acaso muy aburrido? Para demostrarlo le ofrezco al alumno jugar contra mi cuantas partidas desee, pero buscando siempre darme el Mate Pastor. Así le dejo ganar la primera, la segunda y cuantas desee, hasta que por si mismo comprende que el asunto no tiene gracia.

La impotencia de no poder con un rival al que normalmente se gana, la vergüenza de que te ganen delante de todos, la humillación que implica te cacen en la apertura con un truco, la frustración de no conseguir rentabilizar la ventaja de una pieza, la desesperación por no saber dar el mate ese de “alfil y caballo” que no quisiste aprender confiando en que nunca te ocurría…son muchos los motivos que sobre las 64 casillas pueden desencadenar emociones dolorosas para el jugador; Pero son más las causas ajenas al juego que hacen posible que dichos motivos, consustanciales a la partida, afecten al jugador como lo hacen más allá de lo justificable en una actividad que se supone lúdica. Ocuparse de todas ellas efectuando una taxonomía al respecto queda de tarea para el TXIKI XAKE, pero de entre todas, una puede tener que ver con el primigenio Absolutismo del Yo que sin referencias externas se compara de continuo con una sublimada imagen de Perfección ante la cual, siempre acaba inexorablemente derrotado. Es lo que le sucede de continuo al perfeccionista. Este problema, no tiene cura. Pero se puede mitigar mostrándole a ese Yo, que otros Yoes más grandes que él, también cometen errores y aún así, están en lo más alto de esa proyectada Perfección con la que se compara. A tal fin, de cuando en cuando, no viene mal enseñar miniaturas de Grandes Campeones como la que recientemente nos ha brindado Gelfand, uno de los mejores jugadores de la era contemporánea, quien en mitad de un Campeonato del Mundo se ha dejado la Dama en la jugada 17.

ANAND-GELFAND
Campeonato del Mundo, 8ª partida
1.d4 Cf6 2.c4 g6 3.f3 c5 4.d5 d6 5.e4 Ag7 6.Ce2 0–0 7.Cec3 Ch5 [Novedad; lo más conocido era 7…e6 ] 8.Ag5 Af6 [Parecía mejor 8…f6 9.Ae3 f5 10.exf5 Axf5 11.g4 Axb1 12.Txb1 Cf4 13.Dd2 e5] 9.Axf6 exf6 10.Dd2 f5 11.exf5 Axf5 12.g4 Te8+ [A considerar era 12…Dh4+ 13.Rd1 Axb1 14.Txb1 Cg7] 13.Rd1 Axb1 14.Txb1 Df6?? [El error decisivo; había que jugar 14…Cf6 15.Rc2 Cbd7 16.Ae2, aunque la posición blanca es preferible] 15.gxh5 Dxf3+ 16.Rc2 Dxh1 17.Df2 [La jugada que Gelfand no vio; sólo consideró 17.Df4] rinden. (1–0). Si 17…Cc6 seguiría 18.dxc6 Dxc6 19.Ag2 seguido de Cd5, con amenazas decisivas en f6.

¡Cuidado con el Ajedrezómano!

 

Yo sólo sé jugar al ajedrez.

 

Hace más de dos décadas, cuando a todo el mundillo se le llenaba la boca con las bondades de la práctica del ajedrez, creo que fui de los pocos en denunciar los múltiples peligros que entraña el juego – todavía recuerdo la cara que puso el Presidente de la FVA al escucharme hablar de ello ante un centenar de monitores venidos de toda la península a los cursos de la Universidad Laboral de Eibar – de no realizarse con la debida precaución, porque además de rebajar al juego – que lo es y ¡a mucha honra! – a su perfil de mero pasatiempo, como las partidas de café que en nada se distinguen de pasar la tarde jugando a las cartas – que es cuando acontece eso que ya advirtiera Unamuno de que “el Ajedrez sólo desarrolla la inteligencia para jugar al ajedrez” – puede convertirse hasta en un vicio, dado que los mecanismos químicos cerebrales que rigen el placer de la victoria en cualquier competición, se ven enormemente potenciados donde la autoestima del participante está sobre el tablero por entrar en liza no su habilidad o fortaleza física sino su inteligencia, sabiendo todos lo que nos cuesta reconocer que no tenemos razón, como para no darnos un festín de endorfina, serotonina, dopamina, aplacado el subidón de adrenalina…de imponernos a un rival, recreándonos de modo enfermizo con la brillante combinación realizada. Pero, por paradójico que parezca, no es la victoria la que más engancha, ¡sino la derrota! cuando no es bien asimilada, porque puede conducirnos a la ludopatía.

Por supuesto nadie se queda en lo que se le da mal, de no ser un pobre hombre que no se dé cuenta de sus limitaciones. El ajedrez, a este respecto, es muy despiadado, pues no ofrece per se excusas para la derrota, aunque los hay que no renuncian a encontrarlas en el brillo del tablero o los ojos saltones de los caballos, para explicarse como continúan haciendo el ridículo más espantoso. De modo que, la obsesión con la derrota engancha más al juego tras haber pasado cierto umbral de dificultad, aquel que te permite entender cómo has perdido, alimentando íntimamente la ilusión de la revancha más delante de mejorar la apertura, el final, etc.

Cierto es, que al buen jugador se le encuentra más en los momentos duros demostrándose a si y a los demás, capacidad de reacción ante la adversidad, su deportividad estrechando la mano al rival, su humildad y honestidad al no abandonar la competición cuando ya no es campeón del torneo, su afición por el juego tras haber dejado de ser el mejor, etc. Pero precisamente, cuanto peor interioriza un jugador que ha alcanzado cierto nivelillo sus derrotas, más tiempo le dedica a echar partida tras partida al objeto de poder obtener de la cantidad lo que no consigue ya por su calidad, como sucede con cualquier sustancia que haya saturado el sentido que le suministraba placer.

Que un profesional del Ajedrez meta ocho horas diarias a estudiar Aperturas o a conocer el juego de sus rivales, nada tiene de malo, si le va medianamente bien. Es más, es su obligación la de entrenar. Pero ¿Cómo se explica que chavales, todavía estudiantes, sin ser nada del otro mundo, en ocasiones bastante malos y si se me permite decirlo hasta auténticos delincuentes del tablero…están dale que te dale echando pinchetas en el club, por ordenador, jugando todos los torneos que existen – los hay que se apuntan a dos a la vez y hacen proezas de bilocación en las clasificaciones- sacrificando su tiempo de ocio, sus relaciones sociales, sus vacaciones y la de sus padres? Muy sencillo. Porque han dejado de ser ajedrecistas para convertirse en Ajedrezómanos.

Como cualquier adicción, el ajedrezómano ha entrado en un círculo vicioso del que le es muy difícil salir: Al inicio, juega porque le gusta. Es una decisión libre y placentera que poco a poco le va atrapando sin darse cuenta. Llega un momento, en que acude al club, no porque desee ir al club, sino porque necesita ir a echar pinchetas; Con el tiempo, como no ha cuidado sus amistades fuera del ajedrez, acaso no sepa bailar, hacer senderismo, viajar con amigos o incluso ligar, puede suceder que no le quede otra que jugar al ajedrez, por llamarle de alguna manera al mover madera de 6 a 10 de la tarde los viernes sin aprender nada.

¡Esto es lo que los monitores debemos evitar!

El mejor modo es animando a nuestros discípulos a hacer otras actividades que pueden estar o no relacionadas con el juego. Por ejemplo, el GM Tricampeón de España Mario Gómez siempre dice que jugar al tenis, además de proporcionar fondo físico, es bueno para ordenar la estrategia.

También a este propósito, es bueno advertirles que existen distintos modos de jugar al ajedrez: El lúdico, para pasar el rato que no está mal pero que en poco o en nada se diferencia de la Oca o el Parchís porque, díganme ustedes quien desarrolla más su inteligencia el ajedrecista que juega una partida en cinco minutos o el jugador de parchís en una partida de una hora…o el ajedrez de estudio, entrenamiento que precisa de atención, reflexión cuyo esfuerzo personal y colectivo requiere las mismas condiciones de sacrificio y perseverancia que cualquier otro deporte. Más que nada, para que la chavalería y sus inocentes papis no crean que están recibiendo por ósmosis lo que únicamente se adquiere por el trabajo del talento o en su defecto por el tesón y la resistencia que de todo hay entre los Maestros.

Por supuesto, la mayor responsabilidad en evitar que el ajedrecista joven acabe de ajedrezómano reside en sus padres. Estos, deben diferenciar cuándo es oportuno variar la rutina familiar y cuando no en función de las citas ajedrecísticas. Yo aconsejo lo siguiente: Los torneos abiertos que no son de clasificación son del todo prescindibles y si hoy no vas a uno, ya vendrá otro. La asistencia a clase de ajedrez debe ser regular, pero cumpleaños y oportunidades de socialización han de estar por delante en grado de prioridad. De darse un conflicto entre un bautizo familiar o acudir a un campeonato los padres han de ponderar la esperanza de vida del bautizado: si no es mucha, puede ser buena elección ir al torneo; De lo contrario haber como se lo explicamos el resto de la vida.

Por mi parte, siempre les hago ver a mis alumnos que por delante del ajedrez, está primero la familia, luego los amigos, después los estudios y si queda tiempo, viajar, comer con los colegas, ir al cine y también el ajedrez. Pero nunca me hacen caso.