La huída de Napoleón

Petrov 1794-1867, además de ser un gran ajedrecista ruso a quien honramos con una defensa que lleva su nombre 1e4 e5 2Cf3 Cf6; fue compositor de problemas. “La huida de Napoleón” es el nombre con el que se conoce una de sus joyas creativas en dicho campo de investigación que además para entrenamiento de la clase en discurrir cuál debe ser el siguiente movimiento, puede servir para engarzar el juego con la historia que estudian los escolares durante el curso.

Como buen ruso que era, Petrov puso su ingenio al servicio de la patria y no dudó en configurar una posición tal que ilustrara la gran victoria del Zar a comienzos del siglo XIX sobre Napoleón Bonaparte: como es sabido, Napoleón llegó con todo su ejército hasta Moscú, de donde se habían retirado sorpresivamente las tropas rusas quienes confiaban en atacar la retaguardia con la llegada del invierno. Y así fue, como le sucedería poco más de un siglo después a Hitler, el ejército francés debió volver por sus propios pasos a marchas forzadas y hechos unos zorros, sin pertrechos, sin ropa de abrigo, sin víveres…Pues bien, todo esto y más aparece simbólicamente reflejado en el siguiente diagrama y secuencia ideada por Petrov:

Tablero

Esta es la posición: el Rey Negro, es Napoleón quien se encuantra en Moscú. H8 representa París hasta donde será enviado perseguido por la caballería rusa.

1.Cd2+ Ra2 2.Cc3+ Ra3 3.Cdb1+ Rb4 4.Ca2+ Rb5 5.Cbc3+ Ra6 6.Cb4+ -Aquí pueden dar mate las blancas jugando 6.Da8# Así quiso Petrov expresar la opinión de los historiadores militares de que se podía haber derrotado al ejercito napoleónico a su paso por el río Berezina, es decir, por la diagonal h1-a8] 6…Ra7 7.Cb5+ Rb8 8.Ca6+ Rc8 9.Ca7+ Rd7 10.Cb8+ Re7 11.Cc8+ Rf8 12.Cd7+ Rg8 13.Ce7+ Rh8 14.Rg2++.

Historia del reloj de ajedrez

 

El Árbitro Vasco, J.M. Villanueva, desde su Consultoría Arbitral nos envia esta aportación histórica sobre el Reloj de Ajedrez.

Una de las cosas que más llama la atención a los profanos de ajedrez es el reloj, ese extraño artilugio con dos esferas (en los relojes analógicos) que marca el tiempo que falta a cada uno de los jugadores para culminar la partida sin necesidad de ¡Jaque Mate! Y que es objeto de nuestros continuos manotazos entre movimiento y movimiento.

Algunos espectadores se quedan mirando más al reloj que a la propia partida, viendo como se mueven la agujas, como se aporrean los pulsadores, esperando ver caer la bandera que marca el fin del tiempo asignado y quizá, pensando cómo hace el tiempo para doblar las esquinas en los relojes cuadrados.

El reloj, regula el tiempo del que dispone cada jugador al objeto de que la partida no se eternice. Al igual que Damas, Alfiles, Peones, cada jugador tiene un tiempo que ha de administrar de forma correcta; Quien agota su tiempo, pierde la partida y como decía el GM Walter Browne “The Clock Is Α Piece” el reloj es una pieza más de la partida y hay que saberla usar aunque todavía no he encontrado ningún libro que analice el movimiento de esta pieza.

Cuando no existían los relojes de ajedrez.

Con ocasión del match entre los maestros más fuertes del la 1ª mitad del siglo XIX, George MacDonnell y Louis La Bourdonnais que se celebró en el “Westminster-Chessclub” de Londres el año 1834, y en el que normalmente una partida se alargaba desde el mediodía hasta por la tarde a las 19 horas. Si era necesario, se reanudaba dicha partida al día siguiente, por la mañana.

Durante el encuentro ocurrió que, el inglés necesitó en repetidas ocasiones más o menos 90 minutos para estudiar y efectuar una jugada. En tales situaciones, al francés La Bourdonnais se le agotó la paciencia y lo expresó mediante ruidosas conversaciones y carcajadas.

Como anécdota sobre 1850, H. Staunton (campeón no oficial del mundo) abandonó por tiempo en un match contra E. Williams. La explicación al abandono de Staunton está en el reloj de ajedrez; en concreto, que en esa época no existía. Williams conocía el mal carácter de Staunton y por eso optó por utilizar mucho tiempo para cada movimiento (llegó a las 2h y media en algunas jugadas), esto hacía que cada partida durase varios días. Staunton terminó hartándose y decidió rendirse para no continuar aguantando las artimañas de su rival. Cada partida duraba entre 15 y 20 horas.

Los primeros relojes.

Antiguamente los relojes solían ser de madera, más o menos elegantes y con unas esferas de relojería. El primer Reloj de Ajedrez mecánico fue inventado por Thomas Wilson en el año de 1883. Con anterioridad, se usaban relojes de arena. Los Relojes de Arena se usaron por primera vez en Londres en 1862. Los Relojes presentes de botones oprimibles fueron perfeccionados por Veenhoff en 1900.

A finales del siglo XX aparecieron los relojes digitales, obligado en cierta medida por los ritmos de juego que han ido apareciendo recientemente, sobre todo los que tienen incrementos por jugada, retardos (delay), incrementos al realizar un número concreto de jugada o por aumentar la precisión del tiempo, por ejemplo a un minuto donde un segundo es un segundo.

Este tipo de relojes en vez de esferas, tienen dos pantallas donde aparecen los tiempos en formato digital, en el interior habitan diodos, cables, tabletas con chips, … y algún habitáculo para colocar las pilas u otro sistema de alimentación ya que este tipo funciona con electricidad.
Lo más raro que he visto ha sido uno fabricado a mano por el bilbaíno Karmelo Fernández, en él existen las esferas pero en vez de agujas se van iluminando con diodos la posición donde debería estar la punta de la aguja.

La programación del reloj.

En los relojes analógicos la programación es sencilla basta con mover la aguja grande (minutero) a falta de los minutos a los que se ha de jugar dejando a aguja menor (horas) de modo que no moleste visualmente al finalizar la partida. Si la partida requiriese más tiempo hay que tener en cuenta la colocación de la aguja menor y que el final del tiempo asignado coincida a las seis.

Por supuesto no hay que olvidarse de que los dos relojes tengan cuerda suficiente para poder funcionar.

En los relojes digitales suele haber unos ritmos de juego preestablecidos de fácil acceso y otros de programación manual y dado que hay multitud infinidad de marcas modelos, tipos, etc., cada uno de ellos requiere una forma distinta de programación y aparte de saberse los más habituales, leerse el manual de instrucciones no viene nada mal.