El Ajedrez Gigante

Mi amigo Jose Antonio Pordomingo me hizo esta foto con un Ajedrez en el que no tengo excusa de no ver bien las piezas...
Mi amigo Jose Antonio Pordomingo me hizo esta foto con un Ajedrez en el que no tengo excusa de no ver bien las piezas…

De cuando en cuando, conviene tener programada la irrupción en clase, de algún elemento didáctico que ponga en ¡Jaque! a la monotonía. A tal fin, contamos con innumerables recursos entre los que indudablemente se encuentra para edades prebenjamines, es decir Renacuajos, el Ajedrez Gigante.
El Ajedrez Gigante, por su tamaño inusual, provoca ya una irresistible atracción en los más pequeños y aún en cuantos creen haber dejado de serlo. Un provechoso uso del mismo puede consistir en emplearlo únicamente en ocasiones especiales como fiestas del colegio, última clase antes de Navidad, etc, en enfrentamientos por equipos entre cursos y aulas donde el alumnado de uno y otro bando deben consultar entre si, antes de ejecutar el movimiento en el tablero.
Evidentemente, la efectividad de este tipo de materiales de apoyo reside en su novedad y empleo esporádico por parte del docente, pues a nada que se use dos o tres veces seguidas, pierde toda su gracia.

El uso de marionetas en la enseñanza de Ajedrez

La mente infantil que puede ser diminuta e inexperta, pero no tonta, agradece que los conocimientos no se le entreguen crudos tal cual aparecen en la realidad, estratagema de la que ya se sirviera Esopo para confeccionar las primeras fábulas donde por medio de animales se retratan los comportamientos humanos para criticarlos, corregirlos o ensalzarlos, sin que la audiencia se diera por aludida más de lo necesario o autores que como Swift ardiendo en deseos de denunciar los errores de su época situaran la acción en lugares perdidos en la fantasía de un personaje como Gulliver, para no ofender la sensibilidad de sus contemporáneos. Y si esto funciona con los adultos, qué no será entre los más pequeños de la casa.
Así, si a través de los cuentos los niños aprenden lecciones tan importantes para ellos como a no confiar en extraños, a asimilar que los padres pueden en ocasiones herirlos, que el mal se castiga, etc y jugando, interioriza las normas sociales, el rol que le corresponde en el grupo, a trabajar en equipo y mil cosas más que no están en los libros ni se imparten en asignatura alguna, las marionetas en el aula, ayudan al educador a desarrollar distintos planos de su docencia que paso a comentar:
En primer lugar, la marioneta puede servir como contraejemplo pillo al que corregir por mentir, por hacer trampas, por no saberse la lección y cuantas cosas deseemos evitar en nuestros pupilos. De este modo la marioneta absorbe nuestras regañinas desenfadadas ahorrándose las a nuestros alumnos.
En segundo lugar, la marioneta puede ser también un magnífico rival contra el grupo-clase que permite al monitor perder, empatar y ganar con sus alumnos sin poner en riesgo su prestigio y a la vez sin amedrentar al infantil oponente que sabe que puede ganar a la marioneta, pero no al monitor.
Y en tercer lugar, la marioneta puede ser parte de una mecánica pedagógica: Los nuevos conocimientos son presentados por la marioneta, luego el enseñante los desarrolla y cuando la clase lo domina, vuelve la marioneta a hacer el repaso, convirtiéndose en un estímulo motivante su próxima venida.
Yo he trabajado una década con mis alumnos del Colegio Umedi de entre 4 y 6 añitos de edad, y puedo asegurar que, gracias a la incorporación al curso de Triki, “El Monstruo de las galletas” conseguí que un alumnado de tan corta edad prestara atención a conceptos tan sofisticados como “Clavadas”, “Descubiertas”, o “Mate del pozo”, que seguramente sin sus intrépidas visitas me hubiera sido muy difícil transmitir.