VISITÁNDOLE A JOSÉ ANTONIO AGUIRRE EN DONIBANE

Jueves 10 de agosto de 2017

Estos días de viento y lluvia no son malos para visitar lo que es bueno y necesario visitar. Con esa idea, el miércoles, nos fuimos a Hendaya para cumplir ese deseo de siempre, cuando pasábamos por allí cerca, y que es el conocer ese magnífico Castillo de Abbadie, acondicionado para recibir visitantes a todas horas que se quedan extasiados por el paisaje y lo que hizo aquel tipo singular llamado Antoine DÁbbadie, nacido en Dublín de padre vasco y madre irlandesa que acabó siendo un científico de primera y que entre sus aportaciones está asimismo el difundir el euskera.

De estilo neogótico, lo diseñó nada menos que Viollet-Le-Duc para aquel etnólogo, geógrafo, lingüista, hombre de ciencias. Este arquitecto diseñó también el castillo de Butrón. En su palacio Antoine D´Abaddie (1810-1897) instaló un observatorio astronómico y con un equipo de científicos hizo catalogaciones únicas de estrellas. Gran viajero, levantó la primera cartografía de Etiopía.

Estrechamente vinculado a lo vasco fue asimismo uno de los más ardientes defensores de nuestra lengua y cultura. En 1836, con Agustín Xaho publicó un estudio gramatical del euskera antes de iniciar en 1852 en Urrugne los primeros juegos florales sobre el euskera. Su compromiso con el pueblo vasco fue tan grande que a su muerte le llamaron “Padre de los Vascos”.

Hoy el Castillo es propiedad de la Academia de Ciencias a la que Abbadie lo legó en 1895, año de la fundación del PNV. Es administrado por la municipalidad de Hendaya que te cobra siete euros por visitar semejante joya, que vale la pena conocer. Los estudiantes tienen precio especial.

Nos quitamos pues, una espina. Al fondo, la bahía de Txingudi y Hondarribi en todo su esplendor.

Visto aquello nos dirigimos a Donibane Lohitzun por la espléndida carretera de la costa. Hacía tiempo que no la visitaba cuando hubo años que, se puede decir, no salíamos de allí. No digamos, los refugiados en tiempo de guerra. Mi aita y mi ama se conocieron allí en la romería de San Ignacio. Por eso me llamo Iñaki.

La tristeza es que todos aquellos con los que nos juntábamos y conspirábamos bajo la dictadura franquista, ya no están. No está D. Manuel de Irujo en el hotel Euskalduna, ni Durañona en la Agence de la Poste, ni Mikel Isasi en su casa de la plaza para hablar del pase de Gudaris, ni Rezola en la rue Sopite con Aurora, ni Jokin Inza en la rue Vauban, ni Gorka Aguirre en la imprenta, ni Zubi en el bar Sabin Etxea, ni Echave en su bar lleno de miembros de aquella primera ETA y con Santi Bruard, el pediatra asesinado posteriormente por el GAL…Todos han fallecido. Y es una dura constatación sobre lo que estaba escrito en una de las paredes del Palacio Abbadie, ”El tiempo es como el humo, se va sin darnos cuenta”. Otra frase también tenía su miga y compruebo que Abbadie la escribió en los muros del Palacio antes que Jean Monnet. ”Hay que ser, y no parecer”.

En el inicio de la rue Gambetta vimos el busto del Lehendakari Aguirre, del escultor Lucarini, frente a la casa que fue de Telesforo Monzón hoy convertida en una empresa y a quien visité en su día y escribí aquel librito “Llámame Telesforo”. Y pasamos por la gran iglesia donde se casó Luis XIV con María Teresa y ahí está en la pared el lugar donde le hicieron una puerta especial para entrar ya que era el rey Sol. Y bajo la lluvia llegamos a la calle Manuel Sein que era el nombre del bertsolari Xanpun, casado con una prima de mi ama, y recordé el día en la que se inauguró siendo alcaldesa de la villa Michelle Alliot Marie. Este Xanpun era muy ocurrente y le recuerdo diciéndonos que tenía un coche con un problema que era que siempre que pasaba por el bar Sabin Etxea, donde sus amigos jugaban al mus, cuando iba con Hilario Zubizarreta, siempre, siempre, el coche se le paraba enfrente y no había manera de que arrancase.

Xanpun se había casado, como he dicho, con la prima de mi ama Basurko, de Mutriku que llegaron allí durante la guerra y allí se quedaron. Uno de los hijos fue el presidente de la cofradía de pescadores y recuerdo como cada cierto tiempo con mi amona íbamos a visitarles. El osaba de mi ama se había quedado ciego y entre una de las cosas que hacía era la de limpiar el bronce de candelabros y cápsulas de morteros de tal manera que la casa parecía una joyería.

Bueno, tras pasar por el borde de la playa, llena de turistas, llegamos al cementerio donde visitamos la tumba del Lehendakari Aguirre. Allí está visible su juramento de Gernika, el original, el que nunca debió cambiarse por que estas fórmulas deberían ser incambiables por respeto, pero se hizo. Menos mal que está grabado en piedra.

Aguirre reposa en tierra vasca y no estaría nada mal que la Junta Local o quien sea le diera una mano de cal a la pared, que como se ve en la foto, está bastante descuidada.

Una bonita excursión que algunos dirán que estuvo carga de nostalgia, pero la nostalgia es también un acicate para recordar y no olvidar nuestras referencias. Apuesto a que el 80% de los vascos nunca han visitado la tumba del Lehendakari. Invito a hacerlo. Esta es buena época.

Lo escribió Abbadie en una de las paredes: Ez Ikusi, Ez Ikasi, que más lo menos quiere decir que lo que no se ve, no se aprende.

Hagámosle caso.

Un comentario en “VISITÁNDOLE A JOSÉ ANTONIO AGUIRRE EN DONIBANE”

  1. Eskerrik asko Iñaki, nos ha dejado un planazo para estos días, a ver si lo llevamos a cabo, eskerrik asko berriro.

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