No creo en la sinceridad de Basagoiti en relación al euskera

Basagoiti dijo en su día que harían mejor los padres en propiciar que sus hijos aprendieran inglés porque el euskera no servía para nada. Terrible afirmación. Ahora parece que rectifica y se va a Euskaltzandia y lee un discurso en euskera y como siempre ataca al nacionalismo por utilizarlo.De no haber sido por el nacionalismo vasco hoy el euskera estaría en alguna vitrina o hablado en una reserva por cuatro supervivientes con txapela.

¿Es pose, táctica de marketing, o postura sincera la visita  del líder del PP vascongado?.

No lo sé. Habrá que verlo. Por ejemplo. ¿Propicia el PP que en Iparralde se ayude al euskera?. ¿Propicia el PP que en Navarra salga el euskera de esos ghettos inadmisibles?. Respetando el que los padres elijan para sus hijos cualquier tipo de modelo ¿por qué el PP no hace campaña para que los padres elijan el modelo D?. ¿Por qué Basagoiti eligió a Arantza Quiroga, que no sabía euskera para candidata a la presidencia del Parlamento Vasco, en lugar de a Laura Garrido que sí lo sabía?.¿Por que votan en contra que Bizkaia y Gipuzkoa se escriban con grafía vasca?.

Basagoiti nos tiene acostumbrados al show. ¿Será éste uno de ellos o de verdad se ha caído del caballo y ha decidido apostar en serio por el euskera?.El PP acaba de votar en contra de una enmienda del PNV a los presupuestos para que las victimas políticas del franquismo y del Gal,las  llamadas de “violencia política” y excesos policiales,sean contempladas.ElPP sigue siendo la derecha sociológica franquista y la visita de Basagoiti a Euskaltzandia no es más que un acto más,de los muchos que hace este  showman de la Cibeles .Nada con sifón.Solo lamento el discurso de Andres Urrutia que ha debido hacer de tripas corazón viendo semejante desembarco mediático.

Y una rectificación. El nacionalismo, Sabino Arana, el PNV y otros abertzales han trabajado por el euskera porque la derecha en Euzkadi no solo no ha apoyado ni trabajado por el euskera sino lo ha perseguido y ha quitado en el pasado hasta los nombres en euskera de las tumbas. Que no nos venga con gaitas éste buen señor que como le diría Don Manuel de Irujo: “Oiga usted, los conversos a la cola”.

Sin tarjetas de navidad

Cuando viajé a Madrid el lunes, hice la maleta para cinco días. Se iban a discutir los presupuestos generales del estado y entre enmiendas y vetos, había tajo para muchas horas. Sin embargo, el primer veto discutido, el de nuestro amigo José Manuel Pérez Bouza, del Bloque, prosperó. Le apoyó el PP, CIU, ERC, IU, UPN, y algunos del Grupo Mixto. Y ese mismo lunes, la vicepresidenta segunda, Elena Salgado, recogió sus papeles y se fue a casa con los presupuestos devueltos y, en el fondo, encantada. Reabrir la discusión sobre las pensiones y obligar a CIU a desdecirse de lo dicho antes de las elecciones del 28 de noviembre, hubiera hecho tambalear al gobierno y puesto en alerta a los mercados, por lo que en el fondo se fue de lo más feliz a su Ministerio.

Y es que todo está un poco patas arriba. Y Rubalcaba en todo.

Lo más llamativo es la ausencia de tarjetas de navidad. Otros años por estas fechas, teníamos cajas de ellas. Hoy a lo sumo diez. Y pienso en Unicef y en los que viven anualmente de éste gasto navideño, en lo que estarán pensando porque entre internet y la crisis, la puñalada al sector tiene que ser de órdago.

Como el de los obsequios navideños. Todos los años la Mesa del Congreso y Senado suele aprobar regalar a parlamentarios y funcionarios una cesta. Este año, nada. Solo una copia facsímil de un librito sobre la Constitución de 1810 y que además habla de La Nación española. Los únicos que se han estirado han sido los catalanes que suelen regalar aceite; el gallego que regala un queso; el navarro queso y chorizo; un mallorquín, una bolsa de pastas y nosotros, txakolí, vino y queso y una senadora de Cáceres, un vino de su pueblo. Pero todo en servicios mínimos.

Me vino a visitar el nuevo embajador de Honduras en Madrid. Es un empresario preocupado por el cerco que todavía se ejerce contra su país incluso después de las elecciones. Me habló del problema de la droga en Centroamérica que debe ser creciente.

Y me crucé en pasillos con la senadora del PSOE que tuvo a su cargo la réplica a nuestra iniciativa para que se reconociera la independencia de Kosovo. Yo le había argumentado que España no reconocía Kosovo fundamentalmente por Catalunya y Euzkadi y ella me decía que no. Ante la aparición de los papeles de Wikileaks, que me daban la razón, me comentó que el fin de semana había pensado que en cuanto yo le viera por los pasillos se lo diría, como así ocurría y que, efectivamente, tenía razón.

Y acudí a la invitación de Radio Nacional para hablar sobre la situación de Haití. Y hablé. El país más pobre de América, con el 80% bajo el umbral de la pobreza. Diez millones de habitantes en 27.750 kms, con una renta per cápita de 772 dólares. Un país deforestado. En 1923 estaba cubierto en un 60%, en el 2006, en un 2%. Terremoto, huracanes, cólera y elecciones fraudulentas. De ahí la importancia de no abandonar el foco de atención para que el interés no decaiga y ese pobre país, tras un diagnóstico adecuado, pueda sacar cabeza.

Les invito a visitar a Eulalia

Estos días de puente fui con Naiara a ver una exposición que me dejó impresionado. Era en el Museo Antropológico del Casco Viejo de Bilbao y en ella se exponían las fotografías de una bilbaína singular, Eulalia Abaitua a quien acaban de dedicarle una calle. La tiene merecida.

En blanco y negro Eulalia fotografía fundamentalmente mujeres vascas, de ahí que fotógrafas chicas jóvenes y mujeres, feministas, artista y gente sensible al pasado deberían ver esta estupenda muestra. Maite Redondo dio cuenta de esta magnífica exposición que vuelvo a recomendar.

Es la primera fotógrafa de la que se tiene referencia en Euzkadi. Eulalia Abaitua Allende-Salazar (Bilbao 1853-1943) nació en el Casco viejo de la capital bizkaina, estudió en Catalunya y se casó con un naviero a los 19 años. Pero nunca se conformó con el papel con que le había otorgado la sociedad: ser una burguesa, felizmente casada y madre de cuatro hijos.

Su vida cambió cuando el matrimonio se trasladó a vivir a Liverpool (Gran Bretaña) durante la guerra carlista. Allí tuvo su primer contacto con la fotografía, aprendió la técnica y compró los materiales. Finalizada la contienda y de regreso a la capital bizkaina, montó su propio estudio en el sótano de su casa de Begoña, en el Palacio del Pino, al lado de la Basílica, y comenzó a retratar a las personas que le rodeaban, sus fiestas y sus ritos. Eulalia Abaitua tomó sus primeras fotografías en el año 1873. Sus últimas obras, algunas de ellas en color, están fechadas en 1939, cuatro años antes de su muerte.

Euskal Museoa/Museo Vasco presenta una retrospectiva en la que se incluyen algunas de las imágenes más hermosas de esta fotógrafa amateur, que constituyen un magnífico documento histórico que recoge las costumbres, fiestas, tradiciones y, en definitiva, la vida pasada de nuestro pueblo. De ella ha dicho Alberto Schommer: “Esta mujer que no busca el arte por el arte, ni tampoco el juego de luces o las composiciones rebuscadas, es una auténtica repórter, que ahora sería un gran fotógrafo de la Agencia Magnum”.

La muestra reúne 55 imágenes en blanco y negro y una proyección que contiene otras 161 reproducciones -en su mayoría inéditas- pertenecientes al legado, de más de 2.500 obras, de esta fotógrafa aficionada, que también se encuentra depositado en esta entidad museística.

A Eulalia Abaitua le gustaba retratar a las personas sencillas, humildes y casi anónimas. Algunas le han puesto el nombre sus descendientes cuando han ido a ver las tres exposiciones que el museo ha organizado desde 1990 con su obra. Esta pionera de la fotografía vasca ha captado como nadie imágenes de mujeres vascas, de la ría de Bilbao o de familias tradicionales. Como no podía ser de otra manera, las protagonistas de una gran parte de las imágenes son mujeres. Trabajando en el campo, cocinando en casa, en familia o solas, hablan del duro esfuerzo cotidiano, donde a pesar de todo, a veces se dibujan sonrisas.

Eulalia Abaitua tuvo algunos lugares predilectos para sus tomas fotográficas, como la ría de Bilbao, el valle de Arratia y la anteiglesia de Begoña, donde ella vivió durante años. Allí, en Begoña, retrató con su cámara a gente que conocía como a Tomasa y Brígida, que daban chocolate con bolado en la casa de la Novena, a la ponchera, que colocaba su puesto delante del santuario, al escultor Bernabé de Garamendi, con quien hablaba de vez en cuando, a la lavandera Rosario Arabiourrutia del caserío Boni, a los del txakoli Macharratia, a los sacerdotes de la basílica, Juan Cruz Unceta y su sobrino Bernardo Aztigarraga… “En Begoña, Eulalia Abaitua se implicó como reportera gráfica hasta el fondo, fotografiando sin descanso todo lo que acontecía entre los dominios del Ayuntamiento con la plaza pública y el santuario que tenía la campa delante: las celebraciones civiles y religiosas, las ferias de ganado, los bailes, las comidas, el agua de las fuentes, las bodas… Retrató a visitantes nómadas, como los gitanos, que instalaban su campamento en Santutxu y visitaban el Palacio del Pino para vender sus productos. En definitiva, reflejó como nadie la vida diaria”, explica Jiménez Ochoa de Alda en su libro.

En el valle de Arratia visitó sus pueblos, sus barrios, sus iglesias y caseríos hasta llegar a las estribaciones del monte Gorbea. Destacan de estos lugares, sus Miradas del pasado, que incluyen retratos de ancianos y ancianas -algunas de ellas fumando, algo muy revolucionaria para aquella época- testigos vivos de la cultura tradicional vasca de aquella época.

También supo capturar con su cámara la actividad de las márgenes de la ría de Bilbao (Bilbao, Sestao, Portugalete, Santurtzi, Las Arenas o Algorta). Las fotografías de Eulalia Abaitua permanecerán en Euskal Museoa hasta el próximo 29 de mayo de 2011.