Basaratuste: rito al bosque a punto de desaparecer

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En nuestra cultura popular vasca existe una curiosa ceremonia de invierno sobre la que no se ha reparado a pesar de lo excepcional de la misma. Se trata del Basaratuste o Kanporamartxo, en notable retroceso y limitado hoy en día a unos pueblos de Bizkaia. En lo que a la puesta en escena se refiere, queda reducido a un almuerzo en el monte, sin referencia alguna a su historia y su razón de ser. Es decir, es una fiesta a la que traicioneramente se le hurtó el alma, la esencia y su razón de ser. Qué pena…

Pongámonos en escena… Las fechas tradicionales de los carnavales son libres y variadas dependiendo de la localidad, si bien lo corriente es que se celebren en los tres días previos al Miércoles de Ceniza, es decir, domingo, lunes y martes, que dan paso a la Cuaresma. Insistimos una vez más, que debemos habituarnos a mirar más allá de esas fechas y ceremonias siempre enmascaradas por el cristianismo. Y es que los carnavales son mucho más, algo salvaje, atávico, montaraz… unas fiestas que nos hacen escuchar los latidos de la tierra que cada día besan nuestros pies.

La puerta a aquellos genuinos carnavales, a los auténticos, la abría en algunos lugares el jueves gordo o “de lardero” o, en otros, el Basaratuste. Era esta última una celebración que se hacía –y se hace– en el domingo previo al de carnaval. Hoy en día se conoce como “basaratiste”, “basatoste”, “basatuste”… y basta con citar su nombre para que la sonrisa y el brillo en los ojos afloren en los rostros de muchos de los ancianos a los que preguntamos. Porque recuerdan con nostalgia aquella tradición que, no pudiendo explicar cómo, dejaron perder para siempre. Eso sí: en contraprestación ahora no hay pueblo que no tenga su insustancial desfile y concurso de disfraces para que vanidosamente nos miremos al espejo y comprobemos lo geniales y auténticos que somos al ir a la calle disfrazados de gallinas o bucaneros.

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Pero lo nuestro es otra cosa… es el quedarnos con las nueces y dejar el ruido para otros. Porque aquí hablan nuestros antepasados: gritan y aclaman rogando que nos esforcemos por no olvidar aquellas ideas y formas de interpretar la vida suyas, aquellas con las que nos edificaron durante tantos siglos. Nada de fiestas estridentes y vocingleras… lo nuestro es el Basaratuste, cuyo precioso nombre, por cierto, se compone de “baso” y “aratuste”, es decir, ‘el carnaval del bosque’. ¿Hay quien dé más?

En los pueblos en los que aún lo practican se acude a unos lugares específicos, fuera de las zonas habitadas. Unos enclaves que se repiten año tras año y que “pertenecen” a la comunidad humana de un municipio, barrio o parroquia que se identifica en torno a él.

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Allí se asan productos del cerdo, nuestro gran animal totémico, cuasidivino en los ritos invernales. Se cocinan pinchados en un palo llamado “txitxi-burruntzi” o “txitxi-burduntzi”. Son celebraciones que, a pesar de ser minoritarias, suelen gozar de buena aceptación por lo salvaje y puro de las mismas.

Pero pocos o nadie parecen percibir que se trata de la reminiscencia de una antiquísima ofrenda de alimentos que se le hacía al gran bosque, de nuevo para que despertase y cogiese fuerzas para producir todo aquello que necesitaban los humanos. Con un ritual fuego purificador, omnipresente, y valiéndonos de esas ramitas que el mismo bosque nos facilita. Con un simbólico sacrificio animal incluido: el del cerdo.

Algunos historiadores retrotraen todo este tipo de ofrendas a antiguos sacrificios humanos ofrecidos a la tierra madre y que posteriormente fueron sustituidos por muertes de animales. Existen diferentes referencias similares a nuestro Basaratuste por todo el mundo, lo que invita a pensar en un origen común prehistórico para todas ellas.

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Se dice asimismo que, ante la dureza del invierno, resultaba muy complicado alimentar a los animales para mantenerlos vivos, por lo que se iban sacrificando paulatinamente. Así, además de eliminar una obligación ganadera, se conseguía alimentar a los humanos y a las divinidades en una época en la que la naturaleza no ofrecía alimentos. Porque el invierno de nuestros antepasados era básicamente oscuridad, hambre y frío.

Y de allí, miles de años después, recogemos hoy nuestro ignorado e inadvertido Basaratuste, nuestro Kanporamartxo… Curioso también que se haya mantenido en los pueblos en donde no se perdió el euskera, constatando una vez más que creencias y lengua fueron siempre de la mano.

En los pueblos de la comarca en donde yo vivo (Arrankudiaga, Ugao, Arrigorriga, Zaratamo, Arakaldo, Orozko…) tan extraordinaria fiesta es conocida como “Kanporamartxo”, nombre algo chocante y que no cuenta con interpretaciones etimológicas conocidas. Por mi parte sí me gustaría apuntar que, en sitios como Orozko, en las últimas reliquias de su euskera, se llama “martxo” al domingo de carnaval, probablemente relacionado con el nombre del mes de “marzo”. De ahí que en lo personal opine que probablemente “kanporamartxo” sea ‘el domingo carnavalesco que está fuera [del carnaval puramente dicho]’. Por aportar algo…

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Otras denominaciones con las que se nombra a este curioso ritual es el de Sasimartxo, ‘el carnaval del jaro’ (Zamudio, Derio…) o Basokoipetxu (Otxandio). En realidad este último caso sería “baso-koipetsu”, ‘la fritanga o asado del bosque’. En realidad, “koipetsu” significa ‘pringoso, grasoso’ pero, en pueblos como el mío, Laudio, se usa para denominar por antonomasia al tocino asado al “txitxi-burduntzi”.

Pero, sin duda, la denominación que más me encanta es la de Basaratuste, la del “carnaval del bosque”. Qué pureza, qué raigambre en lo más íntimo de nuestra cultura… pero además, nunca algo tan arcaico ha ofrecido mayor potencial para el futuro, ahora que se educa a los pequeños en la sostenibilidad y el respeto al medio ambiente. ¡Qué manera más bonita para mostrar honores y gratitud al bosque que esta fiesta anual de su carnaval! Y pedirle que despierte y que un año más nos haga dichosos con su existencia… ¿o preferimos limitarnos sólo a los disfraces de vampiro y otras memeces similares?

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Kanporamartxo… Basaratuste… Recordemos para finalizar que, en el occidente vasco, el carnaval ha sido conocido como Aratuste, término a recuperar y defender como elemento patrimonial que es. Hoy, desdichadamente y al igual que nos sucede con la reducción del complejo carnaval a un simple disfraz, nos arrastra una empobrecedora globalización cultural, aun cuando esta sea vasca. Y en los reinos del Aratuste gobierna ahora el extraño Inauteriak, haciendo agonizar al primero.

Yo estoy ansioso ya porque llegue el día. Como recogió en su manuscrito (1567) Joan Pérez de Lazarraga, el segundo escritor en euskera, “…alegere baxe sekula triste, nik diot egun dala aratixte”, ‘alegre pero jamás triste, porque digo yo que hoy es Aratuste’. El bosque nos espera…

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PROPUESTA DE ENCUENTRO

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El Basaratuste o Kanporamartxo de este año es, según lo comentado, el domingo día 19 de febrero. Por ello os ruego que, cada uno en la medida de sus posibilidades, lo celebre para intentar reencontrarnos con aquello que fuimos, para revivir aquella comunión milenaria que nos fusionó durante siglos con los bosques. No vivirlo como un elemento extraño sino como algo afable, cercano e íntimo.

Y si alguien no sabe cómo hacerlo, aquí va mi invitación. En el municipio de Laudio existe un lugar de nombre Lezeaga, en el que según las creencias locales habitan lamias y el ser mitológico más renombrado y temido del lugar: la bruja de Lezeaga. Para más inri, existe en aquel paraje un punto denominado Sorginlarren, ‘la era de las brujas’ que es en donde nos juntaremos los que queramos compartir un grato momento. No es un punto tradicional de Kanporamartxo sino que este año damos inicio a una nueva tradición que espero dure muchos años más. No está alejado ni exige esfuerzos montañeros. Desde el barrio de Ugarte, el más cercano, serán no más de veinte minutos, la mayoría por asfalto.

Para cuando lleguéis habrá unas buenas brasas de carbón, que será mi regalo personal para los que allí vayáis. Allí, incrustados en algún palo o como prefiráis, asaréis los chorizos o tocino que traeréis de vuestras casas. Y seremos felices por habernos conocido, hermanados para siempre bajo la bendición del benefactor bosque. Sólo si no llueve a mares, claro está. No lo organiza nadie y sí todos: nada de exigencias y sí responsabilidad individual para no dejar basuras, etc. Tenemos que hacer una fiesta bonita, intensa, llena de calidez… algo que jamás olvide el bosque al que se la organizamos y ofrecemos.
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Un comentario en “Basaratuste: rito al bosque a punto de desaparecer”

  1. Comentario que por otro medio me ha enviado un lector de Suramérica y que, por lo pertinente del mismo, reproduzco aquí mismo. Un saludo. Felix mugurutza.
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    “Sabes que aquí en mi país, antes, cuando los vascos eran venidos de allí, en un lugar que fundó mi abuelo, [se refiere a un lugar de Suramérica], se realizaba esa salida como día de campo y al atardecer se prendía una hoguera y se daban gracias a los “espíritus del bosque” por cuidar de la naturaleza. Lo recuerdo, me gustaría hacerlo…”

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