A nivelar el euskera

El otro día, en una reunión para organizar diversos actos en torno al día del euskera, escuché hasta emborracharme fórmulas del tipo “herri mailan…”, “eskualde mailako…”, “Euskadi mailan, “maila pertsonalean“… según se planteasen para el pueblo, comarca o vete a saber qué.

Aquel encuentro era caldo de cultivo insuperable para lanzar la palabra “maila” una y otra vez, sin compasión, sobre los que allí estábamos. Como cuando los ciervos han de llenar las noches de berrea con sus incesantes bramidos.

Y me retorcía al tener que escucharla, esforzándome en todo momento por sonreír, como un bobalicón que se evade mirando a la fluorescente que parpadea, para que nadie detectase cuánto odio esa coletilla. No quería ir de pedante y menos de descortés. Por eso me mordí la lengua… tantas veces como escuché aquel maldito “maila”.

No lo soporto y no puedo evitarlo. Así es que cuidado que no se os escape delante de mí que cualquier día cometo una locura y con una plomada o nivel de burbujas os dejo a ras, a nivel, “mailan”.

Fuera de bromas, ese “maila” es una coletilla chabacana, totalmente innecesaria y sin tradición alguna en el euskera. Es poco decente, en resumen. Malo entre lo peor. Pero, como sucede con todo lo pecaminoso, se está extendiendo igual que un reguero de pólvora.

En realidad es un vicio lingüístico importado de otra lengua: un calco literal de la desafortunada y nada adecuada expresión del castellano “a nivel de“. También incorrecto e igualmente aborrecido en lo que a mí se refiere. Hartito ya de tanto “a nivel sindical“, “a nivel de comarca” y otras cagarrutas que, aquí y allí, incomodan nuestro caminar.

Esta última forma de “nivel” está muy extendida en España a pesar de los continuos esfuerzos por parte de la Real Academia Española [de la lengua] para corregirlo.

Según su criterio, el uso de la fórmula “a nivel” debe limitarse exclusivamente a las referencias de altitudes y, como mucho y por extensión, a cualquier referencia que indique una percepción de jerarquía. Pero sólo en esos casos… E idéntico trato corresponde al “maila” de euskera, con uso referente a la diferencia de alturas o jerarquías, no con significado equivalente a “ámbito”, “rango” o similares. Cualquier diccionario os lo corroborará.

Y como nadie ha dicho nada al respecto, ni siquiera la reverente academia de Euskaltzaindia, aquí voy yo, rompiendo aguas, embalado hacia esos molinos de viento que me miran mal. Debieran ellos saber que “por mis niveles ma-to…”

Así es que a cortar por lo sano y a luchar una vez más a muerte en esas batallas perdidas. Porque no se trata tan sólo de un uso no genuino del euskera sino de un uso equívoco del castellano que hemos injertado en lo más medular del euskera.

Ese no recomendable “nivel” en castellano me preocupa pero ya hay jardineros que rieguen aquel jardín. No el del euskera: ese sí me turba.  Por ello, por el amor que os profeso…

– En vez de la expresión “Europa mailan” usad las de “Europan” o “Europa osoko“…

– En vez de la expresión “maila pertsonalean” usad las de “norberaren baitan“, “esparru pertsonalean“…

– En vez de la expresión “erabaki hori lege mailakoa da” usad las de “erabaki horrek lege izaera du” (y en castellano, “tiene rango de ley“)…

– En vez de la expresión “Euskadi mailako txapelketa” usad la de “Euskadiko txapelketa” o “Euskadi osoko txapelketa“…

– En vez de la expresión “umeen afektibitate mailan” usad la de “umeen afektibitatean“, “umeen esparru afektiboan“, “en el ámbito afectivo de los niños/as“. Debemos actuar de la misma manera con otras expresiones “niveladas” parecidas: “herri mailan“, “afektibitate mailan“, “nazio mailan” o similares.

E, insisto, lo mismo en castellano: “en lo personal“, “en Bizkaia“, “en el municipio“… en vez de “a nivel personal“, “a nivel de Bizkaia” o “a nivel municipal“. Pero sí “nevó a nivel del mar“.

Hacedlo así, por Dios, que ya veis que me afecta mucho y si no me desequilibráis mentalmente. O, mejor dicho, “me desniveláis”.

PS: LLIBERTAT PER CATALUNYA
[¡vaya nivel!]

 

Gracias a tus eskerriks

Cuando en el 1985 escuchábamos a La polla records cantar aquello de «gracias a tus putas gracias empezaron mis desgracias» ni de lejos me imaginaba que tantos años después aquella frase juguetona iba a ser mi mejor recurso para presentar una protesta lingüística. Para dar un puñetazo sobre la mesa e intentar poner las cosas en orden. He dicho.

Como pavos reales, los vascos somos muy dados a desplegar nuestras plumas ante el visitante, a mostrarle de inmediato las credenciales nacionales, para deslumbrarle y a ser posible cegarle, hasta que se muestre rendido y sumiso frente a lo nuestro. Porque nuestra idiosincrasia es lo más de lo más.

Nuestra divina cultura, además, descansa sobre el euskera, la viga maestra de nuestro pueblo, el sancta sanctorum de la vasquidad. Una lengua sublime entre las supremas, etérea, excelsa, sin mancha conocida, idioma que consideramos como el más antiguo de Europa, el que parte de un origen más ignoto, no muy alejado en el tiempo de cuando Eva mordió aquella emponzoñada manzana.

Pero resulta que a estas alturas no sabemos ni dar las gracias en euskera. Y vamos de mal en peor. Casi medio siglo sin que pese prohibición alguna para su uso, tras cuatro décadas de enseñanza a marchas forzadas y de euskaldunización de funcionarios para haber llegado al…

EZKERRIK ASKO. Como veremos a continuación parece más apropiado como planteamiento social que como modo de agradecimiento. Porque esto que tantas veces hemos visto rotulado en supermercados, entidades bancarias, carteles… significa ‘muchas izquierdas’ y no el ‘muchas gracias’ que podríamos esperar: “ezkerrik asko zure bisitagatik“, ‘muchas izquierdas por su visita’. Qué molón…

Y es que la gratitud se da con ESKERRIK ASKO. Una “s” en vez de una “z“…

Es más. Fijaos si se intuía que en un pueblo de gente torpe como el nuestro se iba a armar la marimorena, que el visionario Sabino Arana ya intentó en 1895 poner en circulación la fórmula ESKARRIK ASKO, para evitar la mezcla entre ezker ‘izquierda’ y esker ‘agradecimiento’ que se veía venir. Porque éramos y somos unos liantes.

La iniciativa tuvo cierta acogida pero no llegó a cuajar del todo. Lógicamente, tampoco fue admitida dentro del euskera unificado o batua por lo que quedó fuera de juego. Y desde entonces luchamos desesperadamente y con poco éxito contra el chirriante ezkerrik asko que, un día sí y otro también, se nos cuela por ahí.

ESKERRIK. Pero lo que ya es una ignominia lingüística, una afrenta contra la que hemos de levantarnos si nos queda algo de amor a nuestro país, es la fórmula muy moderna, muy en boga y muy guay de eskerrik, a secas. Es de desfibrilador a potencia máxima, porque paraliza el corazón.

El final “-ik” de “eskerrik” implica necesariamente algo después, un “asko” ‘muchas’, porque si no, no tiene ni pies ni cabeza. Proviene de la fórmula —ya en desuso en la lengua diaria— de añadir esa terminación de partitivo antes del “asko”. Así se decía en Peru Abarka (1802), la que se considera la primera novela en euskera, «Asko da lorik; argitu da eguna» ‘ya hemos dormido mucho; ha clareado el día’. ¿No veis cómo a la palabra “lo” ‘sueño’ le añadimos el “-rik” (lorik) para que pueda fundirse, abrazarse, ayuntarse con “asko” ‘mucho’?

Decir “eskerrik” y nada más, sin el “asko” final, es como si en castellano dijésemos “muchas” omitiendo el “gracias” posterior: una majadería en toda regla.

Algo similar sucede en el francés: “beaucoup de vin” ‘mucho vino’, unido por el “de” ese que hace las funciones de nuestro “-rik”. Nunca podríamos decir “beaucoup vin” sin que nos mirasen como a consagrados borrachos, porque no tiene sentido más allá del Pirineo.

Así es que, pongámonos las pilas y usemos según los casos “eskerrik asko“, “eskerrak”,esker mila“, “mila esker“, “esker anitz“, “esker on“, “esker hobe“, “esker izan“, “eskerrik aski” o la opción correcta que nos venga en gana.

Pero, por la diosa Mari, no me uséis más el insurrecto EZKERRIK ASKO o el infame, grosero y cantamañanas ESKERRIK.

Pues a lo dicho: poned todo el cariño y mimo que os quede cada vez que hagáis uso de estas formas vascas de gratitud.

En esas andamos aún con el euskera. Como para independizarnos estamos…

[eskerrik asko!]

 

 

“Haragia” “okela” bihurtu genuen eguna. Euskararen beste bitxikeria bat.

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Euskarak, munduko gainerako hizkuntzek bezala, badu hainbat bitxikeria bere barruetan. Horietako bat, ezezaguna, orain doakizuena: okela eta haragia hitzen arteko nahasketa zaharra. Has gaitezen…

OKELA ALA HARAGIA, HUTS ALA BETE
Ni bizi naizen eskualdean, Euskal Herriaren mendebaldean, okela besterik ezin da aipatu etxetik kanpo jaten gaudenean. Nahikoa litzateke haragi hitza aipatzea, aiztoa baino zorrotzagoak liratekeen begiradak sentitzeko gure bizkarrean. Hemen, okela delako. Eta gauza bera Gipuzkoako sagardotegi zoragarrietara goazenean eta, edariaren arduragabekeriaz, “samur dago okela” bat eskapatzen zaigunean: “Usted no es de aquí” leloa erantsiko digute bistatik galduko gaituzten arte. Ondo ikasia eraman etxetik: haragia baino ez.

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HARAGIZKO BEKATUAK
Hala ere, gurean, okela bai. baina… harakin eta harategi besterik ez dugu. Okela hitzari erreferentzia egiten dionik ez dugu. Gainera, “haragizko bekatuak” ere badira Bizkaian, jaten ez den haragi horrekin egiten direnak… Horretan maisu, Joannes Leizarraga apaiza, bere Testamentu Berriaren itzulpenean (1571): «Iunktaturen zaio bere emazteari eta izanen dirade biak haragi bat», ‘bere emaztearekin batu eta haragi bakarra egiten dute’… ez da txarra adibidea. Baina utz ditzagun lizunkeriak eta itzul gaitezen bidera.

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Gaur egun, lurraldeen arteko horren bereizketa “dialektal” argia iruditzen zaiguna oso berria da. Bere horretan zebilen Azkue gizajoa, zoro baten moduan: «En gran parte de Bizkaya [Bizkaia] no llaman así a la de comer, sino okela, a la común; […]. En algunas partes de V [Bizkaia], como Plencia [Plentzia], Barrika, llaman haragi a la carne de comer». Hau da: gauza bat eta bere kontrakoa.

Gainera, Bizkaiko klasikoetara joanda, Peru Abarkan edo Lazarragan esaterako, haragia eta ez “okela” erabiltzen da. Eta amaitzeko, gain-gainean ditugun Aratuste (inauteri) mendebaldeko izena “haragia” uztetik ei datorrena.

OKELA: ZATI TXIKIA
Jatorrian okela zen jaten zen edozein gauza txiki, janaldi nagusien artekoa, “askari” baten moduan: “ogi-okela”, ‘ogi zati bat’ edo, urrutira joan barik “haragi-okela”, ‘haragi apur bat’.
Horretaz ondo ohartu zen Larramendi (1690-1766) trebea: «Carne en un dialecto, y en otro, pedacito de carne». “Pedazo de cualquiera cosa comestible” zela argitaratu zuen geroago Araquistainek (1700-1765).

Eta ez dakigu nola edo zehazki zein garaitan, baina noizbait okela hitzak haragia berbaren lekua inbaditu zuen. Zaharra izango da aldaketa hori, halere, Lagran (Arabako) herriko ordenantza zahar batzuetan esaten delako abere talde ezberdinak elkartzeko erabiltzen zen modua. Horien artetik, bitxikeria hau «…los bueyerizos [itzainak] harán su reclamo […] llamando “oquela, oquela, oquela”» (1569). XVI. mendean… horra hor.

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BAINA ZER DA OKELA?
Okela substantiboaren urrutiko jatorria latinezko buccela hitza da, ‘ahotxo’, “aho txikia”. Erdal boquilla hitz berbera da. Baina hortik, latinez ere, egun euskal ‘ahamen, mokado, otamen, kopau’ edo erdal ‘bocado’… hitzek duten esanahi berbera hartu zuen. Esan bezala, baita latinez ere. Gurean, “ogi-kopau”, “ogi-okela”… formak hasi ziren erabiltzen. Eta, suposa dezakegu, haragi-okela (‘haragi apur bat’) hartatik iritsiko ginela gure egungo txingarren gaineko okela goxora.

Aurrekoaz gain komeni da aipatzea, sarri gaizki esaten den arren, “okela bat” dela eta ez “okel bat”. Hain zuzen ere, buccela hitzaz ari garelako…

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URDAI OKELEA
Beste barik. Baina irakurtzeari utzi baino lehen, gogoan izan bihar “basaratuste” eguna dela. edo “kanporamartxo” edo “sasimartxo” edo “basokoipetsu” edo dena delakoa. Eta hor ohitura dela txitxi-burduntzian jatea “urdai xerra” bat. Edo Nicholaus Landuccio bisitariak esanahi berberarekin argitaratu bezala (1562)… “urdai-okelea”.

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El enigma de nuestra palabra “agur”

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En el euskera no existe ni de lejos otra palabra tan grandiosa como nuestro AGUR. Se mire por donde se mire es sublime: en lo referente a su extensión geográfica ocupa todo el territorio del euskera, no tiene variantes dialectales de ningún tipo (inaudito en nuestro idioma) y, por otra parte, es el vocablo con mayor aceptación y uso social, incluso entre los que no saben euskera. Es la palabra-llave de la que primero se valen los extraños que desean integrarse en Euskal Herria, la que les abre la puerta a las mil y una maravillas de nuestra cultura, idioma y país. Es también la palabra de nuestra lengua que primero ofrecemos para que todos la compartan con nosotros. AGUR es, al fin y al cabo, el vocablo con el que los vascos abrazamos y besamos el universo que nos rodea…

Y esta reflexión no es fruto de una enajenación momentánea o porque me desborde la pasión. No… Ya en el año 1588 se dijo al hablar retrospectivamente de ella que «esta palabra de “agur” era tenida en mucha y muy gran veneración, grandeza y cortesía y tal que ninguna otra se le igualaba».

Veneración… grandeza… inigualable… Y nosotros mientras, ¿a qué jugamos? ¿qué hemos hecho mal, dónde nos hemos extraviado para usarla sin darle importancia alguna, sin reparar en ella, para no caer arrodillados sintiéndonos dichosos de que haya amanecido un nuevo día en que poder usarla y gozarla…?

PALABRA DE IDA Y VUELTA
Aunque ahora la usemos fundamentalmente como fórmula de despedida, en origen fue un saludo ambivalente, tanto para dar la bienvenida como el adiós. De ahí que aún en muchos lugares se interprete el himno “agur jaunak” para recibir –y no despedir– a aquellos personajes distinguidos, honoríficos o autoridades a los que se les quiere hacer gala de los mayores honores. Era, por así decirlo y como tantas veces se ha recordado, algo similar al “salve” o al “ave” de los romanos.

Hoy en día, y especialmente en en Ipar Euskal Herria, aún es común el uso de “agur” como saludo de distinguido de recepción, por ejemplo al encabezar una carta, en oraciones (“Agur Maria”…).

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UN SALUDO Y MEDIO
Era tal la grandiosidad que encerraba en sí la palabra “agur” que no podía deshonrarse repartiéndola por el mundo sin miramiento o mesura alguna. Y es que, en realidad, al usar otras fórmulas como “mila esker” o “esker mila” (‘mil gracias’) estamos dando a entender que esas “esker” están devaluadas, que poco han de valer para ofrecerlas así, a millares.

El “agur” es otra cosa. Mucho más solemne y excelso, sin duda. Nada apto para excesos y aspavientos. Así, cuando queremos echar el resto, cuando por la situación o el personaje necesitamos exhibir el máximo boato en nuestro saludo de recepción, usamos la fórmula clásica “agur eta erdi”, “agur t’ erdi” que no es sino ‘un agur y medio’. No somos los vascos gente de exuberancias como puede verse…

Tal era la excelsitud de nuestro vocablo, que los vascos usamos el verbo “gurtu” para referimos a ‘adorar, venerar’ algo en su máxima intensidad, referido a divinidades, santos, etc. Es una vez más, un derivado de “agurtu”, es decir, ‘hacer agur”, porque nuestros antepasados no quisieron renunciar a ese extraordinario punto de partida para edificar aquella nueva palabra, aquel nuevo altar con el que ofrendar a los dioses. Un auténtico tesoro, insisto…

USO CLASISTA
No es que en sí el saludo “agur” fuese clasista sino que en su antiguo uso quedaba reflejada la estratificación social de otras épocas. ¿Y por qué decimos esto?

Pues porque no sabemos cómo eran los tratos sociales habituales, simples, diarios. Pero sí tenemos constancia de que la palabra “agur”, por ser tan grandiosa, reverente y solemne sólo podía usarse para dirigirla a gente de un estatus igual o superior: «…en tiempo antiguo se encaminaba e dirigía por los inferiores solamente a sus superiores y parientes mayores e no a otros ningunos de menos autoridad y dignidad» tal y como se recoge en torno al año 1588 (Ibargüen-Cachopín).

Debía ser una expresión muy común pero a su vez añadiéndoles grandes dosis de veneración cada vez que se usaba, sentido que hoy hemos perdido: «Bien sabéis que el modo y explicación ordinaria de nuestra salutación es “agur, jauna”. Y con ser tan usada entre los nuestros, como el “beso las manos” en los romancistas» (año 1607, Balthasar de Etxabe).

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ADIO, AIO, KAIXO…
Desde luego que “agur” era una palabra con fuerza, de raza, la mayor ostentación léxica que podían hacer nuestros antepasados. Nada que ver con ese “adio” (pronunciado a menudo “aio”), más común en los dialectos centrales, y que no es sino el castellano “A Dios” (‘a Dios te encomiendo’). Por no hablar del “kaixo” de chirigota ese, relativamente nuevo y que es en realidad la contracción de la expresión mezcla de castellano y euskera “¿qué hay txo?”, una especie de ‘¿qué pasa, tío?’. Tal cual.

Desde luego que, ni uno ni otro llegan ni de lejos a lo que fue, a cómo se percibió o se sintió nuestro “agur”.

AGUR, ABUR
Y tal fue la robustez de nuestro saludo que marcó tendencia y fuimos capaces de embelesar con ella a otras comunidades lingüísticas cercanas, porque soñaban con poder gozar ellos también de una palabra así, tan perfecta. Por ello el castellano, aún hoy en día, usa y admite como propias las palabras “agur” y su interjección derivada “abur”, reconociéndolas como préstamos lingüísticos cogidos del euskera.

ORIGEN DE AGUR
Pero donde las dan las toman. Y es muy probable que esa palabra-saludo que hoy usan millones de hablantes (tanto a través del euskera como del español) también la fraguásemos en su día los vascos valiéndonos de influencias externas. Su origen está probablemente inspirado en el latín vulgar “agurium” de donde también surge la palabra castellana “agüero”. Y ese “agurium” procede, claro está, del latín clásico “augurium” ‘presagio, anuncio, indicio de algo futuro’ o, la palabra castellana “augurio”. Ahí actuamos con inteligencia y supimos sacar lo mejor de aquellos siglos de convivencia con los romanos. En cualquier caso, que nadie dude que la palabra “agur” es vasca entre las vascas y nuestra seña de identidad.

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ATRAER LA SUERTE
Al regalar un “agur” a alguien, en realidad le estamos deseando lo mejor. Incluso podríamos ir más allí y afirmar que, en esas épocas en que se forja el término, el citar esa palabra mágica suponía hacer un llamamiento para intentar atraer con ella a aquellas buena suerte y prosperidad tan necesarias.

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AGUR ETA OHORE
Para acabar, me gustaría traer hasta estas líneas la expresión clásica vasca, “agur eta ohore”, ‘agur y honor’, el mayor homenaje que a algo o a alguien se le puede ofrecer por medio de unas palabras. Y quiero dedicárselo a esa bendita palabra “agur”. De pasado ilustre y glorioso, cabalga ya para batallar por la conquista de nuevos territorios, los del futuro. Pero no necesita de artilugios belicosos para ello, porque ella en sí es la mejor de las armas que han defendido esta tierra y pueblo: el arma del saber dar la bienvenida, la de la hermandad, la de desear lo mejor al que tenemos al lado, la del abrazo al extraño, la del llanto de los que se van… Hay que sentirla y llevarla con orgullo por el mundo como siempre se ha hecho. Porque agur es nosotros y nosotros somos agur. Agur, agur eta agur…

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NOTA: la imagen de portada procede del blog “violetaestademoda” en el que hicieron esta reinterpretación de un retrato renacentista.

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