Te quiero allí, junto a José Arrue

Últimamente y afortunadamente el artista pintor José Arrue (1885-1977) está en boca de todos/as.

Él mejor que nadie recogió la esencia de la cultura vasca y, también como ningún otro, la difundió por todo el mundo.

Sin embargo, en general, no hemos sabido leer más allá de aquellos graciosos personajes de “vasquitos y nesquitas” que se muestran en sus pinturas, perdiéndonos a menudo la rica información subyacente e, incluso, las motivaciones del artista para pintarlas.

Por eso, estimado/a amigo/a, me gustaría que me acompañases el próximo sábado 7 de octubre al paseo-charla que haremos en San Miguel (Orozko), el templo que más veces retrató Arrue, por considerarlo el epicentro de las costumbres vascas.

Quiero que me acompañes, sí, para que reflexionemos juntos sobre el pintor y su obra.

No nos embarullaremos con fechas y datos porque para eso no hay mejor conferenciante que internet y los libros. No. Nosotros nos centraremos en las sensaciones, en esas emociones que, sin saber por qué, nos zarandean el corazón.

Y para sentir eso, te necesito al lado. Tanto como a las obras de añorado José Arrue.

No olvides que por ser un lugar cerrado las plazas están limitadas y que, por ello, es obligada la inscripción. En la imagen adjunta tienes toda la información necesaria.

Esta actividad la organiza el Ayuntamiento de Orozko enmarcado en las sublimes Jornadas de Patrimonio Europeo coordinadas por la Diputación Foral de Bizkaia.

Te quiero (también) allí, en Orozko, a la sombra de San Miguel.

Me duele José Arrue

Arrue 40 urte 3.

Me duele José Arrue (1885-1977)… porque no llego a comprender cómo nosotros, que tanto presumimos de vascos, nos hemos olvidado de él. Por eso he querido pedir auxilio, traerlo a la memoria colectiva precisamente ahora, en torno al 5 de abril, cuando cumplimos cuarenta años de su fallecimiento. Cuarenta años pasados como los judíos en el Sinaí, desterrados a vagar por el desierto sin que nadie se acordase de ellos: lo hemos tenido no sólo en el olvido sino en el más hiriente de los abandonos.

Por eso hoy no diserto sobre pajaritos, árboles milagrosos o rituales encantadores. Porque escribo con cierto disgusto, indignado. Porque en este cuento faltan la carroza y hasta la calabaza. Porque me duele José Arrue…

Sagardotegia

No sé debido a qué insensatez relegamos normalmente su obra limitándola a una identificación con el aldeanito y la aldeanita, con unas postales pintorescas de graciosas escenas rurales. El aldeano tiró la piedra, tiró… ¿Estamos ciegos?

José Arrue es mucho más. Es alguien que en solemnes obras —a pesar de los aldeanitos— recoge como nadie el detalle de la sociedad de transición entre el siglo XIX y el XX, entre lo rural y lo urbano, entre lo pasado idealizado como auténtico y el progreso perturbador. Unas impresiones que, estremecido, recibe José —o “Pepe” como habitualmente se le apodaba— de la generación precedente, aquella que derramase mares de lágrimas por la abolición de nuestros fueros, de nuestra identidad, de nuestra razón de ser en la historia. Y le dan otra vuelta de tuerca, hacia el realismo.

Alguien que, como se hacía en la Europa de la época, intenta recoger el folklore de los pueblos, lo que luego llamamos etnografía y más tarde visión antropológica. Porque siendo diferente todo ello es lo mismo. Un autor artífice del cuidadoso análisis de cientos de detalles y de su plasmación gráfica, como con tantos y tantos pueblos “ancestrales y enigmáticos” se hizo en el mundo los días en que le tocó vivir.

Pero no hemos entendido nada. No nos hemos enterado. Por eso me duele José Arrue…

Quesos de Gorbea

Mirad su última imagen conocida antes de fallecer, esa que encabeza este escrito. Ahí lo tenemos, sereno, trabajando concienzudamente con sus pinceles en un impresionante cuadro que, como sucede con la mayoría de sus trabajos, no sabemos su paradero. ¿Son acaso grotescos aldeanitos los personajes que ahí tiene retratados? ¿O por el contrario es un cuadro hermoso, de casta, noble, con una ingente cantidad de información sobre vestimenta, costumbres, bebidas, planteamiento de la fiesta… que su sola contemplación da para una excelente conferencia?

Y, después de cuarenta años, como ha sucedido con el resto de su obra, aún no la hemos sabido analizar y estudiar en profundidad. Me duele José Arrue…

Mezara

¿Cuántas publicaciones existen intentando recopilar su ingente producción? ¿Cuántos profundos estudios? ¿Qué esfuerzo hacen las instituciones por acopiar su obra? El desierto del Sinaí… Por eso me duele José Arrue…

Erromeria 1920

Un pintor que conoce todas las corrientes europeas de pintura, que vive y pinta en Barcelona, Sevilla, París, Milán, un artista que viaja con grandes honores a América a mostrar una obra que arrasa a partir de entonces, como quintaesencia estética de lo vasco que es. En un estilo desacreditado por los críticos de sus inicios pero al que nunca renunció, al que le rindió su máxima fidelidad y el que, afortunadamente, al final le dio gloria y eternidad… Hasta que en la guerra civil se le encarcela, humilla y arruina… por haber dibujado para medios republicanos y nacionalistas… Tuvo hasta que cambiar varios dibujos por leche o comida, impulsado por la más desgarradora necesidad, por el hambre.

Sin embargo y a pesar de todo nunca renunció a ese estilo tan inconfundible. Una entrega total a su obra, a esa aportación por “lo vasco”, a aquello en lo que tanto creía. Decidme un autor nuestro que fuera de estas fronteras, por el ancho mundo, sea más identificado y reconocido con nuestro país que José Arrue… ¡Qué mejor embajador!

Generosidad a raudales con nuestro país para pagarle nosotros con el olvido más injusto y vergonzante que podamos urdir. Por eso me duele José Arrue…

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¿Para cuándo una exposición monográfica en el Museo de Bellas Artes de Bilbao? ¿O acaso nos da vergüenza porque la temática es un poco “aldeana” y deforme? Nada que ver con Fernando Botero claro… que es de fuera, internacional, de lo que igual atrae a extranjeros…

¿Sabéis lo que opino? Que si no lo hacemos o no lo hemos hecho es porque somos un país de apocados, una cuadrilla de acomplejados sin la contundencia necesaria para mostrar y enseñar lo mejor que tenemos. Falta determinación y autoestima en este mundo de pusilánimes que somos. Porque José Arrue da la talla y se sobra para justificar una gran exposición. Los únicos “aldeanos boronos” de su obra somos nosotros, los que estamos frente a sus pinceladas. No tenemos perdón.

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Para finalizar, dicen los expertos en comunicación que lo que más fuerza, penetrabilidad e impacto da a un mensaje es el uso de un silencio prolongado… Por mi parte creo que cuarenta años de mutismo ya es silencio suficiente para ello. Así es que ved y ANALIZAD toda la profundidad que la obra de Arrue regala. Gozadla y divulgadla. Creedla. Que no nos tengamos que avergonzar nunca más de ser vascos como hoy me sucede a mí… Gure esku dago… que también así se hace país.

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Barkatu José. Te he llevado dos pinceles con sendos claveles de esos que tanto te gustan. Para así indicar a los pájaros dónde tienen que cantar al amanecer de mañana, tu día. Los he puesto también para que no esté tan olvidada esa tumba que te acoge.

Porque, ahí o en los cielos, te quiero y admiro. Porque tú… tú eres lo único en esta historia que no me duele…

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Post scriptum (“el día después”): el de ayer fue un día memorable, de esos que jamás se olvidan. Encuentro con un montón de gente, exposición, música… y varios miembros de la familia de José Arrue que, también emocionados, participaron en el acto.
No puede ser casualidad que tantas coincidencias se conjuren para hacerme tan feliz.
Estoy seguro que habrá maniobrado por ahí arriba alguno que ahora andará dibujando angelitos con txapela, gerriko y abarcas.
Eskerrik asko guztioi, bihotz-bihotzez.

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Santo Tomás, mi abuelo y la renta del caserío

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Hoy, 21 de diciembre, es el día de Santo Tomás (San Tomas en euskera).
Quisiera tener un recuerdo para mi abuelo Martín Mugurutza Zendegi (1896-1972) que cada año, tal día como hoy, bajaba a pagar la renta anual del caserío en Markuartu (Laudio) al gran propietario y adinerado Enrique Escauriaza. Era en Bilbao, en donde todo bullía con la gran feria creada unas décadas atrás por Felix Garci-Arcellus, un personaje bilbaíno que vivió muchos años en Laudio.

La renta a abonar era una cantidad más bien simbólica de dinero, algún par de gallinas y unos huevos. También de vez en cuando unas nueces… o lo que había, porque mucho más no se podía.

El propietario, que sabía que de aquellos inquilinos necesitaban el dinero más que ellos, correspondía con buenos regalos, generalmente una gran bacalada, con la que mi abuelo volvía feliz y orgulloso en el tren.

Los regalos recibidos generalmente igualaban o superaban el valor de la renta. Debía de ser, como en la actualidad, que el espíritu de la Navidad hace que el día de hoy sea tan especial…

La imagen del encabezamiento es “El día de Santo Tomás”, pintado por José Arrue en aquellos años en que mi abuelo bajaba a pagar la renta. Era José Arrue gran amigo de aquel soñador Garci-Arcelus que decidió en 1915 hacer una gran feria para reforzar aquel comercio rural generado en el día de Santo Tomás con la bajada de tantos y tantos baserritarras para pagar sus rentas.

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