San Blas haria Aratusteen amaieran erretzen denean…

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Noiz erre san blas haria?

Sarri idatzi izan da San Blas egunean (otsailak 3) bedeinkatzen den kordoitxoaz. “San Blas haria”, “San Blas firua” edo, gaztelaniaz, “cordón de san Blas” izenez da ezaguna. Antza, herri-usteen arabera, ahalmen miresgarria zuen eztarriko gaitzak sendatzeko eta saihesteko, santuaren laguntza bermatua zuelako samaren inguruan epe zehatz batez zeramak.

Baina, noiz arte eraman behar haria lepoaren inguruan errituak bere onurak emateko?

Era guztietako erantzunak daude eta leku batetik bestera aldatzen dira. Gehien zabaldu izan dena (hedabideek ere eragina izan dute honetan) bederatzi egunekoa da. Ondo eta horren kontra ez dut ezer esango.

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Baina bada beste aukera bat, ni bizi naizen inguruan (Aiaraldea) oro har egiten dena eta gehiago gustatzen zaidana, zaharragoa izatearen itxura duelako. Eta ez da inon argitaratu. Hortaz lerro hauek…

Gurean, San Blas egunean jantzi eta lepoan eramaten da haria, Aratusteak amaitu arte, jai hauen azken aktoa izanda. Gutxira arte, ez dugu sardinaren hiletarik behar izan.

Hala bada, Aratuste (inauteri) asteartean, gauaren erdian, erre egiten da hari miraritsua. Horrek bukaera ematen dio Aratusteari eta hasiera Garizumari.

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Zenbait etxetan entzuna dut gauez lortzen ziren hari-errautsekin igurzten zirela ondoko eguneko mezakoak, Hausterre eguna zelako eta, ezaguna denez, hautsez ukitzen direlako gogorarazteko Garizumako penitentziak daudela eta hilkor eta ahulak garela biziaren aurrean.

Ez dakit nik egiazkoa izango ote den baina hala kontatu izan da. Gehienetan, eta jende gehienak ikusi eta egin izan duena izan da sutara botatzea, purifikazio erritu bat bailitzan.

Horrela gauzak, nire etxean, haria eramateko epea aldakorra da, Aratusteak mugikorrak direlako egutegian. Hala, urte batzuetan denbora luzez eramaten da haria saman. Baina, beste batzuetan, oso egun gutxian.

Harago joanda, nik susmoa dut bederatzi eguneko epe tinko hori jarriko zela bermatzeko gutxieneko epe batean eramango zela.

Aintzat hartu behar dugu, kasu muturrekoenean, otsailaren 3an bedeinkatu eta jar daitekeela haria eta gau horretan bertan erre behar izatea Aratusteen amaiera izanagatik. Baina lasai, gutako inork ez du ikusiko: 1818an gertatu zen azken aldiz eta 2285. urtera arte ez da berriz jazoko. Eta kasualitate susmagarria bada ere, Aratuste martitzena ezin daiteke inoiz ere San Blas eguna baino lehenago izan.

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Beno ba: zuek gehienok errea izango duzue dagoeneko. Baina gure etxean gaurko gauerdian ibiliko gara erretzen. Hortik aurrera, zerutarren ardura…

 

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Basaratuste: rito al bosque a punto de desaparecer

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En nuestra cultura popular vasca existe una curiosa ceremonia de invierno sobre la que no se ha reparado a pesar de lo excepcional de la misma. Se trata del Basaratuste o Kanporamartxo, en notable retroceso y limitado hoy en día a unos pueblos de Bizkaia. En lo que a la puesta en escena se refiere, queda reducido a un almuerzo en el monte, sin referencia alguna a su historia y su razón de ser. Es decir, es una fiesta a la que traicioneramente se le hurtó el alma, la esencia y su razón de ser. Qué pena…

Pongámonos en escena… Las fechas tradicionales de los carnavales son libres y variadas dependiendo de la localidad, si bien lo corriente es que se celebren en los tres días previos al Miércoles de Ceniza, es decir, domingo, lunes y martes, que dan paso a la Cuaresma. Insistimos una vez más, que debemos habituarnos a mirar más allá de esas fechas y ceremonias siempre enmascaradas por el cristianismo. Y es que los carnavales son mucho más, algo salvaje, atávico, montaraz… unas fiestas que nos hacen escuchar los latidos de la tierra que cada día besan nuestros pies.

La puerta a aquellos genuinos carnavales, a los auténticos, la abría en algunos lugares el jueves gordo o “de lardero” o, en otros, el Basaratuste. Era esta última una celebración que se hacía –y se hace– en el domingo previo al de carnaval. Hoy en día se conoce como “basaratiste”, “basatoste”, “basatuste”… y basta con citar su nombre para que la sonrisa y el brillo en los ojos afloren en los rostros de muchos de los ancianos a los que preguntamos. Porque recuerdan con nostalgia aquella tradición que, no pudiendo explicar cómo, dejaron perder para siempre. Eso sí: en contraprestación ahora no hay pueblo que no tenga su insustancial desfile y concurso de disfraces para que vanidosamente nos miremos al espejo y comprobemos lo geniales y auténticos que somos al ir a la calle disfrazados de gallinas o bucaneros.

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Pero lo nuestro es otra cosa… es el quedarnos con las nueces y dejar el ruido para otros. Porque aquí hablan nuestros antepasados: gritan y aclaman rogando que nos esforcemos por no olvidar aquellas ideas y formas de interpretar la vida suyas, aquellas con las que nos edificaron durante tantos siglos. Nada de fiestas estridentes y vocingleras… lo nuestro es el Basaratuste, cuyo precioso nombre, por cierto, se compone de “baso” y “aratuste”, es decir, ‘el carnaval del bosque’. ¿Hay quien dé más?

En los pueblos en los que aún lo practican se acude a unos lugares específicos, fuera de las zonas habitadas. Unos enclaves que se repiten año tras año y que “pertenecen” a la comunidad humana de un municipio, barrio o parroquia que se identifica en torno a él.

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Allí se asan productos del cerdo, nuestro gran animal totémico, cuasidivino en los ritos invernales. Se cocinan pinchados en un palo llamado “txitxi-burruntzi” o “txitxi-burduntzi”. Son celebraciones que, a pesar de ser minoritarias, suelen gozar de buena aceptación por lo salvaje y puro de las mismas.

Pero pocos o nadie parecen percibir que se trata de la reminiscencia de una antiquísima ofrenda de alimentos que se le hacía al gran bosque, de nuevo para que despertase y cogiese fuerzas para producir todo aquello que necesitaban los humanos. Con un ritual fuego purificador, omnipresente, y valiéndonos de esas ramitas que el mismo bosque nos facilita. Con un simbólico sacrificio animal incluido: el del cerdo.

Algunos historiadores retrotraen todo este tipo de ofrendas a antiguos sacrificios humanos ofrecidos a la tierra madre y que posteriormente fueron sustituidos por muertes de animales. Existen diferentes referencias similares a nuestro Basaratuste por todo el mundo, lo que invita a pensar en un origen común prehistórico para todas ellas.

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Se dice asimismo que, ante la dureza del invierno, resultaba muy complicado alimentar a los animales para mantenerlos vivos, por lo que se iban sacrificando paulatinamente. Así, además de eliminar una obligación ganadera, se conseguía alimentar a los humanos y a las divinidades en una época en la que la naturaleza no ofrecía alimentos. Porque el invierno de nuestros antepasados era básicamente oscuridad, hambre y frío.

Y de allí, miles de años después, recogemos hoy nuestro ignorado e inadvertido Basaratuste, nuestro Kanporamartxo… Curioso también que se haya mantenido en los pueblos en donde no se perdió el euskera, constatando una vez más que creencias y lengua fueron siempre de la mano.

En los pueblos de la comarca en donde yo vivo (Arrankudiaga, Ugao, Arrigorriga, Zaratamo, Arakaldo, Orozko…) tan extraordinaria fiesta es conocida como “Kanporamartxo”, nombre algo chocante y que no cuenta con interpretaciones etimológicas conocidas. Por mi parte sí me gustaría apuntar que, en sitios como Orozko, en las últimas reliquias de su euskera, se llama “martxo” al domingo de carnaval, probablemente relacionado con el nombre del mes de “marzo”. De ahí que en lo personal opine que probablemente “kanporamartxo” sea ‘el domingo carnavalesco que está fuera [del carnaval puramente dicho]’. Por aportar algo…

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Otras denominaciones con las que se nombra a este curioso ritual es el de Sasimartxo, ‘el carnaval del jaro’ (Zamudio, Derio…) o Basokoipetxu (Otxandio). En realidad este último caso sería “baso-koipetsu”, ‘la fritanga o asado del bosque’. En realidad, “koipetsu” significa ‘pringoso, grasoso’ pero, en pueblos como el mío, Laudio, se usa para denominar por antonomasia al tocino asado al “txitxi-burduntzi”.

Pero, sin duda, la denominación que más me encanta es la de Basaratuste, la del “carnaval del bosque”. Qué pureza, qué raigambre en lo más íntimo de nuestra cultura… pero además, nunca algo tan arcaico ha ofrecido mayor potencial para el futuro, ahora que se educa a los pequeños en la sostenibilidad y el respeto al medio ambiente. ¡Qué manera más bonita para mostrar honores y gratitud al bosque que esta fiesta anual de su carnaval! Y pedirle que despierte y que un año más nos haga dichosos con su existencia… ¿o preferimos limitarnos sólo a los disfraces de vampiro y otras memeces similares?

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Kanporamartxo… Basaratuste… Recordemos para finalizar que, en el occidente vasco, el carnaval ha sido conocido como Aratuste, término a recuperar y defender como elemento patrimonial que es. Hoy, desdichadamente y al igual que nos sucede con la reducción del complejo carnaval a un simple disfraz, nos arrastra una empobrecedora globalización cultural, aun cuando esta sea vasca. Y en los reinos del Aratuste gobierna ahora el extraño Inauteriak, haciendo agonizar al primero.

Yo estoy ansioso ya porque llegue el día. Como recogió en su manuscrito (1567) Joan Pérez de Lazarraga, el segundo escritor en euskera, “…alegere baxe sekula triste, nik diot egun dala aratixte”, ‘alegre pero jamás triste, porque digo yo que hoy es Aratuste’. El bosque nos espera…

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PROPUESTA DE ENCUENTRO

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El Basaratuste o Kanporamartxo de este año es, según lo comentado, el domingo día 19 de febrero. Por ello os ruego que, cada uno en la medida de sus posibilidades, lo celebre para intentar reencontrarnos con aquello que fuimos, para revivir aquella comunión milenaria que nos fusionó durante siglos con los bosques. No vivirlo como un elemento extraño sino como algo afable, cercano e íntimo.

Y si alguien no sabe cómo hacerlo, aquí va mi invitación. En el municipio de Laudio existe un lugar de nombre Lezeaga, en el que según las creencias locales habitan lamias y el ser mitológico más renombrado y temido del lugar: la bruja de Lezeaga. Para más inri, existe en aquel paraje un punto denominado Sorginlarren, ‘la era de las brujas’ que es en donde nos juntaremos los que queramos compartir un grato momento. No es un punto tradicional de Kanporamartxo sino que este año damos inicio a una nueva tradición que espero dure muchos años más. No está alejado ni exige esfuerzos montañeros. Desde el barrio de Ugarte, el más cercano, serán no más de veinte minutos, la mayoría por asfalto.

Para cuando lleguéis habrá unas buenas brasas de carbón, que será mi regalo personal para los que allí vayáis. Allí, incrustados en algún palo o como prefiráis, asaréis los chorizos o tocino que traeréis de vuestras casas. Y seremos felices por habernos conocido, hermanados para siempre bajo la bendición del benefactor bosque. Sólo si no llueve a mares, claro está. No lo organiza nadie y sí todos: nada de exigencias y sí responsabilidad individual para no dejar basuras, etc. Tenemos que hacer una fiesta bonita, intensa, llena de calidez… algo que jamás olvide el bosque al que se la organizamos y ofrecemos.
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Neguari, argi eske

Neguari, argi eske

Gizakia gizaki denetik, beldurra izan dio neguari. Horregatik, gure arbaso urrunen helburu nagusia zen urtaro latz hori ahalik eta azkarren igarotzea… ahalik eta ondoen… bizirik, azken finean.  Horretarako, ez zuen konfiantza nahikorik berarengan edo bere tribuaren indarretan eta, desesperazio ezindu hartan, mesedea eskatu behar zien bestaldeko indarrei, kosmosari edo dibinitateei , esan bezala, nola edo hala, argi urriko egun haiek zeharkatzeko.

Zer esanik ez, itxuraldaturik iritsi zaizkigu behinolako erritu haiek. Baina hor ditugu, eskuartean, ehunka edo milaka urte dituzten ohitura batzuen azken testigantzak, betiko galdu aurretiko azken uneotan.

Horra doazkizue nire eskarmentu pertsonaletik erauzitako ohar hauek, bizirik ditudan aita eta amari sutondoan, bazkalosteetan, presarik gabeko arratsalde euritsuetan entzundakoak, haiek nik ez bezala, barru-barrutik sentitu eta praktikatu dituztelako herri-ohitura horiek, negu bat bestearen atzetik garaitzeko.

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Gaur egun, nahikoa da etengailu bat aktibatzea ezkutuko iluntasunari, hau da, gaizkiaren mendeetako bizitoki kontrolaezinari diogun beldurra uxatzeko. Alabaina, ez da horrela izan herri gisa egin dugun bidearen zati handienean. Duela gutxi arte, negua iristeak, hotza, gabezia eta pobrezia ez ezik, indar txarren ahalduntzea ere bazekarren, “beste aldekoena”, oso argi ordu gutxi izanik inoiz baino gehiago hedatzen baitziren. Ziurgabetasuna eta beldurra, azken finean.

Hainbestekoa zen, ezen bizirik irautea ere zalantzan jartzen baitzen. Edozelan ere, garai hori gainditu beharra zegoen; gutxienez, kukuaren kantua entzun arte: urte bateko iraupena bermatzen zuen dudarik gabeko ikurra. Eta hobe zen entzutean poltsikoan dirua izatea, ordutik aurrera gabeziarik gabe bizitzearen sinboloa baitzen.

Gure herrian, gure aitita-amamek hainbat erritu praktikatzen zuten: belaunaldiz belaunaldi errepikatu dira ohiturak, zeruen, jainkoen edo, urrunago joan gabe, patuaren faborea bilatzeko helburuarekin.

GABONAK
Gabonetan hasten zen dena, argi gutxien zuten urteko egunetan: etxeetako sua berritu egiten zen, detailez jositako liturgia aparta batekin. Ezin dugu ahaztu sua dela eguzkiaren etxeko errepresentazioa, gaizkiaren indarraren kontra –beti iluntasunaren aldean– borrokatzeko
talisman bakarra erlijioak iritsi bitarte.

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Bada, Laudion XX. mendearen hasiera arte basotik oso enbor handia hartzen zuten sua egiteko, urte osoan etxeetan piztuta mantendu behar zena. Haren errautsek kortak, zelaiak, ibai zabalak eta abar bedeinkatzeko balio zuten; baita etxebizitzak piztiengandik eta ekaitzetatik babesteko ere. Ez da zaila zuhaitz magiko hori antzeko erritu batzuekin lotzea. Esaterako, Kataluniako “Tió nadal”, Aragoiko Gabonetako “tronca” edo “toza”, Europa iparraldeko Eguberrietako zuhaitza… denak ere kristautasuna zabaldu aurrekoak, dudarik gabe. Ezta “Olentzero”, Kantabriako “Esteru”, Galiziako “Apalpador” eta abarrekin lotzea ere.

Gabonetako enbor magiko horri “Olentzero-enborra” esaten zitzaion hainbat herritan. Neguan irauteko zuhaitz oparoa, emankorra eta elikagaiduna; egun, hainbat opari, jostailu eta abar bilakatua.

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Halaber, ezin genezake ahantz mantelaren azpian Gabon gauean moztutako lehen ogi zatia gordetzeko tradizioa; batzuek badugu ohitura hori oraindik. Urte osoan amorrua sendatzeko balio zuen, etxea babesteko… baita beste helburu batzuetarako ere, egun ahaztuak dauden arren; gainezka egitear zeuden uholdeak beheratzeko, adibidez.

Honetaz, zerbait dugu idatzia “el arca de no se” blogean:

http://blogs.deia.com/arca-de-no-se/2016/12/23/pan-magia-y-rituales-en-nochebuena/

Baina ez zen ogia magikoa zen bakarra, Gabon gaueko afari osoa baizik. Hainbestekoa zen haren garrantzia, ezen animaliekin ere konpartitzen baitzen haren onura. Hala, duela urte gutxi arte, baserrietan gau horretan hobeto ematen zitzaien jaten txakurrei, ardiei, untxiei, oiloei eta abarrei. Beti bukatzen zuten astoarekin, baserriaren ekonomiaren aliatu handiarekin, nahiz eta traturik okerrena eta umiliagarriena hark hartzen zuen.

Eguberria pasatutakoan, oroigarri txikiak trukatzeko erritua iristen zen: komunitatearen babesa sinbolizatzen zuten, zorigaizto indibidualen aurrean. “Agilando” gabonsaria zen, gerora “aguinaldo” bihurtuko zena. Mutilek neskei Urteberri eguneko arratsaldean egiten zieten oparia. Neskek mutilei, berriz, Errege edo Epifania egunean egiten zizkieten.

SAN ANTON
Gabonak igarota, laster iristen zen kristautasunaren lehen eremitatzat hartua den santuaren jaia: San Antonio Abad, “San Anton” ere esaten zaiona. Etengabe erritu jakin batzuk egiten zituzten, egun goibel horietan zortea alde edukitzeko. “San Antón, huevos a montón” esaten
da, argia ordu erdiz luzatzea nahikoa baitzen oilo erruleak aktibatzeko. Beste ohitura bat santu horren estanpa kortetan jartzea zen, ondasunik handienaren babesle zelakoan: etxeko abereen babesle. Egun hotz horiek egokiak ziren beste txerriren bat sakrifikatzeko; horra hor, gaztainekin batera, neguko goseari aurre egiteko miraría.

Jada gogoratzen ez den arren, ohitura zen errituetan sua piztea ere, eta animaliei jaiko tratua ematea. Egun horietan mandazainen mandoek ez zuten lanik egiten; normalean ukuiluratuta egoten ziren animaliei euren kasara paseatzen eta bazkatzen uzten zieten eta abar.

Arrautzak

KANDELERIO
Egun bat geroago iristen zen Kandelaria edo Kandelerio eguna, otsailaren 2an, urteko erritu gehien pilatzen duen garaiari hasiera emanez. Hala, elizako kandelak bedeinkatzen ziren. Bolada labur batean piztuta egon behar zuten kandelek tenpluan, botere osoa eskura zezaten. Horren ostean, ekaitzen kontra erabil zitezkeen, haiek uzta arriskuan jar baitzezaketen. Gatz pixka bat botatzen zitzaien pizten zirenean, eta suari ereinotz bedeinkatua gehitzen zitzaion. Hori gutxi balitz bezala, aizkora bat jartzen zen etxetik urrun, alde zorrotza gora zuela; eliza eta ermitetako kanpaiak jotzen ziren, edo apaiz batek hodeien kontra botatzen zuen bere zapatetako bat, ekaitzak hartu behar zuen norabidea adierazteko.

Kandelen egunak Jesus jaio zenetik 40 egun igaro zirela adierazten du, erditzear zen edozein emakumerentzako beharrezko purifikazio ezarritako epea. Haatik, Laudioko emakumeek ezin zuten ez elizara ez etxetik kanpo atera 40 egunetan. Badira oraindik ondo gogoratzen duten bizilagun edadetuak.

SAN BLAS
Kandelen egunaren hurrengoa San Blas da, gizaki eta animaliei jaten ematekoa, elikagaien beste bedeinkapen batekin –berriz ere etxeetako patuaren parte izanez–, era horretan osasuna bermatzeko. Haria bedeinkatzea ere ohitura zen, eta da orain ere, eztarria urte osoan babesteko. Tokian-tokian aldatzen bada ere, Laudion hauxe da ohitura errotuena: soinean eramatea, harik eta Aratusteetako astearte gauean, Hausterre egunaren bezperan, sutan erretzen den arte. Nola data horiek aldakorrak diren, urte batzuetan haría aste askoan eraman behar izaten dira lepoan, eta beste batzuetan, berriz, aurten bezala, aste batean baino ez.

Benantzio

SANTA AGATA BEZPERA
Atseden egun baten ondoren, beste gau magiko bat dator: Santa Agata bezpera, ugalkortasunaren aktibazioa, kristautasunak ezarria bularrak — gure lehen bizi-iturria— moztu zizkioten santu baten omenez.

Izan ere, gure nagusien esanetan, egun horietatik aurrera hasten da belarra hazten, lehen kimuak azaltzen, hegaztiak ugaltzen… Bizitza hasten da, esnatzen da… Lokartutako lurra estimulatzeko ez dago ezer hoberik lurra erritmo etengabean makilekin jo eta koru batekin laguntzea baino.

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Duela mende bat, abesbatza hamalau lagunekoa izaten zen, eta zenbait multzo egiten zituzten, baserriak banatzeko. “Kantau edo errezau” esaldi erritualarekin hasten zen dena, lutoren bat errespetatu beharko balitz aukera izateko.

Inprobisatutako kopla sortek, koruak errepikatutako leloekin, etxeko neska ezkongaia aipatzen zuten, edo senargaiengandik espero ziren opariak. Txanpon batzuk izan ohi ziren, edo, are opari hobea, bazkariren bat, hurrengo eguneko askarian bukatzen zena, erremediorik gabe…

Euskarazko kopla horien ohitura gaztelerazko beste abesti batekin desagertu zen (“Esta noche, día cuatro víspera Santa Águeda y mañana día cinco será su festividad…”) eta, gero, Evaristo Bustintza “Kirikiño” (1866-1929) Mañariako idazle ezagunaren Aintzaldu etorri zen.

Arloteak

Aipatutako eguna pasatutakoan, aldakorra zen epe batek osatzen zuen Aratusteekiko (inauterietako) zubia. Aldakorra, zeren Aratusteak Aste Santuaren arabera ezartzen baitira, eta Aste santua Pazko egunak markatzen baitu: udaberriko lehen ilbetearen ondorengo igandeak.

ARATUSTEAK
Laudion aratusteak igandean, astelehenean, eta,bereziki, asteartean izaten ziren. Ez du zerikusirik larunbatarekin, azken hamarkadetan txertatu da eta.

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Eta aurreko igandean, basoari eginiko eskaintza, Basaratuste (baso-aratuste) edo Kanporamartxo deitua: komunitate osoa baso bazter batera joaten zen eta joaten da txitxi-burruntzian prestatutako txerrikia jateko bertan.

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Aratusteetan ohikoa zen oilar batekin eskean ateratzea: oilarra, arazte erritu batean txarkeria guztien erruduntzat jo, eta akabatu egiten zuten. Tostadak eta txerri hankak ez ziren mahaietan falta. Kontrolik gabeko egun horietan ez ziren gutxi elizaren bueltan ikus zitezkeen mozorro irrigarri eta iraingarriengatik apaizek jarritako kexak.

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GARIZUMA
Baina dena zen oparotasunaren irudi faltsua, haragirik, sexurik, alkoholik, dibertsiorik gabeko epe baten aurreko fasea, Aste Santura arte iraungo zuena. Izan ere, ordurako indartua zeuden eguzkia eta argia, eta inork ez zuen bere bizitza kolokan ikusten. Kukua entzuna zuten, eta hori bazen nahikoa nire herrian, euskaldunon herrian, bizitza beste urte batez bermatzeko…

 

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El alcornoque de Markuartu

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Markuartu (“Malkuartu” en la dicción popular generaliza actual) es un barrio ubicado en un alto entre Okondo y Laudio. Y es en su vertiente hacia esta última localidad, frente al caserío más antiguo de los que conformaban aquella aldea —hoy derruido—, en donde se encontraba un alcornoque grandísimo, de dimensiones descomunales, gigantesco para lo habitual en su especie. Por lo abrumador de su porte y por lo inaudito de esa clase de árbol, era muy conocido en toda la comarca. Era el reputado y nombrado “alcornoque de Markuartu”.

Y decimos “era” porque tal día como hoy pero de hace 35 años se derrumbó con gran estrépito, según comentaron los vecinos del lugar. Precisamente el ciclópeo tamaño fue el que firmó su sentencia de muerte, ya que era demasiada la superficie expuesta para hacer frente a aquellos vientos huracanados de fin de año.

Mi relación con el lugar ha sido siempre intensa, íntima, ya que de allí procede mi línea familiar paterna. Por eso aquel alcornoque era algo que estaba muy arraigado a mi alma ya que mi padre, tíos o abuelo —no llegué a conocer a mi abuela, la oriunda el lugar— nos lo mostraban siempre con grandiosidad, haciéndonos sentirlo como algo casi totémico, divino, extraordinario. No sé cómo describirlo, pero se esforzaban en transmitirnos la sensación de que aquello era especial, único, algo memorable y reverenciable, no un árbol más. Desgraciadamente, no conozco imagen alguna que lo inmortalizase.

Por eso su desplome y muerte fueron recibidos en el pueblo y en especial en mi entorno personal como una auténtica catástrofe, un drama.

La desdichada noticia generó no poco revuelo y pronto comenzaron las especulaciones. Hasta allí subieron una cohorte de sabelotodos, leguleyos, sabihondos y picapleitos que esperaban gozar su individual momento de gloria, empeñado cada uno de ellos en imponer como dogma universal sus más peregrinas divagaciones.

Al instante comenzaron a teorizar sobre su edad, algo que generó gran expectación ya que interesaba más la leyenda cargada de pasado glorioso que la visión entristecedora de aquel gigante caído. Primeramente se consultó a los lugareños que no dudaron en añadir sal al plato: “inmemorial”, “mi abuela murió con xx años ya lo conoció así”, “de siempre”… eran los datos más sólidos que podían ofrecer. Eso sí: aseverados con tanta contundencia que se acordó, por consenso del “consejo de ancianos”, que aquel alcornoque tendría más de tres siglos de vida. Aunque a algunos aquella cantidad les parecía escasa e indigna para la leyenda arbórea más grande que jamás había conocido la comarca. “De la época de los Reyes Católicos” fue la conclusión de los de aquella corriente de opinión disidente.

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Algunos, con métodos algo más científicos, practicaron un corte con la motosierra e intentaron contar los anillos que, como sabemos, determinan la edad del árbol. Pero su engorde había sido tan pausado como la historia de aquella aislada aldea, algo que frustró la iniciativa: se hacía difícil o casi imposible contabilizarlos. Sobre 400 anillos y años fue el consenso acordado viendo que no había otra solución mejor.

También pronto se aseveró —y hasta hoy en día es corriente escucharlo— que era el único alcornoque que habían conocido las tierras vascas, algo que lo hacía más sobrenatural aún.

Hoy sabemos que no es cierto. Por ejemplo, en Getaria existe uno declarado “árbol singular” por lo raro de la especie y por su gran edad. Y no es el único. Sin ir más lejos, en el mismo Markuartu existe hoy en día otro que, cuando menos, cuenta con un siglo de existencia y no sería extraño que fuese contemporáneo al derrumbado. Ha pasado siempre desapercibido porque el terreno rocoso sobre el que se arraiga, no le permitió medrar como su compañero de historias. Pero ahí ha estado y está.

Casi ahogado por unas invasoras mimosas, apenas nadie se percata de su existencia. Pero sí que es llamativa aquella contundente sentencia de decir que el caído era el único en Euskal Herria sin fijarse en que a 100 metros tenían otro congénere o sin escuchar a los lugareños, que siempre lo habían conocido allí. Así de rigurosos somos en los ambientes populares…

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En cualquier caso, aquel día de hace 35 años acababa de caer algo irrepetible: el más grande entre los alcornoques, el gigante, el único… nada que ver con ese pusilánime compañero.

En cierto modo dábamos las gracias por haber conocido aquel emblemático árbol en vida y en muerte, de ser vivos testigos de lo que en aquel recóndito lugar estaba sucediendo en esos precisos días: el destino nos había elegido para dar fe de aquel instante.

Recuerdo que, como si de una reliquia milagrosa se tratase, recogí emocionado una corteza que aún conservo con cierta devoción y admiración. Yo por entonces era un adolescente que vivía, bebía y gozaba con aquel nacionalismo resurgente tras décadas de represión y que necesitaba de historias y leyendas para insuflarle vida y edificar un próspero futuro.

También las casualidades de la vida me han llevado años después a formar parte de un grupo de amigos que cantamos en un coro callejero, de nombre “Los Arlotes”, y en cuyo local pusieron algunos de mis predecesores (K. Abrisketa, L. M. Ibarluzea y A. M. Santamaría), una rama del venerado alcornoque de Markuartu, para poder honrarlo y para no permitir que por nada del mundo quedase en el olvido. Con una nota en un euskera muy sui generis,  que nos aclara cualquier duda sobre las fechas.

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Fueron varias jornadas de vientos huracanados, generando numerosos destrozos en todo el país. Y, entremezclándose en aquella alteración, amanecimos al día siguiente con el disgusto del más legendario de nuestros árboles por los suelos y el extraño y rocambolesco secuestro del padre de Julio Iglesias por ETA. Un insólito fin de año, sin duda.

Escribo estas líneas con el trozo de corteza del memorable alcornoque de Markuartu entre manos. Gozoso porque cuando lo recogí hace 35 años adquirí el compromiso personal de trasmitir su memoria y inmensidad a las generaciones venideras. Hoy, en cierto modo, siento que estoy saldando aquella deuda pendiente. Porque hasta ahora nada se había escrito al respecto. Así, con estas líneas, elevo a la eternidad el recuerdo de aquel gigante, el alcornoque de Markuartu, el que creció durante siglos y siglos mirando orgulloso al Gorbeia. Qué digo siglos… ¡miles de años! O incluso más…

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POST SCRIPTUM (11-01-2017)

Tras la publicación de este post, una amable lectora (Josune Ibarra) me ha facilitado un recorte de periódico (29-12-1981) en el que se describe el acontecimiento recordado aquí. Me parece tan bonito lo expuesto y tan acorde con las sensaciones que yo os había intentado transmitir que, además de poner la imagen, os lo trascribo para facilitaros su lectura.
«EL ALCORNOQUE DE MALCUARTU, UNA MITOLOGÍA DERRIBADA
Los fuertes vendavales que padecimos días pasados y causaron en nuestro valle al igual que en toda la región, importantes daños materiales, fueron lo suficientemente duros como para dar por tierra con un árbol que para los llodianos de varias generaciones había venido siendo todo un mito: el alcornoque de Malcuartu.
El citado árbol, famoso por lo insólito de su ubicación, había extendido sus potentes raíces en el alto de Malcuartu a lo largo de los últimos trecientos años, siendo el único de su especie, no sólo de los que se asientan en Llodio, sino probablemente de toda Euskalerria.
Nadie en nuestros días, ni viejos ni jóvenes, han sabido a ciencia cierta el origen de tan singular árbol, que si común en otras latitudes y otros climas, por aquí de siempre se le ha visto como el mirlo blanco de nuestras ahora desamparadas especies.
En la tarde del pasado miércoles, día 29, toda la majestuosidad de este único ejemplar arbóreo, con sus veinticinco metros largos de envergadura, fue a dar con sus ramas en el suelo, no pudiendo con los envites del fuerte viento y después de soportar con espléndida altivez desde el mirador de Malcuartu el paso de varias generaciones de llodianos, amén de esas agresiones en su tronco (¡quién no cayó en la tentación de hacerse con un trozo de su corteza?) que en muchas ocasiones habían hecho peligrar su vida.
El alcornoque de Malcuartu pasa pues a la historia y al anecdotario de otras tantas y tantas cosas que fueron y que no volverán.

Pie de foto: “El vendaval de viento huracanado sufrido en los últimos días derribó el mítico alcornoque de Malcuartu” (Foto Montes)»

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Santo Tomás, mi abuelo y la renta del caserío

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Hoy, 21 de diciembre, es el día de Santo Tomás (San Tomas en euskera).
Quisiera tener un recuerdo para mi abuelo Martín Mugurutza Zendegi (1896-1972) que cada año, tal día como hoy, bajaba a pagar la renta anual del caserío en Markuartu (Laudio) al gran propietario y adinerado Enrique Escauriaza. Era en Bilbao, en donde todo bullía con la gran feria creada unas décadas atrás por Felix Garci-Arcellus, un personaje bilbaíno que vivió muchos años en Laudio.

La renta a abonar era una cantidad más bien simbólica de dinero, algún par de gallinas y unos huevos. También de vez en cuando unas nueces… o lo que había, porque mucho más no se podía.

El propietario, que sabía que de aquellos inquilinos necesitaban el dinero más que ellos, correspondía con buenos regalos, generalmente una gran bacalada, con la que mi abuelo volvía feliz y orgulloso en el tren.

Los regalos recibidos generalmente igualaban o superaban el valor de la renta. Debía de ser, como en la actualidad, que el espíritu de la Navidad hace que el día de hoy sea tan especial…

La imagen del encabezamiento es “El día de Santo Tomás”, pintado por José Arrue en aquellos años en que mi abuelo bajaba a pagar la renta. Era José Arrue gran amigo de aquel soñador Garci-Arcelus que decidió en 1915 hacer una gran feria para reforzar aquel comercio rural generado en el día de Santo Tomás con la bajada de tantos y tantos baserritarras para pagar sus rentas.

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Los últimos gentiles, en Laudio

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Yo soy de esos que me emociono a la más mínima. Y cualquier tontería me convierte en el ser más feliz que pueda haber bajo el firmamento, mucho más que con cualquier fortuna material, rodeadas siempre de tanta obscenidad que hasta pueden medirse con números. No… las sensaciones puras y fuertes son otras, esas que sin servir para nada se nos arraigan al alma y nos zarandean todas las emociones de arriba a abajo.

Pues bien. Estos días he vivido una de esas situaciones emocionantes. Y es que el tema no es para menos: cuándo y dónde fueron avistados los últimos gentiles, aquellos seres gigantes de la mitología vasca. Os cuento. Pero dejadme que empiece por el principio.

Ayer tuve la suerte y el honor de tomar parte en la presentación de un libro que recoge nada menos que 450 relatos populares recabados en el entorno de Gorbeia. Son los estertores de una cultura vasca, de un modo peculiar de interpretar el universo que nos rodea y que, a pesar de haber gozado de salud y vigor durante siglos, ya no tiene sitio en nuestro mundo de ondas electromagnéticas y teléfonos que casi hablan solos.

Por si se me olvida, adelanto que el libro es de Juan Manuel Etxebarria Ayesta, académico de Euskaltzaindia y profesor de la Universidad de Deusto. Lo publican entre esas dos instituciones. Es por otra parte el fruto del trabajo concienzudo de dos décadas de labor puramente etnográfica. Y, dicho sea de paso, el regalo navideño perfecto para esa amiga o cuñado algo frikis, para esos raritos que, aunque pocos, también andamos por el mundo.

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Pues bien. En uno de esos cuentos toma parte una mujer mayor de Orozko. Aunque en la obra se cite, prefiero omitir aquí su nombre. La conozco personalmente. Es una baserritarra totémica, inteligente, admirable, de esas que te inundan con cada una de sus respuestas.

Preguntados ella y su marido sobre la supuesta desaparición de los gentiles, respondió nuestra amiga con una auténtica bomba que os transcribo palabra a palabra, traducida del euskera original: «…no sé. Pero yo he conocido gentiles en Llodio. Está desapareciendo la raza vasca pero yo en Llodio, hará unos 25 ó 30 años me quedé sorprendida: en el Día del Baserritarra [en las fiestas patronales del lugar. Nuestra genial mujer estaba allí vendiendo productos de caserío] allí había una mujer y su hermano… ya sabes cómo se mueven los gigantes… [se anota en la transcripción que mientras lo decía interpretó con movimientos del cuerpo los andares de estos seres mitológicos], así, sí… Eran enormes… de verdad que era gente llamativa.
Y nadie hacía caso… Pero con esos movimientos, no sé, pausadamente… Y así los hacían. Hermanos, en Llodio… Eso lo tengo visto yo. Y nadie sacó una foto para que lo viese la gente. Se va perdiendo la raza vasca…»

Mágico relato, punto de éxtasis entre aquel mundo de creencias que era tan real para nuestra baserritarra y que tan extravagante y desaforado nos puede parecer a los demás. Tanto que estremece. El choque de dos placas tectónicas entre la antigua y moderna cultura vasca.

Ella y nadie más que ella lo veía… maravilloso.
Para mí ha sido el gran regalo navideño, el perfecto, ese que aunque lo busques mucho es casi imposible de conseguir. Siento que ya me ha tocado la lotería antes del sorteo y poco más necesito para sentirme feliz. Como decía el Quijote, me ha dejado “tan junto al cielo que no hay de mí a él palmo y medio”. Gracias querida “J.”. Y a ti Juan Manuel por regalarnos el testimonio del último avistamiento de aquella raza de gigantes mitológicos… nada menos que en Laudio.

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kortxoa B tx

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Demasiado (poco) vino en la Cofradía de Laudio

Desde que hace más de cuatro siglos (1599) decidieran asociarse gran parte de los vecinos de Laudio bajo unas reglas religiosas, prácticamente TODO HA CAMBIADO en los usos y costumbres de la “Cofradía del Señor Sant Roque”: las motivaciones, la ubicación de la ermita, la de la comida, el número de comensales, la fecha de su celebración o hasta el mismo menú.

B Tx El vino nos une

 VINO CON TRADICIÓN
TODO MENOS EL VINO, verdadero protagonista de la mesa, el único que ha concentrado las ansiosas miradas de los comensales a través de siglos y generaciones. Seguro que también el líquido elemento es en gran medida el artífice que ayuda a conseguir el ambiente de paz y de convivencia del que alardeamos cada último domingo de agosto.

GARDEA: UN MILENIO DÁNDOLE AL PIMPLE
Nadie puede poner en duda que nuestro pueblo de Laudio goza de una tradición vitivinícola extraordinaria a través de su historia. Sin más rodeos, podemos citar la primera presencia documentada del cultivo de la viña en toda la cuenca del Nervión, en un lejano año 964, antes incluso de que se consagrase la iglesia de San Pedro de Lamuza. Son dos los hermanos, Jimeno y Marina, los que donan al monasterio de San Esteban de Salcedo los bienes que poseían, VIÑAS entre ellos, en “nuestro monasterio de San Víctor y Santiago, situado en el lugar que decimos Gardea”.

Nada sabemos hoy de aquel monasterio o iglesia privada (probablemente en el subsuelo de la ermita de Sta. Cruz: ¡¡arqueología ya!!) pero sí sabemos que para aquel entonces, hace más de un milenio, se producía vino en el conocido barrio de Laudio.

 VINO DE CRISTO, QUE NUNCA TE HE VISTO
No debemos pensar sin embargo que sería un producto popular y de consumo extendido. Al contrario, su consumo sería considerado como ALGO EXTRAORDINARIO y al alcance de las clases más elevadas, en este caso los poseedores del monasterio y los altos cargos religiosos del mismo.

Para entonces el vino ya goza de un gran predicamento, gracias especialmente a la difusión que hace de él el Cristianismo. De hecho, es considerado como la bebida sagrada por excelencia y se usa nada menos que para simbolizar la sangre de Cristo. No olvidemos además que su primer testimonio escrito se encuentra en el Antiguo Testamento en el que, lejos de recriminar la borrachera, se muestra como algo ejemplar: “Noé comenzó a labrar la tierra, y plantó una viña; bebió el vino y se embriagó” (Génesis 9-21). Con esta referencia explícita al vino y sus “beneficios” colaterales, da comienzo la historia del vino dentro de la tradición judeo-cristiana.

Por otra parte, también los dioses del vino en Grecia y Roma eran muy venerados, debido a los poderes embriagadores y afrodisiacos de la “divina bebida”, ya que también se asociaba con el amor y el disfrute carnal, además de con el descanso y el alivio que producía esta bebida. El estado de beodez no representaba como ahora algo vergonzante sino que representaba el equilibrio, una forma de expresión cultural; era el vino una bebida social que se integraba en diferentes momentos de ocio y placer de las ciudades.
Y ¡claro! Como todos somos hijos de dios… pues de aquellos lodos estos barros…

B Tx Pitxer iraulia

ELIXIR DE LA VIDA
Su consumo ha estado visto, desde que se tiene constancia de él hasta hace tan sólo unas décadas, como un medicamento natural, como el elixir de la salud. Era un SUPLEMENTO vitamínico y calórico para los fuertes trabajadores y el mejor reconstituyente para los convalecientes o parturientas. Por ello en la historia se ha bebido más con ansiedad que sed.

LAUDIO: EL MEJOR VINO MALO DE BIZKAIA
Lejos ya de los viñedos medievales, limitados como hemos dicho a las grandes familias y linajes poderosos, el pueblo llano hizo lo posible y lo imposible por conseguir llevar a sus venas ese mágico Laudio gran parte de los caseríos contaban con su viñedo o, más común, con una buena parra en la fachada más soleada de la casa. Fue grande y extraordinaria la calidad de nuestro vino, ahora ya llamado txakolin, tanto que un periodista y escritor catalán, Joan Mañé i Flaquer, dice al visitar y describir Euskadi en 1879 que “El chacolí (vino del país) que se produce en Llodio es el más estimado de Vizcaya”.

Sin embargo, en aquellas épocas en que la calidad del vino dependía prácticamente en exclusiva de la cantidad de sol recibido por la viña, el chacolí no llegaba ni por mucho a la calidad, renombre y fama de los vinos navarros y mucho menos los riojanos y siempre se le ha tenido, en ámbitos populares, por “UN VINO MALO”.

El consumo de aquellos vinos navarros o riojanos, “los de verdad” era un lujo inalcanzable, especialmente por el encarecimiento del transporte, en mulas y con muchas jornadas de arriería. Además, unas medidas proteccionistas obstaculizaban aún más el consumo del vino tinto, para no arruinar a los productores locales de chacolí.

B Txtransporte-aceite

 VINO, UN DÍA AL AÑO
Por ello la presencia de vino en las jarras de nuestra cofradía, algo que hoy nos parece anecdótico y hasta sin importancia, era un asunto de extraordinaria importancia generaciones atrás. Era, probablemente, el único día del año en que podrían humedecer sus resecos labios con aquella sagrada bebida, deliciosa como pocas y que ayudaría en sobremanera a la calidad de la salud durante el resto del año. Podíamos imaginar a los cofrades llegando a sus casas y explicando, eufóricos por la libación, a los miembros de su familia y vecinos las maravillas de aquella bebida de la que tantas veces habían oído hablar pero que, por su humildad, nunca o en muy contadas ocasiones habían probado.

HASTA LAS TRANCAS, NO
Por ello, las ganas de hacer acopio en el cuerpo de aquel sagrado líquido, NO TENÍA LÍMITE EN LAS DEMANDAS DE LOS COFRADES. Toda cantidad suministrada parecía poca, a pesar de su elevado precio, para aquellos cofrades que sabían que si los reyes y grandes señores lo bebían en grandes cantidades, también debía ser maravilloso para ellos: “El agua para los bueyes y el vino para los reyes” recuerda la sabiduría popular.

Es en ese momento en donde se decide PONER FRENO a la demanda de más y más vino por comensal y se pacta un acuerdo de mínimos: debían de conformarse con dos azumbres (antigua medida) por mesa, lo que traducido a nuestro sistema de medidas actual, se convierte en el litro por cabeza (dos “cuartillos” [de azumbre]). Una medida que hoy puede parecernos excesiva pero que, como decimos, fue un AJUSTE DE MÍNIMOS motivado por inasumible coste del vino. Aunque los vecinos cofrades querían, pedían, rogaban y ansiaban más…

Al respecto, y como referencia histórica para entender o justificar a nuestros antepasados, no olvidemos que incluso la regla por la que se regían los monjes benedictinos recomendaba el consumo de UN LITRO DE VINO POR MONJE Y DÍA como medida de mesura ideal, una cantidad que se reducía a la tercera parte en el caso de las monjas.

 JARRA PATRÓN
Recuerdo de aquellas limitaciones, de aquellas discusiones sobre la cantidad apropiada en el reparto del vino, es la PRECIOSA JARRA cuya parte superior está cortada para hacer la MEDIDA EXACTA, ni un trago más ni uno menos, de las dos azumbres que correspondían a cada mesa, de cuatro comensales. Con ella se daba el patrón de medida para el servicio de los cofrades, a pesar de las desairadas protestas de muchos porque con aquella cantidad no se podía hacer gran cosa. Ni una gota más ni una gota menos desde que cortaron a medida aquella maldita jarra.

B Tx Neurria

VOLCAR LA JARRA. SER O NO SER
Por ello existe en la cofradía un precepto de recomendado cumplimiento y que consiste en “volcar” la jarra una vez ingerido su embriagador elemento. Nada sucede a quien no pueda o no le apetezca hacer frente a tal cantidad de vino, pero no cabe duda de que hacerlo llena de orgullo y hermana a los miembros de la mesa. Es un gesto cargado de simbolismo, supongo que para no dar pie a rebajar la cantidad de vino del siguiente año. Una manera de decir “¿veis cómo no es suficiente?

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No sería hoy en día políticamente correcto hacer apología del consumo de vino pero la historia pesa y está ahí. Ánimo por tanto al consumo del vino que nos corresponde, compartiéndolo y hermanándolo, sin prisas y con sentido común. O al menos no tomándolo como un elemento más de la mesa sino como el tótem por excelencia de la misma, sintiendo tras el vino a todos esos cofrades precedentes que durante siglos han hecho de esos tragos algo ritual y mágico.

Así es que, si nos encontramos este domingo a la tarde, sed indulgentes con mi lengua torpe. Porque habré bebido la media azumbre de vino riojano de mil amores, como poco emulando las andanzas de Noé. O más…

Salud y buen vino: va por todas/os vosotras/os.