Mil gracias por cultivar nuestra cultura

Autor: Nerea Ayarzaguena

Tengo cierta afición a los libros. Desde muy chico tuve acceso a una mediana biblioteca familiar. Entre los siete y diez años me llené la cabeza de Unamuno –San Manuel Bueno y Mártir, me marcó para siempre–, de Navarro Villoslada, Amaia o los vascos en el s. VIII, de Pereda, etcétera, y sobre todo de las obras dramáticas de Shakespeare.
Sólo una vez me desprendí de un libro. Fue un desprendimiento incivil e irresponsable, un movimiento reflejo de enfado por lo que estaba leyendo, y salió por la ventana del tren en que viajaba. Era un libro de moral, muy usado por los confesores. He perdido algunos más; prácticamente todos los que he prestado a mis alumnos. Aún ahora, cuando alguno viene a mi despacho por primera vez, suele caer en la tentación de preguntar: ¿Todos esos libros ha leído? No, por favor, ni pensar, tengo 97 años y no he tenido tiempo. Pero espero que se lean. Alguno, con más humor, pregunta: ¿Qué tiene más, libros o búhos? Ahora libros, porque al no tener cargo ni poder hacer favores, los búhos han dejado de criar. Y sigo comprando libros de mi profesión, que son los de mi despacho. Pero, aparte de muchísimas novelas en mi habitación, sigo comprando también de otros temas, para no empequeñecer mi espíritu como mi cuerpo.
Es el caso de una colección nueva, en su edición castellana, de libros sobre la naturaleza o historia natural. Como buen montañero, he recorrido casi todos los montes del País Vasco y de los Pirineos desde Benasque y el Aneto, hasta caer en Hondarribia. Me he emocionado infinidad de veces en el trópico centro y sudamericano. Compuse dos poemas a dos árboles fantásticos: el amate de Coatepeque, El Salvador, y la Ceiba de Palín. El “amate” de la familia de las higueras, era un lujo y despilfarro de fuerza, y de intrincadas y poderosas ramas en un juego inimitable. La “ceiba” de Palín, Guatemala, de unos 34 m. de alto, daba sombra como una reina, a toda la plaza, “trazada a cordel” en el s. XVI, de cien metros por sus cuatro lados. Tras el terremoto de 1986, que costó la vida a más de 25 mil guatemaltecos, reinaba solitaria sobre un inmenso solar desnudo, de polvo. Sólo ella resistió.
Todo comenzó por el lema de la colección: “La mirada atenta”. Me gustó. Se trata de mirar (a simple vista, con lupa o microscopio), para llegar a ver y, con mucha suerte, empezar a entender. Lo contrario de las parábolas de los Evangelios: “a los demás en parábolas para que mirando no vean y oyendo no entiendan”.
Y me sorprendió la editorial: Libros del Jata. El monte por donde llega la lluvia a crecer el mar de Bakio. Ese monte, tantas veces pisado, por sus laderas de brezo y argoma, cada vez más colonizado por pinos y eucaliptos. De sus antiguas frondosidades quedan restos en el fondo de sus barrancos, que es de donde creo que han salido estos seis o siete libros.
Una editorial independiente con ánimo de cultivar, producir y hacer crecer la cultura, en ediciones cuidadas y atentas al detalle. Algo que requiere mucho esfuerzo y salta, sin embargo, a la vista al lector que se encuentra además con una lectura asequible, amena, fácil y precisa.
Este cuidadoso detalle sobre todo en las ilustraciones, complementos del texto, tratadas con el mismo respeto y rigor que aquél. Todos los “libros del Jata” son ilustrados, pero quizá destaca en esto “La sabiduría de las aves”, con 108 ilustraciones de página entera y a color, una por cada tres de texto.
Valga una breve presentación de cada uno de los libros publicados.
• La Historia Natural de Selborne, de Gilbert White, traducción de Ismael Revilla, 400 pgs., 2015.
Gilbert White (números 1720-1793) es un hombre tranquilo que ha compatibilizado, como cura anglicano, la atención a su pequeña feligresía con su pasión por el mundo rural, las aves y los animales que lo pueblan.
La obra consiste en 99 cartas enviadas a dos zoólogos británicos de la Royal Society, exponiendo sus certeras observaciones, anotadas día a día. Con un estilo muy directo, como a lo largo de una conversación, va desplegando una peculiar Historia Natural que deja traslucir tanto la emoción de ver y explicar por vez primera algunos hechos como la perplejidad ante aquello para lo que no puede encontrar una interpretación plausible.
A más de 200 años de distancia desde su primera publicación por su hermano, en 1788, la Historia Natural de Selborne continúa manteniendo su encanto. La viveza de sus descripciones y su capacidad evocadora del mundo rural hacen que mantenga su mismo interés que cuando fueron leídas por primera vez. El hecho de que desde 1788 haya tenido más de 300 ediciones es la prueba de que sigue actual su interés en las librerías británicas.
“A partir de la lectura de Selborne de White me aficioné a observar los hábitos de las aves, e incluso empecé a tomar notas sobres el asunto. En mi simplicidad, recuerdo que me preguntaba cómo no se hacían ornitólogos todos los caballeros” (Charles Darwin, Autobiografía).
• Cinco continentes. Nikolai I. Vavilov. Traducción del ruso: Maila Lemo Quintana, Marta Sánchez, Nieves Fernández, 442 pgs. 2015.
“Cinco continentes” es un libro de viajes por todo el mundo guiado por un científico genial, en plena efervescencia de su investigación.
Nicolai Ivánovich Vavilov (Moscú 1887 – Sarátov 1943), se graduó como ingeniero agrónomo en 1911, en el Instituto Agrícola de Moscú. Decidió dedicar su vida a mejorar las condiciones agronómicas de su país, y cuando estuvo en condiciones de hacerlo, como director de la Oficina de Botánica Aplicada en Leningrado, optó por hacerlo a fondo. Investigó hasta dar con los centros donde había tenido lugar la domesticación de las plantas salvajes en cultivadas, su variabilidad y taxonomía según los sitios; y el papel de la genética para mejorarlas, para lo cual trabajó con uno de los fundadores de esta ciencia. Desarrolló un programa de producción en diferentes latitudes y condiciones, obteniendo variedades nuevas, siempre con el fin de mejorar los cultivos. A la vez creó y mantuvo un “banco” de semillas que llegaría a ser el mejor del mundo.
Vavilov tuvo la mala suerte de haber caído en medio de una polémica, tonta en sí, pero que en régimen de la URSS tuvo consecuencias trágicas.
Un agrónomo, miembro también de la Oficina de la Botánica Aplicada, Trofim Lysenko, de origen campesino comenzó a difundir que la genética, una ciencia “burguesa” y “capitalista”, no podía modificar y mejorar los cultivos. En cambio, ciertas prácticas suyas, totalmente de acuerdo con el “materialismo dialéctico” sí podían hacerlo a voluntad del hombre. El caso es que Lysenko y sus patrañas cayeron bien a Stalin. En consecuencia, se fue haciendo la vida imposible a los genetistas soviéticos; en los años 40 se proscribió la genética en la investigación y enseñanza, sustituida por las patrañas de Lysenko. Muchos biólogos que defendían la genética huyeron o fueron deportados, incluso encarcelados. Entre estos últimos Vavilov, en 1940 en Sarátov, donde se le abandonó y murió de hambre en 1943. A los soviéticos les fue difícil reconocer su error. Lo hicieron en los 50, durante Kruschev, y después vinieron las rehabilitaciones.
La obra de Vavilov, Cinco continentes, un libro de sus viajes y sus logros en la variabilidad y mejora de los cultivos, se publicó en la URSS, en 1962. El texto de la de 1987 es idéntico. En el de una traducida al inglés en 1997 se deja entrever que el texto era una especie de borrador que el autor no pudo corregir.
El libro nos lleva por el interior de Asia, África, El Brasil, etcétera, guiados por una mirada experta, cargada por otra parte de empatía hacia las gentes y sociedades rurales que encuentra en su camino. Su descripción de la España de 1927, bajo la dictadura de Primero de Rivera, es muy ilustrativa, y sus descripciones de Asturias y País Vasco, prácticamente Navarra, sumamente curiosas… Creo que cualquier lector medianamente culto agradecerá a Vavilov su sabiduría y el esfuerzo puesto en este libro.
• Los dos libros del gasteiztarra Ignacio Abella (Gasteiz 1960), Árboles de Junta y Concejo. Las raíces de la comunidad, 330 pgs., 2015, y La Memoria del paisaje, pasado y futuro de un patrimonio común, 303 pgs., 2016, son especiales.
Ignacio Abella es una persona que trata de la naturaleza en relación con los asuntos humanos, los usos, los significados, simbólicos o legendarios, del mundo natural.
En el primero, el protagonista es el árbol como lugar de encuentro, de confluencia entre paisaje y paisanaje, natura y cultura, política y administración. Los árboles que sirvieron de lugar de reunión social, a veces no sólo lugar, sino que el árbol mismo ha podido llegar a tener un simbolismo casi sagrado, como sucede con el Árbol de Gernika.
El segundo trata de los paisajes más comunes en nuestro entorno, helechales, brezales, argomales… Y habla de su razón de ser. Cada paisaje es fruto de la intervención humana, que lo ha utilizado de un modo u otro para sacarle algún rendimiento. La forma de ver un paisaje cambia si sabes por qué es así.
• La sabiduría de las aves. Una historia ilustrada de la ornitología, de Tin Birkhead, 454 pgs., 2017.
Lo que sabemos de la vida y las costumbres de las aves es a menudo sorprendente. Pero adentrarnos en la historia de ese conocimiento es verdaderamente fascinante.
Este es un libro que, a pesar de sus numerosas páginas, se lee de un tirón, y, si eres de los que leemos con lápiz, te encontrarás que al fin de su lectura apenas habrá página que no tenga algún subrayado tuyo o alguno de tus signos de distintos intereses en sus márgenes.
Un ejemplo: voy a abrir el libro al azar. Me sale la p. 320, a la izquierda. Una línea vertical en el margen, abarca lo siguiente:
“Esta nueva concepción de la selección sexual… proporcionó respuestas a muchas preguntas, entre otras, a una formulada por Ray [naturalista del s. XVII] en el Wisdom of God.
“¿Por qué se implantaría en cada sexo –estamos hablando de aves– un apetito tan vehemente e inexpugnable por la cópula?
“Pueda ser que Ray estuviera pensando aquí en el gorrión común, cuya capacidad copulatoria era legendaria:
“Su deseo por el coito y la reproducción es tan irresistible que puede copular veinte veces en una hora.
“Ahora sabemos la razón de su insaciable apetito: la promiscuidad femenina. Si las hembras son promiscuas, la mejor opción que tiene el macho para ser el verdadero padre de los polluelos que ayudará a criar, es copular repetidamente con su pareja. Los gorriones comunes, por ejemplo, forman vínculos de pareja que duran toda la temporada, pero la infidelidad es habitual, y aproximadamente el 10 o 15 % de los polluelos son de cópulas extra-pareja”.
Cosas de éstas, señaladas con lápiz, tengo yo casi en todas las páginas. Otro ejemplo, sobre los cantos de las aves, el aprendizaje de melodías del camachuelo y su afecto hacia sus dueños, pgs. 249 y siguientes; o “Del huevo al polluelo” p. 63, etcétera, etcétera.
• Elogio de la planta. Por una nueva biología, de Francis Hallé, 350 pgs., 2016.
Está en nuestra naturaleza. Somos animales y lo vegetal nos es tan profundamente ajeno que, aun rodeados de plantas, no sabríamos decir qué es lo que nos diferencia de ellas. Francis Hallé, experto en ecología de todos los bosques tropicales del globo, nos ofrece un recorrido ameno y agradable por todo aquello que caracteriza a los vegetales y a la vez los hace tan extraños a nosotros. Una extraordinaria visión panorámica, apoyada en numerosos dibujos del autor, excepcionalmente expresivos y certeros, para ayudarnos a entender algo mejor en qué consiste ser una planta, lo mismo una cepa de perejil que la ceiba de Palín.
Valga, por fin, esta somera presentación de la nueva editorial y sus obras publicadas como agradecimiento a la idea y realidad de haber puesto en marcha una benemérita, cuidadosa y atenta fuente de vida cultural. Ojalá sirvan también estas líneas para afianzar tan digno propósito y asegurar su ejecución durante muchos años. ¡Mil gracias!

29.11.17