Cuidado

Miquel Roig es tan bueno que en media docena de tuits contradice un montón de portadas y noticias. En resumen: Juncker no dijo que Europa acogerá a Catalunya si gana el “sí”. Dijo que se podría iniciar un proceso de adhesión después de que, en primera instancia, este nuevo estado quedase fuera de la UE, y que hacía falta un acuerdo previo Catalunya-España. Pero la falta de concreción y las ganas de quienes quieren un argumento, por fin, han hecho el resto.

La injusticia es palpable

Ayer publiqué una columna muy dura contra el nacionalismo catalán, el mismo que cargaba desde el Govern contra las empresas vascas. Y aunque mantengo mi tono crítico este no impide que, como hasta hoy, les cuente las palpables injusticias que está viviendo la ciudadanía de Catalunya, a la que no dejan votar: solo en El Confidencial encontramos un catálogo de atropellos como la imposibilidad de recibir material electoral o de publicar anuncios en medios.

Cumplir no era el plan

Y de la injusticia a la incoherencia: Soraya Sáenz de Santamaría aseguraba vía Twitter que “el Estado de derecho siempre tiene un plan: cumplir con la legalidad”. Vaya. ¿Ese era el plan también cuando, según investigaciones, el PP pagó la reforma de su sede central en “B”? ¿Ese era el plan cuando, según investigaciones, sus dirigentes cobraban sobresueldos sin declarar? ¿Y cuando sus cuadros, según investigaciones, otorgaban obra pública para enriquecerse?

No es ninguna “broma”

Zebenzuí González tiene un problema: sus mensajes machistas en un grupo de WhatsApp equivocado han provocado noticias y comentarios como el que leen, que aparecerán cada vez que alguien le busque en Google. Abogado de profesión, asegura que su comentario sobre “follar” con “enchufadas” por él en el ayuntamiento solo era una broma. Pero no lo es: ese tipo de comentarios no hace ninguna gracia. Pero no es menos cierto que va a pagar un precio muy caro.

La solución es otra

Las empresas contratadas por Facebook para validar qué noticias de las que se publican en sus redes son verdaderas no dan abasto. El resultado es que muchas de las sospechosas de ser falsas se quedan sin marcar como tal… Y acaban siendo más creíbles todavía por la comunidad de usuarios, cada vez menos crítica. Evidentemente, la solución no puede ser el “etiquetado” insuficiente de información malintencionada. Facebook tiene que agarrar el toro por los cuernos.