Lo he leído en Teknautas que, a su vez, citan a Mashable: se acerca un cambio en el modelo de negocio de la difusión de contenidos en Internet, y esta evolución pasa, necesariamente, por el pago. El que primero ha conseguido un éxito con esta modalidad ha sido Andrew Sullivan, comentarista político británico (pero afincado en EE.UU.) que ha decidido abandonar su bitácora en The Daily Beast para abrir una nueva y, por supuesto, vivir de ella.
Por 20 dólares al año, los suscriptores podrán acceder a los contenidos completos (y sin publicidad) que ofrezca en su bitácora, y en 24 horas ya había cubierto más de un tercio del dinero que él considera necesario para llevar a cabo su proyecto (que, por supuesto, va más allá de un simple blog): 900.000 dolares anuales.
Sinceramente, me alegro de que funcione este modelo que, por otro lado, no es nuevo: José Antonio del Moral lo puso en marcha en Euskadi hace un par de años en Gananzia. De momento, Del Moral no puede dejar el resto de sus obligaciones profesionales, pero más que los ingresos, es significativo que algunos estemos pagando por contenidos sin problemas.
Ya hemos reflexionado en este blog anteriormente sobre la necesidad de cobrar por los contenidos en Internet, pero el caso de Sullivan ilustra perfectamente para qué sirve este pago:
1. Nada de lo que se lee, ve o escucha en la red es “gratis”: está creado por muchas personas que dedican sus horas a generar esos contenidos. Horas que se roban de las laborales (en mi caso, por ser una de las tareas que me impuse como trabajador autónomo) o de las personales. Horas que valen dinero, contante y sonante, aunque no se cobre o pague. En definitiva, hay que reeducar a los usuarios de Internet para corregir la falsa idea de que todo es “gratis” en la red y no pertenece a nadie.
2. El modelo de negocio es imprescindible (también hemos hablado de esto): qué vas a ofrecer, por qué vas a cobrar, cuánto dinero necesitas para ponerlo en marcha, en qué momento empezarás a ganarlo, cómo vas a subsistir hasta ese punto, si es rentable, si lo hace alguien ya, cómo le va…
3. A la hora de poner un precio a un servicio o producto también tienes que ser honesto: contigo (valorando tu trabajo con frialdad), con el cliente potencial (calculando bien cuánto tiene que gastarse en lo que le ofreces) y con la competencia. Creo que la clave del éxito de Andrew Sullivan está precisamente en este punto.
4. Ofrecer un buen producto conlleva gastos, y hay que explicar los costes. Desconozco si lo ha hecho con precisión por lo que he podido leer en Teknautas y Mashable, pero si no lo ha mostrado ya, Sullivan tiene una oportunidad estupenda para dar valor a su idea exponiendo por qué y para qué necesita 900.000 €, incluyendo, por supuesto, su propio salario.
5. Tienes que ofrecer algo nuevo o mejor: el valor de lo que te diferencia de la competencia va a ser clave en este cambio de modelo de negocio.
6. Aunque Internet parezca global, lo cierto es que no lo es: si muchos hemos descubierto a Sullivan ahora es porque no somos su público potencial. Sigue siendo necesario fijarte un target definido y acotado (nada es “universal”, ni siquiera Google, que tiene problemas de penetración en Oriente), ofrecer contenidos para él, y que las empresas de medición dejen de contar al despistado que pasa por tu blog como un cliente potencial válido para tu módulo de publicidad (por comentarlo, que no quede). Lo bueno de Internet es que aunque te fijes en tu público, no puedes controlar que aparezcan nuevas bolsas de clientes que incrementan tus beneficios.
7. Finalmente, hay que hacerlo: hay que empezar a cobrar y a pagar. Hay que entrar en esta dinámica y extender la ley de la oferta y la demanda a Internet. Uno puede pagar por ciertos contenidos durante una temporada… y no renovar su suscripción si no le satisfacen. Los precios son asumibles, por lo general, en la red porque la inversión inicial no es alta al desaparecer los soportes físicos (aunque también hay que pagar dominios, alojamientos, diseño, promoción…), y la sensación de insatisfacción que puedes generar no es peligrosa.
8. Los contenidos serán de mejor calidad. Hay que empezar a decir esto sin tapujos, y a extender una idea en la que creo firmemente: la calidad de los contenidos en Internet mejorará cuando alguien se plantee que de su oferta depende pagar la hipoteca y lo que come su familia cada día.
Sea bienvenido, por lo tanto, el éxito que está cosechando Andrew Sullivan, y sirva de modelo y de punta de lanza para quienes nunca creímos en el “todo gratis” ni en los “open” de boquilla, y siempre confiamos en que el buen trabajo merece una buena recompensa.
De momento, este blog sigue sin admitir comentarios… hasta que lo hagamos de pago.







