27
nov 14

Spotify, ¿problemas con los artistas?

Lo que empezó como un proyecto pequeño de distribución legal de música en streaming allá por 2008 se ha convertido en una gigantesca plataforma que, apoyada en sus aplicaciones para todo tipo de sistemas operativos móviles y para ordenadores, ha conseguido enganchar ya a más de 40 millones de usuarios.

Disponible en 55 países y con cientos de millones de canciones reproducidas a diario, el servicio sueco fue la confirmación de que el modo en que escuchábamos música había cambiado y que los artistas estaban todos al mismo nivel. Esto hizo que algunas estrellas como The Beatles o AC/DC mostraran sus reticencias a volcar en este programa su discografía, pero también ha permitido el crecimiento de artistas emergentes como no ocurría desde hacía décadas.

Sin embargo, parece que la época de crecimiento, sonrisas y convencimiento a las grandes musas de la música está en peligro. Después de que este verano varias personalidades del negocio se quejaran del sistema de pago de Spotify -similar al de casi todas las demás plataformas en streaming- Taylor Swift ha decidido retirar toda su discografía de la aplicación. Más allá de la “lista de despedida” que le han dedicado los suecos, cabe destacar que en los últimos 30 días previos a la “espantada” se habían reproducido 16 millones de canciones de la de Pensilvania.

Es entonces cuando comienzan las especulaciones: muchos dicen que tiene que ver con el lanzamiento de su último álbum, 1989. Tenerlo disponible en plataformas streaming, sin duda, ralentizaría sus ventas. Puede cuadrar pero, ¿por qué entonces los discos de la americana están disponibles en Rdio?

En una entrevista a The Wall Street Journal, la joven cantante confesaba que la piratería y estas plataformas en streaming estaban mermando sistemáticamente las ventas de discos. Ese era el motivo por el que Swift no publicaba ninguno en estas aplicaciones hasta pasado un tiempo prudencial. Además, para la americana, “la música no debería ser gratuita. Al menos, las discográficas y los artistas deberían poder decidir qué precio tiene un disco”. Y esto es algo que no ocurre en las grandes plataformas donde el modo en el que se reparten los ingresos se hace mediante un cálculo que indica el propio servicio.

Muchos otros artistas (en Genbeta hay una buena lista de ellos) se han quejado de que los suecos no pagan los suficiente y, además, minimizan la venta de discos. Esto ha provocado que algunos como The Black Keys o Coldplay hayan decidido no colgar sus últimos lanzamientos y que otros -como los antes mencionados, AC/DC se hayan reafirmado en no participar del proyecto-. ¿Pone esto en riesgo la música en streaming o sólo a la empresa sueca? ¿Tomarán nota las demás plataformas? ¿Tendrán suficiente fuerza los artistas cuando Apple decida expandir a los demás mercados su iTunes Radio?


26
nov 14

Consumos, ¿por qué tanta polémica?

¿Quién no se ha enfrentado alguna vez a la compra de un coche y ha preguntado al comercial cuánto gasta realmente por el modelo que le interesa? Cada vez existe más polémica alrededor de las diferencias (a veces enormes) entre el consumo homologado y el consumo real del vehículo lo que ha generado una enorme “mitología” sobre cómo se realizan las mediciones. Además, la llegada de la crisis (con la subida de los carburantes tanto en precio bruto como en el impacto sobre nuestras ganancias) así como los impuestos por tramos en función del consumo homologado han hecho que esta cifra este de total actualidad.

New European Driving Cycle

 

NEDC son las siglas clave para entender todo esto. En castellano se podría traducir (no literalmente) como el Ciclo Europe Normalizado de Homologación y está instaurado por una entidad dependiente de Naciones Unidas y que responde al nombre de United Nations Economic Comission for EuropeLa integran 56 Estados y sirve para fomentar la colaboración económica entre los mismos.

El actual sistema (pronto verá la luz su sustituto, un ciclo que permita catalogar los vehículos en niveles de eficiencia como ya ocurre con los electrodomésticos y las ruedas) es una prueba parametrizada a la que todos los fabricantes deben someter a todos los nuevos modelos en todas sus versiones (incluidos niveles de acabado si estos incluyen llantas u otros elementos que puedan hacer variar el resultado).

El ciclo consta de una prueba real en banco de rodillos y en un espacio cerrado en el que la estructura se ajusta en diferentes niveles de resistencia en función del coeficiente aerodinámico y el peso del modelo. Esto permite, en teoría, emplear un mismo banco de modelos para diferentes configuraciones de carrocería para un mismo modelo siempre que compartan motor y ruedas. Respecto a la mecánica, un potente ventilador frontal se encarga de mandar el aire suficiente para que se dé una correcta refrigeración y se adapta siempre a las necesidades del motor en función de la velocidad y potencia requeridas.

Por último, los modelos tienen que haber vivido un rodaje de entre 3.000 y 15.000 kms y antes de la prueba pasarán un periodo de entre 6 y 30 horas en un espacio estanco a 25 grados. Después, la prueba se realizará con una persona dentro del vehículo y con todos los dispositivos electrónicos y eléctricos del coche apagados.

Ciclo urbano y ciclo extra-urbano

 

 

 

Durante 20 minutos cada modelo recorrerá unos 11 kms a una velocidad media de 35 kms/h. Los pasos a seguir son siempre los mismos. Se enciende el motor y se mantiene el vehículo al ralentí durante 11 segundos antes de insertar primera, acelerar hasta 15 kms/h y mantener la velocidad durante 8 segundos para después detenerse durante 21 segundos.

Después se vuelve a acelerar hasta 32 kms/h en segunda para mantener la velocidad durante 24 segundos para repetir el parón de 21 segundos y subir a 50 kms/h durante 30 segundos, bajar en segunda a 35 y volver a detenerse. Esta secuencia se repite cuatro veces hasta completar 13 minutos en los que el modelo “recorre” poco más de 4 kms a 18,77 kms/h. Se recrea un recorrido urbano con intersecciones, semáforos, etc.

Sin parar el coche -está 20 segundos al ralentí-, se acelera hasta 70 kms/h en cuarta y se mantiene el ritmo durante 50 segundos para después bajar a 50 kms/h durante un tiempo limitado antes de volver a los 70 kms/h durante otros 50 segundos como previo antes de acelerar hasta 100 kms/h, después a 120 y mantenerla 10 segundos. En total se recorren casi 7 kms en 6:40 minutos a una velocidad media de 62,6 kms. Esta segunda parte recrea un recorrido fuera de ciudad y el resultado final de la prueba -no la media de ambos pues no se ha llegado a parar el motor nunca-, es el consumo homologado.

¿Dónde falla la homologación?

 

 

Sin duda en la poca relación entre las condiciones reales de uso y las de la prueba. El modelo está siempre sobre rodillos planos en un centro aislado del viento frontal o lateral. Además, las condiciones de uso del vehículo: con sólo una persona, sin ningún equipo electrónico conectado y con el maletero vacío, son poco comunes.

Otro de los fallos es que el sistema de medición es público. Los fabricantes conocen el proceso y eso les permite desarrollar los modelos con las condiciones técnicas necesarias para marcar una cifra más baja que siempre les facilitará las ventas. Por muy “eco” que conduzcamos es casi imposible que podamos igualar los resultados. Las curvas de par y entrega de potencia según las relaciones mecánicas muchas veces -sobre todo en las versiones “limpias”- se piensan fijándose en el ciclo de homologación. Ni qué decir sobre los híbridos y modelos equipados con stop/start que llegan a detener por completo el motor en las fases de ralentí -es cierto que en el uso real también, pero la duración de los semáforos y de las intersecciones es habitualmente más de 11 o 21 segundos.

Por último, en algunos casos aislados, los fabricantes han sido acusados por usar lubricantes extremadamente caros y especializados (propios de competición) que minimizan la fricción de las partes del motor y hacen que el resultado de la homologación sea ostensiblemente más bajo al resultado con un aceite normal.

A favor del NEDC podemos decir que es el mismo para todos los modelos lo que sí nos permite saber de un modo fehaciente si un coche gasta más que otro de las mismas características. Aún así, cada vez son más los consumidores que piden que se realicen pruebas más similares a los estándares en Japón (JC08) o Estados Unidos (FTP-75) que en muchos casos han demostrado cifras de consumo mucho más reales.

Además, cada vez son más las asociaciones de consumidores que piden que se siga el ejemplo de otros países donde fabricantes como KIA, Hyundai o Ford han tenido que indemnizar a sus clientes por homologar cifras de consumo poco reales.


25
nov 14

Apple Pay, comienza el despegue

Sin duda, Apple siempre se ha caracterizado por ser una empresa que marca sus propios ritmos. Ajena al empuje de tecnologías como la NFC o de la demanda de muchos sistemas de pago para que iOS implementara un sistema de pago por teléfono nativo, los de Cupertino tardaron mucho más que Google en decidirse porque su iPhone fuera también una plataforma desde la que pagar.

Sin embargo, con la ruptura de los tabúes que ha traido el iPhone 6 (y el 6 Plus) Apple anunció la llegada de Pay, un sistema que se apoyaría en la seguridad del Touch ID y en la enorme influencia que los de Cupertino tienen en el mercado (sus usuarios son los más fieles y los que más gastan a través de sus smartphones y tabletas) para recuperar el terreno perdido.

Y el paso del tiempo parece haberles dado de nuevo la razón. A ellos porque demuestran que todo lo que tocan es oro. Y a los que criticaban que han perdido tres años sin lanzar un iPhone más grande (han batido un nuevo récord de ventas, beneficios y capitalización bursátil) y en implementar habilidades que Android tenía desde hace tiempo. El más sonado de los críticos: Steve Wozniak.

Una de las primeras compañías en aventurarse con Apple Pay en Estados Unidos (su mercado de pruebas, como siempre) ha sido la cadena de farmacias Walgreens que en un reciente comunicado de prensa explicaba que la cantidad de personas que escogían su móvil como medio de pago se ha duplicado desde el lanzamiento de la plataforma.

Igual o más representativo es McDonald’s que ha explicado que Apple Pay representa ya el 50% de sus pagos con dispositivos móviles -tiene 14.000 restaurantes en Estados Unidos- o Whole Foods que en sólo dos semanas ha superado los 150.000 tickets. Estas cifras, según ha publicado The New York Times son sólo el inicio de una escalada con una marcada tendencia al alza.

Otras empresas, como Toys’r’us han explicado al diario neoyorquino que si bien ha habido un ligero incremento en la facturación móvil esta ha sido muy tímida y que muchos de sus clientes preguntan a sus trabajadores porque no tienen claro como usar la aplicación.

A falta de que Apple dé una rueda de prensa sobre sus resultados financieros (donde suponemos que avanzarán datos sobre su acogida) la empresa de la manzana sigue sin pronunciarse ni siquiera para anunciar la fecha de su llegada a nuevos mercados.


24
nov 14

Google Glass, ¿por qué han perdido interés?

Fueron, sin duda, uno de los lanzamientos estrella de la empresa de Mountain View el año pasado. Un wearable que no sólo no tenía rival en el mercado -una velada crítica a que Apple habitualmente “mejora” lo que ya hay pero no lanza algo nuevo- y que estaba llamado, si todo iba bien, a marcar un antes y un después en un nuevo mercado. Sin embargo, más allá de los titulares sensacionalistas y de verlas en la cara de algún famoso geek, las gafas de Google han ido perdiendo gancho. ¿Por qué?

Desde el principio, el dispositivo vino acompañado de un montón de expectativas. Sus posibilidades industriales -las más realistas- eran prometedoras y eso hizo que multitud de empresas y desarrolladores tocaran la puerta de Google preguntando por su precio y fecha de lanzamiento. Los usuarios medios tardaron poco en cansarse de esperar una versión accesible (1.500 dólares para una empresa que se queja de los precios de la competencia en teléfonos y tabletas es descabellado). Ahora son los desarrolladores los que tiran la toalla.

Recientemente Reuters hizo público que habían contactado con 16 de las firmas que más interés habían demostrado desde el primer momento en el accesorio. Muchas de ellas destinaron equipos al completo sólo para desarrollar programas que hicieran de las gafas algo útil (el atractivo quedaría en manos de diseñadores). Sin embargo, dos años después de su presentación -tardaron tiempo en llegar al mercado físico- sólo nueve siguen planteándose desarrollar aplicaciones.

Preguntadas por los motivos, la mayoría coincidieron en la falta de clientes finales interesados en las propias gafas y las limitaciones técnicas del dispositivo de Google. De las que quedan en marcha tres respondieron que ya habían lanzado programas pero en exclusiva para el mercado profesional y no pensadas para un público generalista (que al fin y al cabo es el que mide el éxito de los dispositivos de electrónica de consumo y tecnologías de la información la mayoría de las veces).

Si a eso le unimos que faltan clientes importantes en la cartera de aplicaciones (Twitter, por ejemplo) y que un buen puñado de trabajadores que estaban en el departamento de las Glass han abandonado la compañía en los últimos meses todo parece indicar que, salvo sorpresa, las gafas estarán una buena temporada en una estantería (no significa que dentro de unos años, con las especificaciones adecuadas y el público más “tecnificado” no tengan éxito).

Google explica que siguen totalmente comprometidos en el lanzamiento de las gafas y que siguen teniendo un equipo que está desarrollando un modelo para el gran consumo algo que lleva su tiempo (debe mantener prestaciones y calidad bajando los costes de producción y distribución). Mientras, los “Explorers”, aquellos pioneros que pagaron por sus gadgets 1.500 dólares comienzan a deshacerse de ellas en eBay… y Sergey Brin, uno de sus padres ya ha empezado a aparecer en los actos públicos de la empresa sin ellas.

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23
nov 14

Amazon Echo, los asistentes digitales toman cuerpo

Cuando llegaron a los móviles (inteligentes) muchos se llevaron las manos a la cabeza: una cosa es hablar por el terminal y otra hablar con la máquina (¿quién no recuerda cuando Rajesh Koothrappali, el componente indio de The Big Bang Theory se enamoraba de Siri?). Sin embargo, ahora Google Talk se lleva un gran porcentaje de las búsquedas realizadas desde dispositivos móviles, Siri es parte inherente al funcionamiento de los equipos iOS y Cortana es una de las revelaciones del universo Windows… sin tener en cuenta aplicaciones como Sherpa que han entrado en multitud de plataformas online para mejorarlas por completo.

El siguiente paso -una vez conquistados también los coches- era la llegada a los hogares. Y la primera empresa en dar el salto ha sido Amazon con su Echo. Su diseño no difiere mucho del de un altavoz doméstico de gama alta. Sin embargo, la tecnología que late en su interior -y que le permite tener un reconocimiento de voz extraordinario y conexión a la nube- permite sustituir las búsquedas que hacemos en cualquier dispositivo informático doméstico.

El nombre de la asistenta es Alexa y, una vez la mentamos, responde a nuestras preguntas (desde meramente informativas) e intenta satisfacer nuestras demandas: crea alarmas, recordatorios, listas de la compra, administrar listas de reproducción, etc. gracias a sus siete altavoces incorporados y a una app para Android e iOS que le da complementariedad absoluta con nuestros smartphones (los usuarios de Windows Phone, por ejemplo, podrán acceder a Echo a través del navegador convencional).

El precio de este mayordomo digital es de 199$ -aunque si se es parte de Amazon Prime, se quedará por un tiempo limitado a 99$-.

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La parte negativa

 

Como todo dispositivo tecnológico, tiene una parte positiva -sus funcionalidades, diseño, etc.- y una negativa: teniendo en cuenta que tiene que estar siempre encendido (no tiene batería y se enchufa a la red de la casa) y que por defecto sus altavoces siempre están atentos, la privacidad desaparece… y no queda claro que ocurre con la inmensa cantidad de datos (desde dentro del hogar) que le damos a Amazon.

 

Todavía es pronto para saber su acogida y que expertos analicen su funcionamiento y el destino de sus datos, pero estamos seguros que la idea -el concepto- dará mucho que hablar.