Sanidad, la nueva industria tecnológica

Como bien cita Javier Martín en su reportaje sobre el CES de Las Vegas en El País, la situación de la sanidad pública en occidente podría resumirse del siguiente modo: “antes nos jubilábamos con 65 años y nos moríamos con 67; ahora nos jubilamos con 55 y vivimos hasta los 80″. Esto dispara el coste de las pensiones, minimiza la recaudación vía impuestos y, de paso, multiplica los costes de la sanidad, residencias, etc.

 

En el CES de Las Vegas, Reed V. Tuckson, uno de los máximos expertos estadounidenses en sanidad pública lo dijo de un modo más técnico: “la mayoría de nosotros somos enfermos crónicos la mayor parte de nuestras vidas”. “Ninguna sanidad pública puede sostener una situación así”. Sin embargo, Tuckson, en el marco de las conferencias sobre salud y tecnología que han ocupado dos días de la Feria explicó que la situación se puede aliviar gracias al uso de tecnología. No sólo la referente al tratamiento de enfermos, sino también la relacionada con el fitness, la nutrición y la monitorización de los pacientes sanos.

 

Durante el año pasado, sólo en Estados Unidos, se descargaron 44 millones de aplicaciones de esta temática. La gente está tan preocupada por la sanidad pública -y cómo le afecta a su salud- que ha decidido cuidarse más que nunca. Muy en esta línea, responsables de empresas como la británica Equivital explicaron que uno de los cambios que ha de vivir la sanidad pública es que debe pasar de administrar la enfermedad del paciente a procurar el bienestar previo a la enfermedad (lo que minimizará la propia enfermedad).

 

El fundador de iRobot, Colin Angle -que reconoce que comenzó a soñar con sus robots desde que conoció a R2-D2- ha conseguido pasar de limpiar con mucha efectividad las casas de sus clientes, a la tecnología militar de apoyo y, finalmente, a monitorizar y ayudar a los enfermos en sus domicilios. De la colaboración de su empresa con Intouch Health han llegado unos pequeños androides que desde ya comenzarán a pasearse por los hospitales canadienses y estadounidenses para ayudar a enfermeras, pacientes y doctores en el cuidado de los enfermos y la gestión del hospital.

 

El Centro de Tecnología Cardiovascular de la Universidad de Stanford ya prepara aplicaciones para teléfonos inteligentes y tabletas que no sólo recordarán a los pacientes cuándo tienen que tomar cada medicamento y en qué dosis, sino que podrán ponerle en contacto con su doctor, lo que minimizará el tiempo que el médico pierde visitando a algunos pacientes para que sólo le confirmen que se han tomado la pastilla pertinente y que todo sigue bien. “El ahorro no sólo será en tiempo para el médico -6 horas de visitas diarias son insostenibles- sino que permitirá al doctor centrarse en los pacientes que más lo necesitan”.

 

Preguntado por todos esos millones de personas que siguen fumando, comiendo grasas saturadas, sin hacer deporte (el 26% de los estadounidenses adultos no ha hecho deporte jamás), Tuckson dice que es cuando entran las campañas de concienciación pública. Su falta de cuidados es una decisión personal, pero los costes que acarrea lo pagan todos los ciudadanos.

 

Tan interesante como todo esto es la propuesta del experto indio Deepak Chopra quien recuerda que el 80% del gasto farmacéutico mundial se encuentra concentrado en tan sólo cinco males entre los que destacan el stress y el insomnio. Para muchas de las dolencias ya hay programas informáticos y aplicaciones para dispositivos móviles que ayudan a la prevención o, incluso, al diagnóstico de las mismas sin necesidad de que un médico se desplace hasta el domicilio del enfermo o que el enfermo deba hacer cola en las urgencias de un hospital. Cellscope nos ayuda a detectar la dermatitis o la otitis; Eyenetra nos ayuda a saber si necesitamos gafas; Adamant está trabajando para detectar gases en los pulmones mediante un accesorio de bajo coste desde el smartphone; Alivecor permite hacer electrocardiogramas preventivos desde el iPhone por sólo 1 dólar… Si tenemos en cuenta que en Estados Unidos mueren al año unas 45.000 personas por errores de diagnóstico y que en las pruebas estas aplicaciones han mostrado tasas de acierto mayores que las humanas… parece que la sanidad pública puede tener una ayuda en forma de teléfono o tableta. Nuestros bolsillos también.

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