Tesla, ¿son para tanto sus números?

Estamos en un momento crítico para la consolidación del coche eléctrico. Es cierto que aún le queda mucho tiempo de vida a los motores de combustión interna. Es cierto que por muy ambiciosas que sean las leyes que restrinjan el acceso a las ciudades o potencien la compra de coches “limpios” (porque no emiten nada por el tubo de escape, por poco más) tardan en cambiar la sociedad. También que vivimos a medio camino entre el espectáculo de Elon Musk y el cambio que realmente necesita el planeta pero, sin duda, es un momento clave para saber hacia dónde queremos ir y cómo hemos de llegar allí.

La entrega de los primeros Model 3 ha resucitado la fiebre por el coche californiano que empezó hace unos meses con su presentación y récord de reservas (más propio del lanzamiento de un iPhone hace unos años). Y también que los medios se han encargado de refrescar el proyecto faraónico de la empresa liderada por Musk y apoyada por Panasonic (verdadero artífice de la mejora en las baterías, más allá de la empresa de coches): la Gigafactory.

El objetivo de la misma es doble, por un lado, alimentar los coches que saldrán con el icono de Tesla en el frontal y por otro conseguir una tasa de producción y productividad tan alta que consiga abaratar hasta un 30% el precio de las baterías y, por tanto, permita que la tarifa de los modelos de acceso sea de unos 35.000 dólares en Estados Unidos (unos 45.000 euros, después de impuestos, en Europa).

La infraestructura, que se construye a buen ritmo, tiene unas cifras que, a día de hoy, parecen estratosféricas: a pleno rendimiento producirá hasta 35 GWh. Esto ocurrirá en 2020 cuando ella sola será capaz de ensamblar la misma cantidad de baterías que las que se construían en todo el planeta en 2013. Esto servirá para nutrir el medio millón de coches que la empresa pretende fabricar al año (una cifra ligeramente superior a la planta de Martorell del Grupo Volkswagen).

La gigafactoría empleará a 6.500 operarios en sus 12,5 kms cuadrados -si tenemos en cuenta las huertas solares que alimentarán al conjunto. Y todo ello con un coste de 5.000 millones de dólares que serán aportados así: 1.600 millones por parte de Panasonic, 1.600 millones por parte de Tesla -por medio de la emisión de bonos e inversiones-, otros 1.300 millones en forma de incentivos fiscales del Estado de Nevada y el resto por parte de inversores privados.

Una “revolución” en palabras de Musk y un punto de inflexión a la hora de saber hacia donde va el sistema. ¿Por qué decimos esto? Porque estudios revelan que por muy tercos que seamos en cuanto a “limpiar” nuestra movilidad esto no es posible. Los motivos son varios pero nos quedamos con los más sólidos.

El primero es la contaminación. Sí, aunque por arte de magia todos los vehículos del planeta (coches, motos, aviones, barcos, camiones, trenes, etc.) migraran por arte de magia a la electricidad, el impacto ambiental de suministrar baterías o sistemas inteligentes por inducción dejaría una huella contaminante imborrable en el planeta. No vale solo con cambiar lo que hay debajo del capó, hay que cambiar la forma en la que entendemos cómo nos movemos.

El segundo, ligado al anterior, tiene que ver con la demanda de energía en el planeta. Un reciente estudio -que ponía solo como ejemplo al Reino Unido- explicaba que al ritmo al que la sociedad se vuelve conectada e “inteligente” en 2020 hará falta toda la energía que el país consumía en 2010 para alimentar los dispositivos 2.0. Si además le añadimos transportes eléctricos harán falta dos países. Y eso sin dar cobertura a hogares, hospitales, hoteles, etc. Un problema si tenemos en cuenta que la industria energética sigue dependiendo en exceso de los combustibles fósiles.

En lo estrictamente económico la migración a un mundo limpio tiene grandes riesgos porque hay multitud de bancos, fondos de inversión, etc. que en una huida hacia adelante en busca de resultados a corto plazo siguen teniendo miles de millones invertidos en energías “sucias”. ¿Está la economía (incluida la doméstica) preparada para un salto al vacío en el que muchos se queden sin nada?

Si nos centramos en empresas, hay un dato que ha pasado desapercibido a finales del mes de julio entre tanta noticia sobre el Model 3. La Alianza Renault-Nissan (que cuenta con marcas como Infiniti, Dacia, Samsung, Lada o Mitshubishi) se ha convertido, en la primera mitad del año, en el primer fabricante mundial de coche. Ha superado por poco más de 100.000 unidades al Grupo Volkswagen gracias a su crecimiento en mercados como el chino y a la adquisición de Mitsubishi.

Algunos os preguntaréis qué tiene esto que ver con Tesla. Mucho: la empresa no solo es el primer fabricante mundial sino que es el que más coches eléctricos vende, el que tiene un catálogo mayor y el que dispone una mayor cantidad de patentes en este área. Y todo con la boca pequeña, con modelos como el Zoe o el Leaf que están motorizando regiones del mundo como antes lo hicieron los “4 Latas”.

Publicado por

Gaizka Manero López

Nacido en 1982 en Portugalete, Bizkaia, soy doctor en "Periodismo, Comunicación y Memoria en la era digital" por la Universidad del País Vasco.

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