Nissan LEAF, el líder se renueva

 

Han pasado 7 años pero por fin ha llegado la nueva generación del Nissan Leaf, el eléctrico más vendido del mundo -a pesar de que los titulares los cope Tesla- y un modelo que ha servido para demostrar que es posible dar el salto desde los combustibles fósiles a un precio razonable (lo mismo que está intentando su primo Renault ZOE).

El nuevo diseño, como ocurría con el primero, sigue primando la aerodinámica, si bien, los ingenieros nipones han intentado darle un toque más agresivo y atractivo. Lo mejor es que la empresa ha conseguido mantener la misma plataforma, francamente efectiva, para conseguir contener los costes de un nuevo desarrollo desde cero. Por eso las principales modificaciones de diseño las encontramos en la trasera y el frontal.

La nueva calandra en forma de V le acerca a sus hermanos de gama (como el aplaudido Micra) solo que en esta ocasión se ha trabajado aún más los laterales para dejar el coeficiente aerodinámico en un excepcional 0,28. Las nervaduras del capó, por ejemplo, desvían el aire más allá de los retrovisores y el parabrisas permite un aislamiento acústico propio de modelos de alta gama.

La trasera también ve mejorado su aspecto y su utilidad gracias a una luna más tendida que hace aumentar ostensiblemente la capacidad de carga del vehículo. Su tamaño se queda en los 4,48 metros, su ancho llega al 1,79 y su alto a 1,50. Eso lo convierte en una berlina media estándar con un peso de 1.535 kilos: muy contenido a pesar de las baterías. El maletero, por cierto, se queda en 435 litros, una gran mejora desde el actual.

En el interior ha mejorado el diseño y la calidad percibida. Todo es más ergonómico, más “normal” respecto a un coche convencional -uno de los puntos débiles del ZOE del que hablábamos antes- y mucho más inteligente gracias a su total integración con CarPlay y Android Auto.

Pero lo mejor está bajo el capó donde se estrena una nueva unidad de potencia con 150 CV, 320 Nm de par, una velocidad máxima autolimitada a 144 kms/h y más de 300 kms de batería en condiciones reales de uso -climatizador, carga, pasajeros, etc.- aunque homologa sobre el papel casi 380 kms.

 

Para conseguirlo se ha rediseñado por completo el sistema de baterías para conseguir una mayor densidad energética. Además, se ha conseguido que el peso solo ascienda en 10 kilos. Por si fuera poco, para 2018 prometen una segunda oferta en el catálogo con un aumento importante de autonomía (no dicen cuanto pero suponemos que superará los 400 kms reales). Ambas, por cierto, con un sistema de carga rápida en 40 minutos.

Cuenta con dos sistemas de frenada para la recuperación de energía, un sistema de e-Pedal que permiten conducir el coche solo con el acelerador (controlando las distancias el freno motor aplica una retención de 0,2G y, además, el hold assist no permite que se vaya) y el Pro Pilot le da un nivel de autonomía 2 que permitirá una gestión aún más eficiente del conjunto.

Lo mejor de todo -excepto para Tesla- es que este modelo que mejora en todo su predecesor, no supondrá un mayor desembolso para los compradores ya que las tarifas serán las mismas. La idea es superar las más de 300.000 unidades comercializadas y, sobre todo, consolidarse en los casi 50 mercados en los que se comercializa, como el eléctrico de referencia.

FCA, próxima parada China

Hace ya tiempo que las dudas se ciernen sobre FCA, el mastodóntico grupo empresarial surgido después de que FIAT se hiciera con el control completo de Chrysler (que incluían Jeep, Dodge y parte de sus empresas auxiliares). Nacido en plena crisis del motor en Detroit, la renacida FIAT compró en 2009 el 20% de Chrysler con el beneplácito de la Administración Obama, en 2011 tomó el control con un 51,3% -después de que le permitieran deshacerse de las partes improductivas de Chrysler- y en 2014 se procedió a la fusión por absorción.

Lo que estaba llamado a ser un titán a ambos lados del Atlántico (son pocas las empresas que ha conseguido cruzar el charco y gustar a los clientes americanos y europeos) pronto demostró sus flaquezas. La primera su CEO. Sergio Marchionne lleva tiempo llamando la atención de otras marcas para una posible alianza o fusión.

Su mercado doméstico está en “rebeldía” desde que decidió llevarse su sede central a Amsterdam, su centro de operaciones a Londres y su cotización a Nueva York y la falta de inversión en nuevos modelos ha provocado que todos los países donde prometió mantener su estructura den por hecho que todo era una treta desde el principio para descuartizar dos grupos automovilísticos legendarios.

Ahora que ya ha recibido calabazas en Detroit (tanto Ford como GM dijeron no estar interesadas en alianzas con la dupla Elkann-Marchionne) como en Alemania (los dirigentes de VW directamente ni respondieron a los periodistas que les preguntaron por el interés que había demostrado FCA), parece que las novias de la empresa surgen de extremo oriente.

Hace tiempo que el gobierno chino está pidiendo a sus empresas más potentes la compra de compañías extranjeras que les permitan crecer en otros mercados. El motivo es sencillo: hacer olvidar el negativo prurito Made in China en los mercados con mayor capacidad adquisitiva y traspasar el know how de empresas más contrastadas a la cadena productiva doméstica. El ejemplo más claro es el de Geely y Volvo: ambas empresas, por ahora, han salido ganando. E incluso la producción y centro de diseño sueco se ha mantenido mejor que nunca.

Al parecer, fuentes de la industria hablan de que son ya varias las ofertas que han recibido en Amsterdam para la adquisición del séptimo fabricante mundial desde China, sin embargo, todas se han quedado cortas. Ahora, su socio Guangzhou Automotive Corporation, Dongfeng Motor, Great Wall o Zhejiang Geely Holding Group parecen las mejor posicionadas para este movimiento.

La idea de Marchionne es vender FCA como un único ente: desde las extremadamente rentables Jeep y RAM así como Dodge, FIAT y Chrysler, empresas en horas muy bajas pero con marcas muy reputadas. ¿Faltan nombres? Por supuesto, Alfa Romeo, Maserati y Ferrari se quedarían en manos de Exor, el fondo de inversión de los Agnelli, fundadores y propietarios de FIAT que no quieren deshacerse de las enseñas más importantes y con más potencial del grupo.

Según China Outbond, las empresas invertirá 1.500 millones de dólares antes de acabar la década para adquirir empresas extranjeras que permitan satisfacer la enorme demanda de automóviles en el mayor mercado mundial (1,5 veces el estadounidense). Ahora el tamaño de FCA parece ser suficientemente apetecible para su compra -es una de las mejores llaves de acceso también a Estados Unidos- y rentable para sus propietarios.

Bicicletas, la apuesta del Norte de Europa

Ya hemos hablado más veces de la necesidad de cambiar nuestro modelo de transporte diario del automóvil (o moto) a otros sostenibles. Es cierto que es necesario potenciar el transporte público y colectivo para dar una cobertura consolidada a los ciudadanos pero también que siempre existirá una demanda individual de aquellos que por motivos laborales o de ocio tienen necesidades especiales (horarios, por ejemplo).

En ese contexto -y hasta que lleguen los vehículos inteligentes y autónomos movidos por hidrógeno o electricidad de origen “limpio”- la bicicleta sigue antojándose como la solución más realista. La inversión de la Administración se reduciría a crear espacios propios para la misma (que pueden ser eliminados de los que ya tienen invadidos los coches, por ejemplo) y, al fin y al cabo, sirvan para devolver la ciudad a los ciudadanos.

A buen seguro serán muchos de los que hablen de los inconvenientes que tienen las dos ruedas durante las épocas invernales: dudo mucho que en nuestra tierra sean peores que en Países Bajos o Alemania, “paraísos” de las bicis. Incluso se referirán a los problemas de coexistencia que se dan entre ambos modelos de transporte durante los primeros momentos. Sin embargo, ser vecinos de otros Estados con más experiencia en estas lides a buen seguro nos marcará las guías de por dónde avanzar.

El aparcamiento de las miles de bicicletas que recorren algunas de las ciudades del Norte de Europa ha sido uno de los grandes retos para los gestores: Utrecht, una ciudad de tamaño medio en el centro de Holanda un poco más pequeña que Bilbao ha puesto remedio (parcial) a esto con la construcción del parking más grande del mundo: tendrá cabida para 12.500 bicis.

La cifra, espectacular viendo lo que nos rodea, es solo temporal ya que el ayuntamiento ha prometido la construcción de otros de este tamaño para poder afrontar las más de 100.000 que cada día se utilizan para ir a trabajar, al colegio o, simplemente, para hacer deporte.

Una de las cifras que más nos han llamado la atención de este emplazamiento es el espacio que requiere: 17.100 metros cuadrados: el rato por cada equipo de transporte (en este caso bici) es de tan solo 1,37 metros cuadrados: inimaginable si se tratara de “guardar” esa misma cifra de coches, furgonetas o motos.

El parking está ubicado bajo la estación central de la ciudad lo que permite a los usuarios tener una conexión intermodal cómoda cuando necesiten realizar distancias más largas y seguir teniendo un impacto (huella de carbono) ambiental mínimo.

La apuesta de los Países Bajos por este medio de transporte no es nuevo, sin embargo, la mayoría de las Administraciones están invirtiendo fuerte en expulsar a los vehículos innecesarios de sus ciudades. Amsterdam está construyendo uno de 7.000 plazas; Delft uno de 5.000; La Haya uno de 8.500 plazas. Todo para responder al crecimiento de más del 10% en el número de ciclistas que se mueven por las ciudades neerlandesas.

Las cifras demuestran que la población lo respalda: hay 1,3 bicis por habitante y, de media, cada una de ellas recorre unos 1.000 kms al año. Os mostramos un vídeo que esperemos que llegue a nuestros alcaldes para que tomen nota:

Tesla, ¿son para tanto sus números?

Estamos en un momento crítico para la consolidación del coche eléctrico. Es cierto que aún le queda mucho tiempo de vida a los motores de combustión interna. Es cierto que por muy ambiciosas que sean las leyes que restrinjan el acceso a las ciudades o potencien la compra de coches “limpios” (porque no emiten nada por el tubo de escape, por poco más) tardan en cambiar la sociedad. También que vivimos a medio camino entre el espectáculo de Elon Musk y el cambio que realmente necesita el planeta pero, sin duda, es un momento clave para saber hacia dónde queremos ir y cómo hemos de llegar allí.

La entrega de los primeros Model 3 ha resucitado la fiebre por el coche californiano que empezó hace unos meses con su presentación y récord de reservas (más propio del lanzamiento de un iPhone hace unos años). Y también que los medios se han encargado de refrescar el proyecto faraónico de la empresa liderada por Musk y apoyada por Panasonic (verdadero artífice de la mejora en las baterías, más allá de la empresa de coches): la Gigafactory.

El objetivo de la misma es doble, por un lado, alimentar los coches que saldrán con el icono de Tesla en el frontal y por otro conseguir una tasa de producción y productividad tan alta que consiga abaratar hasta un 30% el precio de las baterías y, por tanto, permita que la tarifa de los modelos de acceso sea de unos 35.000 dólares en Estados Unidos (unos 45.000 euros, después de impuestos, en Europa).

La infraestructura, que se construye a buen ritmo, tiene unas cifras que, a día de hoy, parecen estratosféricas: a pleno rendimiento producirá hasta 35 GWh. Esto ocurrirá en 2020 cuando ella sola será capaz de ensamblar la misma cantidad de baterías que las que se construían en todo el planeta en 2013. Esto servirá para nutrir el medio millón de coches que la empresa pretende fabricar al año (una cifra ligeramente superior a la planta de Martorell del Grupo Volkswagen).

La gigafactoría empleará a 6.500 operarios en sus 12,5 kms cuadrados -si tenemos en cuenta las huertas solares que alimentarán al conjunto. Y todo ello con un coste de 5.000 millones de dólares que serán aportados así: 1.600 millones por parte de Panasonic, 1.600 millones por parte de Tesla -por medio de la emisión de bonos e inversiones-, otros 1.300 millones en forma de incentivos fiscales del Estado de Nevada y el resto por parte de inversores privados.

Una “revolución” en palabras de Musk y un punto de inflexión a la hora de saber hacia donde va el sistema. ¿Por qué decimos esto? Porque estudios revelan que por muy tercos que seamos en cuanto a “limpiar” nuestra movilidad esto no es posible. Los motivos son varios pero nos quedamos con los más sólidos.

El primero es la contaminación. Sí, aunque por arte de magia todos los vehículos del planeta (coches, motos, aviones, barcos, camiones, trenes, etc.) migraran por arte de magia a la electricidad, el impacto ambiental de suministrar baterías o sistemas inteligentes por inducción dejaría una huella contaminante imborrable en el planeta. No vale solo con cambiar lo que hay debajo del capó, hay que cambiar la forma en la que entendemos cómo nos movemos.

El segundo, ligado al anterior, tiene que ver con la demanda de energía en el planeta. Un reciente estudio -que ponía solo como ejemplo al Reino Unido- explicaba que al ritmo al que la sociedad se vuelve conectada e “inteligente” en 2020 hará falta toda la energía que el país consumía en 2010 para alimentar los dispositivos 2.0. Si además le añadimos transportes eléctricos harán falta dos países. Y eso sin dar cobertura a hogares, hospitales, hoteles, etc. Un problema si tenemos en cuenta que la industria energética sigue dependiendo en exceso de los combustibles fósiles.

En lo estrictamente económico la migración a un mundo limpio tiene grandes riesgos porque hay multitud de bancos, fondos de inversión, etc. que en una huida hacia adelante en busca de resultados a corto plazo siguen teniendo miles de millones invertidos en energías “sucias”. ¿Está la economía (incluida la doméstica) preparada para un salto al vacío en el que muchos se queden sin nada?

Si nos centramos en empresas, hay un dato que ha pasado desapercibido a finales del mes de julio entre tanta noticia sobre el Model 3. La Alianza Renault-Nissan (que cuenta con marcas como Infiniti, Dacia, Samsung, Lada o Mitshubishi) se ha convertido, en la primera mitad del año, en el primer fabricante mundial de coche. Ha superado por poco más de 100.000 unidades al Grupo Volkswagen gracias a su crecimiento en mercados como el chino y a la adquisición de Mitsubishi.

Algunos os preguntaréis qué tiene esto que ver con Tesla. Mucho: la empresa no solo es el primer fabricante mundial sino que es el que más coches eléctricos vende, el que tiene un catálogo mayor y el que dispone una mayor cantidad de patentes en este área. Y todo con la boca pequeña, con modelos como el Zoe o el Leaf que están motorizando regiones del mundo como antes lo hicieron los “4 Latas”.

Tesla Model 3, por fin se ensambla la primera unidad

El Tesla Model 3 es un vehículo prácticamente único en su especie. Es cierto que no es el único eléctrico del mercado. Y que ni siquiera es el que tiene mejores prestaciones o un precio más competitivo. Tampoco tiene nada reseñable en su tecnología (en teoría es una versión más pequeña que el Model S) ni aporta algo rompedor al diseño de vehículos. Sin embargo, desde su presentación está rompiendo moldes.

Primero porque tuvo más en común con la de un nuevo smartphone que con la de un coche: la inspiración de Silicon Valley, el espíritu tecnológico de la compañía y toda la parafernalia que suele acompañar a Elon Musk alimenta una comunicación rompedora con el resto de la industria.

Ahora, después de un año de espera, de recolectar las señales de compra de miles de personas en todo el mundo y de multitud de incógnitas sobre si se podrían cumplir los plazos, la primera unidad se ha mostrado al público. Como Musk prometió, se entregará a su dueño el 28 de julio y es la primera de 30 que saldrán de la línea de montaje durante este julio.

El modelo, clave para conseguir el suficiente músculo financiero para convertirse en un productor a gran escala, tendrá un ritmo de producción creciente: en agosto se ensamblarán 100 unidades, en septiembre 1.500 y en diciembre 20.000.

Con un precio de salida de 35.000 dólares -que puede aumentar considerablemente con diferentes packs energéticos u opciones de diseño- el primer comprador fue Ira Ehrenpreis, miembro del consejo de administración de la empresa quien, según se ha sabido, se lo ha cedido a Musk por su 46 cumpleaños.

Los datos de esta redondeada berlina media son una autonomía media de 346 kilómetros, una aceleración de 0 a 100 en unos 6 segundos y capacidad para cinco adultos cómodamente. Como el sistema de propulsión no requiere de un motor “clásico”, cuenta con dos maleteros, uno bajo el capó y otro en la parte trasera.

En cuanto al software, fundamental en los modelos de la casa, contará con la última versión del Autopilot que permite un alto nivel de conducción autónoma -aunque la compañía sigue pidiendo que el conductor no se desentienda del volante y que lo tenga en cuenta como un asistente muy avanzado-.

Las primeras unidades se entregarán en la Costa Oeste de Estados Unidos según lo previsto lo que ha tranquilizado a los más de 500.000 compradores que ya han depositado 1.000 dólares para garantizarse la reserva de una de las unidades. 150.000, por cierto, se llevaron a cabo durante la primera semana después de la presentación.