Huawei P9, vieja fórmula para entrar en el top

Hubo un tiempo -no muy lejano- en el que los smartphones se dividían en dos grupos: el iPhone y los iPhone Killers. Terminales en los que el argumento para proclamarse el mejor terminal del mercado era la potencia bruta. No importaba tanto el diseño (Samsung Galaxy o LG) si no las especificaciones -las cámaras de los Xperia o los Lumia eran antológicas-.

Para placar lo que los usuarios podían hacer con sus terminales (la estrategia que siempre ha tenido Apple), los fabricantes mostraban lo que sus teléfonos eran capaces de hacer. Y así nacieron equipos como los Galaxy S3, que a día de hoy sigue sacando los colores por prestaciones a muchos smartphones medios de última generación.

Ahora el panorama ha cambiado. El diseño tiene mucho más peso, la contienda parece decantada para Apple y Samsung (los demás fabricantes tradicionales suelen perder dinero con cada dispositivo que venden) y solo los fabricantes chinos parecen tener algo -mucho- que decir. Entre ellos destaca Huawei que con su P9 ha decidido retomar la antigua fórmula Android para, ahora sí, luchar cara a cara con los equipos más potentes del mercado. Especificaciones no le faltan.

Con una gama estructurada en P9 y P9 Plus, los orientales cuentan con un aliado de lujo en el apartado fotográfico. Leica se ha encargado de desarrollar las lentes y el software de la cámara lo que garantiza que los usuarios de los nuevos smartphones de Huawei contarán con la mejor tecnología del mercado por el momento.

Pero la cámara es solo la guinda de un pastel con hasta 4 GB de RAM; un procesador de ocho núcleos Kirin 995 (cuatro Cortex A53 a 1,8 GHz y cuatro Cortex A72 a 2,5 GHz); doble cámara trasera de 12 Mp con sensor de blanco y negro y sensor a color por separado para aprovechar mejor la entrada de luz; panel IPS de 5,2 pulgadas y resolución 1.920×1.080 (423 ppp), conector USB-C y una batería de 3.000 mAh.

Y todo ello con un diseño notable en el que se emplean metales pulidos para aumentar la sensación de ligereza (además de muy delgado es un peso pluma en toda regla), aunque el fabricante ha confirmado que también se comercializará con metales cepillados y acabado cerámico. Como no podía ser de otro modo, el excepcional panel cuenta con tecnología Gorilla Glass. Lo más increíble es la gran pila de su interior.

La pantalla no cuenta con tecnología UHD pero si tenemos en cuenta la cifra de 423 ppp no solo no notaremos la diferencia sino que lo agradecermos en forma de más autonomía y un mejor rendimiento gráfico. Los ángulos de visión nos han parecido buenos y el brillo (no lo hemos podido ver en exteriores soleados) nos ha parecido correcto.

Volviendo a la cámara, su punto fuerte, Leica ha desarrollado una lente Summarit H 1:2.2/27 ASPH con una apertura máxima f/2.2 (el Galaxy S7 tiene f/1.7). Para solucionarlo, emplean dos cámaras, una con sensor en blanco y negro que triplica la entrada de luz y que permite equilibrar la cifra con modelos más “capaces” sobre el papel. Técnicamente capta un 90% más de luz que un Galaxy S7 y un 240% más que un iPhone 6S.

Si a eso le unimos que el software que han implementado los alemanes al que ya tenía Huawei -con funciones más propias de una cámara profesional que de un smartphone- tenemos un conjunto excepcional que hará las delicias de quienes quieran “algo más” para sus fotos.

Hablando de software, la capa EMUI 4.1 sobre Android 6 no nos ha parecido una gran evolución sobre la anterior pero hemos de reconocer que su funcionamiento es excepcionalmente fluido y que es de las mejores del mercado para quien quiera algo diferente.

Por último, el lector de huellas dactilares, el puerto de carga USB Type C, el diseño de la antena triple  y una autonomía de más de un día para un usuario normal (que juguetee bastante con cámara, etc.) nos parecen aditamentos sobresalientes para un equipo que en su configuración más capaz se queda en 649€. Como hemos dicho, la vieja receta creada por Samsung y compañía (mucho hardware) sigue funcionando para entrar en el top y mirar a los ojos a todos los premium.

Emprendimiento, el mejor aliado de la innovación

A pesar de todo lo que se ha hablado de la crisis económica (y de modelo) que lleva azotando Occidente desde finales de 2008, este bache ha puesto de acuerdo a analistas de todas las condiciones de que solo hay una salida posible y una receta para evitar otro problema de este calado: una economía sustentada en los principios de la innovación y del emprendimiento y con un mix entre sectores que no la haga estar expuesta innecesariamente a los problemas puntuales de uno de ellos.

En resumen, un equilibrio entre servicios, industria y sector primario que estén unidos a través del tronco común de las nuevas tecnologías y de la innovación que les permita ser competitivo no por el ahorro de costes sino por el valor añadido de lo que producen.

En este marco, las universidades tienen un papel central. No solo a la hora de forjar a nuevos profesionales o a la hora de estar a la vanguardia en materia de patentes sino también a la hora de labrar la personalidad profesional de sus licenciados. Precisamente por eso, la Universidad del País Vasco-Euskal Herriko Unibertsitatea puso en marcha la semana pasada unas charlas con el fin de exponer a los futuros graduados las posibles experiencias al acabar el ciclo educativo.

De la mano del vicedecano de la Facultad de Ciencia y Tecnología, Ibon Sagastabeitia, y de Estíbaliz Asua -profesora de varias asignaturas en el centro- presentaron a los alumnos presentes en el Campus de Leioa a perfiles que tienen experiencia tanto en la aventura del emprendimiento y el autoempleo como en el mercado por cuenta ajena dentro de grandes empresas.

Entre ellos destacó Santiago Córdoba, uno de los fundadores de Binary Soul y que antes de comenzar con la pequeña cooperativa especializada en soluciones de virtualización, gamificación y en el desarrollo a medida de software trabajó para ZIV, una multinacional sita en Zamudio que desarrolla soluciones propias para la explotación de redes eléctricas inteligentes.

Como explicó el Commercial Manager de la empresa de Bilbao, existen tres posibles salidas igual de importantes para el desarrollo de la innovación: desde la búsqueda de empleo por cuenta ajena para forjarse una carrera profesional en una empresa consolidada -fundamental para adquirir experiencia y adaptarse al enorme salto que hay entre el mundo universitario y el mercado laboral-; hasta el emprendimiento pasando por pasar a formar parte de la plantilla de la propia universidad para volcarse con la investigación.

Dentro de esta decisión tienen un papel fundamental las becas y los contratos en prácticas. Éstos permiten entrar más fácilmente en el mercado laboral al disminuir los costes de contratación de las empresas y sirven para potenciar las habilidades del becado y acabar su formación (es habitual que muchos estudiantes reconozcan que siguen aprendiendo muchas cosas nuevas al acabar su ciclo discente).

La charla, a la que acudieron una treintena de jóvenes, sirvió para mostrar a los presentes los problemas que suele tener aparejados montar una start up -y a pesar de ello todas las satisfacciones que da a aquellos a pesar de las estrecheces de los primeros meses-, la importancia de vivir un proceso de formación continua sea cual sea nuestra etapa estudiantil o laboral y las posibilidades que da el mercado laboral a aquellos que se arriesgan sea cual sea la crisis que vivamos.

Noticia recomendada por Binary Soul

Facebook, cuando todos somos mercancía

Las cifras de Facebook, no por oídas dejan de ser espectaculares. A finales del año pasado rozó los 1.600 millones de usuarios. Eso la convierte en la red social más exitosa y dominante del mercado, además de una herramienta de comunicación -personal, de masas y comercial- sin parangón hasta la fecha. Es casi (yo estoy disfrutando de vivir sin ella después de más de un lustro de existencia en el universo de Zuckerberg), inevitable.

Es imposible negar que ha cambiado nuestra forma de relacionarnos así como de generar y transmitir contenidos. Es, posiblemente, el ejemplo dorado de cómo la nueva era tecnológica y de movilidad han generado una nueva forma de entender nuestro día a día.

Su creación, expansión y consolidación no solo se estudia en escuelas de negocios (por su velocidad para crear y dominar un mercado nuevo) sino también en las de psicología (comportamiento humano) y ha servido para alimentar el imaginario de Silicon Valley -película incluida-. Tal ha sido su impacto que muchos especialistas consideran que su éxito -en el ámbito cotidiano y en el universo empresarial- se ha dado porque ha sido capaz de comercializar lo que nunca antes nadie, otras redes sociales incluidas, había podido: los sentimientos de las personas.

Si miramos un perfil de un usuario cualquiera -el mío mismo hasta su eliminación- encontraremos siempre la misma columna vertebral: la biografía y la amistad. Por partes, una breve descripción de quienes somos (realmente de cómo nos gustaría ser o cómo nos gustaría que los demás nos visualizaran) aderezada con fotos y gustos a la que se suma el grueso del negocio, nuestros amigos.

Jugar entre esas dos columnas es donde reside su éxito: permite alimentar nuestro ego y le da eco frente a nuestros conocidos. Nos hace crecer -nuestra imagen- en nuestra área de confort. Es la recreación algo menos visual de nuestro propio universo SIM. Si a eso le unimos que estructura nuestro universo (algo que le encanta a nuestro cerebro) y de paso nos coloca en el centro -algo que le encanta a nuestra visión individualista del mundo-, tenemos todos los ingredientes para el éxito.

Los Me gusta refuerzan nuestras convicciones (creencias o argumentos de por qué hacemos las cosas)  y subrayan nuestros gustos (música, deporte, política, hobbies). Además, cualquier movimiento que hagamos en la red puede ser respaldado por nuestros amigos-conocidos-gente con la que compartimos gustos hasta llegar a cientos de millones. Una suma de pertenencia a un grupo, libertad y anonimato (sí, ni somos como aparentamos ni muchas veces somos los que estamos tras el perfil).

Al final, sin darnos cuenta creemos convertirnos en generadores de opinión, de influencia, de tendencias, de información, cuando tan solo formamos parte de la corriente y, una vez alienados, pasamos a formar parte de la maquinaria publicitaria y consumista que en Facebook ha encontrado una nueva herramienta para expandirse. Si echamos una vez más el ojo a los más de 1.550 millones de usuarios que tiene veremos que tiene más adeptos que cualquier religión del planeta. Tan llamativo como peligroso (¿qué es una religión cuando pierde la ética?)

El muro se ha convertido en el templo de adoración de nuestro universo con la diferencia de que no hay ya ninguna deidad externa: tan solo somos nosotros adorando la idea del mundo y la vida que nos gustaría vivir y que sin duda no existe. Recibiendo impactos más o menos positivos de la información que nos rodea. De los gustos que nos rodean. De personas que ni siquiera sabemos si conocemos.

Recientemente un estudio publicado ha demostrado que la red social acaba erosionando nuestra perspectiva ideológica y al procurar rodearnos siempre de personas con gustos e idearios similares (amigos) los debates suelen enquistarse y radicalizarse más de lo debido. La distancia y cierto anonimato acaban dándonos la sensación de fuerza para argumentar con o sin razón sobre todo tipo de temáticas. Curiosamente casi siempre en contra.

¿Significa esto que Facebook o cualquier otra red social son malas? ¿Significa esto que ellas mismas rompen parejas, radicalizan el ideario político de la sociedad o potencial en capitalismo sobre los sentimientos y las personas? Probablemente sea muy complicado llegar a cualquiera de estas conclusiones sin caer en el maniqueísmo.

Solo tenemos claro que hay una enorme cantidad de usuarios que hacen un uso erróneo de la misma: pasan más tiempo delante de una pantalla que delante de una persona. Pasan más tiempo dando al me gusta de lo que hace los demás que haciendo cosas. Pasan más tiempo pensando en cómo quedará la foto en la red social que en disfrutar del motivo por el que sacan la fotografía. Será interesante ver cómo se adaptan a las mimas la generación digital que ha nacido y se ha criado en un mundo en el que siempre han existido estas redes.

Apple, ¿los resultados de la saturación?

Durante mucho tiempo parecía que el crecimiento de Apple no tenía límite. Que su legión de seguidores y su capacidad para fagocitar mercados y rivales no tenía límite y que bastaba con lanzar un producto con una manzana mordida grabada para que este fuera un éxito que pulverizara las ventas de sus antecesores. De esta forma, durante 13 años (sí, has leído bien), la empresa ahora dirigida por Tim Cook ha crecido en facturación y beneficios. Sin embargo, el segundo trimestre de 2016 pasará a la historia de la empresa por su frenazo de más de 7.000 millones de dólares.

Todos los indicadores denotan el desgaste del gigante californiano: el beneficio se ha quedado en 1,9 dólares por acción (frente a los 2,33 del anterior periodo). La facturación ha pasado de 58.000 millones a unos 50.500 millones de dólares. El iPhone, su producto estrella, su alfa y omega, el dispositivo sobre el que se sustentan otros servicios críticos de la empresa como Music, iTunes, etc. también ha cedido: de 61 millones comercializadas a poco más de 51 millones.

Por supuesto, las acciones también han caído. Los inversores han quitado un 5% del valor de la empresa en el parqué -unos 40.000 millones- nada más anunciarse las cifras y, para parar la sangría provocada por los “malos vientos macroeconómicos” en palabras de Tim Cook, preparan un plan de dividendos y de recompra de acciones titánico: unos 250.000 millones de dólares.

Pero, más allá de saber que el crecimiento de Apple se ha frenado (como debía ocurrir tarde o temprano) y que los de la manzana siguen ganando dinero a espuertas -9.250 millones en tres meses, Sony ha ganado 1.200 millones en todo el año-, ¿podemos sacar algo en claro de estas cifras? Probablemente sí.

China, el mercado en el que más está volcándose la tecnológica (y el sector en general) ha caído un 26%. El iPad se ha dejado un 19% en unidades vendidas. El iPhone ya no engancha tanto a un mercado muy saturado -más adelante veremos el calado de esta afirmación- y se ha dejado un 16%. Solo el Mac, que se ha dejado un 9% ha respondido relativamente bien -el mercado de ordenadores personales está de capa caída desde hace un lustro-.

La empresa solo puede sacar pecho con los servicios y productos destinados a mercados poco maduros. El Apple Watch ha conseguido superar los 12 millones de unidades vendidas y el conjunto crece entre un 20 y un 30% -Apple Music tiene 13 millones de suscriptores de pago-.

Saturación tecnológica

Por regiones, América cae un 10%, Europa un 5%, Asia un 25% y solo Japón crece. La empresa se excusa en un panorama macroeconómico complicado pero si tenemos en cuenta que su mayor crecimiento se ha dado durante la crisis financiera que comenzó en 2008, resulta difícil de creer.

El problema va más allá y no solo afecta a los californianos (aunque su tamaño haga evidente que es el que más sufrirá en números absolutos). Hace dos años Horace Dediu, un ex analista de Nokia,  pronosticó que el mercado móvil se saturaría a finales de 2015 o principios de 2016. El motivo es sencillo: ya todo el mundo tiene un smartphone.

Ya todo el mundo ha probado varios modelos, sabe para qué lo usa y qué necesita exactamente. Lo mismo ocurre con las tabletas. Y con los ordenadores. La carrera de rendimiento se queda para los early adopters y para la publicidad (como ocurre con los coches) pero el consumidor ya está maduro. Sabe si merece la pena gastarse 800€ en un teléfono muy potente que nunca usará al 100% es un sinsentido.

Y es ahí donde entran los teléfonos de gama media. Es ahí donde los fabricantes chinos -que en su momento ensamblaron para Apple, Samsung, Sony y compañía- ganan terreno. Y es ahí donde Android gana terreno porque lo importante, como siempre, no es el continente sino el contenido. Como siempre decimos, todo ocurre más rápido en el mercado tecnológico.

Haciendo la analogía con otra industria que cambió por completo nuestra sociedad, la automotriz, hemos pasado en poco tiempo de la era de los coches de lujo (primeros iPhone) a los personalizables más o menos caros (Android) y ahora le toca el turno al consumo racional.

En Occidente las redes sociales tradicionales tiene cada vez más problemas para sostener las cifras de consumo de los adultos. Una vez pasado el boom inicial, muchos las vemos como una cesión gratuita de nuestra privacidad y solo le pedimos al smartphone que llame, haga videollamadas, nos permita acceder al email y a la mensajería instantánea, tenga capacidad para aplicaciones musicales, de tiendas en línea y mapas. El resto es útil pero no de uso cotidiano y el sobrecoste no está justificado.

Hay regiones más entusiastas con las nuevas tecnologías pero son muy pocas las que se acaban quedando en la sociedad y la transforman. ¿Tienen sentido los wearables? Sí. Tienen sentido en nuestro día a día. Probablemente no. En sectores como el médico su utilidad es indiscutible. En el deportivo puede que también. El resto del tiempo, un reloj es más que suficiente si da la hora. ¿Cómo justificar que estar continuamente conectado valga 300€ y que encima se quede obsoleto en dos años?

El boom tecnológico de la última está lejos de desaparecer (es necesario) pero si echamos la vista atrás vemos que solo el smartphone se ha consolidado. La tableta tan solo han sustituido al ordenador en aquellos que realmente no necesitaban la potencia de un portátil o un sobremesa. El smart watch solo ha calado entre aquellos que quería un trozo de tecnología en su muñeca. Su rival nunca será un reloj automático porque por concepto no compiten. El primero está pensado para conectarnos y morir pronto. El segundo está pensado para que lo hereden nuestros hijos.

Todos son complementarios pero en la era del servicio, la acumulación de objetos tecnológicos parece tan poco probable como la de cualquier otro bien. Con la diferencia, de nuevo, de que todo ocurre más rápido en este sector. Será interesante seguir qué ocurre en un mercado que, o lanza algo rompedor a muy corto plazo, o está condenador a sobrevivir colonizando zonas hasta ahora vírgenes como África o parte de Asia.

Quiero ser industria 4.0, una cita ineludible para nuestro desarrollo

A pesar de que habitualmente los medios de comunicación y la mayoría de la sociedad vinculan la evolución tecnológica al papel que las TICs están teniendo en nuestro día a día desde hace algo menos de una década, la implantación del Internet de las Cosas (IoT) -y la inmensa cantidad de datos que genera y generará así como la llegada de la Industria 4.0 se antojan como los verdaderos catalizadores de una nueva revolución económica y social.

Euskadi, una de las regiones industriales más vanguardistas del continente ha apoyado desde hace décadas la implementación de nuevos sistemas que incrementaran la competitividad del sector mediante el valor añadido que supone hacer mejor las cosas (como contrapartida a otros sectores y otras regiones que han querido ganar competitividad mediante la reducción de costes). Es por ello que el papel de la Industria 4.0 se antoja fundamental para continuar con el desarrollo de la economía vasca.

En este contexto, el Parque Científico y Tecnológico de Bizkaia, fue la sede el pasado 21 de abril del encuentro Quiero ser industria 4.0 !! organizado por el Grupo SPRI (la agencia de desarrollo empresarial del Gobierno Vasco)GAIA (la Asociación Cluster de Telecomunicaciones), el propio Gobierno Vasco y PARKE BIZKAIA.

Con un formato especialmente dinámico (veinte ponentes con solo cinco minutos cronometrados para exponer sus experiencias) las jornadas buscaron mostrar a los asistentes casos reales de tecnologías y soluciones 4.0 que ya se están aplicando en las empresas vascas. Guiados por Tomás Iriondo (de GAIA) y Aitor Cobanera (de SPRI), de entre todos casos expuestos destacó sobremanera el cloud computing, la gestión de los big data y el data mining. Otra de las estrellas durante las tres horas de jornada fue la servitización de productos, es decir, la forma en la que se añaden servicios a un producto para que gane valor añadido frente a los competidores.

Buen ejemplo fue el de la teleco vasca Euskaltel que explicó el trabajo que está haciendo en la creación de infraestructuras en la nube para dar soporte al desarrollo de la industria 4.0. En esta línea Virtualware 2007 mostró su experiencia en realidad aumentada y simulación para una industria moderna más segura con sistemas de interacción avanzada para gestión de archivos.

Cyril Data Systems se centró en la monitorización avanzada y gestión de Big Data mediante la conectividad entre máquinas así como el posterior análisis de toda la información que genera el entramado. Es lo que llaman industrial cloud.

La sincronización en el suministro de componentes (Igarle), la optimización en la gestión de materias primas (Informática 68), la integración de máquinas o thinking factory (C.I.T. Soft), la automatización de procesos, así como la inspección inteligente de productos (LKS o Trimek) fueron algunos de los proyectos estrella en los que está trabajando nuestro sector secundario.

En otros campos, la Fundación Tecnalia Research & Innovation está trabajando en nuevos sistemas de análisis de la actividad manufacturera lo que redunda en una mayor competitividad del sector. IDS Ingeniería mostró las posibilidades que da el intercambio de información de clientes o proveedores entre las empresas del sector (algo que también trabaja Gaia Net).

Como hemos dicho más veces, la salud es uno de los sectores más en desarrollo en la industria tecnológica y Innovalia mostró su proyecto Fit4Work centrado en la salud laboral.

De todos los nuevos campos nos quedamos con la virtualización y las posibilidades que da en el campo de la formación laboral. Áreas que no solo permiten tener a nuestras empresas en vanguardia sino que exigen del empleo de nuevas herramientas poco habituales hasta ahora -o aplicadas a otros sectores como los videojuegos- y que demuestran el potencial de la gamificación.

En definitiva, una oportunidad para que empresas tecnológicas diferentes pudieran aportar su granito de arena, demostrar en qué trabajan y, sobre todo, buscar sinergias para seguir mejorando un sector sin el que sería imposible entender nuestra economía y nuestra historia.

Noticia recomendada por Binary Soul