Amazon Chime, Skype y Hangouts tienen un nuevo rival

Aunque para la mayoría de nosotros Amazon sea la gran tienda de internet (o de la era 2.0), uno de los departamentos más exitosos de la empresa de Jeff Bezos es, Amazon Web Services, proveedor de infraestructuras en la nube. Su negocio no para de crecer y, vinculado a su matriz, consolida la facturación y los beneficios de la empresa de Seattle.

Ahora acaba de lanzar Chime, un servicio de mensajería dirigido al ámbito empresarial que tiene en su punto de mira los servicios de Microsoft y Google. Su punto fuerte es su carácter de todo en uno: cuenta con salas de chat, llamadas VoIP, conferencias… y gestión de las reuniones virtuales en su servicio multiplataforma compatible con Windows, macOS, iOS y Android.

Con un Hangouts redirigiéndose hacia los negocios después de no cuajar entre el público generalista y un Skype for Business con una sólida reputación pero con quejas de los usuarios por su complejidad de uso, Amazon Chime pretende apuntalar todo el conjunto de servicios web de Amazon en el pujante sector de los negocios.

Además, el sistema está planteado como un servicio escalable. La versión gratuita permite chats de dos usuarios y videollamadas -perfecto para pequeñas empresas con pocos centros de trabajo-; existe una intermedia llamada Plus con un coste de 2,50 dólares al mes por usuario que añade la opción de compartir pantalla y control remoto de equipos. Perfecto para el desarrollo de TICs. Por último, la versión Pro, cuesta 15 dólares al mes por usuario y permite gestionar y crear reuniones en tiempo real, asistir de forma remota a reuniones mediante llamadas VoIP y videoconferencias; crear salas de chat con imágenes en las que trabajar con contenidos en simultáneamente.

Como curiosidad, se podrá silenciar a alguno de los usuarios para evitar que su ruido de fondo distraiga a los demás miembros de la reunión. Éste recibe una notificación y, cuando quiera hablar, podrá volver a tener voz.  También se podrá saber quién forma parte y quién está viendo la conferencia y compartir los escritorios (he aquí su potencial multiplataforma) para compartir con los demás el proyecto en el que trabajamos.

Lo mejor es que Chime promete un uso muy intuitivo con una interfaz sencilla: a la izquierda  tendremos los contenidos de los demás chats. En la parte superior estarán los accesos directos a las opciones clave.

En definitiva, una propuesta que quiere aunar lo mejor de propuestas ya existentes como Slack, HipChat o los antes nombrados de Google y Microsoft. ¿Cuál se impondrá?

AT&T, un nuevo gigante tras la compra de TimeWarner

Una vez más, las nuevas tecnologías han sacudido un mercado. En este caso, las nuevas plataformas de distribución de contenidos audiovisuales están obligando a las compañías “tradicionales” de comunicaciones y a los generadores de contenidos a transformarse para sobrevivir. Y uno de los mejores ejemplos lo vivimos la semana pasada cuando TimeWarner, uno de los principales productores de cine y televisión decidió ponerse en manos de AT&T, un poderoso aliado por su control del mercado de acceso a internet así como de contenidos por cable.

TimeWarner llevaba tiempo buscando un acuerdo grande que le permitiera consolidar su futuro a pesar de la presión de la competencia (generadores de contenidos como Netflix) y de su deuda (de más de 24.000 millones de dólares). Jeff Bewkes, su CEO, había dejado entrever en varias ocasiones que estaba dispuesto a escuchar una oferta justa. Y parece que la de AT&T que valora a la histórica empresa en más de 85.000 millones de dólares lo es.

Sobre todo porque la operadora también se hará cargo de la deuda además de pagar una buena parte en efectivo a los accionistas y otra parte en acciones de la nueva empresa resultante. El otrora monopolio (mejor dicho, parte de monopolio) se defiende de esta forma de tecnológicas como Apple o Alphabet que llevan tiempo mostrando su interés por conseguir una empresa de contenidos para sus plataformas. De hecho, la empresa de la manzana ya se acercó hace unos meses a TimeWarner.

La concentración parece un sino al otro lado del Atlántico como también demuestra la compra de NBC Universal por parte de Comcast. Lo más llamativo es que la compra actual tiene un precio que muchos analistas han catalogado de desproporcionada ya que hace solo dos años la misma directiva rechazó una fusión con 21st Century Fox cuando Rupert Murdoch ofrecía 85 dólares por acción.

De momento, aunque no se espera que los otros tres grandes actores antes nombrados muevan ficha, el mercado queda a la espera de nuevos movimientos para hacer frente a este nuevo gigante que ahora se postula como el segundo operador estadounidense, y el primero transversal que será capaz de ofrecer conexión a la red y contenidos para ser disfrutados sobre cualquier soporte. De esta forma, la centenaria empresa cierra el cambio que inició cuando hace un año adquirió el proveedor de televisión por satélite DirectTV.

Cada año AT&T gestiona una cartera de 25 millones de suscriptores muy por delante de Comcast y, ahora, Charter Communications que acaba de adquirir TimeWarner Cable, otrora filial de AOL Time Warner. Este proceso de consolidación contrario a la ruptura del monopolio de comunicaciones hace tres décadas busca protegerse del enorme crecimiento que están viviendo propuestas como Amazon o la propia Netflix, mucho más baratas que las demás ofertas y con la misma calidad.

El último paso pendiente es que los reguladores aprueben el movimiento. Hace unos años AT&T ya se vio obligada a deshacer una operación de compra de T-Mobile USA lo que le obligó a buscar otras alternativas para seguir creciendo. De momento, uno de los principales escollos a la operación sería la elección de Donald Trump como presidente quien ya ha advertido que no tolerará compras como esta que debilitan la competencia y, por tanto, van en contra de los intereses de los consumidores finales.

Según el republicano, “dejan demasiado poder en pocas manos y destruyen la democracia”. Los mercados parecen haber respondido bien al anuncio y AT&T subía su valor de mercado hace unos días por encima de los 230.000 millones de dólares a pesar de que su apalancamiento supera los 140.000 millones después de la compra de TimeWarner, absorber su deuda y el pago de 48.500 millones de la adquisición de DirectTV.

Chromecast Ultra, VR y Home, las otras novedades de Google

Si hay algo que Google ha dejado siempre claro a sus competidores es que el móvil es solo uno de sus mercados y que ellos buscan un ecosistema mucho mayor en el que todos sus servicios completen un gran puzzle potenciados por su inteligencia artificial. Hace unos días los medios centraron el foco en los nuevos Pixel pero hubo otras novedades igual de relevantes y, sobre todo, igual de útiles a la hora de convertir en inteligentes nuestros hogares.

Chromecast es uno de sus productos estrella y ha recibido una importante actualización: ahora es capaz de enviar contenido 4K, HDR10 y Dolby Vision a nuestras pantallas y, en caso de que estas no sean compatibles, se encarga de optimizar al máximo el color y la calidad de imagen. El Ultra es hasta 1,8 veces más rápido a la hora de enviar vídeo. Además, incorpora un puerto Ethernet para aquellos que no disfruten de una experiencia WiFi satisfactoria. Su precio, por cierto, sube hasta los 79€.

Compatible con iOS, Windows y, por supuesto, Chrome y Android, Chromecast hará muy buena pareja con otra de las novedades que presentaron los de Sundar Pichai: Home.

Siguiendo con su intención de estar en nuestros hogares, y apoyados por las mejoras de Google Assistant (que cada vez es más diferente entre usuarios gracias a su capacidad para contextualizar), han lanzado su propia versión de Amazon Echo, uno de los productos más exitosos de la empresa de Jeff Bezos.

La idea es que solo con la voz se pueda controlar el ecosistema Google: desde el termostato hasta poner alarmas, pedir ver algo en la televisión, pedir un taxi, escuchar música o mandar un mensaje -colaboran con ella MyTaxi, Pandora y WhatsApp-. La misma inteligencia artificial que ha hecho dar un salto enorme a Fotos y que tan bien han recibido los usuarios es ahora el cerebro que pretende hacernos la vida más fácil sin ser intrusivo.

Precisamente esa IA es la misma que forma parte de Allo, la plataforma pensada para hacer la competencia a WhatsApp y Telegram y una de las pocas manchas en el historial de la empresa del buscador. Si bien es cierto que la distancia en número de usuarios resulta insalvable, saben que si consiguen una tasa de éxito similar a la que tiene Apple con iMessage conseguirán atraer a mucha gente de su ecosistema, aparentemente abierto.

Para el final quedó la realidad virtual. Sabedores de que es ajena para muchos usuarios que no tienen claro si deben o no invertir dinero en unas Oculus o similares, han seguido la estela de Cardboard a la que alabaron: “han hecho una gran trabajo. Para ser una caja de cartón es impresionante, pero sabe a poco”. Y a continuación llegó Daydream, su plataforma de realidad virtual en alta definición.

Además, cuenta con una ventaja que no tienen muchos de sus rivales, un sencillo mando -nos recuerda también a cierto mando de la competencia- que de una forma muy intuitiva permite gestionar contenidos en la “otra realidad”.

El golpe de efecto es que nace con una potente tienda de aplicaciones en la que no faltarán cabeceras como The New York Times, Hulu, Netflix, CNN, la NBA o The Wall Street Journal. Parece que solo queda una batalla en la que plantar cara de una forma solvente, la de los wearables, pero conociendo a Google, es solo cuestión de meses que presenten algo mucho más que relevante.

TV en streaming, ¿el fin de la televisión de pago clásica?

Sí, la gráfica se refiere a Estados Unidos, un mercado especial y muy diferente al nuestro por la facilidad con la que crea nuevas tendencias y, sobre todo, por la facilidad con la que las adopta, pero también es cierto que, tarde o temprano -habitualmente más bien tarde por estos lares- lo que ocurre allí acaba trasladándose aquí.

Y las cifras con claras: si en el segundo trimestre de 2015 había más personas suscritas al cable que a cualquier servicio de pago en Estados Unidos, ahora la subida de los servicios en streaming es tan marcada como la caída de los servicios clásicos. ¿Por qué? Porque han modificado nuestro comportamiento y han alterado por completo, el uso que le dábamos a la programación de la televisión “tradicional”.

Del mismo modo que las plataformas bajo demanda de música ha hecho que la forma en la que  la consumimos -radio incluida- haya cambiado irremediablemente y que desde los artistas hasta las distribuidoras hayan tenido que modificar la forma en la que llegan hasta nosotros, los contenidos multimedia como las series y las películas están ante el reto de averiguar cómo queremos visionarlas.

Si el primer paso fue la opción de grabar contenidos en los decodificadores para visionarlos más adelante cuando quisiéramos, ahora la demanda de personalización va más allá. Buscar un capítulo de cualquier serie en nuestra aplicación de nuestro dispositivo móvil en una app (el ejemplo que todos tenemos en la cabeza es la omnipresente Netflix) para pasarla a nuestra smart TV o al adaptador que convierte el televisor en un panel inteligente.

De esta forma, igual que los soportes físicos se resienten por sus limitaciones (desde el espacio que ocupan hasta la obligación de ver un contenido mediante un reproductor) la posibilidad de ver lo que queramos, cuando queramos y donde queramos es una tentación demasiado grande para tener que depender de cuándo un canal decide ponernos una nueva “dosis” de nuestra serie favorita.

Y la migración ya ha empezado: a los clásicos Netflix, Hulu o Amazon Video se suman iniciativas como HBO Premium y Showtime. Y a estos hay que añadir la entrada de nuevos proyectos aún en ciernes como Apple TV que ha cambiado completamente su hardware para repetir el éxito de Apple Music gracias a su total integración en el ecosistema de la manzana -incluido Siri-.

El cambio se ve también por edades: el filón de clientes de la televisión de pago clásica al otro lado del Atlántico son los usuarios “mayores”. Aquellos que aún ven con recelo las nuevas tecnologías o que, simplemente, no tienen ganas de entrar en una curva de aprendizaje mucho más sencilla de lo que ellos piensan. Por si acaso, las plataformas clásicas ya están manos a la obra lanzando sus propias soluciones en streaming para retener a los clientes del futuro: los jóvenes que hoy en día no entienden el consumo de prácticamente nada si no ha pasado antes por su smartphone.

En cuanto a los contenidos, cada vez es más diverso. Desde lo que les producen terceros hasta series propias o fichajes de relumbrón (el equipo de Top Gear que salió espantado de la BBC ahora trabaja para Jeff Bezos). Una forma de atraer a los televidentes más tradicionales y apuntalar la sed de contenidos personalizados de una nueva forma de consumidores.

China, ¿un universo paralelo en internet?

El mundo está más “unificado” que nunca (vayamos más allá del término económico, globalizado). Las tecnologías de la información se antojan -internet mediante- como un puente indestructible entre cualquier emisor y receptor del planeta. La primavera árabe es, probablemente, el ejemplo más social que hemos visto en este siglo. Sin embargo, más allá de este paradigma que nos venden las grandes firmas de Silicon Valley, la realidad indica que hay regiones del planeta en el que su forma de entender las redes y la tecnología es diametralmente opuesto al occidental.

El mejor ejemplo de lo que hablamos es, sin duda, China. El mercado más deseado por las empresas capitalistas. Un mercado con más de mil millones de clientes potenciales donde la publicidad -eje de los ingresos de Google y Facebook, por ejemplo- adquiere cifras mareantes. Donde hacerse con un 1% más del mercado -caso de Apple- dispara los beneficios y donde fidelizar clientes que compren en nuestra tienda (el sueño de Jeff Bezos) sacaría a Amazon de las pérdidas constantes.

El sistema de censura promovido por las autoridades de Pekín durante décadas se tradujo en una suerte de intento de poner puertas al campo (internet) y ante la imposibilidad de esta tarea se creó un mercado paralelo multimillonario de compañías “equivalentes” a las californianas.

Carlos Otto, de El Confidencial, hizo hace unos días un resumen perfecto de las principales empresas chinas en todos los ámbitos donde hay un gigante intocable en occidente. Equivalentes perfectos en el gigante asiático de Facebook, Twitter, Amazon, Youtube y Google.

El ejemplo más claro de equivalencia es, sin duda alguna, Baidu. El gran portal a la red de redes en China tiene un motor de búsqueda a la altura de los de Mountain View, Yahoo! o Bing. ¿Cuál es entonces la diferencia? No hay ningún contenido en él que atente contra los intereses del gobierno del país. Sin embargo, lo que hizo famoso al buscador fue la demanda que multitud de discográficas interpusieron contra la empresa porque ofrece búsquedas directas a archivos (y descargas) musicales. El Alto Tribunal de Pekín la protegió porque las descargas se hacen desde webs de terceros. El gran rival de Google cotiza incluso en Nasdaq donde es un valor recomendado y donde exhibe su fuerza en su mercado doméstico.

Como bien explica Otto, la vida digital china va mucho más allá del buscador. Weibo personaliza la evolución digital de la sociedad del país. Después de los disturbios de Urumch, Pekín se decidió a bloquear el acceso a ciertas redes sociales. Twitter, cómo no, fue una de las primeras. El resultado fue el nacimiento de esta plataforma de microblogging de la mano de SINA Corporation. Prácticamente calca a la red del pájaro azul: 140 caracteres por mensaje y más de 300 millones de usuarios que están continuamente bajo la lupa del censor. Todo este músculo de usuarios también la hace cotizar con éxito en Bolsa.

Y donde se puede copiar Twitter se puede copiar Facebook. Su nombre es Renren y su parecido con Facebook y todas sus herramientas es insultante. Solo hay algo en lo que no le hace sombra a los de Mark Zuckerberg: sus 160 millones de usuarios no están lejos de los más de 100 de sus dos rivales. El primero es Kaixin001 y el segundo Pengyou, una evolución desde un servicio de mensajería instantánea. Ninguno de ellos ha conseguido el éxito de Weibo y se han acabado compartimentalizando y buscando usuarios diferentes. Sin embargo, cualquier red social “minoritaria” occidental haría lo que fuera por conseguir sus clientes.

Un caso aparte parece Youku. Sobre el papel es el Youtube chino pero en la práctica lleva tiempo permitiendo a sus usuarios colgar vídeos de la duración y calidad que deseen y más allá de los vídeos domésticos han creado una plataforma que crece incesantemente dentro y fuera de china gracias a contenidos como películas o programas de televisión que hacen asociados con una cadena nacional.

El último caso que resalta el periodista de Teknautas es el de Alibaba. Es el mejor ejemplo de empresa que se ha “externalizado” desde China. Su salida a Bolsa es la mayor OPV de la historia (obtuvieron 25.000 millones de dólares). Sus acciones desde entonces crecen de forma sostenida y fiable gracias a su continua expansión por todos los mercados. Es cierto que Amazon sigue siendo la referencia en todo el mundo, pero también lo es que Alibaba crece mucho más rápido y que es el único rival al que Bezos teme (y con razón).

Nosotros añadiríamos más ejemplos como WeChat, el servicio de mensajería instantánea desarrollado por Tencent QQ que se ha convertido en el estándar absoluto en las comunicaciones del país. Incluso como identificador en las relaciones empresa-cliente de casi todos los ámbitos del mercado. Su evolución tecnológica es similar a la de Youku ofreciendo posibilidades que a día de hoy la referencia occidental (WhatsApp) no tiene. ¿Su talón de Aquiles? Ha sido puesta en cuarentena en multitud de ocasiones por ser la plataforma de lanzamiento de decenas de contenidos con spyware y malware.