Microsoft, adiós a los móviles

 

Por fin llegó el momento. Después de mucho tiempo (demasiado) intentando hacerse un hueco en el mercado -totalmente dominado por Android en número de dispositivos y por iOS en beneficios- ha caído otro contendiente del mercado móvil. Primero fue Symbian, luego BlackBerry OS y ahora el turno es para Windows.

Hace pocos días Microsoft anunciaba que el desarrollo de su plataforma móvil (tanto software como hardware) ya no es “prioritaria” para la estrategia de la empresa y que, por lo tanto, quedaba sin nuevas actualizaciones (que no soporte de seguridad). Incluida la última con Windows 10 que, en palabras de Satya Nadella, era la primera en unificar de una forma real el universo móvil y el de los ordenadores.

Lo más sorprendente es que el anuncio se hizo de una forma muy poco habitual. Joe Belfiore, responsable de la plataforma, respondía de forma tajante a una pregunta a bocajarro en Twitter: “¿Ha llegado la hora de abandonar la plataforma Windows Mobile?”. Belfiore explicaba que “depende del usuario que fuera” y que Microsoft ya no iba a “desarrollar más software ni hardware” porque “no entraba en sus planes”.

Las cifras hablaban por sí mismas: tan solo el 0,3% de los usuarios estadounidenses (su mercado doméstico) la utiliza. Esto viene además, acompañado de un serio toque de atención para la empresa en las últimas estadísticas. En el último lustro Windows ha pasado de estar activo en 1.500 millones de dispositivos a poco más de 1.000 millones. Actualmente hay más equipos en el mundo que trabajan con iOS a los que hay que sumar otros 300 millones que usan macOS. ¿El mundo al revés?

Si no lo es, sí que es un mundo bastante irónico. En 2007 el dominador absoluto del mercado era Nokia. Sin embargo, entre los profesionales BlackBerry dominaba y Microsoft se mostraba como una alternativa real en un mercado que demandaba más movilidad y menos dependencia de los ordenadores de sobremesa (ni siquiera se soñaba con ultrabooks o tabletas).

Sin embargo, ese mismo año Apple, una empresa que había resucitado gracias a sus iPod, presentaba un dispositivo bastante rompedor para el gran público que algunos no se tomaron muy en serio. Entre ellos estaba Steve Ballmer, CEO de la empresa, quién ridiculizó el iPhone porque “nadie querría un teléfono sin botones” con un “precio desorbitado”.

Aunque en menos de un lustro Microsoft se había quedado completamente fuera de juego, nunca dejó de intentar hacerse con un trozo de mercado que anclara su dominio en los equipos de sobremesa y portátiles ante un mundo que giraba irremediablemente hacia la movilidad y las aplicaciones.

El problema, como reconocía el propio Belfiore, es que aunque han intentado incentivar el desarrollo de su plataforma (incluso pagando a terceros para que crearan aplicaciones o desarrollando ellos su ecosistema) los principales actores del mercado nunca han querido perder su atención en iOS o Android. Una plataforma sin aplicaciones está condenada a ser abandonada por los usuarios. Pero es que una plataforma sin usuarios no es rentable para que los desarrolladores generen contenidos.

La estrategia ahora es una suerte de Caballo de Troya en la que los usuarios de los dos sistemas operativos de éxito decidan disfrutar del uso de programas de Microsoft en sus iPhone, Galaxy, Xperia y compañía. Office 365 se antoja como una gran oferta con un precio competitivo para aquellos que quieren una experiencia ofimática más completa (o al menos tradicional) que en sus equivalentes de Apple, Google o freeware. La batalla de la movilidad por ahora solo queda con un actor para la empresa: las Surface que sí están teniendo éxito. Al menos mucho más que el de sus primos smartphone.

Pixel 2 y Pixel 2 XL, Google gana personalidad

 

Son tiempos complicados para Google (en el mercado de telefonía). Parte de sus fabricantes viven una revolución -es habitual encontrar pequeños intentos de Samsung por imponer Tizen-, otros ofrecen lo mismo que sus dispositivos -Nokia tiene hasta cuatro terminales Android puro– y Apple sigue robándole el protagonismo (y los beneficios del conjunto del mercado) con una imagen de marca casi intocable.

Sin embargo, Google siempre ha demostrado una capacidad indiscutible para superarse y para sorprender al mercado así como de crear tendencias. Y parece que los nuevos Pixel son el mejor ejemplo de todo lo anterior.

Lo primero que llama la atención de ambos modelos es su experiencia de usuario. Por el momento, parece que solo la casa matriz consigue sacar un rendimiento sobresaliente de su sistema operativo. Y la causa no solo es el hardware.

Ambos modelos cuentan con el mismo procesador Qualcomm Snapdragon 835, 4 GB de RAM, 64 o 128 GB de almacenamiento, pantalla pOLED (4K en el XL y Full HD en el “normal”), cámaras traseras de 12,2 Mp -que por cierto, prescinden de la doble cámara para su particular modo retrato-, cámara frontal de 8 Mp, así como mismos puertos, sensores, y conexiones inalámbricas. Podemos decir que salvo el panel y la capacidad de la pila (6″ para el XL y 5″ para el pequeño) son hermanos gemelos.

La gran diferencia, no obstante, reside en el diseño. Así, mientras que el XL sigue las tendencias de los LG G6 (por cierto, su fabricante y primo más cercano), Samsung Galaxy S8, iPhone X y compañía de no tener marcos en el frontal, el Pixel 2 tiene unos bordes arriba y abajo que recuerdan a los de los Sony Xperia y iPhone convencionales.

Aún así, ambos son ligeros, con buenos materiales -aluminio y cristal-, ergonómicos y transmiten sensación de robustez. Un gran avance que ya comenzó en la primera generación (no era el punto fuerte de los Nexus) y que ahora justifica más que nunca su precio -muy alejado también de los Nexus-.

Como hemos dicho, la optimización para Android 8 es, sencillamente, sublime. El rendimiento es superlativo y la fluidez solo está al alcance del iPhone (lo sentimos por otros fabricantes pero sus capas de personalización hacen torpes a sus modelos en comparativa con ambos por mucho hardware que le pongan).

El asistente de Google (todo su arsenal de inteligencia artificial y aprendizaje de uso) brilla sobremanera. Lo mismo que las pantallas -que en el XL tiene una resolución espectacular- o las cámaras que ofrecen resultados mucho más que notorios a pesar de la teórica “tara” de tener solo una cámara (incluso Samsung ha apostado por dos en el Note 8). Solo el modo retrato -que pudimos probar de pasada- languidece respecto al original de iOS. Si bien es cierto que este no hemos podido trastearlo tanto como en el iPhone.

El sonido de los altavoces estéreo también es muy bueno. Mucho mejor de lo que estamos acostumbrados en dispositivos de este tipo. Sobre todo en el Pixel pequeño en el que se colocan a la altura de los de Sony (la referencia en este apartado). Por cierto, a aquellos que criticaron a Apple -o a la propia Sony- por deshacerse del jack de 3,5 mm, malas noticias: también prescinde de este puerto y apuesta o por el USB TypeC o por los sistemas bluetooth.

En resumen, un terminal que no será barato (el XL, por ejemplo, empieza en 959 en la web de Google) pero que promete dar un rendimiento sobresaliente gracias a un hardware optimizado. La versión de 5 pulgadas, fabricada por HTC -recién absorbida por la propia empresa de Mountain View- se antoja como una opción perfecta para todos los que quieran un Android de tamaño contenido y el XL como la mejor opción para los que quieran el tope de gama más potente de la plataforma. No cuenta con un diseño tan rompedor como otros rivales pero, si cuando lo probemos en profundidad rinde de forma parecida a la prueba inicial, volverá a marcar tendencia.

Sony Xperia XZ Premium

No es un superventas. No es el favorito de los analistas y tampoco el teléfono Android por excelencia. Sin embargo, los Xperia Z (en este caso XZ) siempre han sido unos de nuestros favoritos gracias a su calidad de construcción, su potencia, su equilibrio y, sobre todo, su fiabilidad. Uno de los pocos que es fiel a su lenguaje de diseño y que es fácilmente diferenciable en la gigantesca oferta de smartphones de lujo de la plataforma de Google.

Hace pocas semanas los japoneses presentaron su último XZ Premium, un modelo llamado a ser el tope de gama de la casa y además, el más diferenciado de todos los “tops” del mercado. Para ello han utilizado la receta de sus rivales y unos ingredientes que suelen ser los mejores del mercado: sus pantallas y cámaras.

En la mano, su diseño es inconfundible. Lleva siéndolo desde el primer Xperia Z: mismas líneas, mismos controles físicos, misma sensación de solidez, casi las mismas dimensiones. Todo en él recuerda a su “estirpe” aunque todo en él es nuevo. Es cierto que siempre se implementan mejoras en forma de mejores materiales, más resistentes y ligeros, mejores componentes y más ergonomía. Sin embargo, este producto es icónico y nadie lo confunde en el mercado con sus rivales.

Como siempre, tanto la trasera como el frontal son todo cristal. En este caso Gorilla Glass 5. El metal queda reservado a los bordes superiores e inferiores y el plástico solo hace acto de presencia en los bordes laterales. No obstante, su gran calidad y su tratamiento lo hacen pasar sin problemas por metal noble.

Todo ello lo hace muy cómodo en la mano. Fácil de coger y manejar y muy resistente. Cuenta con certificado IP68 que permite sumergirlo en el agua hasta hora y media. Eso sí, el propio fabricante recomienda no hacerlo o no al menos, con alguna ranura abierta.

Cuenta con un puerto USB 3.1 y un jack de 3,5 milímetros así como con ranura de expansión para microSD, tarjeta nanoSIM y un botón físico para la cámara lo que redunda en un diseño que parece atemporal para lo bueno y para lo malo: tiene el peor ratio de pantalla/tamaño del mercado junto con los iPhone Plus y su peso se va hasta los 195 gramos. Para los que estos sea un hecho diferencial que descuiden, no se siente nada pesado en la mano.

Por cierto, el sensor de huellas tiene una ubicación inesperada: se encuentra en el lateral y, sorprendentemente su funcionamiento es notable. No es el más rápido del mercado pero no falla a la hora de desbloquear el dispositivo casi nunca.

Todo esto se olvida cuando miramos a su pantalla IPS 4K con tecnología TriLuminos y X-Reality heredadas de su experiencia con televisores y que cuenta con una diagonal de 5,5 pulgadas y una resolución de 800 ppp. Una barbaridad. ¿Se nota en el día a día respecto a una 2K? No. ¿Se nota cuando vemos contenidos multimedia compatibles como Netflix? Sí. La diferencia es abismal y ninguna de las que hemos podido probar hasta ahora le hace sombra. Además, su trabajo con contenidos VR es sencillamente brutal. Muy lejos de lo que ofrece su rival más directo: el Galaxy S8.

Solo el contraste, de 550 nits, se queda lejos de las pantallas AMOLED. Sin embargo, los colores son igual de naturales y su demanda energética es ostensiblemente más baja. Y esto es importante cuando se hace dupla con el procesador Qualcomm Snapdragon 835 acompañado de una GPU Adreno 540 y 4 GB de RAM.

En el día a día es de los equipos más fluidos del mercado y no tiembla aunque le exijamos el máximo de potencia gracias al equilibrio de la última versión de Android. La batería de 3230 mAh que nos permiten un uso continuo de 11 horas. Mucho más de lo que hará la mayoría de la gente y suficiente gracias a la sobresaliente gestión energética del conjunto. Además, el sistema de carga rápida QuickCharge 3.0 a buen seguro ayudará a sus propietarios a salir de más de un apuro.

A todo esto hay que añadirle la experiencia fotográfica de Sony: la cámara superlenta es maravillosa pero las tomas predictivas son el factor diferencial respecto a la competencia. El sensor Exmor RS de 19 Mp cuenta con un chip de memoria integrado que le permite una mejor gestión de las imágenes y ser mucho más rápido a la hora de captar contenidos.

En definitiva un modelo sobresaliente para aquellos que buscan un equipo Android de gran capacidad, buena gestión de las imágenes y, sobre todo, algo realmente diferente ante la oferta estandarizada china y la poca diferenciación de la gama alta de LG y compañía.

Nokia 8, un retorno prometedor

A finales de 2016 se anunció la vuelta de Nokia. Una empresa antaño dominadora del mercado móvil que cayó en desgracia por una serie de malas decisiones y que fue finiquitada por sus patentes de malas formas de la mano de Microsoft. Su vuelta vino de la mano del Nokia 6, un gama media-alta que dejó frío a muchos; se consolidó con los Nokia 3 y 5 presentados en el pasado MWC y ahora se rubrica con el Nokia 8, un modelo llamado a plantar cara a los tótem del universo Android.

Un modelo que debe respetar algunas tradiciones de las anteriores generaciones (sí, apuesta por la fotografía y las ópticas Carl Zeiss) pero que tiene mucho trabajo para destacar en un mercado saturado y, sobre todo, para no caer en los errores de los antiguos Lumia que pusieron los últimos clavos en el ataúd de los finlandeses.

Como era de esperar -rumores mediante- en su interior trabaja el potente Qualcomm Snapdragon 835 que ya encontramos en otros modelos de la competencia como los Galaxy S 8 de Samsung. Le acompañan 4 GB de RAM y 64 de almacenamiento ampliables mediante microSD. Todo ello debería ser más que suficiente para mover muy rápido Android 7.1.1. Sobre todo porque los “lapones” han apostado por no poner ninguna capa de personalización sobre el sistema operativo.

La conectividad es sobresaliente: USB 3.1, minijack, WiFi de doble banda, LTE Cat 9 y sistema de carga rápida Qualcomm 3.0. Algo que, de antemano, parece necesario por los escasos 3090 mAh de la batería. Y decimos escasos porque tendrán que alimentar una pantalla QHD.

Como decíamos antes, para la óptica ha apostado por trabajar con Carl Zeiss. Aunque por primera vez lo hacen con una doble lente, estándar casi obligatorio en los gama alta desde hace unos meses. Se trata de la suma de un sensor RGB de 13 Mp con uno monocromo de 12 Mp. El primero cuenta con estabilizador óptico, una apertura f/2.0, un ángulo de visión de 76,9 grados, enfoque con detección de fase y flash de doble tono.

Para dar un toque diferente a las posibilidades multimedia estrenan los vídeos Dual Sight: se graba a la vez con la cámara delantera y trasera. El resultado, un vídeo partido en dos mitades simultáneas con puntos de vista enfrentados recibe el nombre Boothie. Todo ello con un sistema de audio envolvente gracias al empleo de tres micrófonos.

La cámara delantera tiene una resolución de 13 Mp con una apertura f/2.0 enfoque con detección de fase y flash mediante la pantalla. Todo encajado en un chasis de aluminio unibody con unos marcos prominentes -no se han sumado a la moda sin marcos iniciada por LG-  y una pantalla con una diagonal de 5,3 pulgadas. El conjunto, por cierto, tiene unas medidas bastante contenidas.

El panel QHD tiene un brillo de 700 nits y una protección Gorilla Glass 5 con terminación 2.5D que deberían garantizar mucha resistencia al cristal. La estructura del smartphone le ha otorgado el certificado IP54 de resistencia a salpicaduras pero no a inmersiones.

La única incógnita que queda es el precio de este nuevo equipo. Hasta ahora la empresa se ha caracterizado por precios contenidos en su nueva etapa. Ya no son los líderes y el precio hay que “ganárselo” al igual que los clientes. Los rumores indican que la cifra no debería superar por mucho los 500 euros. Eso lo haría francamente atractivo gracias a su apuesta multimedia y a un Android limpio. La duda es si será capaz de romper los pruritos del mercado.

Por el momento echamos de menos un certificado IP68, certificados Dolby 6 -similares a los que tuvieron algunos Lumia- o carga inalámbrica: añadidos de los tope de gama Android que por presión de un mercado saturado están bajando de precio.

Bilbo VR, Bilbao como nunca la habías visto antes

Nadie duda del potencial de Bilbao como referencia turística en el arco atlántico europeo. Una ciudad reinventada en la que la industria pesada ha dejado paso a hoteles de cinco estrellas, museos de renombre internacional, edificios de alto valor arquitectónico, restaurantes de primer orden y actividades lúdicas y deportivas que atraen cada año a millones de turistas que quieren empaparse de lo mejor que ofrece la Villa.

Historia, tradición, innovación, cultura, gastronomía y naturaleza ofrecen un cóctel ganador que hace que el sector esté en un periodo de pujanza histórica. Y, como ocurre con la reconversión de la capital, el turismo también quiere llevar la vanguardia por bandera como factor diferencial respecto a lo que ofrecen otros destinos.

En este contexto, la cooperativa tecnológica Binary Soul ha desarrollado con el apoyo de la Diputación Foral de Bizkaia y el Ayuntamiento de Bilbao una aplicación móvil de realidad virtual que permite experimentar con los lugares más emblemáticos de la Villa como si se estuviera in situ.

Con tan solo un smartphone (es compatible con iOS y Android) y unas gafas cardboard (es compatible con otros dispositivos VR pero estos se caracterizan por su bajo coste, perfectas para turistas) se puede acceder a una docena de emplazamientos imprescindibles: la Plaza Nueva, la Catedral de Santiago, el Mercado de la Ribera, el Teatro Arriaga, la Alhóndiga, San Mamés, el Palacio Euskalduna, el palacio de la Diputación Foral de Bizkaia, la Gran Vía, los museos Marítimo y Guggenheim, el puente Zubi Zuri y el Ayuntamiento.

Por cierto, para los que no quieran cargarse con un dispositivo más (las gafas), la aplicación implementa un formato táctil igual de eficaz y con una calidad de imágenes sobresaliente que hará las delicias de aquellos que quieran conocer más el entorno.

Cada uno de los puntos contará con al menos dos fotografías en 360 grados que permitirán visualizar el emplazamiento por fuera desde varios puntos de vista y el interior de aquellos lugares en los que esté permitido. Además, algunos tendrán una visión diurna y otra nocturna del panorama.

Por supuesto, todos los puntos de interés tendrán adjunta información en inglés, castellano y euskara y con el paso del tiempo irá implementando nuevos emplazamientos de interés turístico, histórico y cultural que quieran sumarse a este catálogo.

La aplicación, ya disponible en las tiendas de aplicaciones para iPhone y Android, tendrá uno de sus momentos estrella durante la próxima Aste Nagusia 2017 en la que Iberdrola tendrá preparadas gafas VR personalizadas en su stand en colaboración con Bilbao Gozatu 360º. Además, varios comercios locales ayudarán a presentar rutas gastronómicas y culturales más desconocidas para los visitantes. En definitiva, una experiencia única para que propios y extraños veamos nuestra ciudad como nunca antes.