Apple Watch, dos meses con el Series 2

Para los amantes de los relojes el salto a los smartwatches es complicado. En el pasado he podido disfrutar de modelos automáticos y de cuarzo. Modelos de gama baja, media y alta y también de otros con gran carga tecnológica a pesar de ser modestos. He probado varios tipos de pulsómetros -también de diversas capacidades y calidades- y de relojes deportivos (del tipo FitBit). Incluso tenía personas cercanas que disfrutan de un Apple Watch de primera generación así como de otros dispositivos con otros entornos operativos.

Sin embargo, durante mucho tiempo me pregunté si realmente valía la pena realizar un desembolso considerable por una extensión del teléfono móvil… que seguía dependiendo en gran medida del mismo. Fue entonces cuando cayó en mi muñeca durante un periodo de tiempo bastante corto un Apple Watch Series 2. De golpe ganaba autonomía respecto al iPhone, permitía disfrutar del deporte sin restricciones -gracias al GPS, a su resistencia al agua y al enorme crecimiento de las aplicaciones especializadas en este campo, así como una gran mejora en la propia aplicación de watchOS para entrenar.

Guiado por una buena oferta del distribuidor y por las ganas de cerrar el ecosistema, me lancé a comprar el modelo de 42 mm con caja de aluminio gris. ¿Lo usaría lo suficiente? ¿Dependería demasiado del cargador? ¿Tendría un uso diario que hiciera que mereciera la pena? La respuesta dos meses después es contundente: sí. Una vez que se prueba un smartwatch con esta capacidad es muy complicado dar un paso atrás hacia los equipos analógicos. Por mucho lujo que nos regalen.

El Apple Watch es, sobre todo, versátil. Un accesorio tan inteligente como quieres que sea: permite tener “complicaciones” (esferas) de todo tipo para todo tipo de ocasión. La facilidad para cambiar sus resistentes correas lo hace totalmente adaptable sea cual sea el evento al que nos enfrentemos -da igual algo protocolario o un triatlón- y su estética aunque diferenciadora (un reloj cuadrado) cuenta con la esencia minimalista y elegante de cualquier equipo de los de Cupertino.

Más allá de permitirnos no tener que sacar el iPhone para nada del bolsillo (desde la gestión de aplicaciones de música, llamadas, Siri, recordatorios, agenda, mensajería, redes sociales hasta la cámara de fotos, entrenamientos deportivos, el tiempo, noticias, mapas, datos o pagar) el Apple Watch saca lo mejor de sí mismo cuando hacemos deporte.

No solo por la cantidad de disciplinas registradas y que entablan una relación perfecta con Salud, sino por su sencillez, la rapidez con la que ejecuta cualquier comando y la fiabilidad de sus medidores (la del GPS y la del pulsómetro sorprenden cuando se comparan con otros equipos, sobre el papel, más especializados).

Si a esto le sumamos el gran desarrollo que han vivido las aplicaciones dedicadas a la monitorización del sueño, por ejemplo, nos encontramos con un compañero perfecto para las 24 horas del día. Incluido sin por un pequeño descuido nos acompaña a la ducha. No es difícil que él mismo expulse el agua -aunque en ningún caso es recomendable ducharse con él- y su autonomía es sobresaliente. Incluyendo entrenamientos de 2 horas en el gimnasio doy fe de que su batería nos acompaña durante dos días sin descanso.

El factor diferencial, sin duda, es la gran mejora que ha vivido en los últimos tiempos watchOS. Es cierto que muchos dirán que para enfrentarse a una Spartan Race es mejor un Garmin Fenix. O que para un evento protocolario destaca más un Rolex Daytona. Sin embargo, dudo que estas sean actividades que hagamos a diario, dudo aún más que con su pertinente funda y la correa adecuada no vaya a soportar los rigores del barro y que, en el acabado de cerámica llame menos la atención que el reloj más deseado de los suizos.

Y es aquí donde se hace fuerte el reloj de la manzana (donde los de Samsung o LG, por ejemplo) han fracasado. Su diseño no lo hace una pieza solo para geeks. Hace la vida mucho más sencilla. Permite usarlo sin problema en cualquier escenario y todo lo que hace lo hace notablemente bien. Sobre todo si decidimos trabajar con las aplicaciones nativas de Apple. Asimismo, la facilidad para usarlos con otros dispositivos de terceros mediante Bluetooth es sorprendente. Enlazarlo con unos auriculares JayBird Freedom Sprint es un juego de niños. Conectarse a una WiFi ya memorizada por iCloud es automático. Compartir desde la muñeca es algo natural.

Una compra mucho más que recomendable salvo que se tenga una cara y abultada colección de relojes clásicos pues me temo que, como me pasó a mi, estos quedarán irremediablemente obsoletos cuando veamos que todos los demás solo dan la hora.

Hangouts, el enésimo proyecto fallido de Google

Google es, sin duda, una empresa diferente a todas las demás. Tiene un enorme potencial innovador y ningún miedo al sistema de prueba y error a la hora de poner en marcha nuevos servicios y plataformas. Eso le ha permitido dominar internet y otros mercados pero también le ha provocado sonoros fracasos.

Los sectores que más se le resisten, con mucha diferencia, son los de las redes sociales y la mensajería instantánea. Así, desde que intentó sin suerte que Talk fuera una aplicación preinstalada en todos los equipos Android, ha ido dando bandazos viendo como WhatsApp, Facebook o Telegram se han impuesto a sus servicios sin problema.

Ahora, Hangouts, su “penúltimo” servicio de mensajería parece condenado a desaparecer. A pesar de sus interesantes opciones -aprendieron bastante de Talk y quisieron crear algo que fuera mucho más adelantado a sus rivales- como las llamadas y videollamadas varios meses antes que su competencia, que la cuenta de usuario estuviera ligada a la cuenta de correo y no el teléfono hizo que muchas personas desconfiaran.

Google, incluso, integró los SMS en la aplicación. La idea era una única fuente de comunicación para el usuario pero, por desgracia, solo consiguió un caos en el que muchos nos sabían si se hablaba a través de internet o por el sistema clásico de principios de siglo.

La falta de apoyo por parte de los usuarios hizo que en el último Google I/O los de Mountain View lanzaran dos nuevas apps: Allo para la mensajería y Duo para las llamadas. Todo indica que debería estar integradas, sin embargo, la empresa del buscador triplicó las opciones y lo complicó todo aún más.

Ninguna de las dos ha tenido la repercusión que se esperaba de ellas. No vienen por defecto en los nuevos Android y no están destacadas en Google Play. Pero parece que, aún así, están abocadas a ser el futuro de la mensajería de Google. Porque Hangouts ya no soporta SMS y porque en el sector empresarial se ha dividido en Meet para videoconferencias y Chat para mensajería.

En definitiva, una herramienta que solo parece interesante para la filial corporativa G Suite de Alphabet y que debería dejar paso en un futuro cercano a Allo y Duo. El problema, sin embargo, es que con un mercado maduro en el que los usuarios parecen aplaudir la integración de servicios (Facebook Messenger, WhatsApp, iMessage y compañía), los continuos cambios de nombre y funcionalidades de cada app solo sirven para perder potencial frente a competidores mucho más maduros.

La duda que nos surge es que si, finalmente, Allo y Duo acaban integrándose, todo el trabajo que han andado con Hangouts y que ahora inexplicablemente desmontan, volverá a repetirse. Lo más seguro es que sigan intentando repetir la estrategia de la empresa de Zuckerberg o de Apple aunque no sepan si atinar hacia una herramienta o una red social. Un negocio millonario está en juego.

Apple, ¿toca redefinir la televisión?

Apple tiene un complicado reto: aunque el último trimestre fue el mejor de su historia, la empresa dirigida por Tim Cook tiene que demostrar que no ha sido una excepción navideña frente a la inercia de 2016. El mercado espera nuevos dispositivos rompedores (iPhone, iPad, iMac, etc.). Los accionistas esperan que pare su sangría en China -donde ha pasado a ser el cuarto fabricante- y que por fin encuentre una alternativa a su dependencia cada vez mayor de su smartphone. Y sus rivales esperan un nuevo producto con el que pueda abrir un nuevo mercado.

Sin embargo, cualquiera que se haya parado a mirar con detenimiento los resultados por departamentos de Apple habrá descubierto que ya hace tiempo que su gran apuesta, su producto rompedor, su esperanza de crecimiento, no es un dispositivo sino una plataforma. Con una base consolidada de más de 1.000 millones de equipos activos: los servicios son su esperada fuente de ingresos futura.

Después de la forma en la que iTunes cambió por completo la industria musical, la tecnológica quiere cambiar por completo el negocio de los contenidos multimedia. Así, aprovechando la mejora que ha vivido Apple Music en los últimos meses (ha pasado de ser una herramienta caótica a ser la opción de 20 millones de usuarios en todo el mundo) en abril se disponen a lanzar sus primeros productos propios para televisión.

Eddie Cue -uno de los directivos de referencia de la empresa-, explicó en el último Code Media organizado por el medio especializado Recode, que Planet of the Apps y Carpool Karaoke serán los dos primeros contenidos. El primero tiene como fin enseñar el mundo de los desarrolladores para potenciar la creación de aplicaciones y, por qué no, convertirlos en estrellas más allá de Silicon Valley.

Para ello han contado con famosos como Jessica Alba, Gwyneth Paltrow o will.i.am como mentores. La mecánica que han explicado recuerda poderosamente a la de Masterchef: los desarrolladores conviven en una incubadora y compiten por ir superando etapas. La prueba final será conseguir el beneplácito de un inversor de capital riesgo para que les dé la financiación necesaria para saltar al mercado.

El segundo, mucho más “comercial”, es una prolongación del programa de James Corden, en el que se comparte viaje en coche con un famoso. Ya han formado parte de las primeras grabaciones artistas de la talla de Alicia Keys y Will Smith (sí, le veremos cantar la banda sonora de “El Príncipe de Bel Air”.

El contenido de todos sus productos se distribuirá en exclusiva en Apple Music. Hasta ahora han trabajado con otras plataformas pero consideran que estas no ofrecen determinados tipos de programas y que ese espacio se puede cubrir desde su propia aplicación en streaming.

La estrategia de casi todas las tecnológicas a corto y medio plazo pasa por consolidar el vídeo. De esta forma, igual que las series y las televisiones ofrecen capítulos ellos pretenden hacer lo propio solo que a través de una app para que el consumo sea más intuitivo y sencillo. Además, el siguiente paso es que el contenido deje de ser unidireccional para ser interactivo y bajo demanda en todas las pantallas de un dispositivo Apple.

Es precisamente este espíritu el que ha hecho que la empresa haya descartado una posible adquisición de una plataforma de distribución de contenidos (tienen dinero en caja suficiente para hacerse con Netflix o casi cualquier otro rival). Según el propio Cue, es el paso natural: de la música, al streaming e incluso a radios. De las apps de contenidos a los propios contenidos. De aprender de los gustos de sus usuarios a través de iTunes, AppStore y Apple Music a crear lo que sus usuarios consumen y demandan. Algo, que ellos entienden como un crecimiento orgánico de la empresa.

Preguntados por uno de los grandes negocios que aún no se han posicionado en la nueva forma de consumir contenidos, la publicidad, la respuesta del directivo fue más ambigua. Si bien promete que no habrá anuncios (el mismo reconoció que se los salta salvo que sea un evento en directo) dice que el sector publicitario tendrá que innovar. No va a desaparecer (financia casi todo) pero realmente no puede imponerse a una audiencia que no quiere verlos.

Saben que el proceso de asentamiento será más lento que el de otros. Puede que similar al de los podcasts que aunque llevan años en su plataforma, es ahora cuando se postulan como un contenido imprescindible para millones de usuarios. Quieren hacerlo bien, sin las prisas que mostraron en Maps o Music. Y saben que tienen potencial y recorrido. Si atinan con los contenidos -hubo espacio para que Apple tomara parte de responsabilidad en las noticias falsas, por cierto- el mercado gana un actor de relevancia. ¿Redefinirán la televisión? Habrá que esperar para verlo.

AirPods, analizamos el periférico más polémico del año

Cada vez que Apple actualiza un dispositivo hay un debate enorme. O bien porque quita cosas (los puertos del MacBook Pro, por ejemplo) o bien porque hace evolucionar otras -¿un smartphone sin puerto de auriculares?-. No solo no han sido los primeros (el premio es para el Moto Z) sino que parece la evolución lógica en un fabricante que siempre ha apostado por unir sus equipos sin cables así como la de un mercado que exige periféricos (desde ratones a impresoras pasando por wearables) totalmente autónomos y portátiles.

Es por ello que cuando se anunció el iPhone 7 sin jack de auriculares y se presentaron los AirPods como evolución de los legendarios EarPods analistas, fanboyshaters y redes sociales se enzarzaron: ¿un dispositivo de casi 1.000 euros sin jack? -poco importaba que se incluyeran unos EarPods con conector lightning-, ¿un gasto extra de 179€ por unos auriculares inalámbricos? Además, su lanzamiento parecía demorarse semana tras semana lo que hizo que muchos sentenciaran que algo no iba bien.

Por eso vamos a analizar si realmente estos auriculares merecen la pena. Lo primero que hemos de barajar es cuánto tiempo dedicamos a escuchar música, televisión, podcasts, etc. en nuestro dispositivo. Si casi no lo hacemos es más que suficiente cualquier auricular con cable. ¿El motivo? La batería del smartphone nos durará mucho más y el coste de adquisición será nulo -todos los teléfonos vienen con un juego-. Si en cambio pasamos mucho tiempo disfrutando de las plataformas en streaming y cualquier otro contenido multimedia debemos tener en cuenta otros factores. Uno de los principales, la comodidad, es la que hace que cada vez más usuarios se decanten por auriculares bluetooth.

Si entramos dentro de ese perfil, ¿por qué motivo hemos de decantarnos por los AirPods en vez de por otros modelos que se venden incluso en la web de Apple? El primer punto a su favor es la integración. No existe en el mercado ni un solo periférico que tenga una integración mayor con su ecosistema que estos pequeños dispositivos.

Basta con abrir la caja de los AirPods para que se despliegue en la pantalla del equipo iOS o macOS un pop up con el icono de “conectar” que una vez pulsado nos vincula los auriculares a todos los dispositivos de nuestro ecosistema mediante iCloud. Eso significa que no tendremos que hacer nada para disfrutarlos con nuestro iPhone, iPad, iPod, iMac, MacBook, Apple Watch, etc.

Cualquier usuario del ecosistema Apple sabrá que el hardware no siempre es lo más importante. La visión de Steve Jobs se centraba en lo que la tecnología puede hacer por nosotros -y no al revés- y eso se traduce en que lo más importante es la sencillez de uso. Todo ha de ser intuitivo: por eso los AirPods dejan de sonar cuando nos quitamos uno de ellos, son capaces de saber si estamos utilizando uno o los dos (incluso si nosotros llevamos uno puesto y otra persona el otro) y, sobre todo, por Siri.

Es cierto que este año parece ser el año de Alexa, el asistente virtual de Amazon; pero también es cierto que a día de hoy ningún asistente por voz está mejor integrado con su ecosistema que Siri. No solo por cómo trabaja con aplicaciones nativas sino por su espectro de aplicaciones de terceros compatibles que no paran de crecer. Mapas, FaceTime, música, deporte… todo al alcance de nuestra voz de una forma mucho menos geek que hablar con nuestro teléfono o nuestro reloj.

Y, una vez más, volvemos al mundo sin cables que la empresa de la manzana lleva años planificando: gracias a la evolución de watchOS, la suma Apple Watch más AirPods se antoja definitiva. Incluso cuando practicamos deporte. Es cierto que no son resistentes al agua pero también lo es que su diseño hace que sean mucho más seguros de lo que parecen -es prácticamente imposible que se caigan mientras corremos o andamos en bicicleta, por ejemplo-. Eso nos permite gestionar nuestra actividad, cómo nos desplazamos y la música que oímos (con Apple Music la integración es aún mayor) sin necesidad de sacar el iPhone del bolsillo… o de casa.

¿Tienen handicaps estos AirPods? Por supuesto. El primero, como suele ser habitual en casi cualquier equipo de Apple, su precio. 179€ es un precio respetable no solo para unos auriculares, sino casi para cualquier accesorio (hay smartphones que valen menos). Sobre todo porque la calidad de audio no es la mejor del mercado. Hay auriculares por ese precio mejores. Si bien es cierto que todos los auriculares inalámbricos bajan mucho su calidad de sonido respecto a sus equivalentes con cable y el salto no es exponencial respecto a la competencia. Sobre todo porque se trata de auriculares intraauriculares y no de equipos externos mucho más voluminosos y con mejores sistemas de cancelación de ruido.

Apple ha implementado en los AirPods la tecnología beamforming que se centra en mejorar la voz y en cancelar ruidos externos para dar uno sonido más nítido. El problema es que, a falta de nuevas actualizaciones del software del chip W1 no se aplica mientras escuchamos música y solo lo hace con las llamadas.

El sistema de carga es también muy intuitivo: se carga la caja donde se guardan y esto hace que siempre que estén en ella sumen autonomía. La caja se carga gracias a un puerto lightning convencional y en muy poco tiempo (poco más de una hora) dan una autonomía de más de seis horas para los auriculares. El sistema de carga rápida garantiza tres horas de autonomía en tan solo 15 minutos “enchufados”.

Por cierto, para los que piensen que es fácil perderlos (son muy pequeños), ya hay una aplicación iOS que permite saber dónde está el AirPod extraviado. ¿Y si tienes un equipo Android? Aunque no todo funciona tan fluido como con el iPhone, siguen contando con un excelente sistema de carga, un sonido cálido centrado en los medios y un buen puñado de funciones que por ahora la competencia no solo no tienen sino que ni se le acerca -los más parecidos son los PowerBeats 3… también de Apple-.

MacBook Pro, mejorando lo presente

Si al principio de la semana os presentábamos las novedades de la conferencia de Microsoft la semana pasada ahora le llega el turno a los nuevos MacBook Pro 2016, protagonistas del evento que Apple tuvo el pasado día 27. Coincidiendo con el 25 aniversario del primer portátil de la empresa se renovaron por completo los más prestigiosos de su catálogo.

Phil Schiller fue el responsable de presentar los modelos de 13 y 15 pulgadas, hasta un 17% más delgados que la anterior generación. El más grueso, el de 15 pulgadas se queda en unos escasos 15,5 mm desplegado, una “proeza de la ingeniería” según el propio Schiller. Para ello han tenido que reconstruir determinadas partes de la estructura, como una nueva mariposa que sujeta más firmemente la unión entre las dos partes del portátil y que consigue que el conjunto sea más liviano y estrecho incluso cerrado.

Además, se ha trabajado en el diseño del teclado para que el TouchPad gane tamaño -en el modelo de 15 pulgadas duplica su área-. Lo más llamativo, sin embargo, es la desaparición de la fila de teclas de función que han sido sustituidas por un panel OLED que cambia según las tareas que estemos realizando con el Mac.

La Touch Bar, como la llaman, permite aplicar filtros, editar fotos, entrar directamente en favoritos, realizar búsquedas, trabajar con parámetros multimedia, etc. Si tenemos en cuenta que la empresa abrirá su código a desarrolladores esta mejora que tantas críticas ha recibido en las redes sociales puede volverse un factor diferencial a medio plazo.

Si seguimos con las funciones Touch, por fin se han implementado en los Mac el Touch ID que nos permite el bloque y desbloqueo mediante nuestra huella dactilar en los iPhone y iPad. Además, a diferencia de los equipos iOS, permitirá cambiar de usuario automáticamente en función de la persona que lo desbloquee.

La pantalla de los Pro también ha sufrido mejoras. Ahora es un 67% más brillante, cuenta con un 25% más de colores y un 67% más de contraste. Si tenemos en cuenta que el modelo de 15 pulgadas contará con un procesador Intel Core i7 Skylake y una GPU Radeon Pro, el rendimiento está asegurado. En cuanto a la capacidad de almacenamiento, El tope serán 2 TB SSD (a diferencia del sistema híbrido presentado por Microsoft para su Surface Book i7) con una velocidad de 3,1GB/s.

La polémica, sin embargo, ha venido por parte de las conexiones. El Pro contará con cuatro puertos Thuderbolt 3. Es decir, tendremos cuatro puertos compatibles con USB-C y todos ellos servirán como fuente de alimentación para equipos externos. El problema viene que serán necesarios multitud de adaptadores (incluidos para equipos iOS) algo bastante incongruente si tenemos en cuenta la apuesta wireless de los de Tim Cook.

La autonomía se mantiene estable en 10 horas, menos que otros equipos híbridos de la competencia (el propio Surface Book i7) pero por encima de la línea del mercado si tenemos en cuenta la relación tamaño-peso-batería.

Finalmente, el Pro también recibe mejoras en sus altavoces que ahora tienen el doble de rango dinámico, hasta un 58% más de volumen máximo y bajos 2,5 veces más potentes. Además, como el rediseño interior ha permitido conectarlos directamente a la alimentación, la potencia máxima se ha triplicado.

El precio también será uno de los handicaps de esta familia (si bien es cierto que el mercado parece soportar bien las tarifas Apple). La versión de 13 pulgadas sin Touch Bar costará 1.499 dólares. La versión con el panel OLED sube hasta los 1.799 dólares y el tope de gama sube su factura hasta los 2.399 dólares.

Por último, el anuncio de Craig Federighi de una colaboración con LG para crear un nuevo monitor OLED a la altura de lo que se espera de los sobremesa de Apple ha disparado los rumores sobre un posible lanzamiento de nuevos Mac Pro, iMac y Mac Mini antes de que acabe el año. Sería un buen remedio para una Keynote de otoño bastante descafeinada.