IBM, regreso al futuro

Cuando parece que hemos llegado a un techo tecnológico se hace un anuncio que bate todos los registros anteriores. El último ejemplo tangible es el de un equipo de IBM que ha desarrollado un cartucho de cinta magnética que cabe en una mano y que tiene una densidad de almacenamiento de 201 gigabit por pulgada cuadrada: permite almacenar 330 terabytes de datos sin comprimir o, lo que es lo mismo, 330 millones de libros.

La cifra de densidad es absolutamente magnífica: más de 20 veces el de una cinta magnética comercial convencional. Estos equipos, que para la mayoría del público son conocidas por ser el soporte de las cintas Beta, VHS y los casetes inventados hace más de 60 años, han seguido en el mercado de grandes centros de almacenamiento (documentos fiscales o expedientes médicos) gracias a su alta capacidad y precio ajustado.

La evolución desde las primeras épocas de esta tecnología es evidente: según The Verge la primera unidad de IBM empleaba carretes de media pulgada de ancho en la que tan solo se podían almacenar 2 megabytes.

Para la fabricación de este nuevo prodigio IBM ha contado con la colaboración de Sony Storage Media Solutions y, según ambas empresas permitirá que este formato de almacenamiento siga siendo viable durante la próxima década.

El formato, hasta la fecha, se ha empleado para el almacenamiento de archivos de vídeo, copias de seguridad, réplicas para la recuperación y conservación de instalaciones después de desastres, etc. Sin embargo, la industria empieza a barajar la opción de que haya una expansión hacia la computación en la nube debido a la alta demanda de capacidad por parte tanto de empresas como de instituciones y particulares.

La cinta ha sido fabricada mediante un sistema conocido como pulverización catódica tiene un coste ligeramente al proceso de una cinta comercial convencional si bien, el crecimiento exponencial de la capacidad de almacenamiento hace que el costo por terabyte sea mucho más atractivo que en cualquier versión anterior. Según Evangelos Eleftheriou de IBM, incluso lo es “para el almacenamiento en frío en la nube”.

Google Backup and Sync, ¿el backup definitivo?

Google sigue en su cruzada por hacer que cambiemos por completo la forma en la que nos relacionamos con los dispositivos electrónicos. Su idea es que internet, la nube -y a poder ser Google Drive- sea el centro de todo lo que hacemos. El soporte desde el que gestionamos nuestras búsquedas, nuestras compras, que nos sirve de guía y en el que guardamos todos nuestros recuerdos.

Precisamente, relacionado con este último punto, la semana pasada la empresa de Mountain View anunciaba una gran evolución en su servicio de almacenamiento en línea. Bajo el nombre de Backup and Sync, buscan que Drive genere una copia de seguridad completa de nuestro ordenador en sus servidores para evitar que nuestra información crítica dependa un dispositivo físico que, entre otras cosas, es perecedero y susceptible de rupturas que nos puedan hacer perder todo.

Si hasta ahora los servicios Google Fotos y Google Drive contaban con millones de usuarios en todo el mundo por su potencia y facilidad de uso, la empresa quiere ir un paso más allá unificando ambos sistemas y añadiendo más capacidad de archivo al poder volcar todo el contenido de nuestros equipos.

De una forma muy sencilla, una vez instalada la aplicación -disponible para PC y Mac- el usuario se olvide de tener que hacer esas copias de seguridad periódicas: el programa lo hará en segundo plano de forma automática. Además, aunque no hay demasiados datos sobre su funcionamiento, en la presentación aseguraron que se podrá elegir qué carpetas se quieren respaldar y cuáles no.

Esto permitirá al usuario acceder a sus contenidos protegidos desde cualquier ordenador que tenga instalada la aplicación lo que será especialmente útil en caso de pérdida, avería o robo. La única limitación que se prevé al sistema es la capacidad de almacenamiento contratada por el cliente: se dispondrá de 15GB gratuitos y varios paquetes de pago para cubrir diferentes perfiles de uso.

Para Google esta es una herramienta pensada exclusivamente para clientes particulares puesto que las empresas, que necesitarán más volumen disponible, seguirán teniendo planes específicos de almacenamiento a la medida de sus necesidades.

El lanzamiento de Backup and Sync se hará en todo el mundo el 28 de junio y será a partir de entonces cuando conoceremos todos los detalles (y restricciones) de uno de los proyectos más ambiciosos de Google en los últimos tiempos.

China, ¿el rival de Silicon Valley?

“Solo Silicon Valley y China tienen la capacidad de crear empresas que cambien el mundo”. Esa lapidaria frase fue una de las más destacadas de Reid Hoffman -cofundador de LinkedIn y de PayPal- en la clase magistral que dio junto con Jerry Yang -cofundador de Yahoo!- en la China-Europe Business School de Shanghai.

Para Hoffman las claves son la enorme reserva de talento del gigante asiático (generada gracias a la gran mejora de su sistema educativo); el gran mercado interno; la velocidad a la que se mueve el país; el espíritu emprendedor en todos los sectores económicos (y no solo el tecnológico) así como el “pragmatismo” que tienen tanto trabajadores como empresarios.

Yang añadió otro factor más: “los días en los que las empresas chinas de internet buscaban ideas en el extranjero para copiarlas -como es el caso de Facebook, Twitter, Google, etc.- han acabado. Ahora las propias necesidades del país con más internautas del mundo y con una penetración de los smartphones del 90% entre las personas que acceden a la red están creando ideas innovadoras interesantes”. Lo que Yang no dijo es que el porcentaje de población que accede a internet es mucho menor que en otras regiones del planeta.

Ambos subrayaron que la pelea por internet tendrá solo dos contendientes: Silicon Valley y el país asiático. El motivo es que son las dos únicas zonas del mundo en las que se pueden transformar start ups en unicornios (aquellas cuya capitalización es superior a los 1.000 millones de dólares antes de pisar el parqué) y en las que han nacido trece de las quince empresas (cinco son chinas) de internet con mayor capitalización bursátil.

Y el secreto es el enorme público al que se dirigen. Las empresas chinas a pesar de su “aislamiento” cuentan con un público nacional de cientos de millones de clientes potenciales. Las de Silicon Valley tienen una proyección planetaria. De facto se puede hablar de “tres internet: la china, la angloparlante y todo lo demás” concluyeron.

Pero a pesar de contar con los mismos ingredientes: cultura emprendedora, un ecosistema maduro de incubación de empresas, interés por las ideas disruptivas y una gran masa de capital disponible dispuesta a arriesgarse hay un factor diferencial determinante. En China no existe cultura colaborativa entre competidores ni se da casi el intercambio de talento lo que minimiza el carácter global de sus iniciativas.

Esto se traduce en que las empresas chinas son gigantes pero solo relevantes en su país. Y es por ello que la carrera por dominar el cloud computing y los big data se antoja definitiva para ambos. Para los asiáticos porque supondría dar el salto a la relevancia global. Para los americanos porque se juegan seguir siendo la potencia preeminente.

Figuras como Jack Ma (creador de Taobao y dirigente de Alibaba) son el ejemplo de la presencia de gurús en el país asiático que aunque no tengan los conocimientos técnicos de otros saben exactamente qué quiere la gente o crear la necesidad en el público (¿os suena la historia de cierto gurú con una manzana mordida?).

La duda que lanzamos desde aquí es si Europa está a tiempo de escalar posiciones en la guerra de internet (la industria 4.0 tan arraigada en regiones como Alemania o Euskadi es una oportunidad para abrir un nuevo mercado) y se quitará la venda de los ojos para dedicar sus esfuerzos de ayudas en proyectos que sean capaces de generar nuevas formas de empleo y relanzar su economía.

Europa, nuevo centro global de IBM para la industria 4.0

Hay cosas que nunca cambian. Hay empresas como IBM que desde sus orígenes –hace ya más de un siglo– han buscado siempre ese factor diferencial que les siguiera manteniendo un paso por delante de sus rivales y a las que ni las crisis ni la presión desde nuevos polos tecnológicos parecen afectarles. También hay países -Alemania- que tiene clara cuál es su estrategia de desarrollo económico a medio y largo plazo y que saben cómo atraer a ese perfil de compañías.

Por eso no es de extrañar que IBM anunciara hace unos días que había escogido Múnich -uno de los centros neurálgicos de la industria germana y europea- para instalar su sede central de la Watson Internet of Things para tener cerca a algunos de los actores más relevantes en sectores estratégicos como la automoción, la electrónica, la salud. etc.

Esta unidad es una de las ocho que completarán el ecosistema para el desarrollo y la implantación del IoT en la industria 4.0 y es la mayor inversión de la empresa neoyorquina en el Viejo Continente en más de 20 años.

Campus de la innovación

Planteado como un campus, el Watson IoT congregará a más de un millar de expertos e investigadores que conformarán un gran laboratorio en el que desarrollarán soluciones para que las empresas interesadas puedan conseguir herramientas con las que analizar la ingente cantidad de datos  que genera el creciente número de dispositivos (y máquinas industriales) conectados a la red de redes.

A día de hoy, según la propia IBM, en el mundo hay más de 9.000 millones de equipos conectados a internet que generan al día más de 2,5 trillones de bytes. En datos económicos, un negocio que en 2020 moverá más de 1,7 billones de dólares siempre y cuando las empresas tengan la infraestructura necesaria para gestionarlos.

Aunque aún no se saben datos de esta colmena de laboratorios repartidos por todo el planeta, el pasado mes de marzo la multinacional de los blue chips anunció una inversión de 3.000 millones de dólares para dar cobertura a la creciente demanda de sus clientes para gestionar la información generada por sus equipos inteligentes.

Dentro de esta partida se incluían innovación, investigación, nuevos proyectos y alguna adquisición como The Weather Company (sí, la creadora de la famosa aplicación The Weather Channel) para su plataforma Watson IoT Cloud Platform.

La apuesta por los denominados “áreas de negocio de crecimiento” –cloud computing, Watson, redes sociales y movilidad- viene en un momento clave para el devenir de la empresa después de desprenderse de los negocios de hardware “de bajo margen” y cuando los negocios clásicos que han mantenido los beneficios (software y servicios) están amenazados por la creciente competencia y por el giro de las necesidades del mercado.

Privacidad y seguridad, ¿hacia dónde vamos?

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Aunque pueda sonar a argumento de película de 007 a día de hoy hay pocas cosas más valiosas que la información. Sobre todo la que cedemos a terceros voluntariamente y que permiten que realicen un retrato robot social y personal. Es por ello que cada vez más se plantean soluciones que permitan que seamos nosotros los que vendamos nuestros datos a una empresa que los gestione como nosotros queramos y nos permitan tener un alter ego digital seguro.

Son muchos los analistas que coinciden que en poco más de una década nuestros datos digitales serán mucho más importantes (como negocio) que cualquiera de los dispositivos tecnológicos que llevemos encima. Un negocio que a nivel planetario alcanzará cifras no vistas hasta ahora y que tiene en las empresas que gestionan los datos privados para diseñar modelos sociales su semilla.

Esto, sin duda, plantea varios problemas. El primero está en el ámbito empresarial. Las compañías “clásicas” defienden ante este planteamiento que tienen derecho a adquirir esta información gratis ya que se emplea para dar un servicio al consumidor. Como contrapeso están aquellos que defienden que gracias a estos datos las compañías pueden atinar mejor en sus productos, en sus campañas publicitarias y, por lo tanto, maximizar los beneficios a nuestra costa.

Desde el punto de vista del cliente, sus datos permiten crear retratos robot a partir de diferentes parámetros que dan una información complementaria pero inexacta. Por ejemplo, Google analiza nuestro comportamiento por las búsquedas que realizamos, Amazon, en cambio, se decanta por las compras. ¿Cuál es mejor? Lo ideal es que se unan todos pero eso, sin duda, supone un gran problema de seguridad.

¿Cómo gestionarlos? ¿Quién lo hará? ¿Y quién puede beneficiarse de ello? Lo idea es la llegada de un nuevo sistema de empresas que creen una nueva relación con el cliente, es decir que, el dador de los datos sea el primer beneficiado. Es cierto que lo más probable es que se cree una relación representante-representado en la que el dador deba pagar una suscripción pero también es cierto que esto redundará en un retorno siempre que entablemos relación económica con una empresa.

Es tan sencillo como crear una aplicación (un sistema) que permita que siempre que gestionemos con terceros nuestros datos lo hagamos a través de un mismo canal, seguro y controlado, que nos permita saber qué cedemos a quién en cada momento.

No es más que la creación de una suerte de bancos de datos personales que nos ayude a gestionarlos. Y en todo este ciclo tiene un papel fundamental la computación en la nube. Una forma de que nosotros gestionemos lo que somos en vez de dejarlo en las manos (repletas ya de dinero a nuestra costa) de Apple, Facebook o Google.

Los asistentes virtuales, la domótica, todos los equipos smart, la nueva generación de la computación se basa en modelos virtuales que permitirán adaptar y personalizar los servicios de las empresas. Todo evoluciona rápidamente pero tiene un cuello de botella, todo son imágenes parciales de una misma realidad esperando a unirse y crear personas digitales. Necesitan comprendernos (¿cómo se relacionará nuestro alter ego digital con nosotros? ¿qué estaremos dispuestos a confesarle?) y eso solo podrán hacerlo cuando nosotros queramos.