Darknet, ¿por qué es tan difícil atacarla?

Es muy habitual la metáfora en la que internet se representa como un iceberg: el usuario medio tan solo conoce la punta. Una porción menor al 10% en la que se encuentra la parte indexada de la red. Aquello a lo que Google, Yahoo!, Bing y compañía llegan. Bajo el mar se encuentra lo que muchos denominan Deep Web. El resto del iceberg, el no comercial y no indexado. Y más abajo aún de esa enorme masa de datos se encuentra Darknet.

Podríamos definirlo como un conjunto de tecnologías y redes superpuestas que tienen como fin proteger el anonimato de sus usuarios. El peaje por esta oscuridad es que puede que tengan que conectarse a un servidor privado o cumplir unos requisitos específicos como tener instalado un software determinado.

De facto esto hace que los buscadores “tradicionales” no puedan rastrear sus contenidos y, además, tanto el origen como el destino de los datos permanece oculto. Todo el proceso de la red es invisible. Esto hace que sea el emplazamiento perfecto para contenidos de seguridad, datos de administraciones, etc. Pero también permite que se lleven a cabo en este espacio operaciones ilícitas. En cualquier caso, todo atisbo de ciberataque es prácticamente inútil puesto que se trata de una zona de la red “impenetrable”.

¿Por qué? Al fin y al cabo, sobre el papel, si sabemos “dónde está” deberíamos poder atacarla -si así quisiéramos-. Un estudio publicado en la revista Physical Review E ha averiguado que Darknet es capaz de autoprotegerse y corregir por sí misma agresiones de forma espontánea. En él Manlio De Domenico y Alex Arenas, del Departamento de Ingeniería Informática y Matemáticas de la Universidad Rovira y Virgili y Tarragona concluyen que la clave está en su “particular topología más descentralizada que el resto de la red”.

Para poder constatar esto los autores de la investigación crearon un modelo que explica cómo se transmite la información en la Darknet y descubrieron que no emplea una distribución homogénea de conexiones sino que se va encriptando en distintas capas.

Una vez hecho esto simularon tres tipos de ataques: dirigidos contra un nodo en concreto; contra varios de forma aleatoria y otros diseñados para provocar una cascada de fallos y propagarse por la red (el modelo). El resultado es que concluyeron que para atacar Darknet es necesario atacar cuatro veces más sus nodos que los del resto de internet. Y esto tan solo provocaba ciertas perturbaciones. Además, su propia estructura permite solucionar de forma autónoma los problemas y neutralizar los fallos en cascada.

Esto hace que, a pesar de que se considere más ineficiente que la red superficial -la información emplea algoritmos criptográficos más complejos y va de nodo en nodo aleatoriamente en vez de directamente al destinatario- haya una pequeña base de fieles que hayan construido una zona libre informativa en la que están apartados del resto de la red. Con todo lo bueno y todo lo malo que esto trae.