Industria 4.0, repensando la producción

No es la primera vez que hablamos de Industria 4.0. La última revolución industrial que exige un nuevo planteamiento integral del, seguramente, el sector más decisivo en el desarrollo económico (y por ende social) de cualquier región. Los procesos de digitalización y automatización, así como la redistribución del peso de los diferentes sectores económicos durante la crisis financiera y económica ha otorgado un papel aún más central a las empresas industriales y a todo lo relacionado con ellas.

Pero más allá de quedarnos con cifras de empleo que desaparecerán (muy pocos medios tratan aquellas relacionadas con los puestos de trabajo que la nueva industria creará) o de nuevos hitos tecnológicos, la industria 4.0 conlleva una nueva forma de organizar los medios de producción así como una asignación más eficiente de los recursos (humanos y materiales) subrayando la idea de una creciente y adecuada digitalización de las unidades productivas.

En resumen, es lo que los analistas, industriales y administraciones denominan la cuarta revolución industrial. Con internet como uno de sus principales pilares, así como con el desarrollo de nuevas tecnologías punteras capaces de crear y consolidar plantas más inteligentes, eficaces y respetuosas con el medio ambiente, uno de los factores diferenciales es la interconexión de los centros de producción con los mercados y entre ellos mismos. Y hablamos en presente porque no se trata de un salto que está por venir o un hito que dentro de unos años lo cambiará todo: se trata de un nuevo sistema productivo que ha llegado para quedarse.

Dentro de ese marco, la Asociación de Graduados del Master en Marketing de la Universidad del País Vasco han desarrollado una ponencia llamada “Industria 4.0, Claves para entender el negocio digital que viene” en el que Santiago Córdoba (cofundador y Director Comercial de Binary Soul); Ángel Viñas (Gerente en IPF); Óscar Brenchat (fundador y gerente en Veedor Solutions) y Luis Manero (Director de Innovación Empresarial en Innobasque) mostrarán a los asistentes en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de Bilbao en Sarriko casos reales y locales de Industria 4.0 así como la estrategia e iniciativas para las empresas vascas o los retos y barreras en la implantación de nuevos servicios y productos. Además, la cooperativa bilbaína hará una demostración in situ de algunas aplicaciones reales creadas por ella para Industria 4.0.

Los ponentes cuentan con una importante experiencia en el sector. De esta forma, Ángel Viñas, lleva trabajando más de una década en una empresa especializada en el desarrollo de plantas para la fabricación de espuma de poliurietano y es un defensor de la obligada transformación de las compañías de proveedores de maquinaria a proveedores de soluciones industriales completas.

Así, IPF ha lanzado junto a Syslan y Danobat Group una nueva compañía denominada Savvy Data Systems que se encarga de facilitar a cualquier empresa su salto al entorno 4.0.

Óscar Brenchat ha estado ligando durante quince años al mantenimiento industrial en compañías tan importantes como Iberdrola o Trumpf. Desde hace tres años está embarcado en su propio proyecto (Veedor) dedicado a ofrecer soluciones de mantenimiento de maquinaria industrial.

Santiago Córdoba es un ingeniero especializado en electrónica que tras pasar una parte de su devenir laboral en ZIV fundó con otros compañeros de su CET en Digipen Binary Soul, una cooperativa dedicada a la virtualización y el desarrollo de aplicaciones a medida multisectoriales.

Por último, Luis Manero cuenta con una amplia experiencia en el área de resources en Accenture desde donde saltó al área de eco innovación en Innobasque. Actualmente forma parte de la Secretaría Técnica del Grupo de Pilotaje de Fabricación Avanzada Basque Industry 4.0 del Gobierno Vasco.

Trabajo 4.0, ¿qué profesiones vienen?

Hace pocos días cayó en mis manos un sobresaliente reportaje de Sergio parra para Muy Interesante (una de mis revistas de cabecera) en la que analizaba en profundidad el cambio inminente en el mercado laboral. Oficios que hoy día son indispensables desaparecerán (un 47% en las próximas dos décadas), los restantes cambiarán radicalmente. Todo un reto social -tanto como lo fue la revolución industrial en sus dos versiones.

Aún así, no ha de cundir el pánico porque, como ocurrió con anterioridad, también se consolidarán y aparecerán nuevos empleos. Profesiones adaptadas a las nuevas demandas sociales que tendrán un denominador común: la formación continua como soporte a la digitalización.

Para dar un ejemplo “palpable” de este cambio que ya ha empezado toma cifras del mercado estadounidense: la suma de los beneficios de todos los comercios, cadenas de restaurantes y supermercados de la lista Fortune 500, dice Parra, es menor a los beneficios de Apple. El truco está que mientras que los padres del iPhone solo tienen a 76.000 personas en plantilla, las demás empresas reúnen una fuerza de trabajo de 5,6 millones de empleados.

Parra realiza un sobresaliente análisis de cómo serán nuestros entornos sociales y laborales para afirmar que los diez trabajos más demandados serán estos:

  1. Creador de realidad virtual y aumentada. En menos de una década, en 2025, millones de personas pasarán horas todos los días trabajando, aprendiendo y jugando en entornos de realidad virtual cada vez más inmersivos. Serán necesarios miles de personas que creen esa realidad alternativa y gestionen sus contenidos.
  2. Prosumidor. El híbrido entre productor y consumidor gracias a que el desarrollo tecnológico permite un coste marginal cero (da igual crear una o un millón de unidades de un producto digital o un servicio). Esto, unido a las redes sociales ya  las plataformas digitales hará que aquellos más hábiles y que mejor detecten necesidades se impongan sin necesidad de una gran estructura empresarial tras de sí.
  3. Humanista digital. Aunque solo un 10% de los estudiantes se centran en las Artes y las Humanidades, si estos se forman en tecnología tendrán una nueva oportunidad de alcanzar el éxito profesional. La transversalidad de la educación cristalizará en profesionales que ayuden al desarrollo de una inteligencia artificial completa así como al desarrollo de proyectos de comunicación hombre-máquina.
  4. Periodista 3.0. Aunque la llegada de las TIC hizo que el periodismo pasara por una mala época (al menos los periodistas que ya sufríamos de superpoblación y de una ingerencia sin límites) y aunque se sepa que en 2030 el 90% de los contenidos se crearán de forma autónoma mediante algoritmos, también hay estudios que indican que serán necesarios coordinadores de contenidos. Sobre todo en niveles más cotidianos (locales y regionales) que permitan dar orden y sentido al enorme flujo de información creado por blogueros, corresponsales, etc.
  5. Tecnojurista. Un mundo digitalizado, robotizado y con máquinas autónomas necesita de nuevas leyes y abogados y jueces que las interpreten. Las relaciones sociales han cambiado pero también lo harán la forma en la que nos relacionamos con las máquinas. Además, los derechos digitales adquirirán aún más relevancia.
  6. Científico de datos. IBM afirma que cada día en la Tierra se generan 2,5 trillones de bytes. Eso significa que los datos son la materia prima más abundante en el planeta. Bucear en esa información y conseguir que nos diga algo coherente y valioso se antoja una tarea titánica que requerirá de altos conocimientos de interpretación y de gestión de los mismos. Una profesión indispensable.
  7. Asistente sanitario de la tercera edad. Relacionado o no con la tecnología, la industrialización o la riqueza, el envejecimiento de la población viene de la mano de ésta (probablemente las mejoras científicas y técnicas derivadas de las anteriores sí que tengan algo que ver). Eso deja claro que cuidar a la tercera edad es una salida profesional que será muy demandada.
  8. Impresor 3D. Si alguien pensaba que la revolución digital iba a dejar en el paro al papel y a los impresores estaba equivocado (sobre todo en lo que se refiere a los segundos). La diferencia es que el desarrollo exponencial de nuevos materiales y técnicas ha hecho que las rotativas se hayan cambiado por impresoras de órganos experimentales, de casas, de coches, de calzado o de casi cualquier cosa que se pueda producir. Y eso que estamos solo al comienzo de esta tecnología.
  9. Planificador de identidad digital. La globalización y la digitalización traen consigo, sin duda, una mayor exposición de las personas (físicas y jurídicas) a través de esa enorme ventana que es internet. Diseñar un perfil adecuado que transmita lo que queremos que vean los demás y, sobre todo, una imagen real de nosotros mismos es una tarea que requerirá de verdaderos profesionales y estrategas cualificados.
  10. Ingeniero en robótica. La premisa es tan rotunda como “sencilla”: si un robot va a quitarte el puesto de trabajo, adelántate y sé tú quien construya ese robot. Especializarse en el diseño de robots (y en menor medida en su software) se antoja una profesión que tiene garantizada su vida durante las próximas décadas. Luego veremos que ocurre con la inteligencia artificial.

Emprendizaje e innovación, el papel de los medios

Sin duda, la revolución industrial 4.0 y la entrada de lleno en la era de las Tecnologías de la Información y la Comunicación ha cambiado completamente la forma en la que se desarrolla la sociedad. Nuestras relaciones personales han cambiado -solo el tiempo dirá cuáles de esos cambios son positivos, cuáles negativos y, sobre todo, cuáles perdurarán-, nuestras relaciones sociales se han expandido y nuestros trabajos han mutado para incrementar nuestra productividad a través de nuevas herramientas.

Es por ello que, a pesar de la situación económica que vive Occidente -con una crisis que parece acompañarnos de forma perenne- y de la situación de agitación política vivimos en una era sin precedentes para que la innovación y los emprendedores prosperen. Nunca hubo tanta tecnología al alcance de tantos y nunca hubo tantos dispuestos a formar, ser formados y compartir.

No obstante, parece claro que para que la sociedad cambie (y deje de mirar con recelos ciertos avances tecnológicos) es necesario que los individuos y los diferentes actores sociales cambiemos. Es de este modo que la sociedad podrá acoger en su seno y seguir a aquellos miembros que tienen más claro que el sistema establecido, la estructura actual, debe cambiar para seguir creciendo.

La actividad económica, totalmente ligada a la idiosincracia cultural, social y política de la comunidad, no está, por tanto, exenta de esta necesidad de cambio y actualización. De esta forma, los ciudadanos -trabajadores- serán una parte fundamental del crecimiento de las empresas y su evolución hacia formatos más innovadores y éstas serán actores fundamentales en la evolución de las sociedades como miembros sociales más relevantes.

De esta forma, la entrada en escena de pequeñas start ups y emprendedores individuales ha hecho que las empresas se vean impulsadas a crecer y desarrollarse como agentes innovadores. El motivo es sencillo: ningún agente económico puede sobrevivir en el tejido económico si no contempla los procesos de innovación como parte intrínseca de su naturaleza.

Y es aquí donde el círculo vuelve a su inicio: la sociedad. Hay agentes claves en todo este proceso. El más importante, a buen seguro, es la educación. Cambiar el formato de enseñanza y pasar del modelo  memorístico a uno experimental y emplear nuevas herramientas en los procesos de aprendizaje cambiarían por completo la forma en la que los jóvenes se relacionan con lo que les rodea. Cimentar la enseñanza en un modelo de prueba y error y con bases empíricas que los acerquen a la Ciencia y a nuevas formas de entender las Humanidades.

Otro agente clave son los medios de comunicación. Tanto en sus formatos clásicos -papel, radio y televisión- como en otros más modernos -redes sociales, agregadores de contenidos, podcasts, etc.- es necesario que den difusión a los esfuerzos innovadores de los nuevos actores sociales. Mostrar que las nuevas y rompedoras ideas no son algo que se da en garajes en California y que en esta esquina del mundo hay un rico vivero de emprendedores y personas dispuestas a cambiar la forma en la que hacemos las cosas.

Su capacidad para dar visibilidad y difusión a nuevos proyectos no solo puede permitirles acceder a nuevas formas de financiación que les permitan crecer y sobrevivir sino que pueden impulsar a terceros a hacer lo propio con sus ideas o a sumarse a proyectos que ya existen.

 

Noticia recomendada por Binary Soul

Europa, su futuro en la economía circular

De todas las iniciativas de la Estrategia Europa 2020 la que más nos llama la atención por su impacto social y tecnológico -la capacidad de la tecnología para mejorar nuestras vidas- es el de la Economía Circular. Basada en la intersección de aspectos económicos y ambientales, pretende generar un crecimiento inteligente y sostenible, permitir el desarrollo socioeconómico de la región y traducirse en un marco político que permita la transformación del sistema productivo continental en uno eficiente en la gestión de recursos y una baja huella de carbono.

Aunque para los ciudadanos su vertiente más interesante es la de limitar el impacto medioambiental en el uso de los recursos y la gestión de los residuos, para el Parlamento y el Consejo Europeos esta Economía permite aumentar la competitividad del Continente y garantiza el suministro de los recursos esenciales mediante una serie de medidas a medio y largo plazo que conviertan nuestra sociedad en una de reciclaje y no de consumo. Esto se traduce en un desperdicio mínimo materias primas, agua y fuentes de energía en las que el “ciclo de vida” del producto se transforma al dejar atrás el sistema de economía lineal.

Economía lineal

 

Pero, ¿qué es la economía lineal? El sistema clásico que sigue el esquema de extracción, fabricación, utilización y eliminación. Su uso intensivo durante décadas por miles de millones de consumidores ha hecho que se pueda atisbar el agotamiento de ciertos recursos naturales (mucho más importantes que los evidentes combustibles fósiles). Por eso, la economía circular propone el replanteamiento de este esquema de modo que se gestione más correctamente el stock de materias, energías y residuos para permitir un respiro al planeta.

En el plano más pragmático, este sistema aumenta el número de empleos necesarios -la gestión de residuos es un área económico fundamental en algunos Estados de la UE- puesto que no sólo permite la reindustrialización (limpia) del territorio, sino que garantiza el suministro de productos críticos que pueden ser reutilizados varias veces para minimizar el impacto ambiental.

Esto también requiere un cambio en uno de los eslabones de la economía lineal, el de la fabricación. Para formar parte del sistema es necesario que los productos se diseñen para ser “deconstruidos”. Los residuos han de ser convertidos en materias primas para otros sectores.

Los principios de la economía circular

 

Como hemos visto, el nuevo sistema requiere replantear completamente la forma en la que consumimos tanto fabricantes como clientes finales. Pero, ¿cuáles son los principios que sustentan la economía circular como algo más que una alternativa utópica?

Basada en la eco-concepción, todas las fases de vida de un producto son tomadas en cuenta desde el momento de su diseño con el fin de que el momento de “eliminación” se convierta en el de deconstrucción para volver a ser útil como materia prima. Además, se crea un tejido industrial territorial en el que los diferentes actores interaccionan entre ellos y se suman a un todo para minimizar la huella de carbono y mejorar el flujo económico.

Los clientes finales, además, cambian su forma de consumir: de la compra de un bien a un servicio. De la acumulación al uso. Es la economía “de la funcionalidad” donde se da una reintroducción en el sistema de aquellos bienes que ya no satisfagan las necesidades del cliente para poder darles un segundo uso. Mediante la reutilización se consigue minimizar la demanda de materias primas -la extracción- y el impacto ambiental que provoca tanto esto como la deslocalización. En el proceso de reciclaje, además se consigue una valorización al convertir deshechos en energía.

¿Por qué es necesaria?

 

Recientemente el Comisario Europeo de Medio Ambiente, Janez Potocnik durante el Tercer Fórum Internacional sobre “Economía-Eficiencia de los Recursos” señaló que “es fundamental transformar Europa en una economía eficiente en los recursos. Aunque sólo la eficiencia no sea suficiente, hay que asegurarse que una vez hayamos utilizado nuestros productos, alimentos o inmuebles seleccionamos los materiales de estos para reutilizarlos una y otra vez”.

Las cifras no mienten, cada año se utilizan un promedio de 16 toneladas de materiales por persona en la UE para poner en marcha nuestra economía -y nuestra sociedad-. 6 toneladas se convierten en residuos y de ellos, 3 acaban en vertederos. Por eso el uso de estos residuos como material prima es fundamental para el devenir de la Unión y del planeta.

Europa, ¿continente para viejos?

El mapa con el que encabezamos el post es, probablemente, uno de los más preocupantes para la Unión Europea. Se trata de la fotografía del desempleo juvenil por regiones en los Estados miembros. Una imagen que pone de manifiesto las grandes diferencias entre algunas (pocas) regiones con una gran inserción de los menores de 30 años en la economía de la zona y otras -con picos de más del 50%- donde parece que la generación más preparada de la Historia del continente ha sido apartada de la sociedad y del proceso productivo.

Como reconoció hace días la Canciller Angela Merkel, “Europa ahora mismo no es una tierra de futuro para los jóvenes”. Y no lo es no sólo por su escaso impacto en la economía sino por las pocas expectativas que tienen de encontrar un empleo (ni siquiera uno de calidad o acorde a su preparación). ¿Por qué? Entre otros motivos, porque la economía continental ha apostado fuertemente por la industria clásica y por sectores económicos en pleno declive (o poco productivos comparados con otras regiones del mundo) y ha dejado de lado la economía digital, la más pujante y la que supone un salto de calidad respecto a otras regiones donde los recursos humanos están menos preparados.

En el reciente Digitising Europe las cifras que se presentaron eran abrumadoras: nueve de cada diez nuevos empleos en el mundo se generan fuera de Europa lo que ha hecho que “la apuesta por las nuevas tecnologías pase de ser una oportunidad a ser una necesidad”, en palabras de la máxima mandataria germana.

Los pilares en los que se apoya la supervivencia económica europea son apuntalar la Agenda Digital europea y crear y cerrar un marco legal que no sólo potencie la creación de una red de start ups que a su vez acelere la competitividad de otros sectores ya punteros dentro de la región y que garanticen un acceso a las nuevas tecnologías -sobre todo internet- a toda la población independientemente de dónde vivan.

En el foro se habló de la industria 4.0 como “la única posibilidad de que Europa se reenganche”, un nuevo formato productivo donde el valor añadido reside en el know-how y que por la implementación de nuevas tecnologías permitirá el desarrollo y la ventaja competitiva de sectores como la automoción, la industria química o el transporte centrales para el desarrollo de la UE.

Sabedores de esto es necesario que se vinculen los esfuerzos de la Administración (ayudas, ventajas fiscales, legislación, protección a las empresas europeas), el desarrollo de una universidad obsoleta -no sólo no es de recibo que casi ninguna destaque en el panorama internacional sino que han dejar de potenciarse estudios cuya factura social es demasiado alta- y empresas -favorecer el empleo estable de los jóvenes- para dar el empuje que necesita una Europa 2.0 que está tardando demasiado en llegar.

Otro de los retos que tiene el Gobierno continental es cambiar la percepción que tiene gran parte de la juventud sobre las nuevas tecnologías ya que, aunque gran parte de los empleos que se crearán en la UE el próximo año -se estima que unos 900.000- en grandes zonas del Sur de Europa se sigue viendo el avance tecnológico como el responsable de la destrucción de miles de puestos de trabajo. Probablemente, la posibilidad de crear un mercado único de empleo entre los 27 permitiría dividir la brecha que genera el desarrollo digital y tecnológico entre las diferentes zonas de Europa (aquí también hay una Unión de varias velocidades).

Garantizar un nivel mínimo de alfabetización digital y apostar por potenciar la mayor revolución desde la primera industrial son claves para la subsistencia de un continente envejecido y anclado en el recuerdo de los pujantes 60 y 70 del siglo pasado. Sólo así dejará de ser una tierra yerma de oportunidades para los jóvenes.