Impulsando, cuando las Pymes son el motor económico

Hay algo que tienen en común el sector TIC y la economía estatal: en ambas el papel de las pymes es central. Empresas pequeñas con espíritu emprendedor y, sobre todo, agilidad para adaptarse que si se combinan con estructuras mayores -grandes empresas tecnológicas- resultan en un entramado empresarial (colaborativo) sólido.

Si atendemos a las cifras la economía vasca es, sin duda, una “economía pyme”. El último informe del Ministerio de Industria y Turismo arroja que el 94,52% de las empresas en Euskadi son “microempresas”  (de 0 a 9 asalariados) y, de éstas, el 50,52% son compañías sin asalariados. En Bizkaia, por referirnos a nuestro entorno más cercano, el 99,82% de las 77.474 empresas son pymes y en ciudades como Bilbao suponen el 99,7% del tejido empresarial.

Por eso, tienen tanta relevancia iniciativas como el Movimiento Impulsando Pymes que tienen como objetivo acercar a las pequeñas y medianas empresas a las grandes corporaciones para que éstas les presten asesoramiento y les muestren nuevos puntos de vista a la hora de plantear su negocio. Además, conocedores de la especial casuística de estas pequeñas empresas, Movimiento está dividido a su vez en varios “ecosistemas” que buscan potenciar diferentes áreas de negocio.

El Ecosistema Impulsando Pymes Digital busca consolidar la relación entre las diferentes entidades empresariales en el entorno digital y abrir nuevos mercados 2.0 a todo tipo de compañías. Marketplace busca dotar de herramientas de nueva generación -a precios realmente competitivos- a todos los miembros de la comunidad y Revolution Tour es la suma de diferentes eventos con el objetivo de acercar al mayor número de personas posible a ideas revolucionarias sobre los cuatro pilares de la economía: persona, empleabilidad, producto/servicio y ventas/márketing.

En este marco, hace solo dos días el Palacio de Congresos Euskalduna de Bilbao -“referente de innovación y desarrollo de negocio” de este perfil empresas según los organizadores- fue la sede del nuevo encuentro del movimiento Impulsando pymes en el que Beaz y Bilbao Ekintza fueron los anfitriones de 18 grandes corporaciones nacionales e internacionales y un centenar de pequeñas compañías.

En el encuentro destacados representantes de grandes empresas como Endesa, Ecoembes, Axa, Ikea o Vodafone que ofrecieron una experiencia de networking y charlas a todos los participantes. Al fin y al cabo, las pymes son centrales a la hora de fortalecer el entramado empresarial vasco ya que tienen una gran capacidad de transformación de las ideas de negocio y este tipo de reuniones son fundamentales para construir estrategias conjuntas que contribuyen a generar negocio y, a medio plazo, empleo y riqueza.

La guinda de la jornada en el Palacio de Congresos la puso la entrega de premios en la que se hizo entrega del Premio a la Sostenibilidad y Eficiencia Energética a NEGARRE, un fabricante bizkaitarra de sistemas para la evacuación de productos de combustión. El galardón, entregado por José Luis Martínez -responsable territorial de Empresas Nuevos Mercados de Endesa- reconoce la labor de la firma para mejorar su actividad económica minimizando su impacto ambiental.

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Innovación digital, la tarea pendiente de las empresas estatales

Más allá del debate sobre si el Estado -y buena parte de Europa- están viviendo la tan ansiada recuperación económica, los retos que vivirá el continente durante las próximas décadas (un giro del polo de poder económico y político de occidente a oriente) hace que, según la consultora KPMG, las empresas de la región tengan cinco prioridades estratégicas ineludibles: la transformación digital, incrementar la regulación de la misma, estimular la innovación, el crecimiento inorgánico y la internacionalización y, por último, incrementar la ciberseguridad.

Las tensiones geopolíticas, la debilidad de los países emergentes, la inestabilidad en China, etc. son factores que hacen más necesario que nunca aprovechar la coyuntura para definir una estrategia clara que incremente su competitividad por la vía de incrementar su valor añadido -no el del ahorro de costes, batalla perdida de antemano, por suerte-.

Este incremento de valor tiene el sello de la transformación digital como condición sine qua non ya que permite enriquecer los procesos productivos y, sobre todo, aprovechar todos los datos que se generan en los mismos (el valor de los Big Data). Los sistemas de gestión de información,  así como la implantación de análisis de operativas para su mejora permitirán a medio plazo crear estructuras empresariales más eficientes y capaces gracias a las TICs.

Si bien es cierto que para la empresa holandesa para que esta mejora se desarrolle correctamente será necesario una mayor regulación de esta digitalización tanto en la legislación estatal como en el ámbito internacional. La sostenibilidad, la transparencia y el gobierno corporativo entran en una nueva era que requiere de nuevas leyes y normas que las potencien y protejan de posibles desviaciones corruptas del sistema.

Precisamente porque esa gestión de los datos de la que hablábamos antes será mucho más susceptible de ser manipulada. Algo que no se puede permitir puesto que la información que llega a inversores y consumidores es crucial a la hora de permitir el correcto desarrollo tanto de los mercados como de sus agentes.

Sin embargo, una vez más, la innovación se presenta como eje con el que consolidar un antes y un después diferenciado respecto a la crisis. La llegada de nuevos actores globales exige que las empresas muten más rápido en nuevas versiones de sí mismas, que busque sinergias y un factor diferencial respecto a sus rivales.

La diversificación geográfica de todas las empresas en busca de nuevos mercados hace que innovar sea fundamental para conquistar nuevos negocios y para “defenderse de las invasiones” de los agentes externos. Y con la innovación llega por supuesto la ciberseguridad para protegerla. Crear un entramado que permita que todo el sistema digital de la compañía esté a salvo de posibles ataques ha de ser una obligación mucho más realista que la solución de la mayoría de las empresas -que como mucho ponen a un responsable de este ámbito en su plantilla-.

En definitiva, una necesidad de evolucionar nuestra economía a un nivel mucho más competitivo y rico que genere a la sociedad un beneficio global en forma de puestos de trabajo de calidad y más estables.

Dell-EMC, ¿qué hay detrás de la mayor fusión de la historia?

Lo que fueron rumores durante semanas cristalizó el día 12 de este mes como la mayor operación del sector tecnológico de la historia: Dell llegó a un acuerdo con EMC para absorberla por 67.000 millones de dólares (unos 59.000 millones de euros) que deja en un juego de niños la compra de Broadcom por Avago Technologies y sus 37.000 millones de dólares. Pero, más allá de cifras escandalosas, ¿qué hay detrás de esta unión histórica?

Antes de seguir analizando los pormenores de la fusión presentemos a cada uno de los participantes. Fundada en 1984 por Michael Dell, Dell factura cada año 57.000 millones de dólares. Sin embargo, sus dos principales negocios están ahora mismo en una encrucijada. Por un lado, los PCs siguen bajando sus ventas trimestre tras trimestre ante el cambio de hábitos de los consumidores -mucho más dispuestos a dejarse su dinero en dispositivos móviles-. El último trimestre, por ejemplo, las ventas se dejaron un 7,7% a nivel mundial respecto a 2014. Por otra parte, el negocio de los servidores deja cada vez menos márgenes debido a la presión de fabricantes asiáticos como Huawei o ZTE.

EMC, por su parte, se creó en 1979 y está especializada en software y sistemas de administración y almacenamiento de información (cloud computing) dos herramientas clave en la era de los Big Data. Aunque su presencia en el mercado es similar a la de otros antiguos gigantes del hardware como IBM o HP, su facturación de poco más de 24.400 millones de dólares el año pasado la colocaba como uno de los “mordiscos” más apetecibles del mercado.

Dell y EMC ya tenían una historia de colaboraciones desde 2001 y no son nuevos los rumores sobre una fusión o compra entre las mismas. Ahora que se ha hecho realidad se crea la mayor empresa de servicios informáticos del planeta. Líder en suministro de servidores, dispositivos de almacenamiento, virtualización (la firma VMware seguirá como empresa independiente en su cotización y su gestión pero también forma parte del conglomerado) y ordenadores, así como en la gestión y almacenamiento de datos.

El objetivo de Michael Dell es claro: crear una “central de soluciones para empresas”. Es la respuesta a un momento en el que la demanda se ha endurecido y la mayoría de las firmas buscan refugiarse en los servicios de negocios ante la perdida de beneficios en la electrónica de consumo en manos de las “nuevas ricas” de Silicon Valley.

Como siempre, una operación de estas características tendrá “daños colaterales” en forma de departamentos completos solapados entre ambas compañías. El año pasado EMC se vio obligada a despedir a casi 1.000 trabajadores en unos recortes que vio necesarios para seguir siendo competitiva ante HP, Cisco -la única grande que no ha movido ficha recientemente en forma de fusión- y Oracle (probablemente las dos firmas más afectadas por el nuevo gigante).

A pesar de los titulares sensacionalistas sobre los millones de dólares que se espera que facture la nueva empresa algunos analistas consideran esta operación un movimiento a contracorriente. Sobre todo si recordamos que no hace mucho que IBM cedió a Lenovo su división de ordenadores o que HP anunció hace meses que se “partirá” en dos sociedades más pequeñas centradas cada una de ellas en diferentes áreas de negocio: hardware y gestión de datos. Incluso eBay anunció recientemente su separación de la división de pagos online: PayPal.

La duda es cuántos serán los despedidos afectados por la fusión, cómo redundará esto en terceras empresas que trabajaban con la empresa de gestión de servidores (Google o Amazon, por ejemplo) y qué tiene en cabeza Michael Dell para volver a revolucionar el mercado como lo consiguió en los ’90 al ser el primer fabricante que permitía crear ordenadores a medida y su compra directa sin intermediarios.

Videojuegos, motor de la industria del ocio

Si la salvaje subida que sufrió el IVA sobre el cine -así como la eliminación de las ventajas fiscales- y la piratería ha reducido la posibilidad de éxitos a los blockbusters de Hollywood y mientras la industria musical todavía intenta encontrar formatos que la hagan sostenible frente al cambio de soporte y de las nuevas preferencias de los consumidores, los videojuegos parecen ajenos a la palabra crisis.

Durante 2014, y solo en el Estado, el sector facturó 412,4 millones de euros, un 31% más que el año anterior; disfrutó de la creación de 70 nuevas empresas -ya hay registradas más de 400- y consiguió incrementar el empleo un 28% y del número de entidades de un 21%. Si queremos ponerle una pega a un año tan redondo cabría destacar que en la industria estatal solo el 18% de los trabajadores son mujeres.

Espoleada por la venta en soportes digitales (en 2014 solo el 11% de los juegos comprados tenían soporte físico) los analistas dan por hecho que, al igual que en el resto del mundo, se puede dar casi por cerrada la transición al mercado online.

Con un perfil bastante diferenciado a otros sectores, las cifras indican que el 97% del capital de las empresas dedicadas a los videojuegos es nacional mientras que sus exitosos productos se dedican en un 56% a la exportación. Esto ha hecho que, además de las nuevas sociedades, un informe recogido en el Libro Blanco del Desarrollo de Videojuegos en España arroje que a finales de 2014 había al menos 180 iniciativas y proyectos empresariales a lo largo de este año.

Por regiones, Madrid y Catalunya (30 y 27%) aglutinan casi la mitad de las empresas y algo más de la mitad de la facturación global. Le siguen de lejos Valencia (11%), Andalucía (8%) y Euskadi (7%). Cabe reseñar que durante 2014 la comunidad que más creció fue la valenciana.

Con una vida de las empresas muy cortas (el 65% tiene menos de un lustro de antigüedad y casi un 30% menos de dos años) y una esperanza de crecimiento interanual de casi el 25% hasta 2018 -cuando se deberían superar los 1.000 millones de facturación- la industria se va posicionando poco a poco en un competido mercado que el año pasado facturo casi 80.000 millones de dólares en todo el mundo y que en 2015 superará holgadamente los 86.000 millones.

Con un dominio casi absoluto de Asia (36%) y Norteamérica (32%), Europa parece estar descubriendo que a través de estudios pequeños y dinámicos todavía está a tiempo de entrar en un negocio que, parece, marcará nuestra forma de entretenernos durante al menos una década.

Clima, ¿podemos jugar a ser dioses?

Siempre hemos defendido la tecnología como el conjunto de conocimientos técnicos que permiten crear bienes y servicios que facilitan la adaptación al medio para satisfacer las necesidades (y deseos) humanos. Sin embargo, la incapacidad que está mostrando nuestra especie de para ponerse de acuerdo en salvar el planeta de las agresiones a las que le sometemos está haciendo que muchos científicos se planteen cambiar la relación que tenemos con él y la tecnología. Como explicaban perfectamente en un reportaje en El País el pasado 8 de febrero, son muchos los que hablan de un plan B: emplear los conocimientos de ingenieros, climatólogos y científicos para cambiar y enfriar la temperatura del planeta.

La geoingeniería es la herramienta que se propone para conseguir lo que la política y el sentido común no ha conseguido: si no rebajamos las emisiones para facilitar un enfriamiento del clima estaremos condenados a la extinción (nuestra tecnología aeroespacial avanza mucho más despacio que nuestra capacidad de destrucción).

Las propuestas habidas hasta la fecha han sido muchas y muy variadas: desde un sistema de espejos que refractara la luz solar hasta sistemas de captura de CO2 para relajar la presión del efecto invernadero sobre la atmósfera. La situación para muchos científicos ya es irreversible y si la temperatura aumenta de media 2 grados antes del final del siglo (algunos estudios hablan de que ocurrirá antes de 2050) será necesario tomar medidas drásticas.

Fertilizar el suelo, limpiar el océano y rebajar las radiaciones solares son el único modo alternativo para detener el atroz avance que la industrialización irresponsable ha hecho sobre la temperatura. Universidades como el Instituto Carnegie de Washington hablan de la necesidad de pasar de modelos de ordenador a pruebas prácticas para estar preparados “si los políticos fallan” (pocas veces no lo han hecho en esta materia, la economía manda).

La gestión de la radiación puede comenzar haciéndose de una forma poco agresiva, como pintando edificios y tejados de blanco para minimizar el impacto de la radiación de la superficie o conseguir que las carreteras (una buena cantidad de millones de kilómetros cuadrados en todo el planeta, sobre todo las áreas más urbanizadas y agresivas con el medio) reflejen la radiación. Pero, si esto no es suficiente, todos los ojos se fijan en las nubes.

Mientras unos científicos abogan por convertirlas en “espejos” que reflejen al sol, otros hablan de hacerlas más permeables para que el calor pueda escapar del planeta. Ya ha habido proyectos para hacer pequeños experimentos, como SPICE (Inyección Estratosférica de Partículas para la Ingeniería Climática) que pretendía lanzar un globo aerostático que mediante aerosoles de dióxido de azufre en las capas altas de la atmósfera haría más refractantes las nubes.

Ahora la comunidad científica pide crear un marco legal que les permita actuar a pequeña escala para cotejar los datos de la realidad con los de sus simulaciones en laboratorio. Es necesario para saber exactamente cómo afecta la acción humana sobre el viento, la lluvia o la capa de Ozono (el proyecto SCoPEx de Harvard estudia esto mismo).

Otros proyectos han ido mucho más lejos. Buscan colocar gigantes espejos en el Punto de Lagrange L1 a 1,5 millones de kilómetros de La Tierra, donde la gravedad del planeta y del sol se anulan. Eso permitiría una estacionalidad necesaria para que estas “pequeñas sombras” ayudaran a rebajar la incidencia de la estrella sobre la temperatura del planeta. Estos “parasoles” del tamaño de 1,4 veces España ubicados para proteger cada hemisferio pueden parecer descabellados, pero la posibilidad física de hacerlo así como su supuesta nula incidencia en otros factores como la capa de Ozono o la meteorología los hacen muy atractivos para la comunidad científica.

¿Cuál es entonces el problema? El mismo que nos ha llevado hasta aquí: el dinero. El proyecto costaría cerca del 1,5% del PIB mundial. Y si no rebajar la producción está por encima de no matarnos, no parece que se vayan a conseguir fácilmente esos fondos para proteger el planeta. Habrá que explicar a los dirigentes -en sus términos- que el impacto de un cambio climático irreversible sería de, al menos, el 5% del PIB planetario.

De nuevo, os dejamos con un excepcional reportaje de El País con los pros y los contras de la geoingeniería. ¿Hará nuestra irresponsabilidad que tengamos que jugar a ser dioses?