Moto X vs Galaxy A5, lucha por la Tierra Media

Son dos súper ventas gracias a unos acabados notables, un hardware de primera y un precio sobresaliente. Dos de los terminales sobre los que se cimenta el éxito de sus marcas y la buena marcha de Android. Smartphones pensados para satisfacer -sobradamente- las necesidades del usuario medio y demostrar que no es necesario un top para tener un terminal a la última. La duda que nos surge es, ¿cuál es mejor?

Samsung Galaxy A5, forjado para el éxito

Su nacimiento marcó un antes y un después en la compañía coreana. El A5 no solo venía a simplificar la enorme gama de productos “medios” del primer fabricante mundial, sino que demostraba el interés del nuevo equipo de diseño en invertir en materiales con una mayor calidad percibida. El primer smartphone de la casa con un cuerpo íntegro de metal que, además, cuenta con un enorme panel sAMOLED de cinco pulgadas con resolución HD que, gracias a un marco mínimo hace que el terminal parezca mucho más pequeño de lo que es en realidad.

La pantalla, además, implementa la tecnología Adapt Display que permite que tanto el brillo como la saturación de color de la imagen se adapten al entorno lo que, unido a la función Adjustable Audio -que aumenta y disminuye el volumen según el ruido ambiente- hace que sea un terminal especialmente apto para disfrutar de los contenidos multimedia en exteriores.

Pero antes de seguir con las funcionalidades, entremos dentro de su cuerpo metálico donde trabaja un chip Quad Core a 1,2 GHz junto con 2 GB de RAM. Unas cifras que pueden parecer “humildes” en comparación a los dispositivos tope de la casa -envueltos en una carrera loca de cifra- pero que son mucho más que suficientes para mover Android 5.0 y casi cualquier contenido o aplicación en el dispositivo. El secreto, en parte, reside en el panel: buena resolución pero poca exigencia a la GPU.

La capacidad interna es de 16 GB ampliable mediante una ranura de expansión para tarjetas microSD hasta los 64 GB. En cuanto a las cámaras, la dupla es una posterior con una resolución de 13 Mp y sensor CMOS que saca fotos con una calidad notable y una frontal también con sensor CMOS y una resolución excepcional de 5 Mp perfecta para los amantes de los selfies.

Además, sabedores de los “problemas de capacidad” que la capa TouchWiz había provocado en los Galaxy S y Galaxy Note, los encargados de desarrollar el software nativo de Samsung se centraron en dotarlo solo de extras “básicos” y atractivos. El mejor ejemplo, su sistema de reconocimiento por voz y de movimientos que permite realizar más cómodamente los selfies (el sistema Wide Selfie, además, permite realizar auto fotos panorámicas uniendo tres tomas y permitiendo que entren más protagonistas en la imagen).

Respecto a la batería, su capacidad de 2.300 mAh permite una autonomía real de un día gracias a su sistema de gestión de energía Ultra que permite deshabilitar las funciones menos relevantes cuando la energía en reserva es baja. Por cierto, el dispositivo es 4G. ¿Su precio? 399€ libre sin descuentos.

Motorola Moto X, el inicio del renacer

La entrada de Google en Motorola fue igual que la de un elefante en una cacharrería con la única diferencia de que el dinero de los de Mountain View sirvió para resucitar a un fabricante del que casi nadie se acordaba. Su posterior venta a Lenovo, lejos de hacer desaparecer la marca, permitió que todos los modelos de la gama se retocaran y ganaran en presencia manteniendo un precio excepcional. ¿Su mejor exponente? Sin duda el Moto X.

Aunque por procesador, el Moto G esté más cerca del Galaxy A5, la falta de RAM y sus peores acabados hace que el Moto X sea el rival más directo para los coreanos. Su panel es ligeramente más grande (5,2 pulgadas) y cuenta con mayor resolución (1080p frente a los 720 del A5) lo que, aunque redunda en una mejor calidad de imagen, también acorta las diferencias en el rendimiento del procesador (en este caso un Qualcomm Snapdragon 801 a 2,5 GHz). Para solverntarlo, la GPU Adreno también es una quad core que permite un rendimiento sobresaliente del conjunto.

También cuenta con 2 GB de RAM y una capacidad de almacenamiento de 16 GB ampliables. Su cámara posterior tiene también 13 Mp -en este caso permite grabar vídeo con resolución 4K- pero la cámara frontal se queda en solo 2 Mp.

Como en el Samsung, la batería tiene una capacidad de 2.300 mAh y, aunque nos prometan un día lejos del enchufe, sus mayores especificaciones redundan en una menor autonomía -por mucho que el procesador sea uno de los más ahorradores del mercado-.

El exterior también es completamente metálico y cuenta con una gama de colores algo más completa. Sin embargo, la mayor diferencia con el modelo de Samsung -tanto en rendimiento como en funcionamiento- reside en lo que ellos denominan una “experiencia Android pura”. Aquí no hay capa de personalización. Ni se la espera. Todo esto hace que Lollipop sea mucho más ligero y rápido sin que esto reste posibilidades de trabajo, conexión con periféricos o incremente el precio (de hecho, cuesta 385€ libre).

 

¿Lo convierte esto en un mejor terminal? No necesariamente. Ambos dan un rendimiento similar (sobresaliente), cuentan con un diseño diferenciado y poco visto y, sobre todo, un precio extraordinario. A favor del Samsung cuenta la mayor gama de productos compatibles dentro de la familia Galaxy así como su mejor trabajo en conjunto a otros dispositivos que el usuario pueda tener en su hogar -televisión, home cinema, etc-. El Motorola, no obstante, se presenta como una alternativa para el que quiera músculo y un terminal Android sin aditamentos. Los dos, en cualquier caso, son una compra acertada que dará muchas satisfacciones a quien los adquiera.

Samsung Galaxy S6, llega el Android más esperado

2014 fue el particular annus horribilis de Samsung. Perdió cuota de mercado, bajaron sus beneficios, hubo despidos masivos en su cúpula y el mercado dejó de percibirla como el referente Android en favor de los Nexus, los smartphones chinos y, lo que es peor, la distancia con su competidor de Cupertino se volvió insalvable: un 93% de beneficios del negocio se quedan en California por solo un 7% en Seúl.

Precisamente por eso los asiáticos eran conscientes de lo que se jugaban tanto con el nuevo Galaxy S6 como en el Mobile World Congress. Tenían que enseñar un producto de calidad, realmente premium, que los distanciara de chinos y les permitiera hacer frente al huracán de ventas que ha supuesto el iPhone 6 (más de 74 millones de unidades vendidas en tres meses).

Así, del mismo modo que el Note vino de la mano del Note Edge y el iPhone 6 nos regaló el 6 Plus, el Galaxy S6 vino con una versión “hermana” el S6 Edge. Y de la misma forma que con los nuevos Note los coreanos confirmaron el cambio en el diseño y los materiales que empezó con la familia A, los nuevos Galaxy S se notan mucho más pensados y mejor acabados. Vayamos por partes.

El exterior y el interior, netamente mejores

Se acabó el plástico que imita la piel y el plástico duro que no imita a nada para la carcasa. Los diseñadores han entendido que cuando un producto supera los 600€ es necesario darle un plus al consumidor (sobre todo cuando el sistema operativo no es motivo de diferenciación). Y la llegada del cristal y el metal le sienta muy bien a un modelo que por fin es parece premium.

Como en su rival con la manzana, es extremadamente fino y eso hace que la cámara -uno de los grandes protagonistas del terminal- sobresalga. Pero es lo que tiene la batalla de los milímetros: algunos accesorios no se pueden adelgazar tanto como otros. Muchos de los que han tenido la suerte de verlo en persona dicen que el nuevo material hace que el dispositivo se resbale -algo que no ocurría con el acabado anterior- y que la suciedad es muy evidente. De lo mismo se acusó a ediciones anteriores del iPhone que se recuerdan por su diseño especialmente cuidado.

Las cifras del aparato son geniales: 138 gramos para una diagonal de 5 pulgadas y 6,8 milímetros de grosor. Realmente han rizado el rizo y han conseguido que lo que hace dos años fuera un ladrillo ahora quepa perfectamente en la mano a pesar de la enorme carga tecnológica que incorpora.

Mejor pinta tiene el Galaxy S6 Edge. Su pantalla curvada, como ocurre en el Note 4, da una imagen francamente estilizada y un toque diferenciador sobresaliente. Además, la experiencia adquirida con el anterior terminal y el feedback con los usuarios ha hecho que las funciones accesibles desde los bordes curvados ahora sea mucho más interesante y eficaz. Se trata de gestión de llamadas, notificaciones, contactos, etc.

Todo esto ha hecho que la autonomía del Galaxy S6 se resienta. Sigue siendo buena, pero no se ha dado el -necesario- salto que sí han tenido otros dispositivos. La pila ahora es mucho más fina y la demanda de energía es mucho mayor. El nuevo lector de huellas (que ya no distingue la orientación del dispositivo), la pantalla con resolución 2K -espectacular-, el sistema de carga rápido y de carga inalámbricos integrados así como una nueva memoria RAM y los nuevos procesadores propios redondean un equipo que esta vez sí, se ha pensado mucho antes de lanzarse al mercado.

En fríos números, el panel SuperAMOLED tiene una resolución de 577 ppp y un brillo máximo de 600 cd/m2, mejor que muchos televisores de nuestros hogares. El chip de ocho núcleos Exynos 7420 y arquitectura de 64 bits trabaja con 3 GB de RAM y se alimenta de una batería de de 2550 mAh. Como hemos dicho, premium por fuera y por dentro. Una exhibición de músculo para ese segmento del mercado que sigue comprando por los datos y no por el funcionamiento del terminal.

Por otra parte, la menor carga de software sobre Android ha hecho que los ingenieros se pudieran centrar en mejorar un producto que ya era muy bueno. El acceso a la cámara ahora es muy rápido (dos toques a la pantalla aunque el terminal esté inactivo, por ejemplo) y su resolución y calidad de la óptica nos ha dejado pasmados.

El sensor es el mismo que en el Note 4 (16 Mp y estabilizador óptico) pero al mejorar la apertura y el enfoque el resultado es tal que nos seguimos preguntando que usuario medio necesita una cámara para captar imágenes espectaculares con un interfaz mejorado y una capacidad de edición sobresaliente desde el propio terminal. Incluso el balance de blancos -uno de los talones de Aquiles de todos aquellos que no se llamen Sony o Nokia- se ha mejorado con un nuevo detector IR que consigue mucha más precisión con los colores.

La cámara secundaria es de 5 Mp y graba con calidad Full HD (la principal permite captar vídeo con resolución 4K). Excelente en ambos casos.

Ambos modelos estarán disponibles desde el 10 de abril y, como ocurre con la familia Note 4, habrá grandes diferencias entre ambos terminales. Mientras que por el Galaxy S6 habrá que desembolsar 699€ por la versión básica (32 GB), 799€ por la de 64 GB y 899 por la de 128 GB (todo un portátil en la palma de la mano), los precios del Edge comenzarán en 849€ para llegar a los 1.049€ de la versión de 128 GB.

Cifras calcadas entre el S6 y el iPhone 6 (solo varía que en la configuración básica el coreano incorpora 32 GB de memoria interna por 16 GB -muy poco- del californiano).

Samsung Galaxy Tab S, mucho más de lo que parece

Si dentro del catálogo de smartphones del fabricante coreano los S son la referencia, los modelos diseñados para imponerse a los iPhone (ahora ha cambiado todo un poco con las nuevas dimensiones del equipo de la manzana y el inusitado éxito del 6 Plus), entre las tabletas desde el principio la gama Note destacó sobre la Galaxy Tab. Ese es el motivo por el que Samsung remozó hace meses la familia e incorporó el Tab S para tener un modelo de bandera para aquellos usuarios que no tenían claro la utilidad del puntero.

El objetivo del equipo es claro: poner toda la tecnología de las estanterías de Samsung en un sólo equipo para hacer frente al dominio incontestable del iPad y, de paso, mermar las muy buenas ventas de los Nexus de Google.

 

Especificaciones

 

Nada más encenderlo destaca su pantalla. La tecnología Super AMOLED heredada de las televisiones indica que estamos ante una equipo muy bien dotado. La versión con pantalla de 10,5 pulgadas cuenta con tecnología WQXGA lo que se traduce en 2560×1600 píxeles. A simple vista puede parecer un cantidad enorme para “mover” pero el procesador Samsung Exynos de ocho núcleos a 1,9 GHz, unido al procesador gráfico y a los 3 GB de RAM demuestran una solvencia sorprendente.

Sobre todo si hablamos de un equipo de 6,6 milímetros y 467 gramos que en la competencia le haría acreedor del apellido Air sin dudarlo. De estos datos sólo se nos queda corto el almacenamiento de 16 GB por mucho que sea ampliable hasta 128.

En las manos la sensación es extraña. Por un lado tenemos un equipo con una exterior nada premium -por mucho que los coreanos se esfuercen en imitar al metal y mejorar el agarre de los plásticos- pero en su interior y su panel es evidente que hay muy pocos dispositivos en el mercado -por no decir ninguno- con estas especificaciones, esta fluidez y esta potencia.

Así, del mismo modo que en el equipo de 8,4 pulgadas la batería es algo menor de la esperada (la imagen superlativa no es gratis), la inclusión de una “pila” de 7.900 mAh mejora bastante el panorama en la de 10,5 pulgadas de diagonal. Nos permitirá un uso intensivo durante un día sin problemas pero por nuestro bien, no nos dejemos el cargador (universal, eso sí) en casa durante un viaje de fin de semana.

Uno de los pocos peros del equipo reside en su cámara. Su sensor no es de los mejores -la extrema delgadez del equipo lo requiere- aunque rinde notablemente. Quizá la sensación es de que es peor de lo esperado si tenemos en cuenta todo el dispendio tecnológico que le rodea (es difícil destacar cuando te acompaña una pantalla con contraste 100.000:1).

En cuanto al software, ya se comercializa con Android 4.4.4 Kit Kat lo que garantiza una buena cobertura de aplicaciones y seguridad -y la inminente migración a Android 5-. En definitiva, un equipo que debería destacar como uno de las mejores tabletas con Android del mercado junto a las Xperia Z y a las indispensables Nexus. Y, por fin, un rival directo del iPad Air sin un stylus de por medio.

Samsung Galaxy Alpha, la era del metal

A pesar de que el referente de la gama Galaxy es el S y que el Note es el dominador absoluto del mercado de los phablet, Samsung ha depositado todas sus esperanzas en un dispositivo llamado a revolucionar por completo la gama de referencia del universo Android. Se trata del Galaxy Alpha, un smartphone que, como es habitual en la casa coreana, destaca por su potente procesador, una tarjeta gráfica sobresaliente y una pantalla a la cabeza del mercado. Sin embargo, no destaca por eso, sino por su fina estructura de metal.

¿Por qué ahora? Todos esperábamos esta novedad para septiembre. El IFA de Berlín es el escenario perfecto. No sólo es el primer gran evento después del verano -todo un desierto para el sector- sino que también es la fecha perfecta para quitar protagonismo a lo que sea que vaya a presentar Apple en septiembre. No obstante, los últimos datos de la empresa muestran que su estrategia está perdiendo efectividad. Es cierto que sigue siendo el primer fabricante mundial (de electrónica de consumo, de teléfonos y de smartphones) pero también que la competencia china empieza a desbancarla. De nuevo, ¿por qué? Los terminales de Xiaomi o ZTE son igual de potentes que los coreanos… y su construcción es la misma. No existe un factor diferencial definitivo en cuanto a marca o acabados como sí puede ocurrir con los de la manzana o Sony.

Es por ello que ya que muchos de los terminales premium de la casa superan sin problema los 600€ ha llegado la hora de demostrara a los clientes potenciales por qué sí merece la pena decantarse por ellos y no por otro rival Android con las mismas especificaciones pero mucho más barato.

La clave, de nuevo, está en la calidad percibida y la calidad de fabricación (algo que el sector premium del automóvil lleva décadas trabajando). Por fin los diseñadores de Samsung se han decantado por un marco de metal. Obviamente es el primer paso ya que la carcasa trasera sigue siendo de plástico de gran calidad… pero no hay rastro de metal, cristal o ningún otro material “noble”.

Aún así, el aspecto del Galaxy Alpha es mucho más estilizado que la de cualquier otro producto de la casa: primero por su grosor (6,7 mm) que lo dejan clavado en 115 gramos, nada mal para un equipo con una diagonal de… ¡4,7 pulgadas! -nos vamos a acostumbrar mucho a esta medida en las próximas semanas, creemos-.

En cuanto a especificaciones se mantiene un escalón por debajo del intocable S5, pero eso no significa que sea un terminal medio: pantalla SuperAMOLED HD con una resolución de 1.280×720 píxeles; procesador OctaCore (Quad 1.8 GHz más otro Quad a 1.3 GHz), RAM de 2 GB y capacidad de almacenamiento de 32 GB… sin ranura SD. Parece que todo lo premium tiene ciertos puntos en común. Incluso la batería tiene una capacidad de 1.860 mAh, más similar a un iPhone que a un Galaxy.

La dupla de cámaras se ha trabajado con mimo. La posterior tiene una resolución de 12 Mp con la posibilidad de grabar contenidos UHD. La frontal (cada vez más demandada por la moda de los selfies y las videollamadas), 2,1 Mp. Todo ello aderezado con la conectividad típica Android (LTE, NFC), un sensor de huellas y un pulsómetro y la última versión de Android, la 4.4.4. Disponible en blanco, negro, dorado y azul, llegará a las tiendas en septiembre.

 

Galaxy Note 4, objetivo iPhone 6

Hasta ahora la batalla entre Apple y Samsung se había librado siempre con los iPhone y Galaxy S como contendientes. Esto permitió, entre otras cosas, que el Galaxy Note se haya convertido en uno de los terminales más relevantes para los coreanos y, también, en el phablet de referencia. El extra de pulgadas en su diagonal hizo que durante meses fuera el único del mercado, unido a las excepcionales capacidades de su hardware lo ha convertido en un objeto de culto.

Sin embargo, la sangría en la cuota de mercado que ha llevado a los de la manzana a dejar de crecer por sus pantallas más pequeñas que el universo Android parece que se acabará con el lanzamiento del iPhone 6 en dos formatos diferentes: uno de 4,7 pulgadas y otro de 5,5. Uno cubrirá a los Xperia Z, Galaxy S y compañía y el otro tendrá como objetivo los phablet coreanos y chinos.

Precisamente por eso, el primer fabricante mundial se ha apresurado a anunciar la presentación del nuevo Galaxy Note 4 el 3 de septiembre, dos semanas antes que la supuesta fecha en la que se dará a conocer el iPhone 6. La fecha, por cierto, es la misma en la que Sony anunciará su Xperia Z3, el terminal que ha conseguido ganarse el respeto de clientes y competencia y que todos los años araña una buena cantidad de ventas a los coreanos.

No obstante, parece que heredar capacidades del S5 o aumentar tamaño -en algún momento tendrán que parar- ya no será suficiente para seguir siendo “el” phablet. Todo ello, unido a la buena acogida del Galaxy Round parece indicar que el Note 4 tendrá dos formatos. Uno con una pantalla plana clásica y tecnología AMOLED y otro con la pantalla ligeramente curvada, más fino y tecnología OLED para el panel. Para los que quieran la versión más clásica, lo más probable es que cuente con resolución QHD, un aliciente para distanciarse de los rivales.

El terminal, por supuesto, será el primero de la familia con certificado que le acredita como resistente al polvo y al agua y probablemente el primer Samsung que emplee el nuevo chip Snapdragon 805 unido a la GPU Adreno 420, un 40% más potente que la actual. Respecto a la cámara, donde Samsung no suele fallar pero se ha quedado por detrás de Sony y compañía, lo más probable es que se opte con una de 16 Mp que, si no nos parece necesaria, si supondrá un salto de calidad respecto a la actual y un problema para Apple (muchas veces por no decir siempre, las cifras venden tanto como los hechos en el mercado tecnológico).

La única duda que nos queda es si Google tendrá ya preparado y querrá presentar su nuevo Android L en el terminal coreano (y no en “su” Nexus 6) o si los asiáticos tendrán que conformarse con la versión 4.4.3. Parece que el choque de trenes está servido.