AirPods, analizamos el periférico más polémico del año

Cada vez que Apple actualiza un dispositivo hay un debate enorme. O bien porque quita cosas (los puertos del MacBook Pro, por ejemplo) o bien porque hace evolucionar otras -¿un smartphone sin puerto de auriculares?-. No solo no han sido los primeros (el premio es para el Moto Z) sino que parece la evolución lógica en un fabricante que siempre ha apostado por unir sus equipos sin cables así como la de un mercado que exige periféricos (desde ratones a impresoras pasando por wearables) totalmente autónomos y portátiles.

Es por ello que cuando se anunció el iPhone 7 sin jack de auriculares y se presentaron los AirPods como evolución de los legendarios EarPods analistas, fanboyshaters y redes sociales se enzarzaron: ¿un dispositivo de casi 1.000 euros sin jack? -poco importaba que se incluyeran unos EarPods con conector lightning-, ¿un gasto extra de 179€ por unos auriculares inalámbricos? Además, su lanzamiento parecía demorarse semana tras semana lo que hizo que muchos sentenciaran que algo no iba bien.

Por eso vamos a analizar si realmente estos auriculares merecen la pena. Lo primero que hemos de barajar es cuánto tiempo dedicamos a escuchar música, televisión, podcasts, etc. en nuestro dispositivo. Si casi no lo hacemos es más que suficiente cualquier auricular con cable. ¿El motivo? La batería del smartphone nos durará mucho más y el coste de adquisición será nulo -todos los teléfonos vienen con un juego-. Si en cambio pasamos mucho tiempo disfrutando de las plataformas en streaming y cualquier otro contenido multimedia debemos tener en cuenta otros factores. Uno de los principales, la comodidad, es la que hace que cada vez más usuarios se decanten por auriculares bluetooth.

Si entramos dentro de ese perfil, ¿por qué motivo hemos de decantarnos por los AirPods en vez de por otros modelos que se venden incluso en la web de Apple? El primer punto a su favor es la integración. No existe en el mercado ni un solo periférico que tenga una integración mayor con su ecosistema que estos pequeños dispositivos.

Basta con abrir la caja de los AirPods para que se despliegue en la pantalla del equipo iOS o macOS un pop up con el icono de “conectar” que una vez pulsado nos vincula los auriculares a todos los dispositivos de nuestro ecosistema mediante iCloud. Eso significa que no tendremos que hacer nada para disfrutarlos con nuestro iPhone, iPad, iPod, iMac, MacBook, Apple Watch, etc.

Cualquier usuario del ecosistema Apple sabrá que el hardware no siempre es lo más importante. La visión de Steve Jobs se centraba en lo que la tecnología puede hacer por nosotros -y no al revés- y eso se traduce en que lo más importante es la sencillez de uso. Todo ha de ser intuitivo: por eso los AirPods dejan de sonar cuando nos quitamos uno de ellos, son capaces de saber si estamos utilizando uno o los dos (incluso si nosotros llevamos uno puesto y otra persona el otro) y, sobre todo, por Siri.

Es cierto que este año parece ser el año de Alexa, el asistente virtual de Amazon; pero también es cierto que a día de hoy ningún asistente por voz está mejor integrado con su ecosistema que Siri. No solo por cómo trabaja con aplicaciones nativas sino por su espectro de aplicaciones de terceros compatibles que no paran de crecer. Mapas, FaceTime, música, deporte… todo al alcance de nuestra voz de una forma mucho menos geek que hablar con nuestro teléfono o nuestro reloj.

Y, una vez más, volvemos al mundo sin cables que la empresa de la manzana lleva años planificando: gracias a la evolución de watchOS, la suma Apple Watch más AirPods se antoja definitiva. Incluso cuando practicamos deporte. Es cierto que no son resistentes al agua pero también lo es que su diseño hace que sean mucho más seguros de lo que parecen -es prácticamente imposible que se caigan mientras corremos o andamos en bicicleta, por ejemplo-. Eso nos permite gestionar nuestra actividad, cómo nos desplazamos y la música que oímos (con Apple Music la integración es aún mayor) sin necesidad de sacar el iPhone del bolsillo… o de casa.

¿Tienen handicaps estos AirPods? Por supuesto. El primero, como suele ser habitual en casi cualquier equipo de Apple, su precio. 179€ es un precio respetable no solo para unos auriculares, sino casi para cualquier accesorio (hay smartphones que valen menos). Sobre todo porque la calidad de audio no es la mejor del mercado. Hay auriculares por ese precio mejores. Si bien es cierto que todos los auriculares inalámbricos bajan mucho su calidad de sonido respecto a sus equivalentes con cable y el salto no es exponencial respecto a la competencia. Sobre todo porque se trata de auriculares intraauriculares y no de equipos externos mucho más voluminosos y con mejores sistemas de cancelación de ruido.

Apple ha implementado en los AirPods la tecnología beamforming que se centra en mejorar la voz y en cancelar ruidos externos para dar uno sonido más nítido. El problema es que, a falta de nuevas actualizaciones del software del chip W1 no se aplica mientras escuchamos música y solo lo hace con las llamadas.

El sistema de carga es también muy intuitivo: se carga la caja donde se guardan y esto hace que siempre que estén en ella sumen autonomía. La caja se carga gracias a un puerto lightning convencional y en muy poco tiempo (poco más de una hora) dan una autonomía de más de seis horas para los auriculares. El sistema de carga rápida garantiza tres horas de autonomía en tan solo 15 minutos “enchufados”.

Por cierto, para los que piensen que es fácil perderlos (son muy pequeños), ya hay una aplicación iOS que permite saber dónde está el AirPod extraviado. ¿Y si tienes un equipo Android? Aunque no todo funciona tan fluido como con el iPhone, siguen contando con un excelente sistema de carga, un sonido cálido centrado en los medios y un buen puñado de funciones que por ahora la competencia no solo no tienen sino que ni se le acerca -los más parecidos son los PowerBeats 3… también de Apple-.

Keynote 2016, cómo es el iPhone 7

Como es habitual, después de un verano de rumores y de una Keynote con presentaciones y datos positivos llegó el esperado moomento de desvelar una nueva generación de producto estrella de Apple: el iPhone 7. En un contexto en el que las ventas de smartphones premium parecen estancadas y con la empresa dirigida por Tim Cook en el ojo del huracán por su batalla fiscal con la UE en Irlanda, el terminal tiene un papel aún más protagonista. Sobre todo por el momento de debilidad que parece estar viviendo Samsung por el caso de las baterías defectuosas de su Note 7.

Sin sorpresas en su nombre, en sus tamaños (se mantienen las medidas respecto al 6S y su versión Plus) y con muchos secretos desvelados de antemano por los medios -los rumores de una nueva generación suelen llenar más páginas que los propios datos reales de cada modelo- la duda reside en si el nuevo iPhone es suficiente y si está a la altura para vender más que los anteriores.

Grosso modo, el nuevo iPhone se diferencia del anterior en un nuevo color -negro brillante-, en que desaparece el jack de auriculares -ahora se conectan a través del puerto lightning o mediante bluetooth-, es resistente al agua, su capacidad de almacenamiento mínima pasa a ser de 32 GB y mejora su cámara. Parece poco para volver a ocupar el trono de su segmento. Sin embargo, si nos adentramos más en sus novedades nos llevaremos alguna sorpresa.

Certificado IP67, nuevo botón Home, adiós al jack y más autonomía

Aunque es algo que Sony y Samsung llevan implementando en sus terminales desde hace años; y aunque oficiosamente se sabía que el iPhone 6S resiste salpicaduras eran muchos los usuarios que pedían que el terminal fuera completamente resistente al polvo y al agua.

Los ingenieros de la firma de Cupertino lo han conseguido gracias a las leves modificaciones en el diseño del aparato. En cuanto a lo estético destaca una nueva disposición de las antenas que ya no parten la parte trasera del terminal. En cuanto a lo práctico, el botón Home cambia por completo y ahora no se “hunde” sino que se trabaja con un motor táptico que controla nuestras pulsaciones como el del 3D Touch y que nos responde con vibraciones de distinta intensidad.

Perder el puerto de auriculares y rediseñar el sellado del lightning no solo ha servido para incrementar el espacio interior de la estructuras -los nuevos modelos ganan de dos a cuatro horas de autonomía- y mejorar los sellados del chasis hasta lograr la estanqueidad requerida para obtener el certificado IP67.

La pérdida del jack no es la primera en un teléfono móvil, pero sí que es la primera en un modelo de gran consumo. La solución -para aquellos que no quieran gastarse 179 euros en los nuevos AirPods- es un adaptador que se vende por separado y que permite enchufar el jack de los auriculares a un lightning. Para los que se pregunten cómo podrán escuchar ahora música mientras cargan el terminal, la solución vuelve a ser la conectividad Bluetooth o bien un dock (que también se vende por separado) y que permite adaptar nuestros cascos clásicos al nuevo iPhone. Aquí volvemos a agradecer una “pila” mayor pues la demanda energética será mayor si optamos por los auriculares inalámbricos.

Volviendo a los Airpods, las pruebas que hemos podido ver hasta ahora hablan de un sonido notable y de un buen sistema de carga mediante la caja (se introducen los auriculares en la caja y es esta la que se enchufa. Además, al 100% la propia caja tiene una reserva de carga de 24 horas).
Misma resolución de pantalla, más contraste y brillo

Respecto a la conocida pantalla Retina, el iPhone 7 sigue manteniendo los 336 ppp de la anterior generación. Menos que la competencia. Los motivos para no mejorarla parecen varios: el primero es que la tecnología de las nuevas pantallas que Samsung está desarrollando para Apple no llegará hasta dentro de un año como mínimo. El segundo -y oficial- es que a partir de un número mínimo de píxeles importan más la reproducción del color, el contraste y el brillo. El tercero -oficial y oficioso- es que los iPhone nunca han contado con una batería lo suficientemente capaz como para soportar un panel con más resolución.

Por eso se han conformado con subir un 25% la luminosidad y el contraste hasta un ratio 1400:1. Las imágenes se seguirán viendo mejor “de lo que deberían” para su resolución y la batería seguirá salvaguardada.

En lo estrictamente técnico hemos de hablar de un nuevo procesador A10 Fusion de cuatro núcleos, una nueva tarjeta gráfica y 3 GB de RAM que garantizan un rendimiento un 40% superior al del iPhone 6S y 6S Plus.

Todo ello tiene que ver en buena parte por la mejora sufrida por la cámara que ve rediseñadas sus 6 lentes, su flash (ahora de cuatro LEDs con tecnología True Tone y un 50% más de luz), su apertura que llega a f1.8 y -en el caso del 7 Plus- su doble óptica. En cuanto a la frontal, mejora hasta los 7 Mp con lo que confirma la apuesta de Apple por las videoconferencias vía FaceTime y la moda selfie.

En cuanto a los precios, se mantienen los del 6S el día de su lanzamiento con la mejora de que las capacidades se duplican. El básico de 769€ ahora contará con 32 GB, el intermedio de 879€ sube de 64 a 128 GB y el tope de gama de 989€ se dispara de los 128 a los 256 GB.

iXpand Flash Drive, un accesorio indispensable para cualquier iDevice

Hace poco más de un año probamos una de las soluciones más inteligentes que han pasado por nuestras manos para todos aquellos que tienen un iPhone o iPad. Se trataba del iXpand, una solución de almacenamiento de archivos portátil de SanDisk compatible con iDevices y cualquier equipo de sobremesa o portátil con un puerto USB que permitía algo muy demandado por buena parte del mercado: poder sacar mediante soporte físico contenidos de los productos de Apple.

Aquel flash drive, del que seguimos aprovechándonos a menudo, se comercializa con diferentes capacidades -el nuestro es de 32 GB más que suficiente para un usuario medio- y resulta una herramienta mucho más útil de lo que se piense a priori aunque las grandes de Silicon Valley se empeñen en llevarnos ya al mundo conectado “en la nube”.

Por eso, cuando SanDisk nos propuso probar el iXpand Flash Drive (también con 32 GB) nos preguntamos qué podía aportar diferente respecto a su hermano mayor más allá de un diseño algo diferente.

Cuando lo sacamos de la caja y lo conectamos al iPhone salimos de dudas en poco más de un minuto. La facilidad de uso es sorprendente. Solo tenemos que dejar que el equipo nos lleve automáticamente a la AppStore y nos enlace con la aplicación de iXpand.

La descarga viene acompañada de una rápida actualización del firmware y de un vídeo de 45 segundos que explican y aclaran las pocas dudas que pueden surgir del bien pensado software. La primera opción que nos da es configurar una copia de seguridad automática de las fotos del dispositivo cada vez que conectemos el equipo. De no quererlo basta con omitirlo y dejar que se dé más adelante la misma opción.

Después el mismo Drive nos organiza el contenido copiable para facilitarnos el trabajo y con un menú sencillo podremos descargarnos cualquier archivo -multimedia o no- del teléfono o tableta a la memoria externa para luego volcarla sin problemas a cualquier ordenador portátil o de sobremesa.

Una vez más, y como es habitual, el dispositivo carga y vuelca los contenidos con una velocidad sorprendente. En pocos segundos se pueden volcar sin problemas una enorme cantidad de archivos de todo tipo que saldrán en dirección al ordenador con la misma celeridad. Por si esto fuera poco, la aplicación es compatible con las posibilidades 3D Touch de los iDevices de última generación, lo que permite un acceso al programa aún más sencillo y directo.

El dispositivo es muy manejable. La estructura de goma y curvada le permite adaptarse tanto a la carcasa de aluminio como a las fundas protectoras de goma y piel sin dejar el más mínimo rastro. Además, el USB es fácil de manejar y de reconocer en el bolsillo (nosotros incluso hemos aprovechado su forma para introducir una anilla y usarlo de llavero).

En definitiva, lo que en principio nos parecía una pequeña variante del primer iXpand se ha convertido en un accesorio imprescindible que no solo nos hace la vida más fácil para trabajar con cualquier dispositivo no compatible con la generación WiFi (y algunos capados en locales públicos y centros de trabajo) y se ha convertido en un puente entre dos mundos que pensábamos que Apple quería dejar definitivamente destruidos. Una compra muy recomendable para cualquiera que tenga un iPhone o iPad.

Huawei P9, vieja fórmula para entrar en el top

Hubo un tiempo -no muy lejano- en el que los smartphones se dividían en dos grupos: el iPhone y los iPhone Killers. Terminales en los que el argumento para proclamarse el mejor terminal del mercado era la potencia bruta. No importaba tanto el diseño (Samsung Galaxy o LG) si no las especificaciones -las cámaras de los Xperia o los Lumia eran antológicas-.

Para placar lo que los usuarios podían hacer con sus terminales (la estrategia que siempre ha tenido Apple), los fabricantes mostraban lo que sus teléfonos eran capaces de hacer. Y así nacieron equipos como los Galaxy S3, que a día de hoy sigue sacando los colores por prestaciones a muchos smartphones medios de última generación.

Ahora el panorama ha cambiado. El diseño tiene mucho más peso, la contienda parece decantada para Apple y Samsung (los demás fabricantes tradicionales suelen perder dinero con cada dispositivo que venden) y solo los fabricantes chinos parecen tener algo -mucho- que decir. Entre ellos destaca Huawei que con su P9 ha decidido retomar la antigua fórmula Android para, ahora sí, luchar cara a cara con los equipos más potentes del mercado. Especificaciones no le faltan.

Con una gama estructurada en P9 y P9 Plus, los orientales cuentan con un aliado de lujo en el apartado fotográfico. Leica se ha encargado de desarrollar las lentes y el software de la cámara lo que garantiza que los usuarios de los nuevos smartphones de Huawei contarán con la mejor tecnología del mercado por el momento.

Pero la cámara es solo la guinda de un pastel con hasta 4 GB de RAM; un procesador de ocho núcleos Kirin 995 (cuatro Cortex A53 a 1,8 GHz y cuatro Cortex A72 a 2,5 GHz); doble cámara trasera de 12 Mp con sensor de blanco y negro y sensor a color por separado para aprovechar mejor la entrada de luz; panel IPS de 5,2 pulgadas y resolución 1.920×1.080 (423 ppp), conector USB-C y una batería de 3.000 mAh.

Y todo ello con un diseño notable en el que se emplean metales pulidos para aumentar la sensación de ligereza (además de muy delgado es un peso pluma en toda regla), aunque el fabricante ha confirmado que también se comercializará con metales cepillados y acabado cerámico. Como no podía ser de otro modo, el excepcional panel cuenta con tecnología Gorilla Glass. Lo más increíble es la gran pila de su interior.

La pantalla no cuenta con tecnología UHD pero si tenemos en cuenta la cifra de 423 ppp no solo no notaremos la diferencia sino que lo agradecermos en forma de más autonomía y un mejor rendimiento gráfico. Los ángulos de visión nos han parecido buenos y el brillo (no lo hemos podido ver en exteriores soleados) nos ha parecido correcto.

Volviendo a la cámara, su punto fuerte, Leica ha desarrollado una lente Summarit H 1:2.2/27 ASPH con una apertura máxima f/2.2 (el Galaxy S7 tiene f/1.7). Para solucionarlo, emplean dos cámaras, una con sensor en blanco y negro que triplica la entrada de luz y que permite equilibrar la cifra con modelos más “capaces” sobre el papel. Técnicamente capta un 90% más de luz que un Galaxy S7 y un 240% más que un iPhone 6S.

Si a eso le unimos que el software que han implementado los alemanes al que ya tenía Huawei -con funciones más propias de una cámara profesional que de un smartphone- tenemos un conjunto excepcional que hará las delicias de quienes quieran “algo más” para sus fotos.

Hablando de software, la capa EMUI 4.1 sobre Android 6 no nos ha parecido una gran evolución sobre la anterior pero hemos de reconocer que su funcionamiento es excepcionalmente fluido y que es de las mejores del mercado para quien quiera algo diferente.

Por último, el lector de huellas dactilares, el puerto de carga USB Type C, el diseño de la antena triple  y una autonomía de más de un día para un usuario normal (que juguetee bastante con cámara, etc.) nos parecen aditamentos sobresalientes para un equipo que en su configuración más capaz se queda en 649€. Como hemos dicho, la vieja receta creada por Samsung y compañía (mucho hardware) sigue funcionando para entrar en el top y mirar a los ojos a todos los premium.

Apple, ¿los resultados de la saturación?

Durante mucho tiempo parecía que el crecimiento de Apple no tenía límite. Que su legión de seguidores y su capacidad para fagocitar mercados y rivales no tenía límite y que bastaba con lanzar un producto con una manzana mordida grabada para que este fuera un éxito que pulverizara las ventas de sus antecesores. De esta forma, durante 13 años (sí, has leído bien), la empresa ahora dirigida por Tim Cook ha crecido en facturación y beneficios. Sin embargo, el segundo trimestre de 2016 pasará a la historia de la empresa por su frenazo de más de 7.000 millones de dólares.

Todos los indicadores denotan el desgaste del gigante californiano: el beneficio se ha quedado en 1,9 dólares por acción (frente a los 2,33 del anterior periodo). La facturación ha pasado de 58.000 millones a unos 50.500 millones de dólares. El iPhone, su producto estrella, su alfa y omega, el dispositivo sobre el que se sustentan otros servicios críticos de la empresa como Music, iTunes, etc. también ha cedido: de 61 millones comercializadas a poco más de 51 millones.

Por supuesto, las acciones también han caído. Los inversores han quitado un 5% del valor de la empresa en el parqué -unos 40.000 millones- nada más anunciarse las cifras y, para parar la sangría provocada por los “malos vientos macroeconómicos” en palabras de Tim Cook, preparan un plan de dividendos y de recompra de acciones titánico: unos 250.000 millones de dólares.

Pero, más allá de saber que el crecimiento de Apple se ha frenado (como debía ocurrir tarde o temprano) y que los de la manzana siguen ganando dinero a espuertas -9.250 millones en tres meses, Sony ha ganado 1.200 millones en todo el año-, ¿podemos sacar algo en claro de estas cifras? Probablemente sí.

China, el mercado en el que más está volcándose la tecnológica (y el sector en general) ha caído un 26%. El iPad se ha dejado un 19% en unidades vendidas. El iPhone ya no engancha tanto a un mercado muy saturado -más adelante veremos el calado de esta afirmación- y se ha dejado un 16%. Solo el Mac, que se ha dejado un 9% ha respondido relativamente bien -el mercado de ordenadores personales está de capa caída desde hace un lustro-.

La empresa solo puede sacar pecho con los servicios y productos destinados a mercados poco maduros. El Apple Watch ha conseguido superar los 12 millones de unidades vendidas y el conjunto crece entre un 20 y un 30% -Apple Music tiene 13 millones de suscriptores de pago-.

Saturación tecnológica

Por regiones, América cae un 10%, Europa un 5%, Asia un 25% y solo Japón crece. La empresa se excusa en un panorama macroeconómico complicado pero si tenemos en cuenta que su mayor crecimiento se ha dado durante la crisis financiera que comenzó en 2008, resulta difícil de creer.

El problema va más allá y no solo afecta a los californianos (aunque su tamaño haga evidente que es el que más sufrirá en números absolutos). Hace dos años Horace Dediu, un ex analista de Nokia,  pronosticó que el mercado móvil se saturaría a finales de 2015 o principios de 2016. El motivo es sencillo: ya todo el mundo tiene un smartphone.

Ya todo el mundo ha probado varios modelos, sabe para qué lo usa y qué necesita exactamente. Lo mismo ocurre con las tabletas. Y con los ordenadores. La carrera de rendimiento se queda para los early adopters y para la publicidad (como ocurre con los coches) pero el consumidor ya está maduro. Sabe si merece la pena gastarse 800€ en un teléfono muy potente que nunca usará al 100% es un sinsentido.

Y es ahí donde entran los teléfonos de gama media. Es ahí donde los fabricantes chinos -que en su momento ensamblaron para Apple, Samsung, Sony y compañía- ganan terreno. Y es ahí donde Android gana terreno porque lo importante, como siempre, no es el continente sino el contenido. Como siempre decimos, todo ocurre más rápido en el mercado tecnológico.

Haciendo la analogía con otra industria que cambió por completo nuestra sociedad, la automotriz, hemos pasado en poco tiempo de la era de los coches de lujo (primeros iPhone) a los personalizables más o menos caros (Android) y ahora le toca el turno al consumo racional.

En Occidente las redes sociales tradicionales tiene cada vez más problemas para sostener las cifras de consumo de los adultos. Una vez pasado el boom inicial, muchos las vemos como una cesión gratuita de nuestra privacidad y solo le pedimos al smartphone que llame, haga videollamadas, nos permita acceder al email y a la mensajería instantánea, tenga capacidad para aplicaciones musicales, de tiendas en línea y mapas. El resto es útil pero no de uso cotidiano y el sobrecoste no está justificado.

Hay regiones más entusiastas con las nuevas tecnologías pero son muy pocas las que se acaban quedando en la sociedad y la transforman. ¿Tienen sentido los wearables? Sí. Tienen sentido en nuestro día a día. Probablemente no. En sectores como el médico su utilidad es indiscutible. En el deportivo puede que también. El resto del tiempo, un reloj es más que suficiente si da la hora. ¿Cómo justificar que estar continuamente conectado valga 300€ y que encima se quede obsoleto en dos años?

El boom tecnológico de la última está lejos de desaparecer (es necesario) pero si echamos la vista atrás vemos que solo el smartphone se ha consolidado. La tableta tan solo han sustituido al ordenador en aquellos que realmente no necesitaban la potencia de un portátil o un sobremesa. El smart watch solo ha calado entre aquellos que quería un trozo de tecnología en su muñeca. Su rival nunca será un reloj automático porque por concepto no compiten. El primero está pensado para conectarnos y morir pronto. El segundo está pensado para que lo hereden nuestros hijos.

Todos son complementarios pero en la era del servicio, la acumulación de objetos tecnológicos parece tan poco probable como la de cualquier otro bien. Con la diferencia, de nuevo, de que todo ocurre más rápido en este sector. Será interesante seguir qué ocurre en un mercado que, o lanza algo rompedor a muy corto plazo, o está condenador a sobrevivir colonizando zonas hasta ahora vírgenes como África o parte de Asia.