Baterías en estado sólido, ¿la evolución que esperábamos?

Probablemente, si hiciéramos una encuesta sobre qué mejorar en nuestros smartphones, da igual en qué lugar del mundo, una de las primeras respuestas sería siempre la autonomía del dispositivo. Es cierto que durante los últimos años las prestaciones de los equipos móviles han mejorado exponencialmente mientras que sus horas lejos del enchufe se han mantenido (lo que denota una gran mejora relativa) sin embargo, son muchos los que siguen echando en falta no depender de un cargador casi a diario.

La solución a corto plazo, para muchos, pasa por las baterías en estado sólido. Una alternativa a las  clásicas de ion-litio (y sus tecnologías derivadas como las de polímero de litio) ya que parten de preceptos radicalmente diferentes. Por ejemplo, no necesitan de un líquido que permita transmitir los iones de los polos positivos a los negativos con lo que el espacio de las celdas de almacenamiento de energía se minimiza.

En su lugar, esta nueva generación de “pilas” como las que están desarrollando Samsung o LG se sirven de un metal de litio que les permite aumentar su densidad. De hecho, algunas compañías están empleando diferentes capas y densidades para minimizar las posibles fracturas y, no solo hacer las más seguras y resistentes, sino más capaces energéticamente. Es el caso de Applied Materials.

Los prototipos que han construido llegan a picos de eficiencia en las que cuentan con una densidad hasta un 95% mayor que sus equivalentes “líquidas”. Esto significa contar con casi el doble de autonomía sin necesidad de modificar el tamaño de los dispositivos. En el caso de los dos fabricantes coreanos de referencia significa que sus smartphones premium superarían los 6.000 mAh de capacidad.

Las ventajas según los investigadores van, no obstante, mucho más allá de una mayor densidad energética. Su estructura, por ejemplo, hace que se calienten mucho menos lo que redunda en una menor transferencia de calor a los demás componentes del equipo lo que hace que éste trabaje de una forma más eficiente y que la vida útil de sus partes sea mucho mayor.

Otra de las ventajas es que el tiempo de recarga de las nuevas baterías es casi seis veces menor que el de una batería normal. Volvamos a hacer cuentas. Si en un Samsung Galaxy S8 tardamos unos 60 minutos en lograr el 100% de capacidad, en un Galaxy S8 con una batería sólida de 6.000 mAh tardaríamos 20 minutos en llegar al tope.

Esto sin tener en cuenta que los sistemas de carga rápida como Quick Charge, Super VOOC o Dash Charge prometen ser capaces de duplicar sus tasas de transferencia de energía en dos años (el tiempo en que se estima que llegarán los nuevos formatos al mercado). A esto hemos de sumarle que el drenaje pasivo (la pérdida de energía de las baterías aunque un dispositivo no esté siendo usado o incluso esté apagado) se minimiza.

Por si esto fuera poco, las baterías de metal litio, al sufrir menos desgaste térmico y de exposición a los ciclos de carga y descarga en el tiempo prometen una vida útil hasta cinco veces superior a una clásica. De este modo, si una batería convencional solo empieza a notar problemas a partir del tercer año (en condiciones normales) estamos hablando de “pilas” que podrían superar holgadamente la vida de un terminal -no creemos que desaparezca la obsolescencia programada-. La vida útil de un smartphone podría llegar sin problemas a los 10 años gracias al menor desgaste -de nuevo volvemos a la temperatura- de sus componentes.

Por cierto, el último as en la manga de los fabricantes es que no han de fabricarse exclusivamente con litio. Hay modelos que se han construido con mangnesio o partes de silicio que permiten eliminar el litio de la ecuación lo que es una muy buena noticia para el medio ambiente.

Sobre el papel la adaptación debería ser rápida ya que todo son ventajas. Una vez más el mercado (y la legislación) dictará qué ocurre con una de las partes más polémicas de nuestros aparatos electrónicos.

LG Gram, cuando se aúnan autonomía y movilidad extrema

Hay tecnológicas conocidas por su solvencia, como Samsung; otras conocidas por la devoción de sus usuarios y alta calidad, como Apple; otras con una gran tradición de lanzar productos con garantías, como Sony y un último grupo que, aunque no lleguen a controlar ningún mercado en particular, destacan por su enorme capacidad para innovar y lanzar ideas que remueven cualquier nicho de producto. En este grupo se encuentra, entre otras, la coreana LG.

La empresa, aunque tenga una presencia bastante escasa en el mundo de los ordenadores portátiles -no acabamos de saber muy bien porque su poca distribución- cuenta con un catálogo con modelos de una extraordinaria calidad y capacidad técnica.

El mejor ejemplo son los LG Gram que a las puertas del CES de Las Vegas 2017 se renuevan en diseño y especificaciones y prometen ser un ejemplo para toda la industria. La apuesta desde el principio de estos portátiles es un diseño diferenciado, un grosor mínimo, un rendimiento notable y una autonomía sobresaliente. ¿Han cuadrado el círculo?

Nacidos en 2015 el objetivo claro de los LG Gram era convertirse en el equivalente de los MacBook con Windows: ligeros, rápidos, con buena autonomía y fáciles de identificar gracias a sus exteriores blanco, rosa o gris oscuro.

Disponible en tres tamaños de pantalla (13,3, 14 y 15,6 pulgadas) vienen bajo el eslogan “All Day Gram” en referencia a la autonomía de 24 horas del modelo más pequeño equipado con procesador Intel Core i3 gracias a su batería de 60 Wh. Es la misma en todos los modelos pero su demanda energética es menor lo que le dota de un tiempo lejos del enchufe imbatible.

Al incrementar la diagonal de la pantalla se pierde una hora. El de 14 aguanta 23 horas sin cargar y el de 15,6, 22 horas. Cifras igualmente sobresalientes. Tenemos mucha curiosidad por saber cuáles serán las cifras reales pero si se acercan a ese tiempo el conjunto promete. Sobre todo si tenemos en cuenta que el peso del modelo más grande es de 1.090 gramos y el del más pequeño se queda en 940.

Para los que quieran aún más versatilidad (sin importar que la batería baje a los 34 Wh), los ingenieros han desarrollado una versión ultra lightweight que rebaja las taras a 980 gramos para el formato de 15 pulgadas; 830 gramos para el de 13 y 860 para el de 14.

Lo mejor de todo es que el rendimiento, como decíamos antes, está garantizado puesto que todos ellos trabajan con la séptima generación de procesadores Intel Core pudiendo llegar hasta el potente i7. Todos los modelos cuentan con paneles IPS Full HD y con unidades SSD de entre 256 y 512 GB. Como hemos dicho, la potencia, autonomía y ligereza tienen su inspiración en los MacBook. Su precio también ya que su factura se moverá entre los 1.100 y los 2.000 dólares.

Televisiones, ¿cómo escoger la adecuada?

2016 es año bisiesto y eso significa que además de tener un día más, cuenta con un verano cargado de eventos deportivos: a los habituales (ciclismo, tenis, varias competiciones de motor…) se le suman la Copa América y la Eurocopa de fútbol y, sobre todo, los Juegos Olímpicos. Y cuando esto ocurre los fabricantes de televisores saben que se juega mucho ya que son millones los clientes en todo el mundo que se plantean cambiar su equipo para ver como nunca a sus héroes deportivos.

Sin embargo, del mismo modo que ocurre con los teléfonos inteligentes o los ordenadores, enfrentarse a las especificaciones técnicas de estos dispositivos puede ser muy complicado -sobre todo si queremos compararlos- y puede hacer que tomemos una decisión poco acertada (y paguemos por algo que no queremos o, sobre todo, necesitamos).

Lo más importante es centrarnos en para qué vamos a usar el televisor (¿realmente usaremos el 3D?, ¿es fundamental para nosotros el 4K?), no salirnos de nuestro presupuesto (hay muy buenos equipos por mucho menos de lo que pensamos) y decidir a partir de estos cinco parámetros: el tipo de pantalla, la resolución, la tasa de refresco, la conectividad y el tipo de smart TV que es.

  • Tipos de pantalla: hay cuatro. Los paneles de plasma, los LCD, los LED y las OLED. Y la clave en todas ellas es la luz. Cómo se ilumina cada una de ellas. Porque de esto sale también la calidad de la imagen y la duración de los propios equipos. Las LCD lo hacen mediante bombillas fluorescentes cuya luz es bloqueada por los pixeles de la pantalla de cristal líquido (LCD). Las LED usan el mismo sistema solo que emplean, como su nombre indica, LEDs. La tercera evolución del sistema es el de las OLED en las que en vez de emplear una fuente de luz son los propios píxeles los que se iluminan mediante diodos orgánicos. Finalmente, el plasma emplea una mezcla de gases nobles entre dos cristales que al recibir una corriente eléctrica se convierten en plasma y generan luz. Todas ellas tienen ventajas y desventajas. Las primeras son las más económicas; las LED sacan pecho en resolución y brillo; las OLED son imbatibles en cuanto a profundida de negros y contrastes; y las de plasma son las que ofrecen los mejores y más variados colores.
  • Resolución. Básicamente hay tres niveles. El primero lo componen los televisores HD Ready con una resolución de 1280×720 píxeles. La más habitual en equipos de precio bajo es cada vez más escasa por la democratización de los paneles Full HD con resolución 1920×1080 píxeles. Por encima se encuentra el 4K que cuenta con una resolución mínima de 3840×2160 píxeles y que cuando reproduce contenidos con esta resolución es casi hipnótico. El problema es que casi no hay. Fuera de este peldaño hay fabricantes como Samsung que han mejorado la ultra alta definición con mejoras de color y contraste y lo han bautizado SUHD.
  • Tasa de refresco. Tan importante como el punto anterior (aunque muchos vendedores lo obvien) es la tasa de refresco de la imagen de nuestro posible televisor. Se mide en hercios porque se refiere al número de veces por segundo que la luz ilumina la pantalla. La media se encuentra entre los 50 y los 240 Hz aunque hay equipos que rondan los 1000 Hz (eso sí no de forma constante sino actuando de una forma similar al turbo de los coches, puntualmente). A mayor tasa de refresco más calidad de imagen y menos sombras (ghosting).
  • Conectividad. Es cierto que con la mejora de capacidades de las consolas, los home cinemas (muchos de ellos con reproductores integrados) y las plataformas en línea cada vez necesitamos menos cables para sacar todo el partido a nuestro televisores. No obstante no todo el mundo tiene una PS4-Xbox One, un home cinea con bluray integrado o un Chromecast/Apple TV con lo que será fácil que mientras nuestros equipos se actualizan necesitemos un buen puñado de puertos. Por eso la mayoría suelen venir con varias entradas HDMI y puede que algún euroconector (Samsung, por ejemplo, trae un adaptador HDMI-Euroconector entre la colección de cables que regala) para no dejar desconectado a los equipos más antiguos.
  • Smart TV. Y es que el HDMI, como hemos dicho con los Chromecast y compañía, es clave en la forma en la que consumimos televisión. Plataformas como Netflix, Waki, HBO Premium en breve, YouTube o Spotify están cambiando la forma en la que accedemos a los contenidos y por eso es importante tener claro que nuestro equipo tenga (o sea compatible con equipos) Smart TV. De esta forma no solo podremos mantener actualizado el software del dispositivo. Samsung utiliza Tizen, LG y Sony, Android TV, aunque todas ellas son compatibles con las principales plataformas.
Volviendo a factores más mundanos como el precio, por menos de 500 euros es fácil encontrar equipos de Sony, Panasonic o LG que ofrecen resolución 4K, smart TV e incluso compatibilidad con contenidos 3D (pasivo o no da para otro post). A partir de esta cifra encontraremos modelos con Android TV, mejor conectividad, paneles curvos (Samsung), mejoras en el audio y mucha más tasa de refresco.
Y será a partir de los 1.000 cuando encontremos los paneles más grandes con tecnología OLED (ahora mismo la mejor del mercado junto a la Quantum Dot de Samsung) 3D activo de última generación, 4K, etc. Solo hay una cosa que nosotros no podemos responder: ¿qué necesitas realmente? No es lo mismo usarla para ver un partido de fútbol que una serie cargada de efectos especiales o cine de autor.

LG V10, un nuevo titán en el mercado

Una de las ventajas de participar en el Mobile World Congress de Barcelona es que está a la distancia justa en el calendario de los dos grandes eventos de principios de año para su mercado: el CES de Las Vegas en enero y la primera Keynote de Apple. Uno de los inconvenientes -para los fabricantes- es que hay una gran saturación de presentaciones y muchas veces los lanzamientos pasan desapercibidos.

Es por eso que algunas marcas como LG suelen preferir lanzar buena parte de sus novedades días antes en eventos “privados” para luego llevar y presentar al gran público y a los medios los productos en la cita catalana. En el caso de los coreanos, a finales de 2015 lanzaron los &4 y GFlex 2 y ahora nos traen el LG V10, un phablet premium que tiene en el punto de mira los Note 5, S6 Edge Plus, iPhone 6S Plus, Nexus 6P y compañía.

El LG V10 es un terminal de gran formato en todos los sentidos. Cuenta con una pantalla con resolución QHD de 5,7 pulgadas acompañada de una segunda pantalla más pequeña en la parte superior en la que podemos configurar a nuestro antojo notificaciones, contactos frecuentes y accesos directos a las apps más habituales. Sobre el papel es una solución similar a los Edge de Samsung: pretende que tengamos un uso más sencillo y que además se ahorre batería al no tener que encender el panel principal frecuentemente.

También es un grande si atendemos a sus cámaras. La principal tiene un sensor de 16 Mp y una apertura f/1.8 que permite una mayor entrada de luz. Se ha mejorado la velocidad de obturación respecto a los anteriores tops de la gama coreana y el resultado es un conjunto que permite grabar y sacar fotos de altísima resolución (UHD 4K). Para el frontal han dejado dos cámaras de 5 Mp que trabajan conjuntamente para permitir selfies y videollamadas con un angular mucho mayor y una nitidez nunca antes visto en la casa. Y todo ello sin el “palito” que tan habitual se había hecho en los centros turísticos.

La guinda a este apartado es un software mejorado que permite configurar la velocidad de reproducción (y grabación), realizar búsquedas dentro de los vídeos, añadir filtros y música, colocar títulos a modo de créditos, etc. Su vocación multimedia la rubrican los tres micrófonos que se encargan de la captura de audio multidireccional, reducir el ruido del viento, etc.

Estructuralmente llama la atención que ahora que LG está inmersa en el desarrollo de paneles flexibles abandone los perfiles curvos y que presente un smartphone completamente plano con bordes de acero inoxidable y cuerpo de policarbonato. La idea es que sea mucho más resistente que sus predecesores y sus rivales. Incorpora por ello un doble cristal para la pantalla. El peaje es una tara de 192 gramos mucho mayor que la de la competencia y que lo hace algo incómodo en las manos.

En su diseño sigue teniendo un lugar especial el botón de apagado y el control de volumen en la parte trasera. Destaca también por la mejora en la velocidad de desencriptado del sensor táctil para el desbloqueo.

Todo este arsenal se “mueve” gracias a un procesador de seis núcleos Qualcomm Snapdragon 808 a 1,8 GHz, 4 GB de RAM y una batería de 3.000 mAh -necesitaremos una buena gestión energética con un panel QHD- extraíble. En cuanto a capacidad de almacenamiento, viene de serie con 32 GB aunque son ampliables con una tarjeta microSD. Su precio, 699€ es una de sus mayores bazas frente a los demás smartphones de gran formato de la competencia.

HDR, ¿qué significan las “nuevas” siglas de la televisión?

Llevan meses siendo la comidilla en el negocio de los paneles, monitores y televisores. Tres letras que prometen traer un salto al mundo de la imagen mayor que el que supuso el 4K. A la altura de la brecha entre el DVD y el BluRay. Y, sin duda, en el pasado CES 2016 han sido las siglas más escuchadas en los stands de algunos fabricantes: HDR o High Dynamic Range. Pero, ¿qué significan realmente y qué aportan a nuestra experiencia de usuario?

Si seguimos un orden cronológico en lo que a calidad de imagen se refiere, al Full HD le superó el 4K y la UHD -ultra alta definición- y parecía que el summum durante un tiempo serían los quantum dots o puntos cuánticos. Sin embargo, la llegada a los televisores de la tecnología HDR (presente en las cámaras desde hace tiempo) promete poner todo patas arriba.

Como hemos dicho, cualquier aficionado a la fotografía o a los videojuegos lleva oyendo estas siglas desde hace tiempo. Incluso los smartphones incluyen esta opción desde hace algunas generaciones. Muchas tarjetas gráficas incorporan esta tecnología que tiene como objetivo reproducir una gama de luminancia más amplia. Explicado de una forma más sencilla, es capaz de crear mayor intensidad en las gamas más oscuras y en las más claras para ganar más detalle. Los negros son más oscuros y los tonos claros más luminosos. Un contraste mucho más potente y marcado que nos ofrece un nivel de detalle sin comparación con los televisores comercializados hasta la fecha.

En fotografía la forma de aplicarlo es sencilla: se emplean varias capturas de la imagen con diferentes exposiciones que al combinarse entre ellas permiten obtener una instantánea con una gran cantidad de información y por lo tanto con un gran detalle en las zonas más claras y oscuras. En definitiva, una imagen más definida y de más calidad.

Cuando aplicamos esto al vídeo la imagen multiplica su calidad y conseguimos una nueva forma de ver lo grabado. Y aquí es donde entra otra de las bazas del HDR en juego: si el 4K supuso una enorme inversión para toda la cadena de producción y los Quantum Dots son una baza solo del reproductor, el HDR permite incluir a los productores sin un gran esfuerzo económico pues, como hemos dicho, es una tecnología que se lleva tiempo utilizando en otros campos.

De hecho, si el talón de Aquiles de la Ultra Alta Definición ha sido que el hardware ha estado listo antes que los contenidos, ya hay productoras como Netflix o Amazon que ya tienen contenidos compatibles con esta tecnología.

Por eso cuando algunos fabricantes decidieron implementar nuevos sistemas de atenuación de la retroiluminación (bajar el tono negro sin evitar que los claros sean más brillantes) todas las piezas del puzzle encajaron. Lo más curioso es que según muchos expertos el HDR podría dejar fuera de juego a la sensación del último año en paneles: el OLED de LG. El motivo es sencillo, si bien permite tonos negros mucho más oscuros al apagar selectivamente los LEDs, sus tonos claros no consiguen todo el brillo que necesita el HDR para completar escenas más nítidas. Es cierto que en la feria de Las Vegas los coreanos mostraron un panel específico para este “nuevo” sistema, pero también lo es que Sony y Samsung llevan cierta ventaja y que Panasonic ya ha lanzado su propio Dynamic Range Remaster.