Windows 95, dos décadas del gran SO de Microsoft

El pasado lunes se cumplieron veinte años del lanzamiento de Windows 95, el sistema operativo de Microsoft que colocó en la cima a la empresa de Bill Gates y, sobre todo, que marcó un antes y un después en el modo en el que vemos los ordenadores y nos relacionamos con la informática. Es por ello que queremos daros unas pinceladas sobre su origen y su desarrollo.

Denominado por los ingenieros Windows 4.0, su nombre interno fue Windows Chicago, si bien, por motivos comerciales Microsoft se decantó por su año de lanzamiento como gancho publicitario. A pesar de que fue el primer sistema operativo de los de Redmond pensado para acercarnos a la incipiente web, la plataforma solo incorporaba accesos a las conexiones de red y tuvimos que esperar al Service Pack 1 para disfrutar de Internet Explorer. A partir de entonces siempre apareció por defecto en todas las versiones de Windows lo que le provocó uno de los juicios antimonopolio más sonados de la historia reciente.

Pero su fé en internet no fue la única novedad que le procuraba un salto respecto a sus competidores. Windows 95 fue el primero en comercializarse en varias soportes físicos. Primero fueron los diskettes de 3,5 pulgadas y más tarde llegaron los novedosos CD ROM. Como curiosidad, ocupaba 13 discos de alta capacidad… y algunas versiones hasta ¡30!

Sobre los requisitos mínimos, fueron uno de los puntos más polémicos del sistema operativo. Oficialmente era suficiente con un procesador 386DX, 4 MB de RAM, 40 MB de disco duro, pantalla VGA y, por supuesto, una unidad de disco. Sin embargo, este hardware solo conseguía acceder mínimamente al programa y acabaron reconociendo que el ideal era un procesador 80486, 8 MB de RAM y 120 MB de disco duro.

Nada mal para un programa que en versión completa costaba 179,99 dólares de la época -mucho- y que si se adquiría para actualizar una versión anterior se quedaba en 79,99 dólares.

También fue el encargado de inaugurar el tema The Microsoft Sound, el tema de 3,25 segundos creado por Brian Eno -fundador de Roxy Music- que le cobró a la empresa 35.000 dólares por una tonadilla que hemos oído miles de veces. Como “regalo” se podía abrir una ventana con el logo de Windows de fondo por el que desfilaban al son de la música los títulos de crédito con los nombres de todos los desarrolladores que participaron en su creación.

Una vez encendido, Windows 95 fue el primero en muchas cosas: en implementar  el menú de inicio, la barra de tareas y la tripleta de botones para cerrar, minimizar y maximizar las ventanas. Han pasado dos décadas pero a día de hoy son fundamentales en cualquier Windows y en muchos otros entornos operativos.

También debutó con el programa el sistema Plug&Play que permitía el reconocimiento de dispositivos nada más enchufarlos para una configuración automática. La idea era buena y a día de hoy sigue vigente pero sus fallos iniciales hicieron que para muchos el sistema se pasara a llamar Plug&Pray (enchufa y reza).

Si hay algo por lo que guardamos cariño a este sistema operativo es porque vio nacer a multitud de juegos legendarios que crearon la actual legión de gamers. Duke Nukem 3D, Resident Evil, Warcraft II, Quake, Fallout o Dungeon Keeper son títulos que marcaron a toda una generación y que hicieron que nuestras pesadas y lentas pantallas se convirtieran en nuestras mejores amigas durante casi una década.

A pesar de todo ello su vida fue relativamente corta. Su última versión comercial se lanzó en 1997 y su soporte técnico acabó el 31 de diciembre de 2002. Esto es, que comparado con los largos 12 años de vida de Windows XP, los 7 de Windows 95 -mucho más impactante en el mercado- se quedaron algo cortos.

Almacenamiento en la nube, ¿cuál es la mejor opción?

Hace casi cuatro años que os presentamos en esta bitácora la nube un tipo de almacenamiento que estaba llamado a ganar relevancia con la explosión de los dispositivos móviles y la demanda de los usuarios de tener cualquier contenido en cualquier lugar dependiendo solo de su conexión a internet. Desde entonces todos los gigantes de internet han desarrollado y potenciado su opción y son pocas las opciones “independientes” que se han consolidado, aunque éstas sigan siendo la referencia. Atrás quedan los dispositivos externos de almacenamiento. Ahora, de la mano de Gizmodo, os presentamos las cinco opciones más importantes y os damos nuestras recomendaciones sobre cuál es la mejor para vosotros.

  • Drobox. El primero, el pionero, la opción que va unida mejor que ninguna otra a subir, almacenar y compartir archivos en la nube por su condición de multiplataforma. Su condición multiplataforma la ha convertido en la opción más popular a pesar de que su oferta gratuita es la más escasa (2GB) y sus precios no son los mejores para escalar la capacidad de almacenamiento. Han conseguido acuerdos con Samsung para los Galaxy de gama alta y con Microsoft para integrarse en Office y hacer una dupla muy interesante con OneDrive. En cualquier caso, sus clientes para casi todos los sistemas operativos la hacen ideal para aquel que no quiera complicarse mucho la vida. Eso sí, tendrá que estar atenta porque sus -poderosos- rivales están cada vez más cerca en cuanto a usuarios y usabilidad.

  • Google Drive. La empresa con más presencia en internet y en el negocio móvil debía tener una oferta en la nube a la altura. Su enorme oferta básica (15GB) su integración total con todos los servicios Google estén en la plataforma en la que estén y su precio son sus mejores bazas. La capacidad se puede escalar desde 100 GB a 30 TB (desde 2 hasta 300 euros al mes). Para los sistemas operativos para los que no tiene clientes se puede acceder vía web. Una oferta muy a tener en cuenta y la mejor opción si se cuenta con un dispositivo Android.

  • iCloud Drive. Si Google desarrolló una opción a medida de los productos y servicios de su catálogo Apple hizo lo propio con su nube. Funciona exclusivamente con iOS y OS X con los que está integrado de una forma absolutamente armónica. De este modo, para los usuarios del ecosistema de la manzana es la mejor opción por su forma de funcionar con las apps de la tienda de Apple así como por sus precios: 20 GB extras cuestan 0,99 euros al mes. De base nos regalan 5GB de almacenamiento.

  • OneDrive. La tercera de Silicon Valley que analizamos es la opción de Microsoft. La heredera de SkyDrive llega con 15 GB como oferta base gratuita y una integración con Windows y Office tan buena como la de Apple. Su talón de Aquiles es que su versión web es mucho más endeble que la de Google Drive. Sus precios para escalarla son francamente buenos: 100 GB cuestan 2€ al mes y 1TB con una suscripción a Office365 se queda en 99 euros. Tiene clientes muy buenos para iOS, Android y Windows Phone y tiene como función destacada que toda la música que almacenemos está accesible desde cualquier equipo con acceso a internet -como una consola-. Por cierto, el sistema Bing Rewards premia a aquellos que vinculen OneDrive con Dropbox y les puede regalar hasta 240 GB.

  • Box. La última opción de Gizmodo es un servicio más orientado a profesionales aunque tiene buenas opciones para los usuarios domésticos. La oferta base es de 10 GB aunque suelen lanzar opciones para iOS y Android que aumentan hasta los 50GB la capacidad de la cuenta. Lo mismo ocurre con los clientes de LG, HP o Dell que cuentan durante un año con esta cifra para sus dispositivos de forma gratuita. Con clientes para casi todos los SO destaca por sus opciones avanzadas de seguridad y transmisión de contenidos.

Windows 10, ¿cómo se desenvuelve en un tablet?

Si hace poco más de una semana os explicábamos nuestras primeras impresiones con el flamante Windows 10 ahora le toca el turno a las tabletas uno de los campos de batalla más duros por la enorme implantación de iOS y Android. Las tabletas e híbridos han supuesto una revolución en el universo PC durante la última década. A medio camino entre las facilidades de los smartphones y la potencia de los ordenadores, sus detractores achacaban que muchas de las posibilidades de un portátil se veían recortadas en equipos que, además, eran proporcionalmente más caros.

Para su defensores las tabletas son mucho más que suficientes para un usuario que normalmente enciende su ordenador para consultar el correo, navegar, descargar contenidos, visitar redes sociales y, puede, jugar. ¿Qué ocurre para el usuario medio en el ámbito profesional? Con el tiempo han llegado versiones adaptadas de las principales suites ofimáticas que han recortado la diferencia con los portátiles y que, en ocasiones, los han convertido en herramientas innecesarias. Sin embargo, el enorme peso de Windows en el entorno profesional seguía haciendo que Android o iOS fueran “escasos”.

Por eso cuando Microsoft presentó Windows 10 dijo que era la primera vez que un sistema operativo completo podía adaptarse a diferentes dispositivos sin perder ni un ápice de funcionalidad. ¿Es esto cierto? Nuestra toma de contacto fue con Surface 3, la versión aligerada y “normalizada” de la potentísima Surface 3 Pro, mucho más cerca de un portátil que de una tableta.

Además, la prueba se hizo sin teclado físico para acercarnos más a la experiencia nativa de un dispositivo móvil táctil. Por cierto, Windows 10 está “preparado” para ajustar sus parámetros en caso de que insertemos un teclado, de modo que se convierte en un híbrido en toda regla. De una forma muy intuitiva, y sin necesidad de ningún ordenador, podemos entrar en el Centro de Actividades para activar el modo tableta o explicarle que tenemos un teclado.

Cuando estamos en “modo tableta” las aplicaciones se abren siempre a pantalla completa, desde el navegador hasta el Explorador de Windows y aunque siga existiendo el botón que permite redimensionar el interfaz, éste está deshabilitado. Movernos entre aplicaciones es tan sencillo como emplear la barra de tareas (que se puede ocultar) o bien el botón multitarea que nos permitirá acceder al programa que queramos con solo dos toques de pantalla.

Incluso el formato de pantalla dividida, que tan buenas sensaciones nos dio hace mucho tiempo en el Galaxy Note, es fluido y nos permite trabajar con dos programas a la vez sin problemas. Su configuración también es sencilla e intuitiva: aparece la pantalla dividida y arrastramos cada aplicación al lado del panel que queramos. Un guiño interesante: el reparto del interfaz no tiene por qué ser 50-50 y podemos distribuirlo como queramos.

Para los que busquen una réplica exacta entre el menú de la tableta y el de escritorio, una mala noticia: el menú de inicio no aparece por defecto y el diseño recuerda más al de Windows 8. Solo los botones de apagado -reinicio y modo reposo incluidos- así como uno para listar todos los programas del equipo. Aún así podemos personalizar la pantalla principal como en Windows 10 para que aparezca un botón similar al del menú más famoso de Microsoft. El tamaño de cada una de las ventanas, por cierto, se puede personalizar en tamaño, disposición y color.

Algunos de los entresijos de Windows no se han adaptado del formato PC al de un gadget móvil, si bien es cierto que los casos como el Explorador de Windows o la Configuración del sistema siguen siendo fáciles de usar con las manos y no exigen buscar demasiado como ajustarlos. En general es una plataforma fluida, estable y rápida que no parece que pedirá muchos recursos a los dispositivos menos potentes y que sigue teniendo un talón de Aquiles que puede echar atrás a muchos compradores potenciales: la tienda de aplicaciones sigue siendo presencial y la distancia con las de Apple y Google sigue pareciendo inabarcable a corto plazo. Trabajo extra para los desarrolladores pero una buena nota inicial para Windows 10.

Windows 10, las primeras impresiones

Por fin ha llegado Windows 10 a nuestras manos. La plataforma-sistema operativo con el que Microsoft quiere redimirse de errores pasados -el más evidente, la desaparición del menú de inicio que hizo que muchos usuarios de Windows 7 y anteriores se negaran a actualizarse a 8- y, sobre todo, con el que quiere parar la sangría de migraciones hacia otra suerte de dispositivos móviles completamente autónomos, más que suficientes para un usuario medio y que se caracterizan por correr con Android -Google- o iOS -Apple-.

Sin embargo, el equipo de Satya Nadella tenía claro que debía haber continuidad con Windows 8, un entorno operativo minusvalorado y con un buen puñado de virtudes que tienen mucho recorrido. Los iconos, el diseño y las posibilidades de personalización es el mejor ejemplo. De facto, podemos incluso eliminarlos para quedarnos con una versión retro.

El equipo con el que lo hemos probado es un portátil “medio-alto”: un procesador i5 a 1,7 GHz con función Turbo Boost y 8 GB de RAM. La tarjeta gráfica es una Intel HD Graphics 4400 y cuenta con un disco SSD con 256 GB de capacidad. Un Toshiba Satellite Click 2 Pro con pantalla Full HD de 13,3 pulgadas. Buenas especificaciones sobre todo para testar un software que promete ser mucho más ligero que cualquier versión anterior: los requisitos son los mismos que se pedían para correr con Windows 7 o Windows 8.

Y en esta ocasión Microsoft cumple con lo prometido: durante toda la semana que hemos podido probar el ordenador ha demostrado una gran fluidez. Incluso trabajando con programas como Photoshop donde ha clavado los tiempos de nuestro habitual iMac (aunque este cuente con especificaciones diferentes: procesador i5 a 2,5 GHz y 4 GB de RAM, 512 MB de tarjeta gráfica y 500 GB de disco duro) que por ahora trabaja con OS X Yosemite.

En cualquier caso lo que más nos ha gustado es la forma en la que Cortana trabaja con el ordenador. No solo sirve para hacer preguntas sobre contenidos o el tiempo sino que permite abrir programas o tomar notas. Su lista de funciones es enorme: contactos del teléfono, vuelos, crear alarmas, cantar -sí, canta y cuenta chistes aunque esto último no lo hemos probado-, reproducir música, crear recordatorios inteligentes, buscar en la web, etc.

Algo que hasta ahora no había llegado a los ordenadores y que, para los que estamos habituados al uso de asistentes virtuales es una bendición. Todo es mucho más rápido y natural. Algo más que un toque geek para convertirse en todo un ayudante que permite optimizar la productividad y relacionarse mejor con el equipo.

Es solo la punta del iceberg de un sistema operativo que ha sido diseñado para ser funcional y natural. Y esto lo vemos también en herramientas tan fundamentales como Edge. Puede parecer un programa más inmaduro que Chrome, Firefox o Safari -y lo es por su juventud- pero demuestra un potencial sorprendente y las ideas como permitir tomar anotaciones en las web para compartirlas o almacenarnas se nos antoja excepcional en campos como la educación o la información.

El interfaz es mucho más intuitivo en los menús internos del ordenador. Algo fundamental ahora que nos hemos acostumbrado a entrar en cualquier programa a golpe de dedo. La seguridad y la privacidad ahora son más sencillas de gestionar y prometen ser mucho más potentes. Funciones menores como poder grabar con un solo click todo lo que ocurre en la pantalla -una herramienta de valor incalculable para su implantación en empresas mediante tutoriales- son un guiño para una implantación que ha de ser mayor que en versiones anteriores.

Como “peros” se nos ocurre que, a pesar del tiempo que Microsoft le ha dedicado a esta enorme mejora y de los esfuerzos de los de Redmond para explicarnos las aplicaciones universales y la importancia de los paneles táctiles en todos sus equipos (Surface, Lumia y ordenadores) hay una enorme carencia de aplicaciones táctiles para Windows 10. El mismo problema que ocurrió con Windows 8 y que lo dejó muy por detrás de sus rivales. Parece que la apuesta de Nadella es doble: confiar en su peso en el mercado para que los desarrolladores se encarguen de las mejoras y aprovecharse del trabajo que ya han hecho para iOS y Android.

Mientras esto ocurre, las ventas de Mac siguen disparadas, los Chromebook se convierten en una herramienta cada vez más habitual y los equipos móviles de Apple y Google siguen abriendo hueco con todos sus rivales. ¿Por qué comprar una adaptación pudiendo tener un original? Este es el reto de Microsoft. De momento 10 nos ha sorprendido muy positivamente aunque le queda mucho margen de mejora.

Descargas, la nueva batalla entre la Administración e internet

Durante los últimos meses las noticias en las que las Administraciones han tomado el control de diferentes dominios de páginas web han sido más o menos habituales. Acciones en las que los Gobiernos, para defender los derechos de autor han ido cercando las web más polémicos o que más daño hacen a los grandes creadores y las distribuidoras. Sin embargo, a pesar de la movilización que ha provocado esto en internet, los legisladores parecen querer ir un paso más allá y el objetivo ahora es cualquier plataforma que deje enlazar a estas webs.

Como no podía ser de otra forma, la Computer & Communications Industry Association (CCIA), encabezada por Microsoft, Google y Facebook han mostrado su desacuerdo al intentar mostrarles como colaboradores de las descargas ilegales y ante la posibilidad de acciones legales que pudieran ir en su contra.

Pero, ¿cuál ha sido el detonante? Al parecer, las páginas libgen.org y sci-hub.org han sido acusados de la distribución de millones de artículos ilegalmente y, en la denuncia interpuesta por la editorial Elsevier se ha solicitado que se prohiba dar alojamiento a ambas, así como que desaparezcan de los resultados de búsqueda en webs como Bing, Google o Yahoo!. Las grandes tecnológicas, de momento, las han eliminado y, aunque no se han pronunciado todavía, podría presentar una queja formal para conseguir que las dejen al margen de esta guerra.

Para la CCIA, las empresas intermediarias -buscadores, por ejemplo- no toman parte de las actividades de las webs a las que enlazan con lo que consideran que ellas no deben formar parte de unas medidas cautelares que a la larga acaban atacando a la raíz de su negocio. Enlazar con una web de descargas y mostrársela al usuario no significa ni que se esté de acuerdo con la actividad que realiza esa página y, de facto, ni siquiera conocerla.

De facto, si la web es declarada ilegal, ésta será obligada a cerrar con lo que desaparecería del sistema de búsquedas. De lo contrario, y hasta que haya sentencia, las páginas son perfectamente regulares y no mostrarlas solo serviría para dar una visión distorsionada a los clientes y, por tanto, bajar la calidad del servicio que les ofertan.

Los grandes buscadores, sistemas de alojamiento, etc. siempre han defendido su posición ante cualquier actividad ilícita o que pudiera redundar en un daño a un tercero. Sin embargo, sus departamentos jurídicos también defienden que la neutralidad previa a una sentencia judicial no significa en ningún caso apoyar las descargas ilegales.

Parece que se ha abierto un nuevo frente entre la industria del espectáculo y la tecnológica. La duda es saber qué postura tomarán las administraciones ante la enorme presión que ambos lobbys ejercerán sobre el gobierno.