La alarma social se disparó con la publicación de la memoria oficial de Amazon en el Reino Unido esta misma semana. La filial británica de los de Jeff Bezos facturaron más de 5.000 millones de euros durante el último año fiscal pero tan sólo tributaron 2,8 millones. Si a eso le sumamos que recibieron en subvenciones más de 4 millones por parte del Gobierno británico, la polémica está servida.
Hasta ahora Estados de la Unión como Francia o Alemania se había sumado a las quejas de Washington sobre la ingeniería fiscal de las grandes tecnológicas de Silicon Valley que se las ingenian para desviar miles de millones de dólares en impuestos hasta paraísos fiscales para eludir sus obligaciones sociales. Ahora es Londres la que pide poner en el primer punto de la agenda continental esta sangría de millones para las arcas públicas.
Es cierto que estas son prácticas clásicas en las grandes multinacionales pero ninguna lo había hecho hasta ahora con tanto descaro como Apple, Google, Microsoft o Amazon, las cuatro grandes del sector tecnológico que, cada poco tiempo, se jactan de su potencial económico y de su papel como motores económicos. Las empresas dicen que cumplen la ley a rajatabla -y estrictamente así es puesto que la legislación deja siempre “salidas” a quienes saben aprovecharlas-, aún así, David Cameron ha pedido una acción conjunta internacional que bloquee estas posibilidades para que estos titanes tributen en consonancia a sus ingresos como cualquier otra persona jurídica.
La filial británica de Amazon contrata directamente a unas 4.200 personas e, indirectamente, a algunos miles más. Sin embargo, a efectos tributarios está configurada como una proveedora de servicios con sede en Luxemburgo. La mala noticia para la librería online es que la Agencia Reuters compiló información en la que buscaban “vendedores” para el Reino Unido lo que es soporte legal suficiente para que los legisladores puedan pedirles un buen puñado de millones.
Son varios los parlamentarios londinenses los que han explicado que urge un cambio de una legislación que va mucho más despacio que las grandes empresas que operan en internet y, por primera vez en mucho tiempo, tanto liberales como laboristas parecen dispuestos a arrimar el hombro para acabar con unas prácticas que, para algunos son “patéticas”.
Otras plataformas, como las asociaciones de libreros, pretenden atacar al gigante demostrando que sus prácticas fiscales se convierten, directamente, en competencia desleal al contar con ventajas a las que otras empresas más pequeñas no pueden acceder.
Google y Apple, investigadas
Pero la empresa de Jeff Bezos no es la única a la que los legisladores quieren echarle el lazo. Esta misma semana los representantes de Google en las Islas Británicas han tenido que enfrentarse a los legisladores quienes espetaron a Matt Brittin (responsable en Europa del buscador) el motivo por el que Reuters había podido demostrar que contrataron a “vendedores” en el Reino Unido cuando su excusa fiscal es que “no venden a nadie en el Reino Unido” -la estrategia de Amazon se repite-.
Brittin explicó que su empresa cumple “plenamente” con la legislación vigente -sonó a reto sobre si se atreven a cambiarla- y, además, dijo que el motivo por el que en noviembre dijo que no vendían a nadie y en la actualidad sí es que la actividad de la multinacional estadounidense se ha diversificado.
Aún así, dijo que la plantilla de Google Irlanda y Google Reino Unido están vinculadas en su estrategia empresarial y que los británicos tan sólo comienzan operaciones de venta que “no están cerrando” lo que minimiza su impacto comercial -y obligación de pagar impuestos-.
Todo este revuelo fiscal llega la misma semana que Tim Cook, sucesor de Steve Jobs como CEO de Apple, anunció que este mismo martes solicitará al Congreso de Estados Unidos que hagan una excepción -o modifiquen la Ley- para que repatriar los cientos de miles de millones de dólares que los de la manzana han desviado a paraísos fiscales cueste menos que ese 35% que exige la normativa americana -se calcula que superan los 100.000 millones de dólares-.
Cook dijo que “no dicen que sea cero pero una tasa más razonable se traduciría en una mayor capacidad de inversión de las compañías” en suelo estadounidense “en puestos de trabajo e investigación”. Todo un chantaje velado. De momento, los intentos de Microsoft y HP de rebajar la tasa no sólo han fracasado sino que podrían acabar con un cambio de legislación histórico a ambos lados del Atlántico.





