E3, la gran feria del ocio en cinco claves

Con la industria de los videojuegos batiendo récords de facturación gracias a su capacidad camaleónica para adaptarse a las nuevas tecnologías y a las nuevas tendencias (el consumo en línea y las plataformas en streaming así como nuevos soportes donde se demanda más la movilidad que la calidad gráfica), podemos decir que la Electronic Entertainment Expo de este año ha sido una de las más espectaculares por lanzamientos, contenidos y expectativas. Os la recordamos en cinco claves.

  • Microsoft se olvida de Kinect para apostar por Hololens (y Cortana y la Xbox One). Kinect fue la medicina que permitió a la Xbox recuperar el control del mercado después del efecto Wii. De hecho, su salto a los PCs hizo pensar que sería uno de los centros del negocio de entretenimiento de Microsoft. Sin embargo, la llegada de Windows 10 y las Hololens ) así como el lanzamiento de un nuevo (y caro) mando para la consola ha hecho que el sensor de movimiento -que como os enseñaremos este verano tiene muchas aplicaciones en nuestra vida diaria- hay sido uno de los desaparecidos de este E3. La Xbox estrenará Cortana y una nueva interfaz que la sitúa al menos a la par de la PS4 para convertirse en el centro de ocio doméstico y el Elite para Xbox One será una de las estrellas para los jugones. Su hardware es bestial sin casi tiempo de respuesta. Los botones son más ergonómicos y su diseño embelesa. ¿Qué ocurrirá con todos estos periféricos cuando podamos controlar todo por voz? La respuesta la tendrá Cortana.

  • Sony apuesta por la calidad… y la cantidad. El valor del E3 para Sony es capital. Estados Unidos es uno de los pocos mercados donde va claramente por detrás de la Xbox en ventas. Además, el yankee es uno de los que más aprecia el músculo en los dispositivos. Por eso, como la PS4 va sobrada de hardware el peso ha caído en una actualización de su catálogo propio de 2025. The Last Guardian por fin llegará en 2016 dispuesto a hacer historia. Uncharted 4 deja claro que hay que tener mucha potencia para mover una historia llena de acción y con unos gráficos nunca antes vistos. El remake de Final Fantasy VII salda la deuda de los más fieles a la casa y, de paso, actualiza su calidad a niveles top. El nuevo capítulo de Call of Duty volverá a ser un gran gancho para los indecisos y el trío Horizon: Zero Dawn; Hitman (el ansiado regreso del agente 47) y Destiny: el rey de los poseídos redondean un arsenal de lanzamientos pocas veces visto.

  • Nintendo sabe que su supervivencia pasa por ser diferente. La situación de Nintendo es muy delicada. Los dispositivos móviles de última generación se han demostrado perfectamente capaces de mover juegos del tipo DS y esto ha mermado las ventas de los nipones. Sin embargo, su reciclaje hacia los smartphones y tablets, su catálogo absolutamente único y su personalidad diferenciada respecto a los demás fabricantes son su mejor baza para sobrevivir. El E3 volvió a ser un lugar donde destacar gracias a la transformación de títulos como Starfox Zero, el incremento de la relevancia de los Amiibo o la nueva versión de Super Mario (en este caso Maker) para celebrar los 30 años de esta franquicia irrepetible. Les deseamos lo mejor.

  • Llega la guerra de las tarjetas gráficas. AMD presentó las nuevas R9 Fury y Fury X. Modelos que por su nombre ya denotan una agresiva actualización de las R7 y R9 de 2013 que ya habían sido superadas ampliamente por sus equivalentes de Nvidia.  Destaca la segunda, la más potente que jamás ha presentado la empresa y que cuenta con nuevos núcleos Fiji con refrigeración líquida y unas cifras de escándalo: 8.900 millones de transistores, 4096 procesadores Open CL y memoria RAM HBM, la evolución de las GDDR5. Permitirán un ancho de banda de 512 GB/s lo que se traduce en mayor velocidad gráfica con un menor consumo. También presentaron actualizaciones de las anteriores R7 y R9 (normales) pensadas en los PC gamers. Aunque el titular se lo llevó esta bestia que promete una era en el rendimiento gráfico y una batalla abierta con Nvidia por recuperar el trono de los componentes.

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Oculus Rift, reales en 2016

Su presentación a la par que el ansiado Windows 10 no dejó a nadie indiferente. Desde entonces los rumores sobre sus aplicaciones, su viabilidad como periférico “habitual” y las posibilidades de que fueran finalmente comercializadas se han disparado cada vez que Microsoft presentaba cualquier novedad en su catálogo. El día 11 por fin se confirmó. Oculus Rift serán realidad y se comercializarán.

Después de años de desarrollo, Oculus ya tiene sobre la mesa su producto final y su estrategia para comercializarlo (precio no incluido). Se ha retocado el diseño para hacerlo más cómodo y más comercial. Ahora se podrá coger en la mano sin problema -algo que no siempre se podía hacer con los kits para desarrolladores-. El casco será ligero y permitirá ajustarse a cualquier tamaño (y forma) de cabeza.

Sus paneles también han mejorado ya que las lentes serán dos OLED con una resolución conjunta de 2160×1200 píxeles. Moverán nada más y nada menos que 233 millones de píxeles por segundo. Sobre la mesa en la que estemos sentados habrá un sensor que calibrará las gafas y servirá para gestionar mejor la captación de los movimientos del usuario. Del audio se encargarán dos almohadillas incorporadas pero si queremos algo más “potente” podremos retirarlas e implementar auriculares.

Para los gamers, el casco vendrá en pack con un mando para Xbox oficial. Funcionará con cualquier otro periférico compatible con la Xbox pero la implicación de Microsoft con Oculus ha sido tal que incluso Phil Spencer estuvo en el auditorio de la presentación. Y todo ello como aderezo para multiplicar la experiencia sensorial con los juegos de la consola de los de Redmond. Y nos centramos en la Xbox porque ya dejaron claro que va a ser necesario un PC realmente potente para aprovechar este accesorio.

2016 será la fecha que servirá para saber si Oculus se acordará de OS X y de Linux. Si serán capaces de demostrar a los clientes potenciales que las Rift van mucho más allá de los juegos y que tiene otras aplicaciones de ocio y trabajo. También su precio y cuál será la política con su software (actualizaciones).

En cualquier caso, prometen ser uno de los lanzamientos más importantes del año que viene. Hay escépticos que recuerdan el varapalo de Google Glass pero creemos que esta vez el mercado ya está más preparado para un dispositivo que no dejará indiferente a nadie: clientes, inversores y empresas involucradas.

Lenovo Ideacentre Stick 300, más potencia, menos tamaño

La ultramovilidad parece haber llegado a los ordenadores con intención de quedarse. Más allá de portátiles ligeros con pequeñas pantallas y sistemas operativos que pesan poco -lo que les permite tener menores especificaciones, consumir menos, tener baterías más compactas y por tanto ser más manejables- se comienzan a presentar soluciones en forma de miniPCs en formato dongle HDMI.

Lenovo ha sido la última en sumarse con su Ideacentre Stick 300, un pequeño ordenador con chip Atom Z3735F y que implementa Windows 8.1 como sistema operativo actualizable a Windows 10 a partir del 29 de julio.

El pequeño stick cuenta con 2 GB de RAM, 32 GB de capacidad de almacenamiento con una ranura de expansión microSD para ganar capacidad y soporte para conexiones WiFi y Bluetooth 4.0 lo que permitirá conectar teclados y ratones inalámbricos al conjunto stick-monitor. Cuenta con un puerto USB 2.0 con posibilidades de expansión y de la alimentación del conjunto se encarga el microUSB.

Es probable que las características os suenen de otros modelos presentados hace poco por Intel, Microsoft o Google. La de Lenovo es una propuesta idéntica al Intel Compute Stick tanto en cuanto a hardware como a software. Incluso, comparten una pequeña rendija de refrigeración que nos hace pensar que contamos con un pequeño sistema de ventilación. En el caso de Microsoft y Google se cuenta con una refrigeración pasiva que, según los fabricantes, no pondría en riesgo el rendimiento del conjunto.

El equipo, disponible en julio, también cuenta con otra característica fundamental de sus rivales: un precio de derribo. 129 dólares en el caso de los herederos de IBM. Un precio muy accesible que no solo permite acceder a nuestro ordenador en cualquier lugar en el que haya un monitor o televisión con entrada HDMI sino que permite democratizar el mercado de ordenadores con un precio muy competitivo y un rendimiento que debería mejorar cuando Windows pase a su versión 10 y gane ligereza.

Intel quiere tomar ventaja

El Atom es uno de los puntos en común a todos los equipos presentados excepto el de Google ¿Por qué Intel se está centrando tanto en esta batalla? Con la guerra de los smartphones y tabletas perdidos y con la amenaza de que Apple le quite un buen trozo de mercado si finalmente decide diseñar y construir todos los procesadores de su catálogo, Intel se ha dado cuenta de que la mejor opción es intentar adelantarse a sus rivales en el inminente centro de ocio doméstico: la televisión.

Convertirla en un ordenador no solo hace que sea la llave de acceso a un Windows que promete cambiar las tornas de la batalla Android-iOS-Windows en el espacio domótico. Si se da el escenario adecuado la jugada de Intel puede reverdecer sus laureles de nuevo.

Smart TVs, cinco pequeñas grandes ideas

Son muchos los usuarios que se plantean si tendrán que cambiar de televisor para poder disfrutar de la revolución que la pequeña pantalla está viviendo. Una adaptación que está pensada para convertir este equipo en el centro de ocio doméstico (de nuevo) y perder la fuga de espectadores hacia las plataformas en streaming adaptadas a tabletas, portátiles y smartphones.

Conocedores de esto son muchos los fabricantes que quieren aprovechar la coyuntura (muchos usuarios se preguntan si realmente aprovecharán la parte smart de sus televisores) y han lanzado pequeñas soluciones que, por poco dinero, permitirán dar el salto al siglo XXI a nuestro equipo doméstico.

Os traemos las propuestas de cinco grandes de Silicon Valley. ¿Con cuál os quedáis?

  • Microsoft Wireless Display Adapter. Compatible con Miracast, la propuesta de Microsoft para volcar las aplicaciones y contenidos de nuestro PC, smartphone o tablet a la pantalla cuesta solo 60 dólares y es perfecta para todo aquel que quiera utilizar la televisión como una segunda pantalla. Se alimenta mediante un USB que los de Redmond incluyen en el propio dispositivo. Eso sí, debe estar cerca del HDMI pues es un equipo francamente compacto.

 

  • Intel Compute Stick. Una de las firmas más volcadas con el Internet de las Cosas propone que cualquier pantalla -cualquiera- con un puerto HDMI se convierta en un PC con Windows 8.1. En vez de diseñar un televisor con un procesador, la empresa de chips por excelencia propone un sistema externo con un Atom de cuatro núcleos, 2 GB de RAM y 32 GB de almacenamiento con un microUSB, un USB y ranura de expansión. Costará unos 120 euros pero es una de las mejores opciones de este año.

  • Chromecast y Chromebit. Los de Mountain View hace dos propuestas similares pero con un público objetivo bien diferente. Por un lado, Chromecast se presenta como un stick para televisores que busca -mediante alimentación externa- permitir el acceso al usuario a plataformas como YouTube, Google Play o Waki. Por 35 euros podremos enviar cualquier contenido del dispositivo (Android o no) a la pantalla. Chromebit, por el contrario, es una propuesta similar a la de Intel, un periférico que llevará nuestro universo Chrome -y por ende Google- a cualquier pantalla. Llegará las próximas semanas y no superará los 100€.

  • Fire TV Stick. Aunque los productos de la familia Fire no han cosechado demasiado éxito en nuestro mercado, cualquier dispositivo barato (40 dólares) que nos permita acceder a todo el catálogo Amazon nos parece una posibilidad a tener en cuenta. Más potente que Chromecast en su hardware (soporta juegos) es perfecto para aquellos que primen sobre todo la seguridad. Lo malo, habrá que traerlo de importación desde el país del Tío Sam, solo se vende allí.

  • MeeGoPad T01. Si dudas de si la mejor opción para tu televisor es Windows o Android, MeeGo propone un gemelo del Compute Stick de Intel (comparte procesador y RAM y solo se diferencia de él en la capacidad de almacenamiento ya que lo podremos comprar también con 16 GB) con una licencia Windows 8 -que habrá que completar- y pleno acceso a la plataforma de Google. Se puede conseguir por 90€ y lo hay en blanco.

Windows 10, ¿último o primero de su especie?

Sin duda Windows 10 ha conseguido -incluso antes de llegar- que Microsoft vuelva a copar todas las portadas y gran parte del interés que suscitan las grandes tecnológicas estadounidenses. Sus novedades, su condición multiplataforma, sus continuas noticias sobre mejoras y su gratuidad -si se dispone ya de una versión original- son algunos de los ingredientes con los que los de Redmond esperan remontar en el universo móvil y apuntalar su condición de intocables dentro de los PCs.

La última campanada, sin embargo, viene en el propio concepto que Microsoft tiene de su última versión del sistema operativo. Y decimos última porque, en boca de Jerry Nixon en la conferencia Ignite, “el futuro de Windows es ser un servicio”. Todo se construirá “a partir de Windows 10 y desde Windows 10″. Será un software -como lo entendemos de forma “tradicional”- pero que no recibirá sustitutos sino continuas mejoras para adaptarse a las necesidades de los usuarios.

Su CEO, Satya Nadella, estuvo tiempo desarrollando los servicios en la nube de Microsoft y cuando fue elegido decidió que era hora de sacar lustre al nombre de esta legendaria empresa. Más allá de la polémica reestructuración de la empresa -que se saldó con miles de despidos- Nadella tenía claro que Microsoft solo podría frente al avance de Google y compañía si mostraban al mundo lo que podían hacer: una plataforma global sin versiones para cada dispositivos -todos tienen cabida en Windows 10- y que es compatible con cualquier equipo sin importar lo futurista que este sea (Hololens).

Windows 10 se concibió como lo que los expertos denominan un sistema operativo modular es decir, un software que permite cambiar solo partes de su código para aumentar las prestaciones e implementar mejoras sin que el núcleo del mismo cambie. Se pueden cambiar algunos de sus componentes para adaptarlo a cualquier dispositivo ya que su núcleo funciona en cualquier gadget. Y, lo mejor de este concepto, es que su núcleo se puede ir desarrollando si necesidad de tener que crear una versión de cero cada cierto tiempo para estar actualizado.

¿Es esta idea nueva? No. Es algo que se lleva tiempo aplicando en los sistemas operativos móviles y sus aplicaciones: se desarrollan mejoras continuamente y se actualizan sin necesidad de reinstalar todo de cero. ¿Lo tenía ya Microsoft? Más allá de disfrutarlo en su servicio de correo -que se actualiza cada mes- la Xbox lleva tiempo disfrutando de continuas mejoras para optimizar su rendimiento. Y lo mismo podemos decir de la versión beta de Office para Windows 10.

Para acceder a esta actualización solo será necesario tener ya una versión original de Windows 7 o Windows 8. Al dar el salto a 10 Microsoft podrá identificar a todos sus usuarios -y saber cuáles tienen versiones pirata- y conocer el grado de éxito del lanzamiento de su plataforma además de permitir una homogeniezación que hasta ahora la implantación de XP, por ejemplo, no ha permitido a las versiones anteriores.

Lo más probable, siguiendo el ejemplo de Apple o Google, es que las actualizaciones sigan siendo gratuitas y que donde realmente gane dinero Microsoft sea con los servicios premium: servicios en la nube similares al actual Office 365 que sin suponer un gran desembolso para los clientes dejan una buena cantidad de ingresos en las arcas de Redmond y multiplican la calidad de la experiencia de uso. Todas las respuestas en pocas semanas.