Windows 10, cuando el enemigo está en casa

2015 debía ser el año de Windows 10. Por fin los chicos de Microsoft contaban con una herramienta con la que superar las anquilosadas fronteras de los ordenadores (de sobremesa o portátiles) y dar el salto a nuevas experiencias: la simbiosis total con el universo (muy exitoso, por cierto) de la Xbox y de los dispositivos móviles. Una forma de demostrar a sus clientes que los errores de Windows 8 habían quedado atrás para siempre y de dotarles de una herramienta cuya mejor baza no era su implantación sino la estabilidad y velocidad de otros rivales.

Han pasado ya cinco meses desde su lanzamiento y, a pesar de polémicas sobre su instalación automática sin permiso de los usuarios, solo podemos concluir algo: la cuota de mercado de Windows 10 (un 10%) está aún muy por debajo de la de otros sistemas operativos de la empresa y no solo no ha servido para incrementar el dominio de Microsoft como dominadora absoluta del mercado doméstico y de negocios sino que ha visto como OS X (a años luz de Windows) ha crecido significativamente en el mercado.

Es cierto que la plataforma de Apple es irrelevante (7,02% del mercado) pero también que viene de un 5% del año pasado. Y tampoco ha convencido a los fieles de Linux (1% del pastel) a cambiar a un Windows más “estable”. Windows XP (ya sin soporte), Windows 7 y Windows 8 siguen muy por delante del nuevo entorno operativo y, lo peor, es que parece que en la empresa no saben que hacer para que dejen de truncar la evolución del software.

Los errores de Windows 10, sus problemas de seguridad y estabilidad inciales y su debilidad como plataforma móvil -en un momento en el que los híbridos y los phablets son los equipos de referencia de millones de usuarios- le han restado crecimiento. A pesar de que sus primeras cifras de implantación eran optimistas: 75 millones de máquinas en 4 semanas y 110 después de solo 10 semanas.

La multinacional de Redmond sigue diciendo que su objetivo es realista: estar en 1.000 millones de máquinas en tres años. Y que el salto se dará cuando los usuarios comiencen a renovar sus ordenadores. El problema es que cuando lo hacen no se decantan por otro PC sino que muchos optan por plataformas con Android o iOS y solo aquellos que necesitan “algo más” o los nostálgicos deciden volver a los ordenadores de sobremesa.

Además, según los analistas, la implantación de plataformas en streaming de música y vídeo cada vez más completas y fiables ha hecho que una de las funciones básicas de multitud de usuarios en todo el mundo  -las descargas- deje de tener sentido y que para la mayor parte de las habilidades de un PC (navegar, consulta de correo, redes sociales, consultar de cuentas bancarias o jugar) ya hay alternativas más rápidas y baratas.

La guerra, le guste o no a Microsoft, se disputará en dos terrenos muy adversos para ella: las plataformas móviles y el universo industrial (4.0) donde Android, iOS y Linux le sacan una gran ventaja. ¿Estará a tiempo de reciclarse? ¿Su futuro estará en el software y en la fabricación de equipos domésticos de gran calidad?

Windows 10, a Xbox vía actualización

Tres meses después del lanzamiento de Windows 10 y ya instalado en 120 millones de equipos Microsoft por fin ha lanzado la primera gran actualización de su sistema operativo de referencia. Una versión que la empresa promete llena de novedades y, sobre todo, mucho más compatible que la anterior. Como muestra, ya está disponible para su descarga en las Xbox One.

La mejora de Windows 10 comienza desde el arranque. La plataforma ha mejorado mucho durante estas semanas y el feed back con los usuarios ha hecho que, por ejemplo, su inicio sea ya un 30% más rápido que Windows 7 para todos los equipos. Cortana, una de de las bazas del entorno frente a sus rivales, ya no solo será capaz de implementar sugerencias y reconocer nuestras notas para configurar recordatorios desde una cuenta con Edge, también se podrá utilizar con una cuenta local. Mucha más libertad y facilidad para su personalización.

Por su parte, el navegador -que aunque es netamente mejor a Explorer parece condenado vivir en la dictadura de Chrome- ha recibido mejoras de rendimiento y la posibilidad de visualizar los contenidos de las pestañas sin necesidad de entrar en ellas. Por cierto, ahora se sincroniza entre todos nuestros dispositivos (si se desea) para facilitar la navegación. Solo le vemos un “pero”, no hay ni rastro de noticias sobre posibles extensiones.

Skype es otro de los soportes que recibe mejoras muy interesantes. Ya no será necesario descargar la versión completa para acceder al servicio de videollamadas. Será suficiente con el servicio básico. Más espacio y más agilidad. Algo parecido ocurre con la Windows Store que ahora se configura diferente para los Negocios y permite a los profesionales adquirir licencias sueltas de diferentes programas, adquirir aplicaciones específicas e incluso crear un catálogo de las que les resultan más interesantes.

Microsoft ha mostrado desde el nacimiento de Windows 10 una gran preocupación por la seguridad, el talón de Aquiles de versiones anteriores. En este caso dice que se ha fortalecido en toda la plataforma -no solo el navegador- bloqueando la instalación de malware de forma automática. Para ello han implementado Credential Guard, Devide Guard, Windows Hello y Windows Defender. ¿Será suficiente? Con un uso responsable del equipo parece que sí.

Otro de los puntos débiles de los que han recibido más quejas es de la estabilidad. Aunque es muy superior a 7 y 8, todavía hay usuarios que se quejaban de bugs y errores. Ahora los programadores han trabajado en colocar Windows 10 a la altura de los mejores y de paso han añadido el reconocimiento de fechas, la detección de luz automática (para fotos y vídeos) y han rediseñado muy levemente el interfaz. Los menús contextuales son algo más grandes y oscuros y las barras de aplicaciones tienen el color del tema elegido en el diseño.

¿Y qué hay sobre Xbox App? Aquí sí ha habido un rediseño completo. El nuevo dashboard permite un acceso hasta un 50% más rápido que hasta ahora a los juegos y a las plataformas sociales, agiliza los chats, nos sugiere contactos, activa las notificaciones, etc. Incluso permite disfrutar de los juegos de la consola en otros dispositivos como el portátil o el ordenador de sobremesa. Solo hace falta una buena señal WiFi (y un hardware mínimo). En definitiva, Windows se vuelve completamente multiplataforma. Un acierto.

Siri, ¿el salto definitivo a nuestras vidas?

Cuando Apple presentó hace meses iOS 9 quedaba claro que lo que a simple vista parecía un mero retoque de iOS 8 traía novedades muy importantes. Todo en la novena versión del sistema operativo móvil se había retocado y mejorado para que interactuar con los dispositivos fuera mucho más natural y eficaz. Desde el revolucionario 3D Touch hasta el asistente de voz, Siri. Nacido de la mano de una start up y objeto de bromas incluso por los más geeks ahora es uno de los asistentes de voz más usados en el planeta y el pilar de una de las formas básicas de relacionarnos con la electrónica de consumo a medio plazo.

 

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Lo que durante mucho tiempo ha sido un “truco de magia” de los ordenadores del futuro de Hollywood (de Star Trek al J.A.R.V.I.S. de Tony Stark) ahora está en nuestros teléfonos para recordarnos una cita, hacer una compra o guiarnos a nuestro destino en una ciudad.

Pero más allá de irnos a lo que Siri, Cortana o Google Talk podrán ser en no mucho tiempo, es mejor que nos centremos en lo que el asistente de voz de Apple hace ahora. Lo más novedoso es que ya no necesitaremos coger el teléfono, desbloqueralo y esperar a que nos responda qué puede hacer por nosotros. Bastará con estar relativamente cerca del iPhone y hablarla. El famoso “oye, Siri”. Es cierto que no es novedoso: Motorola ya lo implementó en 2013 y hay asistentes desarrollados por terceros que tienen esta función. Pero también es cierto que ninguno se usa más que Siri y que solo Cortana ha demostrado ser igual de eficiente que el de Cupertino.

No obstante, la gran mejora de Siri no es poder hablar con él “sin manos”. Es que está mucho más integrado en iOS y nos permite interactuar completamente con servicios como Apple Music, Home Kit -el sistema de domótica que integra el entorno operativo-. Y que también ha dado el salto a watchOS y tvOS. Podremos hablar con el reloj para controlar nuestros entrenamientos, viajes o pagos… y pedirle ver un contenido en la televisión.

Además, como ocurre con Echo, el asistente de Amazon que responde al nombre de Alexa, la mejora de Siri -ha sido la que más salto ha dado ante la presión de sus rivales de Microsoft y Google- reside en que la experiencia de uso lo hace cada vez mejor y que se adapte aún más a nuestras rutinas. Lo mejor es que los de Tim Cook garantizan que Siri aprende nuestra voz y que eso hará que nos distinga respecto a otros “oye, Siri” en la calle o con otras personas delante que también la reclamen.

La duda que le surge a muchos es que para que Siri pueda responder a la llamada ha de estar escuchando de continuo. ¿Atenta contra nuestra privacidad? Apple garantiza que solo reconoce patrones y que en ningún caso graba o almacena la información que escucha. Pero todos sabemos que como reconocían ingenieros de Google el “ideal” al que aspiran todos los desarrolladores es a crear el soporte que sea capaz de escucharnos, entendernos y crear respuestas adelantándose a nuestras demandas. Inteligencia artificial no tangible. Serán como las personas: cuanto más interactuamos con ellas mejor nos conocen.

¿Cómo usan lo que saben de nosotros? Parece que los ordenadores no deberían tener esos problemas éticos. Pero como siempre, cualquier avance tecnológico trae consigo una duda ética. ¿Perder privacidad para ganar comodidad? ¿Sentirnos a salvo a cambio de dejar de relacionarnos con las máquinas que nos rodean? Será interesante saber qué ocurre en menos tiempo del que creemos.

Lumia 950, ¿cómo funciona su refrigeración líquida?

Si ayer mismo os presentábamos los Lumia 950 y 950 XL hoy nos toca desentrañar una de las novedades más relevantes de ambos terminales: la refrigeración líquida. Un sistema que prometer mejorar íntegramente el rendimiento del conjunto chip-batería gracias a una mejor gestión del calor: más velocidad y menos consumo con una sola modificación. La duda que nos surge es, ¿cómo funciona?

Analizando el hardware de los nuevos Lumia vemos que uno de ellos, el cotizado XL cuenta con el polémico chip Qualcomm Snapdragon 810. Es cierto que en su segunda versión, exenta de sobrecalentamientos, pero también es cierto que Microsoft ha preferido tranquilizar a sus clientes llevando hasta su teléfono el sistema de refrigeración que tan buen resultado le está dando en su familia de tabletas Surface Pro.

Hasta ahora Microsoft siempre había sido competitivo en el mercado porque sus terminales no necesitaban de un gran hardware para mover con ligereza Windows o sus aplicaciones -su punto débil-, sin embargo, la última generación destaca por su gran potencia. El motivo es sencillo: un gran hardware que permita sacar todo el rendimiento de la función Continuum. Si queremos llevar nuestro PC a cualquier lugar y transferirlo a cualquier pantalla necesitamos componentes a la altura de la “misión”.

Como en las últimas Pro, Microsoft ha implementado unas heat pipes o pequeños tubos de metal con líquido en su interior que se encargan de recoger el exceso de calor del SoC y evacuarlo para, a cambio, llevarle dosis de líquido más frescas que permitan un rendimiento más armónico del conjunto. No es más complicado (en teoría, luego hay que construirlo y hacer que funcione) que un pequeño circuito en el que se convierte líquido en vapor y se enfría de nuevo mediante unas placas de magnesio.

La demanda de más potencia por parte de los consumidores ha hecho que los fabricantes tengan que aumentar los núcleos y la velocidad de los procesadores sin poder incrementar su tamaño. Además, ha de respetarse la batería por culpa de la necesidad de dispositivos ultraplanos. Es ahí donde entran en juego soluciones como estas que permiten a la industria ganar tiempo mientras se trabaja en nuevos materiales.

En definitiva, esta solución que ya hemos visto en ultraportátiles y tabletas parece la tabla de salvación de una nueva generación de smartphones de alta gama que prometen un salto exponencial en cuanto a rendimiento.

Nuevos Lumia, Microsoft se pone serio

Microsoft es consciente de que la batalla de los sistemas operativos para el gran público -en materia de servidores está desde hace tiempo en manos de Linux- no puede jugarse solo en ordenadores e híbridos. Por eso, además de un Windows 10 totalmente compatible con dispositivos móviles era necesario que lanzaran una nueva generación de Lumias a la altura de los mejores Nexus de Google y el iPhone.

Durante el evento de esta misma semana -en la que presentaron el espectacular Surface Book- la empresa de Windows mostró al público los nuevos Lumia 950 y su versión phablet Lumia 950 XL. El objetivo es sencillo: dejar claro que Microsoft no quiere ser el tercero en discordia en el mercado móvil y que ningún otro smartphone con Windows es mejor que los de la casa.

Hasta hace poco la referencia entre los terminales con Windows era el Lumia 930. Para el desarrollo del nuevo 950 parece que Microsoft se ha propuesto mejorarlo en todo punto por punto. Empezando por la pantalla que gana tamaño y dispara su resolución. Tiene un panel de 5,2 pulgadas y 1400×2560 píxeles. Además se ha trabajado para mejorar la visibilidad de la misma en exteriores lo que promete unas imágenes de primera gracias a una densidad de píxeles de 560 por pulgada.

El panel OLED recibe lo mejor de las estanterías de la casa: destaca el sistema Clear Black que se encarga de hacer que los negros sean más profundos o la tecnología Glance, que servirá para adaptar el brillo y ahorrar energía en cualquier entorno.

En su interior, los de Redmond han ido a lo seguro. El procesador es un Snapdragon 808. Es cierto que el 810v2 es más rápido y parece haber olvidado los graves problemas de sobrecalentamiento, pero también que el chip de seis núcleos ha demostrado un rendimiento excepcional con poco consumo energético. Lo acompañan de 3 GB de RAM y 32 GB de capacidad de almacenamiento ampliables. Son contundentes sobre el conjunto: dará muchas sorpresas por su rendimiento. Si Windows 10 es tan ligero como parece y el desarrollo del hardware ha sido conjunto al del software no nos cabe duda.

Por cierto, su autonomía será notable. La batería cuenta con una capacidad de 3000 mAh y su puerto de carga rápida nos regalará unas horas extras mediante el puerto micro USB de tipo C. Exactamente un 50% de carga en media hora.

Todo ello deja el peso del terminal en 152 gramos, nada mal para un terminal con esta diagonal y esta autonomía. Gran parte de esta cifra tan contenida viene por el empleo de policarbonato -la forma elegante de decir plástico- de su carcasa. Para nosotros, una pena. El 930 con acabado metálico justificaba mucho más el precio. Aquí se escudan en que es más resistente, se agarra mejor y es más fácil de intercambiar y reparar. Tendremos que verlo en persona pero a simple vista nos parece que lo deja por detrás de sus rivales.

Justo lo contrario ocurre con su cámara. Su pasado Nokia delata una excepcional óptica Carl Zeiss de 20 Mp rematada con mucho gusto con un protector de aluminio que cuenta con una luminosidad f1.9 y estabilizador de imagen óptico. Graba vídeo con resolución UHD y cuenta con tecnología PureView. Una garantía de calidad después de ver el buen trabajo hecho en el Lumia 1020. El flash, por cierto, es un trío de LEDs RGB que dan tonos más naturales a las capturas.

En cuanto a su hermano mayor, sí que hay cambios, baja ligeramente la densidad del panel (se mantiene la sobresaliente resolución pero la diagonal pasa de 5,2 a 5,7 pulgadas) y a cambio se gana más batería -3340 mAh- y procesador. Aquí si es el Snapdragon 810v2, uno de los más potentes del mercado.

Sin embargo, la sorpresa en ambos es el empleo de refrigeración líquida en su construcción. Esto permite que el dispositivo se caliente menos lo que a su vez mejora el rendimiento de los procesadores y a la larga influye en un menor esfuerzo para la batería. Sobre el papel, implementan lo que otros fabricantes ya han testado en equipos más grandes -ultraportátiles- con muy buen resultado. ¿Un punto de inflexión en la construcción de smartphones? Probablemente.

Disponibles desde noviembre, destacan, sobre todo, por su precio: 549 y 649 dólares respectivamente. Una bomba en la línea de flotación de los Nexus de Google.