Pixel 2 y Pixel 2 XL, Google gana personalidad

 

Son tiempos complicados para Google (en el mercado de telefonía). Parte de sus fabricantes viven una revolución -es habitual encontrar pequeños intentos de Samsung por imponer Tizen-, otros ofrecen lo mismo que sus dispositivos -Nokia tiene hasta cuatro terminales Android puro– y Apple sigue robándole el protagonismo (y los beneficios del conjunto del mercado) con una imagen de marca casi intocable.

Sin embargo, Google siempre ha demostrado una capacidad indiscutible para superarse y para sorprender al mercado así como de crear tendencias. Y parece que los nuevos Pixel son el mejor ejemplo de todo lo anterior.

Lo primero que llama la atención de ambos modelos es su experiencia de usuario. Por el momento, parece que solo la casa matriz consigue sacar un rendimiento sobresaliente de su sistema operativo. Y la causa no solo es el hardware.

Ambos modelos cuentan con el mismo procesador Qualcomm Snapdragon 835, 4 GB de RAM, 64 o 128 GB de almacenamiento, pantalla pOLED (4K en el XL y Full HD en el “normal”), cámaras traseras de 12,2 Mp -que por cierto, prescinden de la doble cámara para su particular modo retrato-, cámara frontal de 8 Mp, así como mismos puertos, sensores, y conexiones inalámbricas. Podemos decir que salvo el panel y la capacidad de la pila (6″ para el XL y 5″ para el pequeño) son hermanos gemelos.

La gran diferencia, no obstante, reside en el diseño. Así, mientras que el XL sigue las tendencias de los LG G6 (por cierto, su fabricante y primo más cercano), Samsung Galaxy S8, iPhone X y compañía de no tener marcos en el frontal, el Pixel 2 tiene unos bordes arriba y abajo que recuerdan a los de los Sony Xperia y iPhone convencionales.

Aún así, ambos son ligeros, con buenos materiales -aluminio y cristal-, ergonómicos y transmiten sensación de robustez. Un gran avance que ya comenzó en la primera generación (no era el punto fuerte de los Nexus) y que ahora justifica más que nunca su precio -muy alejado también de los Nexus-.

Como hemos dicho, la optimización para Android 8 es, sencillamente, sublime. El rendimiento es superlativo y la fluidez solo está al alcance del iPhone (lo sentimos por otros fabricantes pero sus capas de personalización hacen torpes a sus modelos en comparativa con ambos por mucho hardware que le pongan).

El asistente de Google (todo su arsenal de inteligencia artificial y aprendizaje de uso) brilla sobremanera. Lo mismo que las pantallas -que en el XL tiene una resolución espectacular- o las cámaras que ofrecen resultados mucho más que notorios a pesar de la teórica “tara” de tener solo una cámara (incluso Samsung ha apostado por dos en el Note 8). Solo el modo retrato -que pudimos probar de pasada- languidece respecto al original de iOS. Si bien es cierto que este no hemos podido trastearlo tanto como en el iPhone.

El sonido de los altavoces estéreo también es muy bueno. Mucho mejor de lo que estamos acostumbrados en dispositivos de este tipo. Sobre todo en el Pixel pequeño en el que se colocan a la altura de los de Sony (la referencia en este apartado). Por cierto, a aquellos que criticaron a Apple -o a la propia Sony- por deshacerse del jack de 3,5 mm, malas noticias: también prescinde de este puerto y apuesta o por el USB TypeC o por los sistemas bluetooth.

En resumen, un terminal que no será barato (el XL, por ejemplo, empieza en 959 en la web de Google) pero que promete dar un rendimiento sobresaliente gracias a un hardware optimizado. La versión de 5 pulgadas, fabricada por HTC -recién absorbida por la propia empresa de Mountain View- se antoja como una opción perfecta para todos los que quieran un Android de tamaño contenido y el XL como la mejor opción para los que quieran el tope de gama más potente de la plataforma. No cuenta con un diseño tan rompedor como otros rivales pero, si cuando lo probemos en profundidad rinde de forma parecida a la prueba inicial, volverá a marcar tendencia.

Pixel, Google muerde la manzana

Desde los inicios de la transición de los teléfonos móviles convencionales a los smartphones ha habido una constante: dos formas de ver el mercado. Una en la que Apple controla -como es habitual en ella desde su fundación- todo lo referente a sus iPhone (el diseño íntegro del hardware, el desarrollo del software y los contenidos de su tienda de aplicaciones) y otra en la que Google crea una plataforma abierta para que todos los que así lo deseen puedan hacer crecer sus productos a cambio de dar prioridad a los servicios del buscador.

Así llegó la expansión de Android hasta dominar el mercado en número de dispositivos comercializados y en funcionamiento. Y así llegó el crecimiento de Apple con una gama de productos de culto mucho más pequeña pero que le reportan casi todos los beneficios del mercado, la han convertido en la empresa más cotizada del mundo y la que más dinero tiene en caja.

Es cierto que hubo otras plataformas que se lanzaron con más o menos acierto para hacer frente a esta nueva forma de consumir dispositivos -Windows entró tarde, Tizen no logró consolidarse, Symbian nunca recibió el apoyo suficiente y BlackBerry OS fue víctima de una serie de errores que los consumidores no perdonaron- pero todo parece en manos de estos dos actores.

Google ha hecho en más de una ocasión sus pinitos en el mercado con sus Nexus pero su éxito comercial ha sido más bien escaso. A pesar de sus excelentes precios y sus sobresalientes productos, la maquinaria comercial de Samsung y su condición de fabricante de hardware ha sido un escollo insalvable para que los terminales creados con LG, Huawei, HTC o la propia Samsung pudieran hacerse un hueco en el mercado.

Es por ello que, en un escenario en el que los de Mountain View necesitan en exceso a sus aliados han decidido dar un golpe de timón cambiando por completo su estrategia y haciendo lo que siempre han criticado veladamente de Apple: lanzar un producto propio por completo -hardware y software desarrollados conjuntamente- para entrar con todo en un mercado saturado pero crítico para la expansión de cualquier tecnológica.

Pixel y Pixel XL, ¿para quiénes están pensados?


El objetivo del terminal es claro: desbancar a otros fabricantes de smartphones que utilizan su plataforma y acercar, de paso, a los clientes más exigentes que quieren probar toda la potencia de Android en un terminal de alta gama sin interferencias en forma de capas de personalización. Sus rivales son sus compañeros de plataforma por funciones y el iPhone por público objetivo.

Y precisamente por eso el diseño nos recuerda tanto al equipo de la manzana. En forma, en formatos, en la estrategia de marketing (el vídeo de presentación podría haber sido encargado por el mismo Jonathan Ive) e incluso en el precio -algo que veremos más adelante-.

Las armas son similares: todos los componentes del Pixel han sido pensados para sacar el máximo rendimiento posible a Nougat (la última versión de Android), el asistente de voz está totalmente integrado en las funciones del terminal  -y dejaron bien claro que algunas de esas funciones nunca llegarán a otros teléfonos aunque compartan sistema operativo-, cuenta con todo el músculo de Google en cuanto a servicios en la nube y le añade, además, compatibilidad con realidad virtual y una cámara que, a falta de verla en funcionamiento, promete ser una de las mejores del mercado.

De hecho, durante la propia presentación en California presentaron un nuevo sistema para portar contenidos de iOS a Android de una forma tan directa como la de la imagen superior.

Sus argumentos

Con un chasis monobloque de aluminio y un panel superAMOLED con Gorilla Glass de última generación, la presentación del terminal está a la altura de lo que se espera. Un formato obligatorio para entrar en la gama alta y absolutamente obligado después de los problemas que está sufriendo Samsung con su Galaxy Note 7. Ensamblados por HTC, queda patente el buen hacer de la empresa heredado de grandes productos como sus One.

Aunque el grosor de los Pixel sea superior al de algunos de sus rivales (8,6 mm) destaca su buen peso (143 y 168 gramos respectivamente). Sus pantallas son de 5 y 5,5 pulgadas respectivamente y cuentan con una resolución de 440 y 535 ppp. En su interior trabaja el último procesador de Qualcomm: el Snapdragon 821. Y es aquí donde encontramos una de las pocas diferencias con sus rivales. Mientras que Apple desarrolla y manda ensamblar sus SoC y Samsung se encarga de sus Exynos, la empresa de Mountain View, por el momento, compra uno genérico. Eso sí, no es uno cualquiera. Se trata de una “bestia” acompañada de 4 GB que promete velocidad y rendimiento sea cual sea la exigencia que tengamos sobre él.

El almacenamiento corre a cargo de 32 o 128 GB de configuración de fábrica y de Google Drive ya que, como viene siendo habitual, no se implementa ranura de expansión. En cuanto a la batería, cuenta con una capacidad de 2.770 mAh (3.450 mAh en el caso del XL) con sistema de carga rápida. Más que suficiente para mantenernos un día lejos del enchufe.

En cuanto a la cámara, cuenta con un sensor de 12 Mp y estabilizador óptico además de una luminosidad f2.0. Todo ello con un precio de partida de 759 euros para el pequeño y de 899 para el XL. Justo 10 euros menos que el de su rival con una manzana.

Es cierto que para muchos les parecerá un salto de precio insalvable respecto a los anteriores Nexus pero lo cierto es que estos Pixel no tienen nada que ver con sus antecesores. Son más potentes, están mejor acabados, prometen funciones que hasta ahora nunca han tenido los equipos Android y, sobre todo, van dirigidos a un público completamente diferente. ¿Se atragantará Google con la manzana?