CES 2018, progresa adecuadamente

 

Como anunciamos hace unos días, entre el pasado 9 y 12 de enero ha tenido lugar la Feria de electrónica de consumo de Las Vegas, la más importante del sector (junto al IFA de Berlín) y, probablemente, la más capaz de mostrarnos cuáles son las tendencias de la tecnología de uso diario siempre y cuando seamos capaces de quitar de encima toda la parte de espectáculo y show y las peleas de las empresas por demostrar “quién puede más” aunque sea en objetos con utilidad discutida.

Por eso podemos decir que este último CES ha sido diferente respecto a los anteriores. Durante mucho tiempo se ha pedido a las grandes empresas de hardware y software que hicieran una tecnología más responsable. Una que fuera realmente democrática (fácil de usar y apta para todos los compradores) además de ser inclusiva. Esto, sin duda, supone un enorme reto para compañías acostumbradas a jugar con enormes márgenes de beneficio y, sobre todo, para el techo de cristal de las mujeres en Silicon Valley -creemos que es difícil desarrollar productos que incluyan a las mujeres cuando estas desaparecen del proceso productivo o de los eslabones de toma de decisiones-.

El primer paso que hemos podido ver es la consolidación en las relaciones humano-máquina. Google y Amazon son el máximo exponente. Quieren que hablemos con sus dispositivos, con sus inteligencias artificiales. Que los usemos para gestionar mejor nuestros hogares, que nos ayuden a tomar decisiones de compra (lo cuál requiere una profunda reflexión sobre la imparcialidad de los mediadores) y que les enseñemos a entender los contextos para que sean mejores -el papel de los usuarios finales en el machine learning es crítico-.

Google Assistant ya habla español y ha sido la gran estrella del evento. Del mismo modo que Alexa se llevó todos los cumplidos el año pasado, el servicio de Alphabet es ahora la llave maestra a multitud de equipos, entre ellos los altavoces con pantalla táctil que implementan las capacidades de búsqueda de la plataforma. Con conectarlos a la red eléctrica (y al WiFi) nos permiten comunicarnos, ver contenidos, consultar noticias, buscar podcasts, etc. adecuándose a cada usuario porque sí, distingue voces. Una vez más, algunos alegarán que perdemos intimidad. Una vez más, otros pensarán que ganamos comodidad. No se puede tener todo.

El ausente ha sido Apple. Nunca participa en este evento. Pero de haberlo hecho, el HomePod aún no está listo para llegar al mercado. Lo han retrasado para hacerlo mejor. El motivo es sencillo: no pueden permitirse un fallo como con Mapas o titubear como con Apple Music. El que se lleve esta partida (Siri fue la pionera pero sus rivales son tan buenos como ella) entrará a nuestros hogares.

La otra batalla será la de los coches. La industria del motor está en una encrucijada: perseguida por protectores del medio ambiente, denostada por jóvenes que no acaban de ver el atractivo de gastarse 20.000€, intereses financieros y altas facturas de seguro, impuestos y mantenimiento, frente a servicios de consumo bajo demanda como Uber o las soluciones de carsharing.

Las marcas, por ahora, han entrado en el CES donde han pasado de un 10% de la superficie hace un lustro al 23% este mismo año. Apple quiere entrar en los coches para cerrar el ecosistema amparándose en la teórica mayor capacidad adquisitiva de sus compradores. Alphabet quiere convertir su propuesta en el estándar de la misma forma que ha ocurrido con Android. Mientras los fabricantes clásicos buscan aliados y otros, como Tesla, buscan su propia solución.

El tercer pilar de esta reconversión hacia dispositivos que aporten algo a nuestro día a día, que marquen la diferencia, son los wearables. El Apple Watch sigue siendo la referencia con las ventas disparadas gracias a su giro hacia la salud, el deporte y una mejor simbiosis entre iOS y watchOS. Android no acaba de dar con la tecla y eso ha permitido la supervivencia de Polar o Fitbit gracias a soluciones gamificadas que buscan incentivar que el usuario final se mueva. Xiaomi y Huawei tienen sus propuesta aunque parece que, como en otros sectores del universo deportivo, la marca sigue siendo un factor decisivo a la hora de adquirir un producto.

Pero además del factor deportivo, también está en cuenta la salud. Y hay un mercado enorme e interesante para todas las empresa: Europa. Su capacidad adquisitiva es mayor que en otras regiones del planeta. Su pirámide poblacional está claramente envejecida y su demanda de servicios de salud se incrementará exponencialmente en los próximos años. Por eso soluciones como robots asistentes parecen hechos a medida para este mercado. Permiten recordar medicaciones, monitorizar (mediante relojes inteligentes) al paciente, realizar vídeos sobre usos y costumbres y comunicar directamente al paciente con el médico o con emergencias. También vemos un esfuerzo de las empresas por acercar tecnologías con marcado carácter social a las personas con discapacidades. Por fin parecen tomar nota de que las soluciones tecnológicas no son ganar dinero sino mejorar la vida. La tecnología como herramienta no como fin.

Intel y LG también han creado soluciones que buscan facilitar la vida a aquellos que viven solos (muchos más de los que pensamos) creando robots que nos escuchan y nos entretienen. Algunos de ellos han derivado en soluciones para la hospitalidad en centros como hoteles.

Otra de las notas que ha dejado el CES vino de la mano de Gary Shapiro, organizador del evento quien reconoció delante de la Secretaria de Transporte de Estados Unidos que, si bien su país había sido líder en innovación cada vez son más las naciones que “progresan y aportan al progreso común” en clara referencia a las innovaciones que llegan desde Asia y otros rincones del planeta.

El evento cerró sus puertas con más de 160.000 visitantes. Una cifra espectacular a pesar de que quienes pudieron acudir en persona hablaron de menos saturaciones que otras veces. Solo el 20% fueron mujeres -sigue habiendo una brecha aunque está avanza lentamente hacia la igualdad de asistentes si lo comparamos con años anteriores-. El otro problema fue el de siempre: la mayoría de los lanzamientos no tenían fecha. Progresan adecuadamente pero aún les queda un buen trecho.

Juegaterapia, cuando jugar salva vidas

Corría la primavera de 2010 cuando Mónica Esteban dio una Play Station a un niño que estaba recibiendo quimioterapia en el hospital. El resultado fue inmediato: a pesar de la dura prueba por la que estaba pasando la forma de afrontarla cambio de inmediato: se animó y tenía una sonrisa en la cara. Del mismo modo que hemos hablado antes de la gamificación como una forma inmejorable de asumir retos (desde formativos hasta personales) entre adultos, el juego tiene resultados fuertemente beneficiosos para los niños hospitalizados.

Estar fuera de casa, lejos de su área de confort y de las personas más cercanas es un reto para cualquier persona, más duro aún para los más pequeños. Sin embargo, los videojuegos, una tableta o la posibilidad de disfrutar de un jardín dentro del hospital se convierten en una herramienta crucial para acercarles al que debería ser su mundo -lúdico, de diversión y aprendizaje- y separarles de su problema diario, al menos mientras dura la partida.

Mónica Esteban puso entonces en marcha Juegoterapia. Una idea que buscaba recabar apoyos entre empresas y particulares para conseguir que los niños y niñas puedan pasar un rato de diversión bajo los rayos del sol o frente a una pantalla. Uno de los más importantes es Envialia que permite la llegada de las consolas que cada día donan empresas y particulares de forma gratuita a los almacenes de la ONG desde donde se reparten a centros hospitalarios.

Además, como jugar no es solo tocar teclas (nada sustituye al aire libre), ya han conseguido construir jardines en los hospitales de La Paz y 12 de octubre de Madrid, la Fe de Valencia y recaudar fondos para el siguiente en el Gregorio Marañón.

La Organización publica cada año memorias en las que explica los proyectos ejecutados en el año en curso y los propuestos para los siguientes periodos, además de contar con auditorías llevadas a cabo por Deloitte. Cuenta con marcas solidarias que son estratégicas para el desarrollo de sus objetivos (además de Envialia, Sony es otro aliado de renombre) y destaca tanto por su total transparencia como por sus continuas innovaciones para seguir llegando a todos los hospitales posibles (estaciones lunares, muñecos solidarios, asociaciones con colegios, cines en los centros médicos, etc.).

Por si esto fuera poco, desde 2016, la ONG tiene un acuerdo de colaboración con el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas para el desarrollo de la Beca “Juegaterapia Investigación” que está dotada con 100.000€ obtenidos a través de la venta de Baby Pelones.

Además, Juegaterapia tiene en marcha estudios sobre el nivel cognitivo en los niños afectados por la quimio (Smartick es muy interesante), además de sustentarse en otros como el de Doctor José Jiménez Martínez, Jefe del Servicio de Pediatría y Neonatología del Hospital Sanitas La Moraleja de Madrid.

Desde nuestro pequeño rincón en la web os pedimos que dediquéis un momento a visitar su web para que podáis comprobar sus enormes esfuerzos y sus grandes logros que han conseguido en tan poco tiempo. Que intentéis colaborar -Binary Soul, por ejemplo, realizó una pequeña donación hace unos meses- y, de no poder, que deis ecos al gran trabajo que están haciendo desde Juegaterapia. Una inciativa pionera que esperemos que pronto llegue a todos los hospitales.

Binary Soul, aplicaciones para redefinir nuestro día a día

A nadie el sorprende que la implantación de las TIC has supuesto una revolución social y económica. La llegada de nuevos soportes -móviles-, herramientas -aplicaciones- y tecnologías -realidad virtual y aumentada- han supuesto un abanico de posibilidades para replantear todo tipo de actividades y, sobre todo, dar un salto cualitativo en la calidad de los servicios y productos y cuantitativo en cuanto a productividad.

De esta forma, los puntos de vista de pequeñas empresas tecnológicas han servido (y servirán) para reformular la relación de millones de clientes con sus proveedores en todo el mundo. Uno de los ejemplos más claros lo tenemos en Binary Soul, que a pesar de su juventud, cuenta con un completo portafolio de aplicaciones en mercados de lo más diverso.

Una de las propuestas más rompedoras la tiene dentro del sector del turismo. En plena ebullición en Euskadi, cada vez son más los que se interesan por nuevas formas de atraer a los visitantes y ofrecerles una experiencia diferenciada.

Especialistas en gamificación y en la creación de entornos virtuales responsables (siempre buscan un sello familiar, apto para todos los públicos, que proteja y potencie nuestro idioma y cultura), Binary Soul proponen una aventura gráfica en la que los usuarios son los protagonistas que se desplazarán por los puntos clave de los municipios -es totalmente adaptable y personalizable- para que a través de la realidad virtual y aumentada o con una propuesta de puzzles los turistas recorran y conozcan un entorno.

Las estatuas, monumentos, edificios, calles, parques e incluso museos o centros culturales se convierten en las herramientas para conseguir un objetivo a modo de gymkhana en la que el turista se siente parte de algo más grande y, sobre todo, interactúa con los suyos y con el medio mucho más allá de un recorrido fotográfico o la lectura continuada de una guía de viajes.

Con el posible apoyo de entidades como la Diputación Foral de Bizkaia y el Gobierno Vasco (especialmente centrados en el desarrollo turístico y en la creación de experiencias para los visitantes), se nos antoja como una forma de redefinir el turismo clásico.

Orientadas a la industria, el gran motor económico vasco, Binary Soul se ha mostrado siempre como uno de los principales potenciadores de lo que se denomina Industra 4.0. Propuestas como IPF, un configurador personalizable de plantas de producción; la aplicación que desarrollaron hace semanas para Iraupen o el sobresaliente Gamified Training System, orientado a la capacitación de profesionales para el sector industrial son el ejemplo de las posibilidades que esta start up tiene para los grandes tractores económicos de la región.

Como hemos dicho antes, en el ADN de Binary Soul hay un estudio de desarrollo de juegos del que han salido propuestas como Euskal Herriko Pilota Birtuala y también las aventuras de Sorginen Kondaira que también ha llegado a dispositivos móviles en su segundo capítulo: Sorginen Erronkak. Disponible para iOS y Android este adictivo juego no solo busca potenciar el uso del euskera sino también consolidar al estudio como una empresa comprometida con la cultura vasca y demostrar que se pueden realizar muy buenos títulos en nuestro pequeño país.

Por último, la pequeña cooperativa ha sido finalista en el reto del Hospital de Cruces dentro del programa Telefónica Bizkaia Open Future en el que su app con Big Data busca fomentar hábitos de vida saludable a través de la gamificación. Otra forma creativa de conseguir salud “activa” y un impacto social positivo a través de nuevas tecnologías.

Apple Watch, dos meses con el Series 2

Para los amantes de los relojes el salto a los smartwatches es complicado. En el pasado he podido disfrutar de modelos automáticos y de cuarzo. Modelos de gama baja, media y alta y también de otros con gran carga tecnológica a pesar de ser modestos. He probado varios tipos de pulsómetros -también de diversas capacidades y calidades- y de relojes deportivos (del tipo FitBit). Incluso tenía personas cercanas que disfrutan de un Apple Watch de primera generación así como de otros dispositivos con otros entornos operativos.

Sin embargo, durante mucho tiempo me pregunté si realmente valía la pena realizar un desembolso considerable por una extensión del teléfono móvil… que seguía dependiendo en gran medida del mismo. Fue entonces cuando cayó en mi muñeca durante un periodo de tiempo bastante corto un Apple Watch Series 2. De golpe ganaba autonomía respecto al iPhone, permitía disfrutar del deporte sin restricciones -gracias al GPS, a su resistencia al agua y al enorme crecimiento de las aplicaciones especializadas en este campo, así como una gran mejora en la propia aplicación de watchOS para entrenar.

Guiado por una buena oferta del distribuidor y por las ganas de cerrar el ecosistema, me lancé a comprar el modelo de 42 mm con caja de aluminio gris. ¿Lo usaría lo suficiente? ¿Dependería demasiado del cargador? ¿Tendría un uso diario que hiciera que mereciera la pena? La respuesta dos meses después es contundente: sí. Una vez que se prueba un smartwatch con esta capacidad es muy complicado dar un paso atrás hacia los equipos analógicos. Por mucho lujo que nos regalen.

El Apple Watch es, sobre todo, versátil. Un accesorio tan inteligente como quieres que sea: permite tener “complicaciones” (esferas) de todo tipo para todo tipo de ocasión. La facilidad para cambiar sus resistentes correas lo hace totalmente adaptable sea cual sea el evento al que nos enfrentemos -da igual algo protocolario o un triatlón- y su estética aunque diferenciadora (un reloj cuadrado) cuenta con la esencia minimalista y elegante de cualquier equipo de los de Cupertino.

Más allá de permitirnos no tener que sacar el iPhone para nada del bolsillo (desde la gestión de aplicaciones de música, llamadas, Siri, recordatorios, agenda, mensajería, redes sociales hasta la cámara de fotos, entrenamientos deportivos, el tiempo, noticias, mapas, datos o pagar) el Apple Watch saca lo mejor de sí mismo cuando hacemos deporte.

No solo por la cantidad de disciplinas registradas y que entablan una relación perfecta con Salud, sino por su sencillez, la rapidez con la que ejecuta cualquier comando y la fiabilidad de sus medidores (la del GPS y la del pulsómetro sorprenden cuando se comparan con otros equipos, sobre el papel, más especializados).

Si a esto le sumamos el gran desarrollo que han vivido las aplicaciones dedicadas a la monitorización del sueño, por ejemplo, nos encontramos con un compañero perfecto para las 24 horas del día. Incluido sin por un pequeño descuido nos acompaña a la ducha. No es difícil que él mismo expulse el agua -aunque en ningún caso es recomendable ducharse con él- y su autonomía es sobresaliente. Incluyendo entrenamientos de 2 horas en el gimnasio doy fe de que su batería nos acompaña durante dos días sin descanso.

El factor diferencial, sin duda, es la gran mejora que ha vivido en los últimos tiempos watchOS. Es cierto que muchos dirán que para enfrentarse a una Spartan Race es mejor un Garmin Fenix. O que para un evento protocolario destaca más un Rolex Daytona. Sin embargo, dudo que estas sean actividades que hagamos a diario, dudo aún más que con su pertinente funda y la correa adecuada no vaya a soportar los rigores del barro y que, en el acabado de cerámica llame menos la atención que el reloj más deseado de los suizos.

Y es aquí donde se hace fuerte el reloj de la manzana (donde los de Samsung o LG, por ejemplo) han fracasado. Su diseño no lo hace una pieza solo para geeks. Hace la vida mucho más sencilla. Permite usarlo sin problema en cualquier escenario y todo lo que hace lo hace notablemente bien. Sobre todo si decidimos trabajar con las aplicaciones nativas de Apple. Asimismo, la facilidad para usarlos con otros dispositivos de terceros mediante Bluetooth es sorprendente. Enlazarlo con unos auriculares JayBird Freedom Sprint es un juego de niños. Conectarse a una WiFi ya memorizada por iCloud es automático. Compartir desde la muñeca es algo natural.

Una compra mucho más que recomendable salvo que se tenga una cara y abultada colección de relojes clásicos pues me temo que, como me pasó a mi, estos quedarán irremediablemente obsoletos cuando veamos que todos los demás solo dan la hora.

Semáforos inteligentes, claves para el transporte sostenible

Si hay un país que sea el “paraíso para los ciclistas” sin duda es Holanda. Gran parte de la población cuenta con la bicicleta como principal -y único- medio de transporte y es consciente de su papel como fuente de sostenibilidad -y, por qué no, salud-. Es por ello que las Administraciones buscan una forma de potenciar aún más su uso y de volverlo más seguro.

Ya hemos hablado otras veces de la importancia de los sistemas inteligentes en el desarrollo de las ciudades. En el ámbito del transporte la ciudad de Roterdam ha dado un paso más y ha empezado a implementar semáforos con sensores infrarrojos de temperatura que buscan permitir una mayor fluidez de los carriles bici (además de avisar de en cuáles es necesario quitar el hielo o la nieve).

Cuando se da una gran aglomeración estos pasan su tiempo de espera de los 2 minutos (a veces 3 en las zonas con más tráfico rodado) a 67 segundos. Mientras, los semáforos para automóviles se adaptan de forma automática de modo que los ciclistas pueden circular más rápidamente por la ciudad.

A diario, 70.000 personas se desplazan en bicicleta por la ciudad -que cuenta con una población de 600.000 habitantes- de modo que si los semáforos se ponen en verde -o adelantan el ciclo- cuando hay más de 10 esperando, todo fluye mucho más rápido y, como además, esta agilidad hace que cada vez más ciudadanos estén abandonando las cuatro ruedas para pasarse a los pedales.

La medida, que lleva en pruebas desde septiembre, ha sido catalogada de éxito por el propio consistorio y ya se está estudiando a qué otros cruces conflictivos puede exportarse. Zonas como Churchillplein, una plaza céntrica llena de edificios de oficinas y con varias escuelas cercanas, ya disfruta de forma definitiva de un sistema llamado a devolver la ciudad a sus habitantes.

Lo más curioso de este sistema es que estos semáforos fueron diseñados por el ingeniero británico John Peak Knight para la red nacional de ferrocariles e instalados por primera vez en Londres en 1868. La ciudad portuaria también ha experimentado con sensores de lluvia, nieve y granizo para intentar proteger a los ciclistas de las inclemencias climáticas.

La vecina ciudad de Groningen también ha probado este sistema y son mucho más francos en su objetivo: no quieren descongestionar el tráfico sino potenciar el uso de la bicicleta como medio de transporte principal a pesar del mal tiempo. El lema es claro en ambas ciudades: “queremos más bicis”.

En definitiva, el penúltimo empujón de la ciudad holandesa para conseguir ser la “ciudad bicicleta” que se propusieron ser en 2018. Un hito que debería ser tomado como ejemplo por otras ciudades del continente -empezando por las nuestras- y que redundará no solo en una mejor calidad del aire para sus ciudadanos, sino también de una menor dependencia energética y, sobre todo, de más salud -también vía actividad- para el conjunto de la sociedad.