Microsoft, de Windows 8.1 a los planes de datos

Si hace pocos días hablábamos de los “problemas” que está teniendo Windows 10 para superar la implantación de Windows 7 y Windows 8 (y 8.1) a pesar del enorme esfuerzo de la empresa de Redmond, hoy la noticia es que Microsoft ha decidido acabar con el soporte a Windows 8.

Habitualmente la empresa ahora dirigida por Satya Nadella suele dar un ciclo de vida de diez años a cada uno de sus sistemas operativos, sin embargo, aunque la octava edición se lanzó en la segunda mitad de 2012 ha decidido descontinuar esta versión y quedarse solo con Windows 7 y Windows 8.1 como su catálogo de entornos operativos (junto a 10, por supuesto).

De esta forma, desde hace poco más de una semana, Windows 8 y las versiones 8, 9 y 10 de Internet Explorer ya no contarán con los refuerzos de software para protegerse de vulnerabilidades o posibles errores. El motivo es que la multinacional considera que 8.1 es el último Service Pack de la versión y será esta la que sobreviva hasta 2023.

Dentro de esta estrategia para eliminar errores del pasado (su funcionamiento ha hecho más por Apple y Linux que cualquier producto físico) Microsoft también anunció que quiere hacer más fácil la vida de sus clientes de dispositivos móviles. Por eso se ha sumado a Apple en su nueva batalla contra las operadoras de móviles.

Si hace unos meses los de Cupertino anunciaron la llegada de SIM neutras a los iPad para que el cliente pudiera escoger en cada momento con qué operadora trabajar, ahora es el gigante del software el que ha anunciado en su tienda de aplicaciones la llegada de planes de datos sin permanencia y sin necesidad de depender de ninguna operadora tradicional.

Compatible solo con equipos con Windows 10, el usuario tan solo necesitará hacerse con una de las tarjetas “neutras” de la empresa que podrá adquirir en su tienda Cellular Data. Disponible en un primer momento solo en Estados Unidos, Reino Unido y Francia para planes nacionales, la filial española de la empresa ya ha anunciado su próxima llegada a nuestro mercado y la posibilidad a corto plazo de contratar planes con intinerancia de datos.

No se sabe nada sobre las tarifas ya que estas se adaptarán a las necesidades de los usuarios en cada momento y activarlas será tan fácil como activar la opción “cellular” en el dispositivo. Ahora habrá que ver cómo reaccionan las operadoras a este movimiento (Google también tiene en marcha su Project-Fi) y cómo deciden gestionar la forma en la que proveen de servicios a sus nuevos rivales.

Windows 10, sus novedades para smartphones y tablets

Como decíamos ayer, la unificación de Windows 10 para todos los dispositivos no sólo supone una enorme ventaja comparativa para los desarrolladores frente a iOS y Android (los programas serán absolutamente intercambiables) sino que -por comodidad y rendimiento- ha de ser el espaldarazo necesario para que Windows pase de ser el tercero en discordia en el negocio móvil a una alternativa real a la propuesta de Apple (por entorno cerrado y seguro) y Google (por potencial de trabajo y variedad de dispositivos).

Más allá de la sincronización de archivos y programas entre dispositivos de forma automática (eso sería algo muy pobre que ya lleva tiempo ofreciendo iCloud) Windows 10 ofrece una experiencia única de usuario. Una continuidad entre todas nuestras pantallas y una herramienta unificada sea cual sea el soporte.

Además, a pesar de que la imagen es muy similar a la que Microsoft nos proponía con Windows 8, el grado de personalización es mucho mayor. Con sutiles gestos nos aparece el menú de aplicaciones que, si se quiere, se auto ordena en función de las que más usamos o de las de más reciente instalación. El diseño por capas translúcidas, además de ser mucho más acertado, ligero y moderno, es mucho más ordenado y ahorra tiempo en el uso. En definitiva, un salto de varias generaciones respecto a versiones anteriores (parece que tenían razón que llamarlo Windows 9 sería quedarse corto por el salto que supone esta nueva edición).

Las notificaciones también reciben un buen repaso. Se vuelven interactivas como en Android e iOS y, además, quedan unificadas entre plataformas (como en OS X) de modo que podemos descartarlas y responderlas desde cualquier pantalla y que todo quede actualizado al momento en todos los dispositivos. Asimismo, aunque la versión que mostraron no era la definitiva prometieron al auditorio una app de mensajería donde unificar programas de terceros para escoger, al estilo iMessage, la forma en la que responder a nuestro interlocutor -sea cual sea la forma en la que nos ha escrito-.

El punto fuerte, sin embargo, será en la preinstalación por defecto de Office. Word, Excel y Power Point estarán por fin como herramienta en Windows (curiosamente en Windows Phone no lo estaban pero sí se podían adquirir en iOS). Así, al unirse a Outlook, Calendar y el gestor de fotografías, se crea un ecosistema de programas que lo coloca a la altura de la dupla iLife-iWork de Apple y por delante de Google Docs. Además, el rediseño para adaptarlo a las pantallas de móvil y tableta no supone una pérdida de identidad para con los PCs.

¿A qué terminales llegará?

Aunque desde el principio prometieron que todos los equipos con Windows Phone 8 podrían actualizarse a Windows 10 -es más ligero y rápido- ahora desde Redmond explican que no todos los equipos con la versión anterior tienen hardware para soportar la última versión del sistema operativo multiplataforma. La idea de la empresa es que la mayoría puedan hacerlo (no han explicado cuáles son esas demandas de hardware que requiere W10) pero características como el teclado flotante, la integración absoluta de Skype, el rediseño del interfaz o el nuevo Office podrían quedarse fuera de modelos no tan antiguos.

La primera build, que estará disponible en febrero ya nos dará una idea de que modelos podrían quedarse fuera de este gran salto. Sin embargo, en Lumia Conversations aseguran que trabajarán hasta el último día para que sean los menos.

Windows 10, la nueva baza de Microsoft

Y por fin Microsoft jugó su baza. Cuando todos esperábamos Windows 9 la empresa de Satya Nadella se sacó de la manga Windows 10 en un ejercicio de marketing y con una serie de novedades que nadie se esperaba. Por fin una gran empresa de software se anima a crear un único sistema operativo sea cual sea el dispositivo que empleemos (hasta ahora Apple y Google lo habían intentado pero ninguno había conseguido unificar todas las pantallas).

El lema es sencillo: “una línea de productos. Una plataforma. Una tienda“. Un sistema en el que las aplicaciones serán compatibles e intercambiables y en el que los desarrolladores tendrán que pensar en Windows como un software universal.

El objetivo -ya quedó claro durante la presentación- es que los usuarios de Windows 7 que no han querido animarse a saltar a Windows 8 no duden de que la versión 10 es la definitiva, la que merece la pena. Ya no habrá periodos de adaptación, tan sólo encenderemos el ordenador y todo estará donde debía.

El escritorio vuelve a ganar relevancia. Un menú de inicio clásico en el que se despliegan los programas principales a la izquierda mientras que a la derecha aparecen los Live Tiles que tan buenas sensaciones ha dejado en los usuarios de pantallas táctiles. Como explicaron el pasado martes todo ha de ser “fresco pero estable“. Un sistema operativo que sirva para todo tipo de usuarios, desde los más noveles hasta los más avanzados, desde el usuario doméstico más modesto hasta la institución más exigente.

Junto a esto aparecen nuevas utilidades heredadas del universo móvil: la posibilidad de trabajar con escritorios múltiples en los que se ve en diferentes ventanas la multitarea del equipo y funcionalidades para aprovechar esa multitarea y ese reparto del espacio en la pantalla.

Un guiño este que viene a reafirmar el excepcional trabajo hecho con Windows 8 (la satisfacción media de sus usuarios es superior a la de Android). La Vista de tareas, por ejemplo gana con el aumento de tamaño de los botones y el menor peso del programa. Todo será más ágil y fluido. Algo fundamental cuando la batalla de los chips ya no es definitiva.

Para los que tengáis un dispositivo convertible (en función de sus partes puede ser táctil o “clásico”) el propio programa reconocerá la situación y se adaptará a a cada configuración mediante los modos continuum o un interfaz similar al Modern IU. ¿El objetivo? Minimizar las transiciones para que el usuario lo note lo menos posible.

El primer Windows colaborativo

 

Sí, aunque parezca increíble, Microsoft ha decidido escuchar abiertamente a sus usuarios (¿a dónde vamos a parar? ¿algún día lo hará Apple?). Desde el pasado día 1 de octubre quien quiera puede descargarse una technical preview en lo que Microsoft ha llamado el Windows Insider Program. La idea es que cuanta más gente se descargue el programa en sus equipos de sobremesa y portátiles -los demás tendrán que esperar- más información recogerán en los foros sobre posibles mejoras del sistema operativo definitivo.

Microsoft necesita recuperar el espacio perdido (sobre todo frente a Chrome) y por eso aplica recetas ya conocidas pero válidas. Una actualización gratuita para cualquier usuario de Windows 8 (al más puro estilo OS X), captar las sensaciones de los usuarios en una versión beta (algo muy Google) y aprender de sus errores pasados para ganar cuota.

Faltan todavía meses para que Windows 10 llegue a los usuarios. Hasta mediados de 2015, después del evento Build no habrá más detalles pero lo que está claro es que Satya Nadella parece haber llegado para cambiar profundamente a una empresa para la que cualquier tiempo pasado fue mejor… y que busca claramente un futuro prometedor sobreviviendo a nuevos y antiguos rivales.

 

¿Por qué no Windows 9?

 

Más allá de porque es un nombre mucho más comercial y por todos los significados que le sumamos al número 10, el nuevo nombre pretende plasmar que el nuevo entorno no es una simple evolución desde Windows 8. Es un punto y aparte un salto enorme en el que se ha tomado lo bueno de experiencias anteriores para unirlas y crear el primer sistema operativo universal en la historia de la compañía.

Una apuesta arriesgada pero que, de salir bien y contar con el apoyo de los desarrolladores podría dar un golpe sobre la mesa en Silicon Valley y volver a colocar a Microsoft como la empresa de referencia en el mercado.

Miracast, Microsoft salta a la gran pantalla

La llegada de Chromecast supuso un antes y un después en el universo de las televisiones inteligentes. Es cierto que no es un superventas -al menos no en nuestro mercado- pero también es cierto que marca la referencia de cómo traspasar contenidos de nuestro smartphone o tableta a la televisión por muy poco dinero y con mucha fiabilidad.

Microsoft, sabedora de que en la televisión tiene cierta ventaja frente a sus rivales más importantes (Google, Amazon y Apple) gracias a su consola Xbox, ha aprovechado para presentar el pasado martes su Microsoft Wireless Display Adapter.

En la mano recuerda mucho a Chromecast sólo que su diseño se ha variado para, en un extremo, tener el adaptador HDMI y en el otro, unido por un cable, un puerto USB que permite directamente su carga. Un paso menos que en el de Google en el que el usuario tiene que buscar el modo de alimentarlo.

El sentido universal de Windows hace que, con sólo enchufar ambos extremos podamos empezar a enviar contenidos vía streaming a la pantalla desde cualquier dispositivo compatible con Miracast: cualquier PC, tablet o smartphone con Windows 8.1… y gran cantidad de dispositivos Android que ofrecen esta opción.

Este efecto mirroring permite que no dependamos de aplicaciones compatibles para la nueva pantalla ya que Miracast simplemente vuelca cualquier contenido del dispositivo fuente al televisor sin importar el formato. Además, este dispositivo tiene otra gran ventaja: una vez pasado el contenido a la pantalla secundaria permite trabajar en otra aplicación en el primer equipo.

Con un precio de 60 dólares es ligeramente más caro que Chromecast aunque su efecto espejo puede ser determinante para conseguir un buen puñado de usuarios.

Windows XP, réquiem por el último éxito

 

 

Corría el 25 de octubre de 2001. Microsoft, aún dominador de todos los sectores informáticos -la relevancia de internet todavía era minúscula en muchas zonas del planeta y la movilidad no tenía que ver con tecnología- lanzaba su nueva versión del sistema operativo Windows. El apellido, XP, respondía a “experience” toda una declaración de intenciones sobre las capacidades del nuevo entorno.

 

Durante más de una década -casi 13 años, un récord para una plataforma de este tipo- llegó a 500 millones de ordenadores en todo el planeta. Fue el primero construido en arquitectura de 32 y 64 bits y el encargado de sustituir a Windows 2000. El pasado martes, Windows XP, oficialmente, caducó. Con una cuota media en el mundo del 31,4% de los PCs (tanto profesionales como en hogares), la empresa de Satya Nadella cumplió su anuncio y dejará de dar soporte al programa. Adiós a las actualizaciones, a la reparación de agujeros o a los parches de seguridad o antivirus.

 

No se crearán softwares que permitan acceder a nuevos periféricos (teclados, ratones, impresoras, etc.) ni tampoco ningún tipo de guiño más allá de mantener la web Security Essentials hasta julio de 2015. Tiempo en el que todos los usuarios de XP podrán seguir la recomendación de Microsoft y migrar su PC a Windows 8. Para facilitarlo, los de Redmond han creado la página “Te dejo en buenas manos” que facilitará la transición.

 

Puede parecer nimio pero, si tenemos en cuenta que con el comienzo del nuevo siglo Microsoft anunció que el soporte para sistemas operativos será de diez años, entendemos que el esfuerzo que está llevando a cabo (más de 3 años de más para la plataforma y 4 para la seguridad) es un guiño para evitar que la migración no se haga a la competencia. Windows 8 no ha conseguido enganchar a los clientes y la amenaza de los dispositivos móviles, donde su cuota es meramente presencial es un riesgo que puede suponer millones de dólares en licencias.

 

La empresa explica que el motivo de no continuar desarrollando la plataforma es casi una obligación. XP nació en 2001 cuando sólo el 10% de la población estaba online. Ahora es casi el 77% y ni las necesidades son las mismas, ni las capacidades de XP para satisfacerlas son las apropiadas. Continuar parcheando sistemáticamente el sistema operativo sólo hace que los ordenadores sean más vulnerables y que su rendimiento y productividad estén anclados en el pasado.

 

Sin embargo, muchos usuarios no están dispuestos a abandonar tan fácilmente el último entorno operativo de Microsoft que estuvo a la altura de su competencia. Algunos tan ilustres como las Administraciones británicas u holandesas han pagado a Microsoft 7 millones de euros para tener asistencia en XP durante un año más.

 

De momento se recomienda la descarga de todas las actualizaciones disponibles y, respecto a los programas, acudir a las webs de cada empresa y hacer lo propio con el fin de mantener el ordenador más a salvo de malware. Además, activar todas las alertas antivirus y dejarlo como mucho para jugar a títulos antiguos, plataformas ofimáticas básicas y aprender programación. Ni siquiera navegar por internet puesto que sólo Google ha avisado de que mantendrá su Chrome actualizado hasta 2015 -ni siquiera Explorer lo estará-.

 

Este movimiento debería hacer despegar las ventas de ordenadores (los requisitos mínimos para Windows 8 son muy exigentes para casi cualquier equipo que trabajara con XP), lo que ha animado a muchos fabricantes y minoristas ha poner en marcha una suerte de “plan Renove”. La duda que nos asalta es si no será el empujón definitivo para que muchos usuarios abandonen el equipo de sobremesa y se quede con una tableta (probablemente Android).