¡Fútbol, fútbol, fútbol!

La afición de un club se solidariza con un futbolista condenado por evasión fiscal. Los de otro club, y no son pocos, son de la opinión de que a los futbolistas también se les debería permitir agredir sexualmente a sus parejas[1]. Hay padres que en vez de animar a sus hijos, insultan al árbitro hasta el punto de provocar que este salga llorando del campo. Si es el caso, las aficiones se manifiestan para exigir que el club de sus amores no pierda la categoría, y hasta lo consiguen. Son solo unos pocos ejemplos, pero bastante ilustrativos de la consideración que le tiene al fútbol mucha gente y de la idolatría de la hinchada hacia sus futbolistas.
El futbol llena páginas de periódicos, horas de radio y televisión, conversaciones de cuadrilla, y hasta sirve para acabar con esos más que incómodos silencios de ascensor. Es el ejemplo más conspicuo de la tribalización que aflige a nuestras sociedades.
El futbol, además, altera la normal convivencia ciudadana. Se desvía el tráfico, se cambia el recorrido de los autobuses y hasta circular en metro se hace más difícil. Los días de partido las calles y plazas próximas al estadio se llenan de gente con mucho alcohol en el aparato digestivo, en la sangre, en el hígado y en el encéfalo; y con mucha necesidad de evacuarlo de cualquier modo y en cualquier esquina.
Y a veces, como ayer en Bilbao, ocasiona gravísimos incidentes.
Ayer murió un ertzaina antidisturbios en Bilbao mientras trabajaba para mantener a raya a las hordas de subhumanos que decidieron convertir el entorno de San Mamés en un campo de batalla. Murió sin que fuera agredido físicamente, y es posible que su destino ya estuviera escrito en su corazón antes de que saliera de la furgoneta y se desplomara sobre el asfalto. Pero que la muerte del ertzaina fuese debida a una afección cardiaca y no consecuencia directa de los incidentes, no elimina la gravedad de aquellos.
No hay nada que hacer. El fútbol, los clubs y los futbolistas parecen ser intocables. Y a las aficiones no se las puede contrariar. La violencia que rodea el fútbol no es imposible de erradicar. Si no se toman las medidas necesarias es porque en el fondo, los responsables han acabado asumiendo que las broncas, la violencia y la degradación de todo orden que acompaña al espectáculo, forma parte del mismo y es un elemento más de su penetración social y, por lo tanto, del status quo que no se quiere poner en riesgo.

Pero no nos engañemos: los “responsables” oficiales no son los único responsables. Lo son todos aquellos que con su actitud ayudan a que el futbol siga siendo objeto de veneración social y esté más allá de cualquier otra consideración.

[1] El futbolista en cuestión fue finalmente absuelto de los delitos de los que fue acusado, pero ello no exime a la afición de su comportamiento.

No quiero ciencia divertida

Ayer estrené los 280 caracteres de tuiter con este tuit

Mi intención -creía que estaba claro- era provocar debate.

Sergio, a su manera, me pidió una aclaración

Sergio es uno de los mejores divulgadores. Sus charlas son muy buenas, y muy divertidas. Me gustan mucho y él lo sabe.

Hay quien pensó que mi tuit era una declaración de mi incompetencia

Quizás no le falte razón. Algo parecido pensó don Umberto:

Javier, otro docente y excelente divulgador -con una muy original disposición para con su actividad en este terreno, por cierto- también me interpeló a su manera:

Mi respuesta:

Si no me equivoco, para Javier no hay distinción entre divertido y entretenido, cosa en la que, por cierto, el diccionario de la RAE le da la razón.
Yo, sin embargo, asocio “divertido” con “gracioso” o “humorístico” y pienso que entretener es lo contrario de aburrir. Es posible que esté equivocado, pero me parece que esa distinción es útil. Conozco excelentes divulgadores que no hacen gracia, pero que son muy entretenidos. Y aprovecho para aclarar que contra lo que pueda deducirse de mi tuit inicial, sí me gusta la ciencia divertida, por supuesto, o quizás debería decir, para ser precisos, que me gusta la divulgación divertida. Sigamos, no obstante, con la secuencia.
Esto es lo que quise decir con mis dos siguientes respuestas a Javier:

Y

Carlos Pazos pide aclaraciones también

Aunque Javier no lo ve

Antonio terció en el debate con una consideración terminológica

Aunque confieso que Antonio no me acabó de convencer.

También tomó la palabra Joaquín

Joaquín se declaró partidario de la ciencia cercana (género en el que es un verdadero maestro, por cierto) y debo decir que estoy muy de acuerdo con lo que dijo.

Yo, no obstante, soy más de las buenas historias, quizás porque siempre me ha gustado la narrativa. Por eso me identifiqué con María (sobre todo en lo relativo a Joaquín, JR y Xurxo, narradores extraordinarios; ya me gustaría a mí….)

Mi colega César también intervino pidiéndome aclarar un punto, y esto es lo que le respondí:

Molinos acierta al señalar que es importante el soporte (y le agradezco que diga de mí que soy divertido en persona, afirmación que atribuyo a su amistad y buen talante):

Y Aitor, muy razonable también, se declara amigo de la diversidad de géneros:

A Elena, por su parte, los 280 caracteres de tuiter le parecen pocos y amenaza con tratar este tema en Córdoba, en el Congreso de Comunicación Social de la Ciencia

De repente reaparece Javier y dice que mi madre es una cabra (mejor no se lo chivo a mi madre, la pobre)

Y Juan Antonio, en coherencia con lo dicho por Javier, confiesa que le parecen divertidas las operaciones quirúrgicas complejas

Jose R lleva el asunto al terreno educativo

Y aunque al principio prefiero no añadir complicaciones, lo cierto es que Eugenio tiene razón:

A lo que Jose R responde

Y Eugenio

No puedo estar más de acuerdo.

Hubo otras intervenciones

Y aunque traté de justificarme:

Mi intento resultó vano

(gracias Mónica, por cierto, por tu intervención)
Añado, de postre, una breve consideración de Irreductible que me ha parecido oportuna

Acabo esta secuencia con un tuit de mi admirado y querido Jose, que suscribo:

Creo que a estas alturas está claro lo que pienso. Pero por si acaso me esforzaré un poco más.
El conocimiento no tiene por qué ser divertido, pero casi siempre es apasionante. A veces el problema para percibirlo de esa forma es que no somos capaces de transmitirlo de la manera adecuada. Es, pues, importante, saber comunicarlo, y para ello, lo ideal es cautivar a la audiencia. Algunos recurren al humor, otros hacen cosas muy entretenidas, hay quien busca lo cercano, también se puede recurrir a otras disciplinas para servirte de apoyo: el arte, la música, la literatura…Otros cuentan historias maravillosas, narraciones de aventuras, de intriga, de amor. Y también los hay que, simplemente, son capaces de conseguir entusiasmar con la esencia de lo que cuentan.
Claro que quiero ciencia divertida, lo que no quiero es que solo se dé por buena la ciencia que divierte, o que por tratar de divertir los buenos divulgadores dejen de hacer uso de sus cualidades. Y no quiero dejar de lado lo que dice Eugenio en relación con la enseñanza: aprender cuesta esfuerzo.

Y un estrambote:

¡Qué bien me conoce Xurxo! 😉

Fuera de control

Los peores augurios se han cumplido. Los protagonistas del juego del gallina que se estaba desarrollando en Cataluña no fueron capaces de aprovechar la oportunidad que les brindaron las gestiones del Lehendakari Urkullu y otros agentes que durante los días de atrás han trabajado para ello. Ni Rajoy fue capaz, valiéndose de una posible enmienda socialista, de dar una respuesta a la altura de las circunstancias ni Puigdemont quiso enfrentarse a lo que le exigía buena parte de su gobierno, las CUP y la calle. Ninguno de los dos saldrá bien parado de este lance. Por cierto, Pedro Sánchez -al contrario que Miquel Iceta- tampoco saldrá con bien de todo esto.

En la dialéctica Cataluña vs. España o “independentismo catalán vs. nación española” -incluida la parte de esa nación formada por ciudadanos catalanes- se ha generado una dinámica que, por previsible, debía haberse evitado. Pero casi nadie hizo nada para ello. Se ha llegado a un punto en que los supuestos líderes han perdido el control de la situación. Están a merced de sus bases y entornos más beligerantes. Entre otras cosas, porque les aterra la posibilidad de ser considerados traidores por quienes, a cada lado, más gritan. El preanuncio de una convocatoria electoral causó el jueves una revuelta en las filas del independentismo, y Puigdemont no tuvo el coraje de hacerle frente y mantener la intención que tenía por la mañana. Y a la vista, anteayer en el Senado, de cómo han jaleado los senadores del PP la lectura de las medidas que tomaría el Gobierno español al amparo del artículo 155 de la CE, queda claro que el entorno del gobierno, personificado en los senadores jaleadores, está a día de hoy formado por una cuadrilla de hooligans. Son el fiel reflejo, seguramente, de esos muchos españoles para quienes su nación sigue siendo una unidad de destino en lo universal.

Hoy es el día en que muchos reprochan a los máximos responsables de los dos lados su actuación. Razones, seguramente, no les faltan. Pero no nos equivoquemos. Hacen lo que hacen porque están convencidos de que eso es lo que demandan sus bases y los votantes a quienes creen representar. Hacen lo que hacen porque quieren mantener, si no aumentar, el apoyo de los suyos o de los que consideran suyos. No les falta razón. A los máximos responsables se les podrá reprochar no haber sido capaces de canalizar un conflicto político por vías de diálogo y negociación. Pero no se les debe reprochar la supuesta condición de pirómanos. No lo son. La pradera ya estaba incendiada; quizás no han controlado el fuego, y hasta es posible que en algún caso lo hayan avivado incluso (algunos episodios no se me van de la cabeza), pero no se les puede reprochar el haberlo prendido, porque ya lo estaba. Esto es algo que no debe perderse de vista de cara al futuro. Costará mucho y quizás ni siquiera sea posible, pero sin combatir el fanatismo la convivencia se puede a deteriorar mucho más.

Anteayer el Lehendakari Urkullu ha vuelto a publicar un comunicado insistiendo en que la del diálogo y la negociación es la única vía posible, y exhortando a las partes a actuar en consecuencia (ver más abajo). Tiene razón, aunque me temo que su mensaje caerá en saco roto. Los acontecimientos pueden adquirir un tono más dramático aún y conducir inexorablemente a la aplicación del artículo 116 de la CE. Pero entonces quizás ya no haya nada de qué dialogar. Desgraciadamente, este es el escenario que me parece más probable.

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Sobre Cataluña he escrito estos artículos:

Paralelismos, del 21/9/2015

Secesión (I), del 24/9/2015 y Secesión (y II), del 25/9/2015

Conclusiones catalanas, del 4/10/2015

El juego del gallina en Cataluña, del 7/10/2017

Singularidades, del 9/10/2017

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Incluyo también la declaración del Lehendakari Urkullu:


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Me siento muy identificado con Iñaki Gabilondo en esta entrevista.

Leña al maestro

Debo de ser un zoquete. La primera vez que vi la imagen del ejercicio del chiquillo que se ha hecho viral, no le vi la gracia. Simplemente no entendí qué había hecho. Esto lo declaro de entrada para que no haya duda de que soy una persona con muchas limitaciones; me cuesta entender cosas que para el resto del personal son, al parecer, cristalinas. La segunda que vi la imagen fue en un tuit de un amigo en cuyo criterio tengo gran confianza: le había parecido muy bueno. Y otro llegaba a decir que “muchas veces los alumnos son mucho más inteligentes que los profesores”. Lo he tenido que ver por tercera vez para darme cuenta de dónde estaba la gracia.

Y sin embargo, si hubiera tenido que redactar ese ejercicio, yo lo habría redactado igual. A mi juicio el texto no es ambiguo. Aunque es evidente que el chaval sabe de qué va la historia, creo que no es correcto interpretar la expresión “las siguientes cifras” como la interpreta él. En materia lingüística no es prudente hacer afirmaciones categóricas, pero me da la impresión de que la inmensa mayoría de los castellanohablantes las entendemos como las cifras que siguen al enunciado; de ningún modo habríamos entendido que se refiere a las cifras que ha de escribir a continuación del número escrito en letras. Ahora bien, yo no le habría tachado el ejercicio, pero le habría explicado que el enunciado no debía ser entendido de esa forma.

La imagen en cuestión se ha extendido a velocidad de vértigo por las redes. La gran mayoría de los comentarios han sido para elogiar al chaval (7 años de edad) y denostar al maestro. Aunque fue su padre quien difundió la imagen en tuiter, ha sido muy cuidadoso y no ha criticado al maestro de su hijo, al contrario, tiene muy buenas palabras para él y para el resto del profesorado. Pero insisto: la mayoría de cosas que he leído han sido para criticar al maestro por no haber entendido la respuesta y por haber redactado mal o de forma ambigua el ejercicio, y elogiar al chiquillo y considerarlo un genio. De paso, la crítica al maestro se ha extendido, como ocurre últimamente, al profesorado en su conjunto. Y es esto lo que me ha enojado, entristecido y preocupado a partes iguales.

Algunas profesiones se han convertido en el pim-pam-pum en la sociedad española. La de docente, en casi cualquiera de sus niveles, es una de ellas, si no es la más escarnecida. No dispongo de datos para hacer un diagnóstico de por qué eso es así. No sé cuáles son las razones de fondo. Quizás tenga que ver con el hecho de que se les considera –injustificadamente, a mi juicio- unos privilegiados. Quizás con algunos malos recuerdos de nuestra época infantil. No lo sé. Y luego están los esfuerzos que ha hecho el gobierno español, sobre todo durante los años de Wert en el ministerio, para desprestigiar al profesorado de las instituciones públicas, incluidas escuelas, institutos y universidades. Estoy convencido de que esos esfuerzos no han sido inocuos.

Sean cuales sean las razones, al personal le produce un gustirrinín especial dar leña a maestros y maestras, ponerlos de chupa de dómine, proclamar que la escuela mata la creatividad, ensalzar la curiosidad y (supuesta) genialidad de los chiquillos por comparación con la estulticia del maestro o la profesora. Estamos, al parecer, rodeados de genios, de superdotados, de niños y niñas de altísimas capacidades y, para su inmensa desgracia, sus docentes son unos cretinos.

Lo malo de eso es que redunda en una enorme pérdida de respeto al personal docente. Hablen con ellos, les contarán cómo los tratan muchos padres, delante de sus hijos incluso. La merma de autoridad que eso conlleva tendrá antes o después consecuencias negativas en el aprendizaje de los críos y, en general, en toda su educación. Y por si eso fuese poco, acabará teniendo –ya la tiene- un efecto nefasto en el prestigio de la profesión y en su atractivo. Hoy la profesión docente en España se nutre de titulados universitarios cuyas capacidades cognitivas en lengua y matemáticas son algo superiores a la media de las capacidades del conjunto de titulados. Pero las actitudes de menosprecio pueden acabar consiguiendo que los mejores no encuentren ningún incentivo en dedicarse a la docencia. Y entonces sí, se dedicarán los peores, los menos capacitados y menos interesados en una actividad tan exigente como es la enseñanza. Eso ya ocurre en algunos países y las consecuencias son pavorosas. Sigamos, pues, dando leña al maestro; es de goma.

La mirada de la oveja

Una mañana de primavera paseando por la ribera de un río del oriente asturiano presenciamos una escena extraña, extraña y triste. En un prado cercado por una alambrada un hombre llevaba a rastras lo que, de lejos, parecía un cordero. Le seguía una oveja. Y un poco adelantado iba un pequeño rebaño con varias ovejas, un carnero y unos pocos corderos. Pensamos, al principio, que el pastor se llevaba al cordero, seguramente para sacrificarlo, aunque parecía muy pequeño.

El hombre, además del cordero que colgaba de su mano izquierda, llevaba un gancho metálico en su derecha. Cuando estaba a unos cien metros de donde nos encontrábamos -en el camino al borde del prado- recogió con el gancho algo que a esa distancia parecían restos de tejidos animales. Creí que serían parte de los intestinos del cordero, porque el pequeño animal parecía muerto. Quizás un zorro, un perro asilvestrado o algún otro depredador lo había atacado. La oveja no dejaba de balar y no se separaba del pastor. Éste se dirigió hacia nosotros. La oveja seguía a su lado y a unos metros, el resto del rebaño. Algunas ovejas balaban de vez en cuando; la que acompañaba al pastor lo hacía en todo momento.

Le pregunté por el cordero. Nos lo enseñó; estaba exangüe y con restos de sangre sobre la lana. Señaló dos pequeñas marcas en el cuello del animal. “Mirad las marcas: son de dentines; lo ha matado la gineta” nos dijo. “La oveja parió ayer por la tarde y la corderina -porque era hembra- quedó bien.” “Pero ha venido la gineta y mira…” Al referirse al parto nos enseñó el gancho; lo que llevaba colgando era la placenta, aunque él le dio un nombre que desconocíamos y que no recuerdo; la había expulsado la oveja durante la noche. Después siguió lamentándose: “Si las llevas al monte, el llobu, y si las dejas aquí, la gineta. Este es el segundo corderino en poco tiempo; hace unas semanas mató otro.” “Y total, ni se los come.”

Mientras, la oveja, sin separarse del cadáver del cordero, no dejaba de balar. Balaba y miraba al pastor, como si le interpelase; o nos miraba a nosotros, también como pidiéndonos una explicación o como si pudiésemos devolver la vida a su cría recién nacida. Nunca se me hubiera ocurrido, pero habría jurado que la mirada de la oveja mostraba una tristeza infinita.

Comerse una increpada

Trabajar con joveznos es lo que tiene. Hace un par de años me tocó lidiar con uno –alumno, para más señas- que cuando se reunió conmigo para planificar su trabajo de fin de grado encajó al menos un “emplán” en cada frase que pronunció. Llegó a preguntarme si tenía que presentar los datos “emplán gráfica o emplán tabla”. Le respondí que, para empezar, “los trabajase emplán análisis de la varianza de dos factores con interacción y luego si eso yatal”. Creo que me entendió, porque a partir de ese momento le costó articular frases con cierto sentido tratando de omitir el neologismo de marras.

Sirva la anécdota para ilustrar ese fenómeno que consiste en la extensión de formas lingüísticas nuevas, o formas antiguas con usos nuevos, entre los hablantes, sobre todo entre hablantes jóvenes. El sintagma “en plan” ya se utilizaba con cierta frecuencia, pero últimamente su uso ha aumentado tanto que se ha convertido en un comodín. Confieso que no me gusta.

Otra de las novedades que han llegado a mis oídos últimamente es la forma “biende”. “Biende” está construida como “finde”, con la diferencia de que “bien-de” no procede (que yo sepa) de un sintagma nominal equivalente al “fin-de semana”. “Biende” es un neologismo que denota abundancia; se utiliza cuando se quiere decir que hay mucho de algo, o muchos ejemplares. “Había biende peña”, “hay biende comida” y similares son las expresiones que he oído. “Biende” tampoco me gusta, me parece tan hortera como “finde”.

La que sí me ha gustado es la locución “comerse una increpada”. Significa “llevarse una bronca”. Nótese que “increpada” es un sustantivo derivado del verbo increpar. La derivación ha seguido la misma vía que “jamada” de jamar, “salida” de salir, “meada” de mear, u otras similares. Quien la creó podía haber recurrido a increpación, pero la gracia está, precisamente, en que evitó la forma conocida y recurrió a una inexistente pero siguiendo un modelo de derivación común. ¡Brillante! Me dice un amigo lingüista que esa construcción se llama “nombre deverbal” cuando es de alguna manera inesperada. Y está claro que esta lo es, porque quienes la usan difícilmente utilizarán el verbo increpar y, por el otro, porque ya existe “increpación”. La pena es que “comerse una increpada” se oye muchísimo menos que las dos anteriores.

Sea como fuere, estas cosas me reafirman en que la lengua es algo maravilloso.

Singularidades

En ningún lugar de la Europa democrática a la que pretendemos pertenecer son insumisas sus instituciones. Las instituciones existen en virtud de las leyes que las han creado o las han legitimado. Fuera de la ley no hay espacio para una institución. Por eso, al desobedecer las leyes, las instituciones se niegan a sí mismas. Pierden su sentido y su mismo fundamento. En rigor, ningún ciudadano debería obedecer a una institución desobediente.

 

En ningún lugar de la Europa democrática a la que pretendemos parecernos desfilan en la misma manifestación el partido del gobierno, el principal de la oposición y los fascistas antisistema.  En ninguno de esos países comparten los partidos de orden calzada y aceras con fascistas de verdad y con espontáneos, o no tan espontáneos, que enarbolan símbolos fascistas, hacen el saludo romano y lanzan consignas antidemocráticas.

El juego del gallina en Cataluña

Las últimas elecciones al Parlamento de Cataluña arrojaron un resultado envenenado: mayoría de escaños para las fuerzas independentistas, pero con menos de la mitad de los votos emitidos. En contra de lo que la prudencia aconsejaba, esa insuficiencia no ha sido óbice para que las instituciones catalanas hayan huido hacia delante, hasta llegar a las infaustas sesiones parlamentarias del 6 y 7 de septiembre y la posterior celebración de un referéndum sin las debidas garantías.

El Gobierno Español, por su parte, ha ignorado que en Cataluña una amplia mayoría –muchos más de la mitad- quiere ser consultada acerca de su futuro. No quiere ver que si cerca de la mitad de votantes opta por apoyar con su voto medidas ilegales, no se encuentra ante un mero problema de orden público. Y tras circunscribir su respuesta a resoluciones judiciales y, a última hora, a actuaciones policiales, ha llegado a poner en evidencia al propio Estado, por su incapacidad para cumplir su cometido.

Los independentistas no tienen derecho a hablar en nombre del pueblo catalán para justificar sus actuaciones porque tan pueblo catalán es la mitad que no les apoya como la que les apoya. Tampoco pueden justificar el atropello parlamentario de los días 6 y 7 de septiembre por la actuación del gobierno español negándose a facilitar una solución negociada al problema de la consulta; una actuación injusta del otro no justifica la injusticia cometida por uno mismo.

Quienes critican la celebración del referéndum por la ausencia de garantías no deberían olvidar que el Gobierno de España ha impedido una consulta que cumpliese las condiciones exigibles. Es más, ese referéndum cuántico –se ha producido y no se ha producido, a la vez- movilizó a centenares de miles de personas. Pero igualmente hay que decir que una consulta realizada sin las garantías democráticas básicas no autoriza a considerar válido el resultado, y menos aún a los efectos de algo de tanto alcance como una declaración de independencia.

La distribución de vídeos en que se jaleaba con cánticos obscenos a guardias civiles y policías cuando partían hacia Cataluña indica que había interés por parte de las instancias oficiales en “caldear el ambiente antes del partido”. Las actuaciones policiales de la mañana del uno de octubre, el elevado número de personas heridas y la manifiesta insuficiencia del despliegue policial para evitar el referéndum, hacen sospechar que tal despliegue no perseguía lo que se declaraba, sino mostrar una contundencia que pudiera servir de aviso a navegantes y anticipar futuras actuaciones en la misma línea. Tras el domingo se multiplicaron las voces en demanda de algo parecido a una tregua. Ese era el sentido, por ejemplo, del último punto de la declaración de la Comisión Europea del lunes pasado. Pero el discurso del Rey parece pensado para dar cobertura a una próxima declaración del estado de excepción o medidas equivalentes, y quizás para prepararnos para ellas.

A falta de conocer la resolución que adopte el Parlamento de Cataluña el próximo lunes, todo indica que las dos partes han decidido llegar hasta el final, sea tal final el que sea. Los independentistas han optado por “exhibir las vergüenzas” del Estado Español con su recurso a la violencia, de la que hará uso sin complejos en la medida en que lo considere necesario. El Gobierno de Cataluña confía en concitar el apoyo de la opinión pública europea de esa forma, además de conducir al Estado a una crisis que dificulte o impida respuestas efectivas. Y el Gobierno de España parece haber decidido que, a las malas, el Estado tiene todas las de ganar.

En teoría de juegos hay un dilema diabólico; se plantea en el juego del gallina. Dos jugadores confrontan su valor lanzándose en sus respectivos automóviles a toda velocidad uno contra el otro o hacia un precipicio (recuerden la escena de la película Rebelde sin causa); pierde el primero en modificar la trayectoria de choque o abandonar el vehículo en marcha. ¡Cómo me gustaría estar equivocado!

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Nota: este artículo se ha publicado hoy en la edición en papel de Deia.

Ellos han vuelto

Lo que importa es cómo juguemos nosotros…

Si jugamos al noventa y cinco por ciento no les ganamos; tenemos que jugar al ciento veinte por ciento…

Nos vamos a dejar la piel en el campo…

Vamos a poner toda la carne en el asador…

El fútbol es así…

Fútbol es fútbol…

Sí, bueno no…

Lo importante es ir partido a partido…

Hasta que pita el árbitro todo es posible…

En este deporte juegan once contra once…

Es la magia del fútbol…

Cuando la pelota no quiere entrar…

No hay enemigo pequeño…

Los partidos duran 90 minutos…

Esta afición se lo merece todo…

Lo voy a dar todo por esta camiseta…

Es que el …. es más que un club…

Hoy no hemos andado finos…

 

 

Han vuelto…   si es que alguna vez llegaron a irse.

Eskerrik asko, EiTB!

A veces me quejo del poco caso que hacen los grandes medios de comunicación a lo que hacemos quienes nos dedicamos a las ciencias, las actividades relacionadas con ellas, ya sean hallazgos, congresos, o divulgación. Con algunas honrosas excepciones, “nuestras cosas”, esas sin cuyo conocimiento todo lo que nos rodea sería incomprensible, no merecen la atención de los grandes medios.

Por eso, porque a veces me quejo, sería imperdonable que no reconociese y agradeciese la gran apuesta que siempre ha hecho el grupo EiTB, la radiotelevisión pública vasca, por las actividades desarrolladas por la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU. Y no me refiero solo a la atención, que siempre he agradecido, que nos prestan los programas de ciencia en sus emisoras de radio.

Me refiero a otra cosa. Desde que existe EiTB a la carta, su canal Kosmos emite por internet en directo prácticamente todas las conferencias y actos que organizamos. Nuestras actividades, tanto en euskera como en castellano, pueden ser seguidas desde cualquier lugar del Planeta. Y además, como las deposita en su canal a la carta, quien lo desee las puede ver cuando mejor le convenga, y las puede insertar en los medios digitales para ofrecerlas a sus lectores habituales. Esto ha sido así desde que nació la Cátedra.

Pero este año EiTB se ha superado. No solamente ha retransmitido y grabado las muchas sesiones de divulgación que hemos organizado (Zientziateka, Arte y Ciencia, Las pruebas de la educación y Ciencia a presión), sino que con Bizkaia Zientzia Plaza ha echado el resto. ETB incluyó reportajes dedicados a #Naukas17 en sus informativos habituales de fin de semana, tanto el sábado por la noche como el domingo al mediodía. En el lugar preferente de su web figura un banner de Bizkaia Zientzia Plaza que conduce directamente a un sitio específico con las charlas grabadas desde que empezó esta secuencia de actos de divulgación: Naukas, Scenio y el especial de Eva Caballero en La mecánica del caracol.

Sin el apoyo constante de EiTB, la Cátedra de Cultura Científica que coordino no habría alcanzado la proyección internacional de que hoy goza; y sin su compromiso en favor de la difusión de actividades como Naukas Bilbao y, este año, Bizkaia Zientzia Plaza, estas no tendrían el éxito y repercusión social que han conseguido.

Esto es SERVICIO PÚBLICO y es de justicia decirlo, proclamarlo y agradecerlo.

Eskerrik asko, EiTB!