El universo es incognoscible

El conocimiento es un círculo de luz. Una circunferencia delimita ese círculo; la circunferencia es la frontera del conocimiento; es una frontera difusa, no es nítida. Al otro lado está la ignorancia.
Sólo somos conscientes de ignorar lo que está ahí mismo, en la vecindad inmediata de la frontera, al otro lado de la circunferencia. Cuando aumenta el conocimiento, el círculo se amplía, y mayor es la circunferencia que lo delimita. Eso quiere decir que al aumentar el conocimiento también aumenta la frontera de la ignorancia, más sabemos que no sabemos, mayor es la cantidad de cosas de las que somos conscientes que ignoramos.
Seguiremos ampliando ese círculo y la circunferencia no dejará de aumentar, pero nunca dejaremos de ser ignorantes. Porque la ignorancia es infinita: además de lo que sabemos que no sabemos, está lo insondable, todo aquello que ni siquiera sabemos que desconocemos y desconoceremos. Eso, y no otra cosa, significa que la ignorancia es infinita. Por eso es vana la pretensión de que el universo es cognoscible. No lo es, ni lo será jamás.
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Corolario: De lo anterior se sigue que el conocimiento que podemos llegar a atesorar también es infinito.

8 comentarios sobre “El universo es incognoscible”

  1. Sugestiva imagen como metáfora…
    Trato de meterme en ella…

    Si la frontera es difusa…el contenido resultara incierto en su determinación total.

    Me resulta muy plana como imagen cuando podemos pensar en “superficies” que se alabean y retuercen sobre sí mismas. pudiendo desplazarnos sobre ella sin perder contacto y sin distinguir si estamos “encima de” o “debajo de”.

    En poco mejoro, con esa imagen que presenta, en la comprensión del universo. Ahí coincido con usted.

    ¿Si el universo se “expande”, qué era aquello que antes no formaba parte del universo accesible y ahora si?

    Mayor confusión en mi cuando pretendo indagar sobre lo que sea nuestro universo pero desde una óptica “cuántica” proyectada sobre el mundo de lo “sub”.

    El caos conceptual me resulta muy enmarañado, mis neuronas no dan para más.
    Si es verdad que en lo científico hemos avanzado ” a hombros de gigantes”, aguardo con impaciencia un nuevo gigante del sexo que sea, pero con potente seso.

    1. Las metáforas, metáforas son, Io
      (1) El contenido siempre es incierto, pero menos incierto cuanto más apoyado en pruebas se encuentre.
      (2) La metáfora del círculo de luz es adecuada porque cumple su función. Puedes poner el objeto que prefieras: un círculo, una esfera, una ameba protéica, siempre habrá una frontera que marca la ignorancia. Y esa ignorancia siempre será infinita.
      (3) Si el universo es incognoscible, para qué hablar de inteligibilidad. La aspiración a entenderlo es absurda, por no decir ridícula.
      (4) Es al revés; porque el universo se expande, si lo hace a velocidades mayores que la luz, fragmentos del universo que antes eran accesibles ahora ya no lo son.
      (5) No obstante, eso es casi lo de menos. Ahí hay una limitación absoluta al conocimiento, pero si tenemos en cuenta la magnitud de lo que desconocemos, no por lejano, sino por inacesible con nuestros instrumentos tecnológicos y cognitivos, lo de menos es que una parte del universo se nos escape. Lo que se nos escapa de verdad es la misma realidad.
      (6) La “óptica cuántica” es inaprensible. La física cuántica puede ser descrita y sus implicaciones predichas. Pero es incomprensible. No hay porqués razonables en ese barrio.
      (7) Todo lo anterior sólo es importante a efectos metafísicos. No lo es en cuanto a la traslación del conocimiento a la experiencia cotidiana. En ese barrio, la ciencia es imbatible.
      Salud
      JI

  2. Muy buena analogía, que me gustaría complementar.
    Pienso que el conocimiento sería, en todo caso, no un circulo de luz sino una figura irregular de luz de un número de lados igual a la cantidad de disciplinas de la ciencia, que va aumentando de tamaño en aquellos lados de mayor avance, y que incluso de retrae en lados donde se han rechazados las hipótesis o teorías que no se comprobaron en su momento. Por lo que pienso que se vería como una mancha irregular de luz que semeja un ser vivo, estirándose y contrayéndose en todas direcciones, y ampliándose en promedio de una manera lenta. Siempre crecerá, pues el hombre es el único ser viviente a cuyo cerebro le es imposible dejar de saber como funciona el universo a través de la ciencia.

  3. “3. El mundo verdadero, inasequible, indemostrable, imprometible, pero ya en cuanto pensado es un consuelo, una obligación, un imperativo.
    (En el fondo es el viejo sol, pero visto a través de la niebla y el escepticismo; la Idea se ha hecho sublime, pálida, nórdica, “konigsberguiana” )
    4. El mundo verdadero -¿inasequible? En todo caso, inalcanzado. Y en cuanto inalcanzado, también desconocido. Por consiguiente, tampoco puede ser consolador, ni redentor o liberador, ni obligante: ¿a qué podría obligarnos algo desconocido? …
    (Mañana gris.Primer bostezo de la razón. Canto del gallo del positivismo).
    5. El «mundo verdadero» es una Idea que ya no sirve para nada, que ya ni siquiera obliga, -una Idea que se ha vuelto inútil, superflua, por consiguiente una Idea refutada: ¡eliminémosla!.
    (Día claro; desayuno; retorno del buen sentido y de la serenidad; rubor avergonzado de Platón; ruido endiablado de todos los espíritus libres)
    6. Hemos eliminado el mundo verdadero: ¿qué mundo ha quedado?, ¿Acaso el aparente?… ¡No!, ¡al eliminar el mundo verdadero hemos eliminado también el mundo aparente!
    (Mediodía; instante de la sombra más corta; fin del larguísimo error; punto culminante de la humanidad; INCIPIT ZARATUSTRA).”
    El crepúsculo de los ídolos – 1887

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