Soy vasco ¿y tú?

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Llegué a Bilbao en septiembre de 1970, próximo a a cumplir mi primera década de vida. Procedentes de una ciudad luminosa, Salamanca, en la que la arenisca de Villamayor en los edificios realza la hermosura de los atardeceres del verano y comienzo del otoño, bajamos del autobús en una calle gris, oscura, no solo por el color del cielo, también por la tonalidad de las fachadas. Llegamos mareados del viaje tras descender el puerto de Orduña. Y nos dirigimos andando a Rekalde arrastrando maletas, con todo lo que una familia de cuatro miembros necesitaba para instalarse y empezar una nueva vida.  Nuestro nuevo hogar estaba en la calle Larraskitu; todavía recuerdo el número: era el 11 de aquella época. Enseguida empecé en el instituto del barrio, recién estrenado, a cursar primero de bachillerato elemental. Creo que ahora sería quinto de primaria. Pronto hice amigos. Salamanca empezó entonces a ser el lugar donde vivía parte de nuestra familia y a donde íbamos a pasar las vacaciones.

Ya antes de hacerme mayor decidí aprender vasco. No quería vivir en un país en el que no pudiera entender a parte de sus paisanos cuando hablaban entre ellos. Reafirmé ese propósito, aunque con motivos adicionales, en la universidad. Allí me encontré a muchos compañeros, la mayoría procedentes de otras zonas del País Vasco, que utilizaban esa lengua habitualmente. Tuve suerte. Un amigo de entonces y de ahora, más que nadie, y algunos otros compañeros me ayudaron mucho, hicieron fácil lo difícil. Aprendí euskera. Escribí y defendí mi tesis de licenciatura en esa lengua; era 1982. Y también la de doctorado; en 1986. La mía fue la primer tesis de biología escrita y defendida en lengua vasca.

Soy ciudadano vasco. Lo soy a efectos políticos, por supuesto. Y también lo soy a efectos sentimentales. Pertenezco a este país. Vivo en él, trabajo en él y, además, siempre he pensado que lo que hacía era bueno para sus gentes. También he hecho mías algunas tradiciones vascas, musicales y folclóricas sobre todo. Y de vez en cuando disfruto leyendo a autores que escriben en euskera.

También soy ciudadano español. Lo soy a efectos políticos. Voto en las elecciones españolas; y tengo pasaporte español. Pertenezco a ese país. En lo que a mí respecta, trabajo en él. Y por supuesto, pienso que lo que hago también es bueno para los demás españoles. La cultura española es mi cultura. Siento que su literatura, sobre todo, pero también su música, su arte, en fin, cualesquiera manifestaciones producto de los creadores españoles que en la historia han sido, me pertenecen en cierto grado. Así pues, también soy español a esos efectos, y a otros, como el gastronómico, por ejemplo. Además, la mayoría de mis familiares, mi gente, son españoles.

Pienso que eso a lo que me dedico, y que creo que es bueno para vascos y españoles, es también bueno para el resto de ciudadanos del mundo. Me gustaría que todos gozasen de los derechos básicos y las oportunidades de los que disfrutan nuestros conciudadanos. Y quiero pensar que, siquiera sea en una ínfima medida, mi trabajo ayudará a que eso sea así. Me tengo por cosmopolita, aunque nunca digo de mí mismo que soy ciudadano del mundo, porque no lo soy.

Entiendo, y me parece bien, que haya quienes viven estas cosas de forma diferente. Los de pertenencia, como el resto de sentimientos, forman parte de una esfera –la emocional- en la que la razón poco o nada tienen que decir. Por eso no me parece mal que haya quien se considere sólo vasco o solo español. Y me parece del todo legítima la aspiración a conseguir que los sentimientos de pertenencia tengan consecuencias políticas bajo la fórmula que se desee, incluida la del estado independiente. Como también me parece normal que esa aspiración tenga una base estrictamente racional.

A punto de cumplir 11 años nos trasladamos al barrio de Cabieces, en Santurce -hoy Santurtzi-, a la periferia de la periferia. Allí una chiquilla de mi edad, compañera del instituto, me llamó “maketo” por primera vez en mi vida; esa era la forma despectiva de llamar a los que veníamos de fuera. Me lo han llamado en alguna otra ocasión, pero muy pocas, porque lo cierto es que, en general, me he sentido bien tratado y acogido por los naturales del país. Pero también es cierto que, en sintonía con quienes descalifican a los de fuera por el hecho de serlo, también he conocido a personas –algunas con altas responsabilidades- que sostienen en privado (quizás también en público) que “los vascos hacemos las cosas mejor que los españoles”. Nunca reacciono bien cuando oigo eso o cosa parecida.

Por eso tampoco me ha gustado lo que he visto del programa “Euskalduna naiz. Eta zu?” (“Soy vasco, ¿y tú?”[1]) que tanto revuelo ha generado. Acepto que tratándose de un programa de humor no es fácil emitir juicios si ese de quien se ríen resulta que eres tú. Entiendo que al tratar de reírse de los estereotipos, también de los que tenemos acerca de nosotros mismos, es fácil que alguna de las risas se interprete con demasiado rigor. Y doy por hecho que –como afirma la dirección de EiTB- el vídeo que se ha difundido se ha montado con el propósito de causar escándalo, y que la visión del programa completo, con las secuencias en su contexto, daría una impresión menos escandalosa.

Pero entendiendo todo eso, mi yo español no ha podido sustraerse al sentimiento de ofensa motivado por algunas expresiones. Sí, de sobra sé que no tengo derecho a no sentirme ofendido. Pero es que no se trata de eso, no de invocar derechos, al menos. Defiendo la libertad de expresión a ultranza. Defiendo el derecho a que se me ofenda. Y entiendo que los únicos límites que ha de haber son los que impone el Código Penal. Por eso no me ha gustado que la dirección de EiTB haya retirado el vídeo sin que mediase sentencia judicial alguna.

El sentimiento de ofensa, por menosprecio o puro desprecio, que denotan algunas intervenciones en el programa de ETB1 no es nuevo. Lo experimento cada vez que alguien dice eso de que “los vascos hacemos las cosas mejor” o, más raramente, cuando alguien utiliza la palabra maketo. Es lo que he sentido al ver reflejados esos estereotipos en el programa de televisión. No tengo ningún aprecio por banderas, himnos y demás símbolos patrióticos, pero creo que si quieres que respeten los tuyos no es mala idea empezar respetando los de los demás, también cuando no hay reciprocidad. Lo que no me da igual es que se asuman con normalidad estereotipos según los cuales los españoles sean –seamos- paletos, fachas, chonis o progres. Por cierto, me gustaría saber a qué grupo pertenezco, porque no acabo de ubicarme en ninguno de ellos. Tampoco me da igual que se afirme, entre otras cosas y entre risas, que los españoles son –somos- incultos o un poco retrasados culturalmente.

Al ver el vídeo del programa me he visto a mí mismo en Cabieces, en la periferia de la periferia, mientras Josune –así se llamaba la compañera del “insti”- me llamaba maketo como si tal cosa; también me he visto camino de Larraskitu arrastrando maletas, todavía presa del mareo del viaje. No. No ha sido buena idea retirar el vídeo. De haberlo mantenido, habría colocado a muchos vascos ante un espejo. Porque lo malo, lo que me disgusta, no es que salgan esas cosas en un programa de televisión; sino que salen porque reflejan unas ideas no tan minoritarias. Es lo que tienen muchos estereotipos. Al haber retirado el vídeo no lo podremos ver cuando se dicte alguna condena por corrupción en este pequeño y modélico país. O cuando, en las próximas evaluaciones educativas, vuelva a salir detrás de muchas comunidades autónomas españolas.

[1] Aunque en rigor quiere decir “Soy vascohablante, ¿y tú?”

 

Post scriptum: Aquí he hablado de mis circunstancias. Cada uno tiene las suyas. Y no hace falta haber vivido las mismas experiencias para sentirse molesto u ofendido por los estereotipos. Ni tampoco tiene por que sentirse ofendido o molesto alguien que haya tenido experiencias similares. No pretendo generalizar.

Addendum:

Ikusi nahi duenarentzat, hemen ikus daiteke programa osoa. Ikusi ondoren ez dut iritzia aldatu.

 

46 comentarios en “Soy vasco ¿y tú?”

  1. Me gustan tus artículos y te considero un buen ciudadano de nuestro país. Tienes razón en protestar por el artículo que generaliza sobre los defectos de los españoles. Pero nos debes un artículo-entrevista entre tus familiares y amigos españoles de Salamanca sobre lo que piensan de los que queremos ejercer el derecho a decidir. Defiende nuestro derecho con el mismo entusiasmo y verás las cicatrices que te dejan sus prejuicios.

      1. Sr Pérez, yo empezaré contándole mi historia, como Vd ha hecho, yo soy vasca y mis apellidos también lo son, he crecido y me he educado, como los verdaderos vascos, en un clima de respeto y educación hacia otras culturas, aprendiendo y aceptando otras opiniones. Yo nací a finales de los 70, en mi clase había niños de muchos lugares del estado, y fíjese, muchos de ellos se reían de mis apellidos porque eran “raros” y sonaban mal, y de que yo llamase a mi padre aita y no papá, decían que no tenía pueblo y que me tenía que quedar en aquella localidad fea y gris durante el verano. Las profesoras, decían que el euskera no servía para nada y que era una lengua rural, de campesino analfabetos, y que el castellano era la única lengua culta. Fíjese, Sr Pérez estamos hablando de los años 80, no de los 40.
        Años más tarde cuando llegué a la universidad, fue entonces, y sólo entonces, cuando aprendí algo de la historia de Euskadi, ya que en el colegio no se mencionaba en absoluto, se obviaba…pues bien una vez en las aulas universitarias, tenía unos compañeros que solían vestir con pañuelos palestinos, yo que siempre he vestido normalita, y que saludaban con un egun on, pues bien dichas personas me preguntaron una vez y no sé por qué, cuáles eran mis apellidos, y su respuesta fue si yo era proetarra al tener apellidos vascos, qué había en esas sucias mentes…cuando después respondieron que sus padres eran emigrantes y que odiaban la cultura vasca, qué clase de mentes enfermas hacen eso.

        Pues bien, ahora en pleno siglo XXI, una persona muy cercana a mí que trabaja en la Administración vasca, tiene que oír a sus compañeros de trabajo una y otra vez cómo despotrican contra el euskera, su uso, bromas y chanzas humillantes sobre apellidos y el uso de los euskaldun zaharrak del mismo,

        Bien, Sr Pérez, yo respeto todas las culturas y las lenguas, pero que respeten la mía, en ese mencionado programa de ETB las opiniones no son políticamente correctas, pero dígame cuántos programas, series y películas aparecidas en los medios de comunicación sobre la cultura vasca lo son, y por ello, nadie se ha rasgado las vestiduras. Y sino, vaya simplemente a un campo de fútbol y oiga insultos contra los vascos sólo por el hecho de serlo.

        Haga crítica, Sr Pérez, pero de todo, de un lado y de otro, y permítame decirle que aunque respeto la cultura española, no me siento española, y tengo más de mil razones para ello.

        1. Mal ejemplo es el de los campos de fútbol. En los campos de fútbol se pueden escuchar todo tipo de insultos dirigidos contra cualquier colectivo humano. En los campos de fútbol se pueden escuchar insultos: racistas, machistas, clasistas, etc.

  2. Yo soy vasco de los de 20 apellidos vascos.
    No tiene que ver lo que yo me sienta: da igual, no es un tema de bandos, es un tema de decencia. Se trata de respetar a los demás, se trata de para ya el germen del odio que, para colmo desde lo publico, se esparce sin vergüenza.
    La capacidad de discrepar en este lugar del mundo se ha amputado y llevamos demasiado tiempo oyendo a los de siempre machacar a los que no se podían defender

  3. Con independencia de mis apellidos, o de los de mis hijos o nietos (que han ido evolucionando), al margen de las identidades políticas más o menos activas, ante todo y sobre todo me declaro un ser humano, con sus raíces y afectos, que no supone ni imagina que por el origen de nacimiento puede haber ventajas o desventajas, sí diversidades ricas y prolíficas.

    No puedo aceptar comparaciones simplificadas de carácter general, menos si menosprecian a colectivos tan amplios,… Las descalificaciones sólo identifican las conductas, espero que no esencias, de quienes las proclaman.

    Por último me siento vasco, nacido en Bilbao en 1953,… y todo lo que ello supone, pero admirador y entusiasta de culturas tan universales y específicas, al igual que la vasca, como la española, la francesa, la británica,… Y, sobre todo, hermano de todos los seres humanos sin importarme dónde hayan nacido, dónde hayan crecido o dónde hayan madurado,…

    Aborrezcamos actuaciones deplorables, pero sin insultar a nadie, ni siquiera a quienes (esperamos que ocasional o inconscientemente) se comportan sin la cultura y la humanidad que serían deseables.

    ¡Gracias, Juan Ignacio, por tu perspectiva!

  4. Hace años, en un pueblo de Castilla de cuyo nombre no quiero acordarme, mis hijas,unas niñas por aquel entonces, fueron conminadas a hablar en “cristiano” (entre ellas) en un establecimiento público al que habían entrado a comprar unas coca-colas y en muy mal tono. Así lo hicieron. Me alegré de no haber estado con ellas en aquel momento.
    Supongo yo que el idioma “cristiano” es el referido a la civilización, la cultura y al bien. El que debe hablar todo buen Español y no a las jergas periféricas. Desconozco qué “Sabino Arana” habría inoculado a la pareja de paisanos(eran dos) esa superioridad moral,ética y racial para con aquellas dos pequeñas indígenas que osaron obviar la lengua del imperio en su establecimiento. Alguna pista me dio aquella calle “Girón” o la plaza del “generalísimo”. Todos tenemos nuestros pequeños “Sabino Arana”, Los Españoles también.
    Como a usted, me preocupa que por España, estas ideas tampoco son tan minoritarias como parece, y tampoco parecen muy aficionados a los espejos. Creo que le ha sobrado el último párrafo de su entrada, si vamos por ahí, hay para todos y no acabamos nunca.
    Comparto buena parte de su entrada, pero pienso que no se deben obviar la manipulación en la traducción y la descontextualización. Se busca lo que se busca, EITB es caza mayor. Dicho esto, me parece que el comunicado de EITB es acertado, y por supuesto la petición de disculpas y la disposición a mejorar el control sobre contenidos que pudieran causar ofensa a alguien. No tan acertada me ha parecido la reacción del GV,saliendo a toque de corneta de los denunciantes sin contrastar debida y pausadamente el asunto, aunque al final la conclusión hubiera sido la misma. Saludos.

    1. Sus hijas toparon con un cerril intolerante. Lo siento por ellas.
      Es cierto que los poderes públicos no siempre han impulsados políticas integradoras y aceptadoras de la diversidad existente en la sociedad, ni lo hicieron antes ni lo hacen en la actualidad algunos poderes públicos.

    2. La ignorancia es muy atrevida y campa a sus anchas. Cuando yo era pequeña, allá por lo años 70, en un pueblo de Zamora decían otros niños que les había insultado por llamarles “guajes” (en asturiano quiere decir niños, más o menos). Con esto intento dar a entender que da igual de dónde seas, siempre habrá alguien a quien no le guste, por desgracia.

    3. Yo también puedo contar que estando de vacaciones unos días en Zarauz, a mi sobrino (somos de Madrid) le dijeron unos muchachos (varias veces) que el castellano lo hablase en «su puto país», que en Euskal Herria se hablaba el euskera. Mi sobrino estaba sentado a mi lado en una terraza, no hubo por nuestra parte provocación ninguna, mi sobrino y yo estábamos hablando entre nosotros Amigo Intza, cerriles hay en todas partes, en todas.

      Por el incidente de mi sobrino con esos muchachos de Zarauz yo no califiqué a todos los habitantes del País Vasco como nada negativo, espero que usted no califique como nada negativo a todos los castellanos por esa situación que vivieron sus hijas.

    4. Yo también puedo contar que estando de vacaciones en Zarauz, a un sobrino mío (somos de Madrid) unos muchachos le dijeron (varias veces) que hablase castellano en «su puto país», que en Euskal Herria se hablaba euskera. Mi sobrino y yo estábamos sentados juntos, tranquilamente, en una terraza, no hubo provocación por nuestra parte que justificase esa acción.

      Amigo Intza, cerrilles hay en todas partes, en todas. Yo no califiqué al resto de vascos negativamente por la acción que soportó mi sobrino, espero que usted no calificase negativamente al resto de castellanos por la acción que tuvieron que soporta sus hijas.

    1. Me identifico con lo escrito… con la variante de que mi familia paterna procede de La Mancha. Como el Sr. Pérez, mi padre también fue un emigrado, y en cuanto llegó lo pusieron a trabajar en un caserío donde apenas hablaban euskera. Fué él, y no mi madre “vasca 100%” (lo de 8 apellidos se queda corto, puedo presentar 28 documentados), quien nos hizo vascos a los hijos: en casa, Ikastola, modelo D, universidad… Jamás renegaré de su apellido (porque jamás renegaría de mi padre obrero, cabal y luchador; la persona más honorable que conozco), pero soy vasca (como él).
      Hemos veraneado en “el pueblo” de mis abuelos, y oído comentarios por aquello de ser vascos. Cuando voy a otras universidades aún hay quien automáticamente sale con “la vasca” (“euskalduna naiz, bai, eta arro nago!” = sí soy vasca, y estoy orgullosa) – o vascoparlante, como dice el Sr. Perez, y que nos explique la diferencia entre eusladuna = vasco / vascoparlante, porque se está cargando a mucha población del territorio…
      Y sobre las cosas que se dicen en la tele, la selección de qué debe ser polémico ya marca la dirección/intencionalidad. Me escandalizan más programas infames donde se habla mal, se grita y se ofende, que lo que se diga en un programa de humor que puede hacer gracia o no. Así que… apaguen la tele y abran un libro, antes de criticar de oídas y sin haberlo visto de primera mano. Por cierto, los libros de Dolores Redondo hay que leerlos… y, por supuesto, veré la peli.
      Euskalduna naiz, eta zer?
      “Ez dut nik, sekula, nire sotr lekua hautatu; hala beharrez da, nik nonbait bait naiz sortu…” (nunca elegí donde nacer; sucedió porque en algún lugar tenia que ser) (parkatu itzulpena, Anje!)

  5. Gracias, Señor Pérez! Es usted un Señor. Aunque en algunas cosas yo no sienta como usted, sí pienso como usted en muchas otras. Le agradezco su inteligencia (aunque esa no sea culpa suya) y que la haya puesto a nuestra disposición. Me alegro de que escriba en el Deia, me alegro porque así, muchos de los que no se cuestionan “que aquí se hacen las cosas mejor”, podrán leer un buen artículo, bien escrito y bien pensado, que quizás haga reflexionar a más de uno. A mí me ha dado que pensar y se lo agradezco.

  6. Yo creo que tu comentario se corresponde al día de la emisión del programa si lo hubieras visto antes de que se produzca el lío. Hoy de lo que habría que opinar es de cómo en este país (que cada uno interprete cuál es el suyo, o como los del psoe de aquí que lo emplee según a quién quiera venderle la burra) cualquier opinión que vaya en contra del patriotismo español se condena y de cómo todos los que tienen algo que perder salen corriendo a alinearse con el poder.
    Estas personas tendrían que haber omitido su opinión, como hacemos todos porque conocemos la intolerancia del español, y tenemos que hacer negocios con ellos. Y seguir riendo los chistes de vascos…
    Y siento que te llamaran maqueto, y me averguenza, a pesar de que yo sólo recuerdo haber oído esa palabra en Santander dicha a un palentino (aquí he oído otras parecidas…)
    Pero también hecho de menos una autocrítica de aquellas personas que viniendo de fuera se integraron estupendamente en esa cultura castellanizada, sin importarles un comino que estaban destruyendo la autóctona, a veces por ignorancia, a veces apoyados en su superioridad…
    Un saludo
    (Te escribo esto porque te admiro)

  7. Aunque casi se me ha olvidado, recuerdo que llegué a Bilbao casi un año antes que Juan Ignacio. Llegué también con una maleta, en moto desde Pamplona. En una lambretta. Con un compañero que se llamaba Larraya. Venía a matricularme en sociología, que eran los únicos estudios a los que podía aspirar porque se cursaban al anochecer, de 7 a 10, creo, en Deusto. Mis padres no podían hacerse cargo de esos gastos. Así que de mañana trabajaba y luego, cuando podía, estudiaba. Descargué barcos en donde hoy está el Guggenheim y también en Zorrotzaurre. Llegábamos como en la estampa del evangelio, a las 6 de la mañana, nos poníamos en grupo, esperando la buena nueva, y salía un capataz que decía: tu, tu y tu. Los demás a casa. Los que habían salido elegidos ganaban bien. Unos días había suerte y en otras ocasiones me encontraban demasiado flaco. Descargué también bacalao en más de una ocasión. La gente se aliviaba allí mismo, en las entrañas de barco, encima de las bacaladas, que estaban en unas sacas, apiladas en containers de altura variable. Conforme avanzaba la mañana íbamos cayendo cada vez más al fondo: “Total, un poco más de salitre no les hace daño”, decía el cerdo de turno. Así que estuve años sin probar bacalao. Luego encontré trabajo en un taller en Deusto, en un tercer o cuarto piso al que subían los coches por unas rampas. Allí dediqué años a pintar faros de coche, en condiciones insalubres que luego me recordarían a la época preindustrial: no quiero ni pensar en lo que tragaban mis pulmones. Bastaba ver la bata que nos obligaban vestir: tenía tal capa de pintura, todavía la estoy viendo, que parecía un escudo medieval. Casito, así se llamaba el encargado, nos daba cada semana un sobrecito marrón con unos billetes dentro: como Bárcena, pero con menos dinero.
    Yo traía puesto el euskera. Tuve que aprender castellano no para entender a mis compañeros, sino para entender a la maestra del pueblo. Luego, en Pamplona, siempre se dirigían a mí como “vasco”: “Eh, vasco! Pasa el balón”. Ninguna Josune me llamó maketo, y aunque lo hubiera hecho tampoco sabría muy bien qué es lo que quería decir. Pero aunque he pacido desde ese año de 1969, ya es tiempo, en Bilbao o aledaños, aquí sí que me han dicho, personas muy votantes de partidos nacionalistas, “Pero si tu no eres de aquí”. No hace mucho tampoco.
    Como Juan Ignacio, cuyas afirmaciones comparto creo que al 100%, he visto ese resumen, bueno o malo, acertado o desacertado, que corre en la red. Es cierto que las cosas se descontextualizan, aunque soy incapaz de saberlo porque no puedo ver el original. Lástima que lo hayan retirado. Pero el resumen sí que me hace reflexionar, en primer lugar, sobre mi falta de formación. No acierto a ver la gracia a ninguna de las escenas. Y estoy seguro de que es porque el programa requiere tener una mente mucho más cultivada que la mía, al fin y al cabo un modesto baztanés de nacimiento y vizcaíno de adopción a quien todavía emocionan los carnavales de su pueblo de niño. He sentido vergüenza ajena. De modo que esa es la España a la que se refería, entro otros, Xabier Lete. Es difícil hacer ostentación de una ignorancia mayor, puesta de manifiesto de forma tan grosera. No hablo de falta de respeto, porque las cosas del humor pueden tener en ocasiones esas cosas. Siempre que se trate de humor, claro, no de zafiedad casposa. También me ha hecho reflexionar sobre otra cuestión: ¿no hay gente en el país con ideas un poco más originales a quien entrevistar?
    En nombre de la libertad de expresión se ha defendido el programa. Yo también quiero que siga a disposición de quien lo quiera ver. Se podría completar con otro programa, desde el ángulo inverso, en donde alguien de Burgos, Avila, Salamanca, Sevilla o Toledo, tras mostrarnos algunas de sus magníficas joyas artísticas se mofara de arrantzales y baserritarras paseando por Bermeo con la bandera rojigualda y una merluza de anzuelo al hombro. Seguro que en nombre de la libertad de expresión no habría ningún problema y todo el mundo lo respetaría de forma escrupulosa.
    A diferencia de varias de las personas que aparecen en el programa atormentadas por los disgustos que les causan algunos símbolos españoles, poco me dicen banderas e himnos, aunque llevo a gusto la ikurriña y en más de una ocasión he hecho retirar de la mesa, en el extranjero, la banderita de España que en algunos restaurantes se empeñan en poner al lado del plato. Me identifico muy en primer lugar con este país vasco de frontera difusa (cuando voy a algún pueblo de la ribera navarra tengo que hacer esfuerzos para pensar que sí, que estoy aquí), voto al PNV, pero desde luego no es este país mi único anclaje. Hay mucho mundo, y bonito, por ahí. Aborrezco de lo que han hecho y parece que hacen algunos políticos, y estoy confundido con que el personal siga votando a corruptos. Pero ni los vascos somos la leche (ahora habría que decir la ostia, –no sé si con h o sin h–, que queda como más moderno) ni tenemos derecho a colgar sanbenitos a nadie. Bastante tenemos con lo nuestro para dar lecciones a nadie. Deberíamos comenzar por saber lo qué es eso del respeto ajeno. Bueno, quizás nos vendría bien también comenzar a distinguir humor y ordinariez.

    1. Le he leído con atención, Pello Salaburu, y me gusta casi todo lo que dice, tanto como el modo en que lo expresa.
      Un detalle no menor, para mi cuando menos, si me permite:
      Para mi, que no soy vasco ni por nacimiento, ni por idioms, ni voto al PNV, “lo suyo”, en ese terreno de la convivencia solidaria, colaborativa y fructífera, también es “lo mío”. ¡No lo dude!

  8. Creo que a estas alturas no nos debiera de sorprender ni escandalizarnos la antipatía hacia lo español… siempre en genérico, porque siendo vasco o español también se tienen antipatías hacia lo propio evidentemente… Existiendo hechos objetivos hacia lo español desde lo vasco…

    1.- Hay españoles estupendos, buenísimas personas que son mejores profesionales.
    2.- España es el fruto de la violencia, de las conquistas y de la colonización por la fuerza y las armas.
    3.- Los vascos nunca hemos podido decidir qué queremos ser y cómo… sobre todo por culpa de países imperialistas y colonialistas que no aceptan ninguna otra soberanía que no sea la de su imperio o lo que quede de el.
    4.- Los vascos no hemos podido decidir quien viene a vivir y a trabajar a nuestro país, como lo hace o puede hacer hoy en día cualquier país… por lo que existe el sentimiento de colonización y de entrada de personas que si fuéramos soberanos y tuviéramos nuestras leyes de inmigración como las que tiene cualquier estado jamás vivirían aquí.

    La “mania” hacia españa y hacia los españoles en general es inevitable… porque su sola existencia es la base fundamental de nuestra falta de libertad y de soberanía.

    A partir de hay pues , el es vasco, yo no, aquel si, estos extremeños que majos son, aquel castellano que buen empresario es, tengo un amigo de madrid que es el mejor, los andaluces que conozco son unos fatxas… blablablablablablablabla…

    Lo esencial está podrido y corrompido… todo lo que pongas encima, sea bueno o sea malo tenderá a pudrirse y a corromperse.

  9. Me ha gustado la reflexión, soy euskaldun berri y por ello según un tal Uzturre, “abertzale”. No me gustan que me ofendan, ni las ofensas que sobre los vascos leo en los comentarios de los periódicos, por eso mismo evito ofender a mis vecinos españoles y franceses, a los que suelo visitar y de los que aprecio su idioma, literatura, cultura,….
    ¿Qué opina sobre los franceses? No sé, son muchos y no los conozco a todos’

  10. Juan Ignacio, no es la primera vez que te leo. En esta ocasión aprecio el tono que utilizas pero cada uno tiene su propia expriencia. Yo también en el año 53, con 10 años cogí una maleta de cartón y fui desde mi puebloi euskaldun de 500 habitantes de interno a un colegio situado en una población de más de 20.000 habitantes. Para entonces ya sabía lo que era que me castigaran con el anillo, ya sabía lo que era tener que jugar en el frontón hablando en “castillano” de mala manera, ya conocía con qué amabilidad trataba la guardia civil a los baserritarras que malamente podían juntar dos palabras en lengua extranjera…
    Te entiendo, pero aquí veo que la noticia se transforma en escándalo cuando se utilizan estereotipos de vascos vs españoles pero nunca los estereotipos de españoles vs vascos han levantado ampollas. Esoty contra los estereotipos,,, no me gustan los insultos -maketo- que se han aireado muchísimo entre los españoles, pero yo he leído en la prensa de Bilbao a profesores universitarios teorizando sobre un gen vasco que nos impulsa a la violencia y aquí nadie ha dicho nada. Me alegra leerte que incluso te parece bien que se promueva una realidad política-independencia- para hacer encajar el sentimiento de pertenencia. Pero eres una de las pocas personas que reconocen eso desde España. Mi DNI me impone sin preguntas mi pertenencia. Reconoces que algunas cosas que escuchas o lees te duelen. Es decir sabes lo que es esa sensación desagradable. Habrá poca gente como los vascos euskaldunes que nos hayamos que callar ante verdaderas ofensas. Basta leer ahora mismo el lenguaje que destila la porensa española cuando los catalanes quieren dar pasos hacia la independencia y no digo nada lo que habrá que oir cuando algo semejante ocurra aquí.
    Te entiendo, espero que me entiendas.

  11. Pues a mi me parece que si usted se siente tan vasco es gracias a sus tesis y doctorado en lengua vasca.
    Desde mi punto de vista, desde que los aspectos étnicos del nacionalismo quedaron desprestigiados por la actuación de Hitler en los años 40 del siglo pasado, la lengua ha pasado a ser el principal elemento de discriminación para poder separar a los “hunos” de los “hotros,” como diría Unamuno (asumo que sabe que también era vasco.)
    No en vano y gracias a su profundo conocimiento del vascuence he podido darme cuenta que el famoso programa de la televisión PUBLICA, en realidad se titula “Soy vascohablante. ¿Y tu.? y no Soy vasco ¿Y tu? como ha titulado su artículo.
    En fin, que quiere que le diga, ya se imaginará lo que opino del tema.
    Por cierto, nací en Madrid y vivo desde hace más de 20 años en Galicia. Me considero ciudadano del mundo.

    1. Gracias por la lección de vasco. Si no llega a ser por usted ni mis lectores ni yo mismo nos habríamos percatado de lo que significa en realidad “Euskalduna naiz”.

      Eso sí, repase, si le parece, el texto completo, nota a pie de página incluida.
      Reitero el agradecimiento.

  12. ¡Pero si gracias a usted he aprendido la diferencia entre el confuso titular de su artículo y el del programa.!
    Como comprenderá yo no tengo ni idea de vasco. De hecho, si alguien no se hubiera tomado la molestia de traducir con subtítulos el vídeo del programa, no habría tenido repercusión mediatica (seguro que el traductor sabe tanto vasco como ud.) 😉

  13. Muy bien artículo, señor Pérez.

    Soy vasco, y soy independentista porque creo que este país puede vivir mejor si es independiente. Pero no porque seamos “mejores” que “otros”.

    De hecho, tras ver el programa de ETB1, pienso que estamos lejos de ser mejores que nadie. El PNV no debería haber enchufado en ETB a tanto inútil que solo sabe hacer autocomplacencia de todo lo vasco y tiene cero intención de innovar y hacer una televisión de calidad.

    1. Leo con atención su comentario, Miguel.
      Nada que objetar a su pretensión de independencia, usted ya sabe que ello afectaría a mis intereses políticos y ciudadanos también, como a la de muchas otras personas. Y cuente con que no vamos a darle ninguna facilidad para que pueda materializar su idea. Y se lo digo a usted pensando también en mis cercanos y cuatribarrados secesionistas, tan dados a exhibir su talante extra y súper democrático mientras intentan, por todos los medios a su alcance, practicar fraudes de ley intentando que no se note demasiado.

      Juntos, mejor que enfrentados, Migue. Piénselo, piénselo, 🙂

  14. A mi me ha tocado nacer euskaldun y tener que aprender castellano en la escuela. No recuerdo que me haya pasado lo del anillo, pero sí otras cosas parecidas. Pero eso fue hace mucho tiempo y las cosas han cambiado mucho, tanto que ahora me da vergüenza ajena los comentarios groseros que se han publicado en ese programa de eitb. Compatriotas que se creen muy jatorras pero que solo hacen el ridículo. Estoy orgulloso de mi cultura vasca, pero también de la española o castellana como queráis y no la considero como algo ajeno sino propio.
    Tolerancia y respeto a los demás es de lo que estamos más necesitados en nuestro país.
    Me han gustado los escritos de Perez y Salaburu y la intervención del lehendakari.

    1. Y como usted, Fede, hay muchas personas en el País Vasco, en CatLuña, en Canarias y en todas partes. Ocurre que no hacemos ruido y eso nos deja en la zona de sombra mediática.

      Celebro haberle leído aquí y poder saludarle cordialmente.

  15. Muy buen artículo Mr Pérez. Y gran aportación de Pello Salaburu. Gracias por demostrar y demostrarnos que Euskadi no se representa por esos personajes que se califican a sí mismos.

    Añado una reflexión: ¿Qué justificación puede haber para que nadie dimita ni sea cesado cuando desde un medio público se permite emitir algo tan intolerante como este programita?

  16. nosotros tenemos que respetar, pero ellos todo el dia diciendo lo que les da la gana. 13tv, la cope etc … No recuerdo tanto revuelo cuando escuchabamos todo lo que escuchabamos … Que recogia cada semana en “el cocidito madrileno” … Pero nada nosotros si, nosotros tenemos que respetar … Ellos por supuesto no … Porque ellos son los AMOS !

  17. Vamos a ver si yo he entendido bien o estoy equivocado..

    Si yo en los años 70, me presento en Jerusalén, me convierto al judaísmo, aprendo hebreo, trabajo en un kibutz y me hago sargento paracaidista de las tropas del golam.
    Automáticamente soy judío?????

    1. Perdón por la intromisión, pero quisiera aclarar el tema, porque es algo confuso todo esto. Mire: me temo que si en los 70 se presenta en Jerusalén (algo complicado a estas alturas), se convierte al judaísmo (está a tiempo), trabaja en un kibutz (está a tiempo) y se hace sargento paracaidista (desconozco si está a tiempo), usted se habrá presentado en Jerusalén, se habrá convertido al judaísmo, habrá trabajado en un kibutz y se habrá hecho sargento paracaidista en el Golam. Está muy claro. No veo el problema.

        1. Ah, la pregunta. Espere que mire.
          La verdad, anímese a responder. Usted sabrá si es judío o no, lo mismo que sabrá, si se mira en el espejo, si es alto o bajo. Pensaba que su reflexión era retórica y escondía algo, pero veo que no. ¿Es usted judío? Usted mismo. No nos lo pregunte al resto, porque no nos interesa nada.

          1. Efectivamente, estaba cantado que a Usted no le interesaba. Imagino que escriben en cuadrilla, ya que usa el plural y comenta en nombre de otros.
            Y entiendo que pida perdón por entrometerse, debe de ser una costumbre.

            La pregunta era retorica y no esperaba contestación, y ni hubiera podido imaginar una contestación tan ingeniosa.

  18. No importa que no sepa de Judea, callado estaba dicho.

    Esto comienza con un órdago y cuando el lector lo acepta y lee el articulo, ve que esas cartas pierden la partida y acepta el órdago, el articulista le dice que donde pone órdago quiso decir envido….
    Eso se considera trampa en el mus y pierde la partida quien quiso engañar..
    Toda la razón que pueda tener se pierde en la trampa…
    Siga sin saber nada de Judea.

  19. Yo nací y crecí en Bilbao, y hablo (hablaba, hoy sería justo decir que entiendo) euskera. Desde que me fui he dado tantas vueltas que mi sentimiento de pertencencia está más poblado que una piscina de Tokio. Pero vamos, ni entonces, ni ahora, lo he tenido demasiado hipertrofiado. El único colectivo en el que me veo a largo plazo y al que he ido añadiendo elementos es el de la buena gente, la gente generosa y constructiva. Una patria infinita, que no demanda ni pasaportes ni ADNs, y siempre sobra sitio para uno más.

    A día de hoy vivo en Madrid, y lo único que me queda del pasado euskaldun es que firmo mi nombre con K. Reconozco que en parte lo hago porque siempre he sido un poco cicuta. Se me hace divertidísimo ver cómo algunos me catalogan como abertzale porque firmo con K, y otros me imaginan del Opus Dei por tener 4 hijos. Lo que claramente soy es Mortadelo.

    Precioso texto, que transmite un análisis desde el sosiego y la serenidad. El público al que iba dirigido el prorama, y aquellos que se incineraron al verlo más allá de lo razonable, carece de las dos cosas.

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