Coherente y grotesco

La concesión por el ayuntamiento de Cádiz de la medalla de oro a la Virgen es incompatible con el laicismo que debería caracterizar la acción política en y de las instituciones democráticas. La religiosa y la político-institucional deberían ser dos esferas independientes, pues esa independencia es la garantía de una separación real de la Iglesia y el Estado y, por lo tanto, de la igualdad efectiva de todos ante la ley.

En su día fue el Ministerio de Interior el que otorgó una medalla a una virgen. Mereció una amplia crítica porque mediante esa decisión una institución se identificaba con una confesión religiosa; pues bien, la misma crítica merece la decisión del Ayuntamiento de Cádiz, y por la misma razón.

En una entrevista concedida a un diario gaditano, Pablo Iglesias dice, para justificar la actitud de su partido, que “los urbanitas de izquierda tenemos que aprender a respetar esas tradiciones tan arraigadas en el pueblo.”

Lo que ha hecho Podemos en Cádiz no es ninguna excepción. Otros representantes institucionales toman decisiones similares a la del alcalde gaditano y su grupo municipal. Y no me refiero solo a la otra medalla. Hay otras formas en que los representantes políticos implican a las instituciones públicas en asuntos de carácter religioso. Por ejemplo, la presencia de representantes institucionales en celebraciones religiosas, cuando no es a título personal, constituye una cierta identificación entre la institución a la que representa y la confesión correspondiente. Es normal que un gobernante, si pertenece a una iglesia o profesa esta o aquella religión, participe en sus ceremonias, ejerce así su libertad religiosa. Pero si no lo hace a título estrictamente personal, es la institución a la que representa la que participa. No se me ocurre ninguna buena razón para proceder así.

La postura de Podemos en relación con la concesión de la medalla es populista. Es más, las justificaciones dadas son la misma esencia del populismo. Es tan sencillo como que si “el pueblo” –“la gente”, “los humildes”, “los trabajadores”, “las clases populares” (úsese lo que convenga en cada caso)- quiere algo o los líderes del partido morado tienen la convicción de que un número suficiente de personas lo quiere, las razones dejan de importar y se opta por esa querencia. Pero claro, Podemos es, lo ha sido siempre, un partido populista, por lo que esta decisión es absolutamente coherente con su naturaleza y trayectoria.

Esa forma de actuar –tan del gusto, por otra parte, de bastantes políticos de otros partidos- no tiene límites. Una vez se renuncia a los argumentos, a la razón o a los principios (cuando existen) porque se sacrifican en el altar de la “voluntad popular” o de los “sentimientos populares”, se abre un boquete por el que se puede colar casi cualquier cosa. Hace unos años debatí con Pablo Echenique acerca de la conveniencia de renunciar a defender la racionalidad científica cuando una mayoría se inclinaba a favor de opciones contrarias a ella. Él defendía esa renuncia apelando, precisamente, a la primacía de la voluntad mayoritaria, con independencia de que dicha mayoría estuviese o no equivocada. En el fondo ahora estamos en las mismas, solo que entonces eran opciones de carácter científico y hoy son de carácter cívico, pero las mismas.

Dejo para el final el aspecto -a mi entender- más chusco de este episodio, el de la forma de justificar la decisión del alcalde que ha ofrecido Pablo Iglesias. Al establecer una diferencia entre el grupo de “urbanitas de izquierdas” -al que se sobreentiende que pertenece él- y “el pueblo”, se está colocando automáticamente fuera de ese “pueblo” y, a la vista de lo que dice, no puede entenderse esa posición sino en relación de superioridad intelectual. No sé qué pensarán los gaditanos de esa consideración, pero las palabras del líder de Podemos rezuman paternalismo y condescendencia. Nada extraño en quienes llevan ya unos años dando al resto del mundo lecciones de todo tipo, moral incluída. Nada extraño, pero sí grotesco.

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El enlace no quería funcionar en el texto, así que ahí va la entrevista: http://www.diariodecadiz.es/andalucia/primarias-PSOE-mostrado-Andalucia-clientelar_0_1141986084.html

 

Un comentario en “Coherente y grotesco”

  1. El plano del deber ser y el plano de lo que es, jurídicamente, no son iguales. Dudo de que tengan intersección no vacía, cualquiera que sea la dimensión n en que los consideremos (con n> 2 , naturalmente)
    🙂

    Leído a uña de caballo, no comparto la posición del señor Echenique en el asunto referido en la entrada.

    Y me voy, que es visita guiada y no me van a esperar.

    Acabo de pasearme por la que titulan “1917, un año que cambió el mundo”. Ahora voy a escuchar lo que explican.

    Y la entrada me vale para dos días.

    Saludos.

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