La inmoralidad de los ateos

La gente tiende a pensar que es más fácil que un ateo cometa crímenes abominables a que los cometa una persona con creencias religiosas. Y en general, la mayor parte de la gente cree que los creyentes son mejores personas, con sentimientos morales más arraigados.

Esto no es nuevo. Según cuenta Platón, en el Euthyphro, cuando se le preguntaba a Socrates si la bondad es lo que gusta a los dioses porque es buena o si la bondad es buena porque gusta a los dioses, él, Sócrates, optaba por la primera posibilidad. Pero lo cierto es que desde entonces muchos otros han manifestado opiniones en sentido contrario. John Locke, conocido como el apóstol de la tolerancia y uno de los personajes históricos por quien más aprecio tengo, defendía que a los ateos no debía concedérseles derechos de ciudadanía, porque como quienes no creen en Dios no obedecen normas morales, no se podía confiar en ellos. Y Dostoievski escribió que “si Dios no existe, todo está permitido.” Todavía hoy no son raras afirmaciones tales como que el progreso del secularismo y el declive de las religiones organizadas es lo que hace que retroceda la moralidad en las sociedades contemporáneas.

En los estudios (aquí el último) que se hacen sobre este tema se ha comprobado que aunque los porcentajes varían mucho entre países, en general existe la creencia de que quien no tiene una religión carece de moral, y lo más curioso es que hasta quienes se declaran ateos tienden a pensar de ese modo. Además, quienes atribuyen a la fe el origen de la moral piensan de los religiosos que cometen actos inmorales (abusos sexuales a menores de edad, por ejemplo) que lo hacen porque en realidad no creen en Dios. También es cierto que, en general, cuanto más secularizada está una sociedad, menor prevalencia tiene esa forma de pensar, pero incluso en las sociedades más secularizadas, tiene una aceptación relativamente amplia.

Daré ahora un pequeño rodeo para introducir un elemento nuevo en esta cuestión. Lea esta descripción: “Linda tiene 31 años de edad, es soltera, inteligente y muy brillante; se especializó en filosofía; como estudiante estaba profundamente preocupada por los problemas de discriminación y justicia social y participaba también en manifestaciones anti-nucleares.” Si a continuación le pregunto: “De las dos posibilidades, ¿cuál es más probable, a o b? a: Linda es una cajera de banco. b: Linda es una cajera de banco y es feminista.” ¿Qué me respondería?

No sé qué ha respondido usted, pero lo más frecuente es que la gente responda la opción b. Y sin embargo, es evidente que la b es la opción más improbable. Es este un ejemplo práctico de la llamada “falacia de la conjunción” o “falacia de Linda”. Quienes incurren en ella piensan que es más probable que se cumplan a la vez varias condiciones –alguna de ellas particulares- en vez de una de ellas que es de carácter más general.

Pasa lo mismo con la opinión de la gente sobre los ateos e inmorales. Cuando se describe a alguien como un maltratador de mujeres y a continuación se le pregunta a la gente si creen que el maltratador es un cajero de banco o si creen que es un cajero de banco ateo, la mayoría responden que es un cajero de banco ateo, aunque la opción más probable es la de que es un cajero de banco sin más atributos.

Que la gente, al ser encuestada en esos términos, responda incurriendo en la falacia de Linda indica bien a las claras que creen que los ateos son más inmorales que los creyentes. Pues bien, pasa en muchos países aunque no en todos en la misma medida. Y es curioso, además, que la predisposición negativa para con los ateos también la experimenten los propios ateos.

Según una explicación surgida de los estudios sobre evolución cultural, las religiones cumplen la función de otorgar a los que comparten una misma fe un sentimiento de pertenencia a un grupo. De esa manera, quienes profesan una misma religión estarían más predispuestos a cooperar con el resto de los miembros del grupo. Por esa razón, de acuerdo con esa explicación, la predisposición negativa hacia los ateos se entendería como una actitud contraria hacia quienes no se consideran miembros del mismo grupo y, por lo tanto, no estarían dispuestos a cooperar con el resto en caso necesario. La fe actuaría, bajo ese supuesto, como una señal de pertenencia al grupo.

Sin embargo, dado que incluso los ateos tienden a tener peor opinión moral de ellos mismos, la interpretación anterior no vale. Esto es, esa opinión negativa no obedece a que se considere a los ateos ajenos al grupo al que pertenece uno mismo, sino que refleja una actitud de recelo y rechazo hacia quienes no se sienten vigilados por un dios y, por lo tanto, no temen el castigo divino si se portan mal. De lo contrario, los ateos no tenderían a pensar igual que los creyentes. O sea, la falacia de la conjunción no opera porque se rechace a quienes, por no ser considerados parte del mismo grupo, no se les tenga por posibles cooperadores, en caso de ser necesaria su colaboración, sino que piensan, sin darse cuenta o dándosela, lo mismo que pensaba John Locke: que no son gente de fiar. ¡Ahí es nada!

¿Qué opina usted?

7 comentarios en “La inmoralidad de los ateos”

    1. Falso.

      La religión se basa en un chantaje contínuo: si no haces ésto, irás al infierno.

      Si opinas otra cosa es que no las leído ni la biblia ni el corán y por lo tanto no eres más que un cuñao que habla de cosas que no sabe.

  1. En realidad no es la religión la que crea las normas morales. El hombre es un animal social, y como tal es más productivo, seguro y feliz en convivencia con otros. Esa necesidad es la que rige nuestras instintivas normas morales. La religión sencillamente se apropia de ellas y las codifica y moldea a su parecer. Y luego las interpretaciones particulares aparte, claro…

  2. Muy buenas.
    Primeramente decir que me he sorprendido mucho al enterarme que los propios ateos piensan peor de los otros ateos, no me lo esperaba. En cambio que los creyentes consideren que un ateo tiene poca o nula moralidad era más esperable.
    Aunque las anécdotas no hacen norma me apetece comentar dos casos que conozco de personas que, aunque no eran ateos sino más bien creyentes no practicantes, mejoraron su “comportamiento social” después de integrarse en una iglesia.
    Jóvenes que consumían con cierta frecuencia drogas (no es que yo crea que el consumir drogas sea algo inmoral pero ellos sí), les eran infieles a sus parejas, se gastaban el dinero que ganaban sin aportar a la economía familiar y eran hasta violentos cuando salían con sus amigos, cambiaron radicalmente de actitud cuando entraron a formar parte de una iglesia, en un caso testigo de Jehova y en el otro Kiko.
    El caso es que si hablas con ellos no es que moralmente sean mejores que antes, ellos no piensan que deban comportarse de cierta manera porque sea lo mejor para la sociedad o para la convivencia, lo hacen porque así lo manda su Dios y si no cumplen con ello serán castigados en la “otra vida”. Lo que no tengo claro es si eso es bueno o malo.
    Y hasta aquí mi pobre aporte el tema.

  3. Yo creo que el miedo al castigo divino y/o la esperanza en su premio (D) son motivaciones de menor “calidad” para comportarse con moralidad (en el sentido de tratar bien a los demás) que la empatía genuina (E); pero ambas motivaciones, D y E, pueden darse de forma bastante independiente. Se puede tener solo E (“ateo bueno” o “santo secular”), o solo D (“religioso heterónomo”), o ambos (“santo” en el sentido clásico) o ninguno (“psicópata peligroso”).
    Tiene lógica pensar que los pederastas probablemente no creen mucho en Dios, porque la falta de D y E implica la falta de D (lo cual está relacionado con lo de la conjunción). Incluso que los ateos vean más probable que si alguien es totalmente inmoral sea ateo; y no porque ellos se sientan necesariamente inmorales, sino quizá por comprender que su única fuente de moralidad es E, y que si les faltara E no tendrían D para modular si comportamiento.
    (Mis ideas son tan simples porque no me dedico a la filosofía, pero además el pequeño teclado del móvil se presta poco a matizaciones.)

  4. Toda religión implica un código moral de obligado cumplimiento, pero que en verdad los creyentes no tienen demasiado en cuenta en la práctica. Ya decía don Pío Baroja que los cristianos de verdad deberían vivir en lo alto de una columna en medio del desierto y que en cambio los católicos que él conocía preferían invertir en bolsa. O sea que la religión prescribe cosas que los creyentes sabiamente eluden. Y las morales ateas no son en absoluto sinónimo de libertinaje y malas costumbres. No parece que Buda, Epicuro, Lucrecio o Marco Aurelio, por citar algunos ateos clásicos, fueran personas de mal vivir; pese al tópico, el epicureísmo no implicaba vivir entre vino y rosas sino una especie de monacato ateo. Pero los ateos se saltan su moral seguramente con tanta frecuencia como los creyentes. La hipocresía es común tanto a unos como a otros. La bondad yo creo que viene de dentro, es una característica innata, y el que es bueno lo es crea o no en Dios y el que es un canalla igual. Hay una base biológica para la bondad, al margen de la influencia de la educación, porque eso viene luego: primero la genética, luego lo adquirido. El que nace cabrón será un cabrón aunque vaya a Oxford; peor porque en ese caso será un cabrón educado, más peligroso; y si frecuenta la iglesia será el clásico hipócrita; y si no cree en Dios probablemente será un cínico. Pero de antemano era un cabrón: lo de creer o no creer viene luego, es cuestión de educación. Conclusión: la religión no hace a las personas ni peores ni mejores; y la falta de religión, tampoco. Todo depende en última instancia de la naturaleza previa de cada individuo en particular. De la materia prima del sujeto. Personalmente, yo no soy religioso y pienso que el verdadero misterio está dentro de nosotros y nunca fuera. Para mí, fuera del hombre no hay nada. Creo que esta es la opinión clásica del humanismo ateo.

  5. Bueno Dios aun el dentro de toda su creacion y en su amor y su misericordia también creo a los Ateos..para darles obviamente la oportunidad de conocerlos así que igual Dios te ama y quiere conocerte…

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