Motivos para una manifestación (y II)

Al final de mi anotación anterior dejaba un interrogante acerca de las razones de las autoridades que convocan manifestaciones antiterroristas. Pero creo que es más honrado no dejar el interrogante en los términos en los que quedó y referirme abiertamente a la cuestión.

Opino que las autoridades no tienen ninguna buena razón para convocar una manifestación antiterrorista cuando los terroristas no son, en realidad, los destinatarios del mensaje que supuestamente se quiere proclamar. O, al menos, no tienen ninguna buena razón que pueda decirse. Y aunque pueda resultar chocante o contradictorio, quiero dejar claro que en mi ánimo no hay voluntad de crítica hacia los que mandan. Cualquiera en su lugar haría lo mismo.

Las manifestaciones no se convocan para hacer frente al terrorismo y, de esa forma, conseguir que desaparezca. Se convocan porque ante una masacre como la cometida en Cataluña hace diez días es muy duro “no hacer nada”; se convocan porque es mejor “hacer algo que no hacer nada”.

La lucha contra un terrorismo como el islamista, refractario al discurso político del estado de derecho, solo tiene dos tratamientos, a mi juicio: la ley y la inteligencia. La ley establece el marco legal en el que desarrollarán las fuerzas de seguridad su acción preventiva y represiva; también establece el régimen penal aplicable a los delitos. Y los servicios de inteligencia son los que, mediante las herramientas que les son propias y están permitidas por la ley, han de tratar de impedir la comisión de atentados o, si no lo consiguen, de perseguir y capturar a los terroristas. Habrá quien objete en el sentido de que es preciso también actuar sobre los colectivos sociales más susceptibles de servir de cantera terrorista; mi opinión es que esa vía, de ser útil (acerca de lo cual tengo serias reservas), no serviría para combatir el terrorismo practicado por extranjeros, como fue el caso, en los EEUU, de los atentados del 11S.

No tengo razones para pensar que las leyes que tenemos sean inadecuadas o insuficientes para combatir el terrorismo[1]. Y no tengo duda de que las autoridades hacen lo que pueden en materia de inteligencia; los responsables unas veces lo harán bien y otras no tanto, pero quiero creer que hacen al respecto lo que está en su mano.

El problema es que ni con las mejores leyes ni con los mejores servicios de inteligencia se puede evitar que se cometan atentados. Que se lo digan al Mossad israelí. Así que cuando eso ocurre, surge el problema. Porque no bastaría con dar una rueda de prensa diciendo: “a pesar del excelente trabajo policial y de inteligencia, esta vez nos han ganado; lo sentimos”. Y es entonces cuando ese “es mejor hacer algo que nada” se acaba convirtiendo en una convocatoria de manifestación. Parece que hacemos algo.

Esto, en el fondo, tiene también que ver con otro hecho del que me he quejado en más ocasiones y es que hace ya mucho tiempo los políticos nos convencieron de que podían resolver todos nuestros problemas. Lejos de limitarse a gestionar lo que les es propio (normas fundamentales de convivencia, servicios básicos, seguridad, etc.)  y, si acaso, a promover una sociedad que proporciones oportunidades para todos, los políticos de toda condición nos ofrecen la solución a los problemas que tenemos y, en ocasiones, también a los que no tenemos. Y a base de ofrecerlo, acabamos por pensar que es así y actuamos en consecuencia. Así que cuando ocurre una desgracia como la de Cataluña, la gente mira a las autoridades y estas miran a la gente: el resultado es una manifestación que servirá a los participantes para reafirmarse en sabe Dios qué convicciones y para superar un duelo de forma colectiva, y a los responsables políticos para hacer algo porque siempre es mejor eso que no hacer nada.

Bien pensado, esto se parece mucho a las procesiones para provocar la lluvia que hasta no hace tanto tiempo se celebraban en algunas localidades españolas. Las rogativas no conseguían que lloviese, pero el cura se quedaba tranquilo porque había hecho algo en vez de nada.

[1] Aunque Mariano Rajoy no deja de decir que quiere un gran pacto de estado contra el terrorismo; creo que quiere una ley nueva. Miedo me da.

 

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