El bunga-bunga

Roma ttiene un nuevo césar que organiza orgías en torno a Baco y ha convertido a su país en un burdel gobernado por un viejo obsesionado con el sexo. Un gerontócrata con el pelo a medio camino entre una litografía y una cabeza de muñecas que, con una bolsa de cocaína en una mano y un fajo de billetes en la otra, organiza fiestas sórdidas con titis siliconadas. ¿Qué credibilidad puede otorgar un primer ministro putero y botoxizado que ya es conocido en todo el mundo por sus bunga-bunga?

Los periódicos desmenuzan estos días los 389 folios en los que la Fiscalía de Milán resume las investigaciones sobre las famosas bacanales privadas de Silvio Berlusconi. Las chicas ya sabían que no iban a votar, ni a suscribir una hipoteca. Para llevarse el dinero tenían que hacer un strip-tease, dejarse sobar por Il Cavaliere y lograr un hueco en la piscina-cama redonda de un tipo de 74 años. Pero ha tenido mala suerte porque entre tanta vellina estaba Ruby Robacorazones, que contaba 16 años cuando participaba en dichas fiestas, y se ha caído con todo el equipo. Una conducta ejemplar la de ese jefe de Estado contratando prostitutas menores de edad como si fuera el jeque de un harén. Pero un figura el señor, manteniendo sexo con siete chicas en turnos de cinco minutos, a las que después pagaba 5.000 euros por consumar el acto. La Fiscalía de Milán no ha filtrado aún ningún documento sobre con cuántos fondos públicos subvenciona al laboratorio de Viagra.

De cero a Zara

En la vida de toda mujer fashionista hay un antes y un después de Zara. Ya pocas maris recuerdan cómo y dónde se vestían antes de que surgiese este emporio de la moda a buen precio. Ahora, el hombre que popularizó el pret à porter ajustado al bolsillo, logrando clonar cualquier diseño sin ayuda de los chinos, se jubila dejando huérfanas a miles de clientas que han hecho shopping colgadas de sus entretelas. Amancio Ortega, ese personaje que consiguió que pudiésemos tener un fondo de armario como las celebrities sin robar, abandona la presidencia de Inditex. El señor de los trapitos, el que empezó como chico de los recados en una camisería de lujo y, 50 años después, acapara una de las diez mayores fortunas del mundo, deja un legado de chaquetas y camisetas donde no se pone el sol. Un guionista de Hollywood bordaría la historia de ese chaval que debió caerse en una marmita de hormonas del crecimiento empresarial porque empezó en 1975 con un negocio kitsch de batas de boatiné y ha cerrado 2010 pulverizando la red con sus ventas on line. De aquel chaval que sin leer un triste Vogue y solo a golpe de cinta métrica se catapultó, con aquellas prendas guateadas que él mismo fabricaba, al planeta Zara. Quién le diría que aquella pequeña tienda familiar se erigiría en una multinacional presente en las millas de oro de todo el globo y con una cotización en Bolsa a prueba de especuladores. Quién le diría que el diablo se vestiría de Zara.

Cofrades al desnudo

La crisis hunde las tradiciones navideñas. Al declive de las postales de felicitación que llegaban por correo, siguió el de las agendas de empresa, y ahora conseguir gratis un calendario de 2011 es casi misión imposible. He asistido a un peregrinaje de clientes intentando hacerse con uno en su caja de ahorros, sin éxito. Y todo porque los paisajes bucólicos están de capa caída. Ahora lo que se llevan son los almanaques con sex-appeal, previo paso por caja. El de las azafatas de la compañía aérea Ryanair en bikini es un clásico. No hay oficio que no tenga su calendario casquivano y ligerito de ropa. Desde hace un tiempo la moda es posar por gremios; policías, deportistas, bomberos que no quieren que se te apague el fuego… Un grupo de varias Mossos d’Esquadra se ha retratado como si fueran ladronas, con antifaz y prendas insinuantes, y mucho cuero en cada mes. Si uno tiene otras perversiones y lo que le va es la pasión mortal y un sexo que le deje helado, cuenta con la colaboración de los fabricantes de ataúdes que comercializan un calendario erótico que es una especie de Pirelli del mal rollo. O con la versión más morbosa de los curas guapos y seminaristas macizos del Vaticano que posan en plan oremus revoltoso. El viernes hemos sabido del despelote de miembros de una hermandad de cofrades de Mallorca que, además de aparecer como Dios les trajo al mundo, se hacen acompañar por símbolos religiosos de Semana Santa. ¡Vaya! que solo falta que salga Rouco Varela interpretado por Paco Clavel.

Total pendon look

La parrilla televisiva es hoy una sucesión de pijas sin cerebro embutidas de colágeno. Mujeres, Hombres y Viceversa (Telecinco) es el escaparate de esas barbies con pechuga de plastilina y zapatos que podrían perforar un túnel de metro. Rubias de bote que utilizan maquillajes cinco tonos más oscuros que su piel y ma-tan por sus planchas de pelo. Tipas chabacanas y excesivas, estilo Belén Esteban pero abandonando el formato 1,55, se disputan el casting de Gran Hermano y salen elegidas. Rubias oxigenadas y neumáticas, que declaran sin pudor que el mayor reto de sus vidas es ser un imán para el sexo opuesto. Es el pendón total look descrito con maestría por Carmen Rigalt: “La chica que no usa apreturas de muñeca hinchable ni lleva las tetas en bandeja, no sale en la foto”. Los diseñadores interpretan a la mujer en clave drag queen: plataformas altísimas, rostros pintarrajeados de forma inquietante… A este paso, todas acabaremos con pinta de travesti o de puta. Ni siquiera nos salvamos las cacatúas. Porque en un intento cutre de replicar Mujeres Ricas (La Sexta), miles de señoras han adquirido el status de chonis y conviven en el súper con peliteñidas de escotes profundos como una catarata y minifaldas púbicas. Pero la tele ofrece su propia catarsis y para curar el desvarío propone Las joyas de la Corona, ese concurso que enseña a unas poligoneras a tomar el té con el meñique subido y a ajustarse bien el Dolce&Gabbana para luego mandarles de vuelta a la caja del Dia.

¡Y un jamón!

Un fiscal acaba de archivar la denuncia de un alumno musulmán de Cádiz contra su profesor. El docente aludió al jamón en una clase de Geografía cuando explicaba los beneficios del clima frío y seco en la curación de este manjar y el chaval, pelín fanático, se ofuscó. La denuncia era tan ridícula que hasta la comunidad islámica la calificó de soberana tontería. Era tan grotesca como argumentar que hablar de jamones es fomentar la xenofobia. Por eso, a esta gente que prefiere alimentarse de intolerancia antes que de morcilla, que le den ídem.

Aunque el jamón no sea un producto halal (permitido) para el consumo de los musulmanes, eso no significa que esté prohibido conocerlo y citarlo, al igual que el vino. Después de oír muchas lindezas, lo único que tiene asegurado este profesor es que sus denunciantes nunca le llamarán cerdo. Pero ha debido tragar con las chorradas de colectivos que se niegan a integrarse en el país de acogida; de estos que pretenden que seamos nosotros quienes cedamos ante sus exigencias o que viajemos en el tiempo unos cuantos siglos. Vivimos en la dictadura de las minorías y en cuanto pronuncian la palabra racismo o derivados, que Dios o Alá nos pille confesados. A este paso, después de quitar crucifijos y belenes, terminaremos cerrando las charcuterías. Tranquilos. Que a mí me pueden mandar un jamón esta Navidad… De Teruel, de Jabugo, de Trevelez, de Los Pedroches, de Salamanca, de Guijuelo, de la dehesa de Extremadura, de york… que como de todo.