La prima Moody’s

Todas las mañanas cuando enciendo la radio hay una familia que organiza un pollo. Siempre es la misma. Una prima del locutor, que debe llamarse Moody’s, resulta que ha bajado una nota y ha armado la marimorena. La pariente debe tener muy mala baba porque cada vez que hace una visita se lanza a dar ultimátums para que nos pongamos las pilas con la cesta de la compra. A veces he creído oir que es una prima de riesgo, no sé si porque es gafe o porque va metiendo la pata cada vez que abre la boca. Pero la parentela sufre accidentes constantemente. Hay un tío del mismo locutor, que creo que se llama Ibex, y que todos los días anda por un parque europeo cayéndose. Dice que no levanta cabeza. Un día se pegó un batacazo y casi le tienen que dar 10.000 puntos. Aunque eso no es nada porque cuando andan fatal o quieren quitarse mucha mierda de encima acuden a unos parientes lejanos algo mafiosos que se apellidan bonos basura y que deben vivir realquilados en el contenedor de un banco.

Y todo porque la cuñada está como una tapia, oye campanas y se empeña en que España acabará cayendo por el mismo agujero que ya se ha tragado a Grecia e Irlanda. No se ha enterado que Felipe González (68 años) cobrará un mínimo de 126.500 euros al año por ser consejero independiente de Gas Natural. ¿Quién había dicho que en España no se crea empleo? ¿O que los mayores de 45 años lo tienen muy chungo para trabajar? ¿O que nadie quiere jubilarse después de los 65?

Papa Noel muere asfixiado

Hay pocos acontecimientos que generen más estrés que la Navidad. Y eso que ni siquiera estoy pensado en el virus consumista, las aglomeraciones, los villancicos o la familia. Tampoco en el síndrome Grinch, esa fobia que se diagnostica hacia la Inmaculada y acaba el 7 de enero. Lo que realmente no puedo soportar es que estas fechas me obligan permanentemente a tomar decisiones. Me fastidia estar pensando si monto el árbol o pongo el belén… Si Nochebuena la paso con los padres o con los suegros… Si me arruino en lotería para acabar diciendo aquello de lo importante es la salud.

Me da rabia decidir si tengo que ir a cenar con esa compañera de trabajo a la que todo el año no puedo tragar y que ahora me hace confidencias sobre su vida sexual porque Iberdrola ha puesto luces de colores por la calle y El Corte Inglés ha echado nieve de poliestireno en los escaparates. Me da grima pasarme un mes comprando regalos para luego pasar otro cambiándolos. Me revienta estar pensando si chutarme todas las grasas saturadas del mercado para luego estar a fruta y verdura. Prefiero no pensarlo y me sumo a la orgía navideña.

Lo primero es bajar al trastero a resucitar mis adornos del año pasado. Pero entonces me encuentro a las estrellitas ahogadas en moho, el dorado de las figuritas se ha vuelto una pasta pringosa que ha electrocutado a las bolas, guardadas junto a las luces. Y el espumillón se ha enroscado en el Papa Noel que ha muerto asfixiado. Santa Claus ha muerto. ¡Viva el Olentzero!

Huevos pasados por agua

Te vas a tener que cambiar de nombre, bonita. Y luego limpiarte esa boquita con jabón. Porque estás soltando unas perlas… Sí, esto va para ti, Cristina Antón. Sí, tú, la que te estás autoproclamando en las redes sociales como una víctima esclavizada por el ministro Blanco, incapaz el pobre de matar una mosca. “Es muy fácil imaginar mi curro desde vuestros sofás, durmiendo ocho horitas cada noche. Si venís a trabajar conmigo no podéis con vuestros huevos. Vuestro puente de puta madre, y yo curro dieciséis meses al año”, dice esta controladora aérea de Son Sant Joan desde su blog. Cristina borda el papel de poli malo y encima se pone chulita: “Vamos a acabar empotrando un avión”. Más tarde aparece el poli bueno. Es el portavoz sindicalista guaperas del que ya habíamos tenido noticias, César Cabo, ese chico que parece siempre a punto de montar en un yate después de un garbeo por Puerto Banús, y pide disculpas. “Que se entienda que un desquicie semejante solo ocurre cuando un colectivo está presionado al límite”.

Con estos prototipos, no es de extrañar que a los controladores les salgan admiradores por haber tenido cojones para hacer lo que ningún españolito se atreve, a pesar de tener cada vez menos trabajo, menos sueldo y peores condiciones laborales. Otros les ríen la gracia por haber fastidiado el puente a 500.000 que se iban de vacaciones mientras que cuatro millones de parados se comen los mocos donde pueden. A mí también me gustaría ver los huevos de los controladores pasados por agua pero no sé yo qué merece más un estado de alarma.

Una de cerdos en el metro

Perros y gatos tienen ya el plácet para usar el transporte público. ¿Y por qué no los cerdos? ¡Ah perdón!, que ya viajan. Y yo que creía que bastantes animales iban ya y resulta que no eran de compañía. Se prohíbe viajar a los exóticos y a las razas peligrosas. Mentira, porque van a montones. Tanto guarro suelto y ahora, además, mascotas. Encima de ir oliendo a sudor revenido, te puede tocar al lado a un fox terrier babeándote la pierna. Tampoco arriendo la ganancia al animal. A un perro, el metro le debe parecer un basurero, con todo ese arsenal de aromas inclasificables.

Para cumplir con la puñetera obligación de ser siempre políticamente correcto y para que no nos denuncie ninguna protectora, le metemos al can un creditrans en la boca y ¡hala!, a pasar por la canceladora. Incorporar un zoo es lo que el Gobierno López debe llamar un transporte integrado. Metro Bilbao permitirá pasar sólo a animales domésticos cuyo peso sea inferior a 8 kilogramos. ¿Cómo? ¿Instalarán básculas en los andenes? Pues yo tengo los días contados. Y en ningún caso podrán ocupar un asiento. Sólo faltaba. El chihuahua viajando sentado y tú, de pie mirándole la jeta mientras gruñe sobre la tapicería. Se aconseja que viajen a partir de las diez de la mañana. Al parecer, también les van a fijar una hora a la que deben hacer sus deposiciones. Los mocordos y las meadas sólo en horas valle, por favor. Señor Arriola, ¿y si aceptamos pulpo como animal de compañía?

Orgasmos en las urnas

http://www.youtube.com/watch?v=adDPe1HJ0t8

En la guerra desatada de sexo, mentiras y cintas de vídeo, los partidos políticos catalanes están echando el resto con orgasmos de urna para ganar votos. Una ardiente Montserrat Nebrera ha recurrido al erotismo para captar la atención mediática. La cámara persigue unos gemidos sexuales por distintos escenarios de una casa. En el camino nos encontramos con champán descorchado, un sujetador negro, zapatos de tacón, la cama con sábanas revueltas… y ella con una toalla. Una especie de peli porno de serie B protagonizada por una ex del PP a la que le ha dado un arrebato por otra formación -Alternativa de Govern- en una noche loca. Marketing para ir de liberal aunque luego su sensualidad sea más falsa que la de Carmen de Mairena. Votar es un placer es el otro vídeo que ha calentado la campaña.

En el spot de las Juventudes del PSC (desde ahora PSOEZ), una mujer simula un orgasmo al depositar su voto en la urna apoyando a Montilla. ¡Jesús, otra desquiciada! La secretaria de Igualdad, Aído, no ha puesto el grito en cielo, sólo cree que es publicidad engañosa. No estoy de acuerdo. El anuncio muestra la realidad; si votas al PSOE, llegarás al orgasmo porque sabes que te van a joder. Los mismos que apenas hace un mes se sulfuraban por las declaración de un político sobre los morritos de la Pajín, basan ahora sus campañas en orgasmos. Es la globalización de la erótica del poder. En lugar de montar mesas redondas con proyectos, los políticos catalanes montan camas redondas.