El cartucho ideal, según las manías

Cuando restan unas pocas jornadas de caza, acertar con la munición idónea puede facilitar el éxito en los contados lances que todavía quedan por delante

Javier Atxa Arrizabalaga

CADA calibre de escopeta tiene su carga de peso ideal para la que están pensados sus cañones. Luego las preferencias, las costumbres y hasta las manías se reparten entre las numerosas marcas que ofrece el mercado, cada vez con mayores estándares de calidad y con poco o nada que ver con lo que se ofrecía hace unos lustros. Solo las continuas subidas de los precios, siempre achacados al plomo aunque no sea esa toda la realidad, obligan a sintonizar los gustos con la capacidad económica de cada bolsillo. Hoy en día se puede afirmar que no hay cartucho malo, aunque cada uno tenga en su imaginario y en la práctica sus marcas preferidas, al igual que sucede con las escopetas o los perros.

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Distintos cartuchos de escopeta del calibre 12 en diferentes gramajes utilizados en la caza menor. Javier Atxa

Volviendo a las cargas y los calibres, entre los dos más usados, el 12 y el 20, conviene recordar que están pensados en principio para disparar 32 y 24 gramos, respectivamente, aunque luego la realidad y las posibilidades sean bien distintas. En el más popular, el calibre 12, disparar cargas de plomo por encima o por debajo de los 32 gramos no significa que se tire mejor o peor, sino distinto. Quienes disparan muchos cartuchos seguidos, como por ejemplo en ojeos o en ciertos puestos de aves migratorias, prefieren usar cargas inferiores, de 30 o 28 gramos, para aminorar el retroceso, aunque este tendrá que ver con la pólvora que utiliza y la presión que genera su explosión, así como el roce al pasar por la boca del cañón.

En el tiro al plato olímpico, la munición permitida es de 24 gramos, y 28 para universal, minifoso y recorridos. Y es que con menos perdigones resultará más complicado acertar a un pequeño trozo de arcilla volante a unos cuantos kilómetros por hora. Aquí no conviene olvidar que un buen plomeo depende, además del efecto de la pólvora, del taco contenedor, de la esfericidad de los perdigones, de la dureza de estos y del grado de choque o estrangulamiento del cañón que se use, que en el tiro deportivo suele ser largo, de 76 centímetros y mayores, para apuntar más fino.

Pesadas Por supuesto, hay quienes prefieren cargas más fuertes, de 34 y de 36 gramos, para abordar el tiro por ejemplo a las perdices, a las palomas torcaces o a las acuáticas. Con un plomeo más denso y normalmente con altas presiones, la carga vuela más rápida y más concentrada, lo que permite alcances efectivos mayores. Algo propicio para las perdices de enero, por ejemplo, que normalmente arrancan lejos del cazador a la mínima sospecha.

Esos disparos largos suelen ser controvertidos por las piezas que puedan ser alcanzadas y quedar heridas en el monte, y lo mismo sucede con las palomas, por ejemplo, aunque aquí cada cazador deberá obrar en consecuencia a sus principios. Todo esto sin recurrir a la denominada magnummanía; esto es, con cañones reforzados expresamente para soportar altas presiones y equipados con recámaras más largas, para cartuchos, siempre en calibre 12, de longitudes de 76 y 83 milímetros.

Aunque tuvieron una breve época de cierta popularidad, es bien raro ver hoy en día cazadores que usen estas municiones, pesadas y veloces, solo aptas casi para semiautomáticas que reduzcan en el hombro su imponente retroceso, seco y duro en paralelas y superpuestas.

Otra de las costumbres que se ha impuesto en nuestro entorno es la munición de 40 y 42 gramos de perdigón fino, normalmente de los números 9, 10 u 11 para cazar sordas. La densa nube de perdigones que lanza hacia adelante, unos 2.040 en número 11, 1.288 en 10 y 860 en el 9, ayudará a barrer cualquier rama o arbusto que esté por delante, pero por el contrario su alta presión hará que el culatazo sea importante.

Algunos objetan que los contados disparos que se realizan durante la jornada de caza y la tensión del lance hacen olvidar el retroceso, pero cada vez más prefieren bajar a cargas más moderadas, de 36 o 34 gramos, para tirar con mayor tranquilidad a la esquiva y deseada sorda.

Todo apunta a que habrá perdigón de plomo para rato

El informe dice que no existe impacto en la tendencia vital de los animales salvajes por el uso del plomo. La FEC, inmersa en la búsqueda de un sustituto al plomo, cree que es mentira que haya un informe así en la UE. Un informe de la UE para analizar el impacto del plomo restringe hasta 559 productos, pero excluye a los perdigones por su falta de toxicidad en el medio

Bilbao. LA nota enviada por la AFEC (Asociación de Empresarios Españoles Fabricantes de Cartuchería de Caza y Competición) ha revolucionado a los sectores de la caza y el tiro deportivo, toda vez que asegura que la Unión Europea informa que, más allá de los lógicos efectos cinegéticos, “no existe ningún impacto en la tendencia vital de las poblaciones de animales salvajes por el uso del plomo”. Por ello, las directivas europeas y la regulación en general de la Unión Europea, no limitan “en ningún caso” el uso del plomo en la cartuchería deportiva.

La noticia de la no inclusión de los perdigones de plomo usados en la caza o en el tiro entre las restricciones de la UE -salvo las ya existentes para los humedales y zonas acuíferas- ha corrido como la pólvora entre los corros de aficionados y por internet, porque aclara el futuro de los próximos años, en cuanto a la idea extendida de que en breve podría ser prohibido el uso del plomo en los perdigones, lo que indirectamente acabaría con la caza en Europa tal y como existe ahora, al no haber un sustituto eficaz para esta munición hoy en día.

Este argumento de la prohibición cercana lo utilizó en su día la propia Federación Española de Caza (FEC) para emprender un estudio de viabilidad de un sustituto ecológico de munición alternativa al plomo, que lleva más de un millón de euros largos invertidos y que ha estado sacudido por diversas polémicas, en un proceso que una comisión propia de la FEC calificó de “muy deficiente” en cuanto a gestión.

De hecho, la hace un año llamada Comisión del Plomo fue germen, otro más, de la inmensa fractura que se vive ahora en el seno de la FEC, en la que ahora no participan las siete principales federaciones autonómicas españolas.

Reacción

Por supuesto, tras la nota de la AFEC, la FEC ha reaccionado de forma virulenta y asegura que es “todo mentira. No existe estudio de la UE que diga que el plomo no es tóxico”. Los federativos lamentan “la difusión que se ha dado a una información de terceros sin base documental alguna” y dudan de que algún “documento oficial de la UE asegure que el plomo empleado en la munición tenga impacto en la tendencia vital de las poblaciones animales salvajes”, mientras vinculan la información al propósito de “atacar a la FEC y a su presidente”.

Pedro Morrás ratifica que en la nota emitida por la AFEC no se habla en ningún momento de la toxicidad del plomo, al estar restringidos hasta 559 productos derivados, sino de la escasa incidencia de la munición de los perdigones usados en la caza o en el tiro deportivo en las zonas secas, por lo que no habrá limitaciones para el uso de la cartuchería deportiva, y que “no hablamos ni de la Federación ni de su presidente” en el texto.

Todo apunta a que habrá munición de plomo para rato, perdigonazos incluidos.

Claves para elegir el cartucho ideal

A la hora de preparar la munición para la media veda a veces surgen dudas, ya que se requiere muy poco perdigón para poder abatir una codorniz

OTRO de los preparativos ya en agosto y a solo once días de la apertura de la codorniz pasa por elegir la munición de la escopeta, en espera de que durante los primeros días hagamos la percha para recordar toda la vida después del excelente trabajo del perro, por supuesto. Para abatir una codorniz, ciertamente es necesario muy poco plomo. Si para nuestros cazadores más veteranos hace unas décadas la pequeña africana apenas merecía un cartucho, hoy en día esta modalidad de caza supone una actividad cinegética de primer orden, mucho más que para “iniciar” a los perros más jóvenes, aún a pesar de todos los inconvenientes extra cinegéticos que se presentan año tras año.

Volviendo a la munición, el tope del peso de perdigón se suele situar en torno a los treinta gramos de plomo, dejando los de 32 quizá para las últimas y más esquivas aves ya bien entrado septiembre. Y como el final de toda acción de caza debe ser que las piezas terminen en una suculenta mesa, el perdigón del número once cada vez gana más adeptos si se dispara en las distancias idóneas a perro puesto, porque su menor diámetro de perdigón lastima menos al ave abatida, mientras a su vez ofrece mayor dispersión.

Todo ello con permiso del perdigón del número 10, el rey sin duda de la media veda codornicera, cuya capacidad cazadora está fuera de toda duda, y también del perdigón del 9, un comodín todoterreno para todo tipo de aves pequeñas y que muchos aficionados utilizan en escopetas paralelas y superpuestas como segundo disparo para las piezas sobre las que se tira con más metros de vuelo. También en las escopetas semiautomáticas, el perdigón del 9 suele quedar para el tercer lugar, en el tubo cargador, para algún caso de disparar más lejos. En cualquier caso, y para no precipitarse, los más veteranos recomiendan contar hasta tres antes de doblar el dedo índice sobre el gatillo hacia la pequeña migradora, ya que apretando antes se corre el riesgo de romper la pieza o errar el tiro, y tirando después el vuelo se prolongará hasta quedar fuera del alcance.

Densidad

En cuanto al número de perdigones por cartucho, siempre hablando de treinta gramos totales de peso por cada uno, un cartucho del número 10 puede llegar a acercarse a los mil perdigones de 1,75 milímetros de diámetro. Los que utilizan el número 11 sobrepasarán los 1.500 perdigones, ya que su diámetro se reduce a 1,5 milímetros, ampliando mucho más la densidad del plomeo, algo que saben bien los becaderos en cuanto a blandura y efectividad con el pájaro abatido siempre tirado a su distancia, mientras que los cartuchos del 9 apenas llegarán a los 700 plomillos, con sus 2 milímetros de diámetro, por cartucho. Además el estrangulamiento final del cañón, también llamado choque, influirá mucho en la dispersión de la carga disparada, recomendándose para la codorniz los cierres más abiertos, cilíndricos y estriados, o de “cuatro estrellas”, para tirar a distancias que rara vez sobrepasarán los veinte metros. Por supuesto, siempre sabiendo dónde están los compañeros, el perro o los perros.

Veinte

Otro cartucho que cada vez suma más adeptos es el de calibre veinte, aunque para eso habrá que cambiar de escopeta, o como mínimo de cañones en nuestra escopeta habitual y si se puede. La ligereza de estas escopetas, que rondan los 2,5-2,7 kilos de peso, junto a la efectividad de sus cartuchos con cargas de 24 a 28 o más gramos, suponen un aliciente más en su paulatino crecimiento, también para las cálidas mañanas de agosto. El mercado cartuchero ofrece cada año además nuevas posibilidades que, aunque no alcancen la vasta oferta del calibre 12, sí que permite disponer de diversas y primeras marcas de contrastada calidad en calibre 20, lo que además permitirá a sus usuarios presumir de mayor deportividad en la caza de la pequeña migradora africana.