Tras las duras perdices de enero

Las últimas patirrojas de la temporada ponen a prueba no solo la habilidad, sino también el propio ser del cazador y la compenetración con sus perros

Javier Atxa Arrizabalaga

LA caza de la perdiz roja española la elevó casi a la consideración de experiencia mística el añorado Miguel Delibes, excelente persona, al igual que escritor, y exquisito amante del campo y la naturaleza. Son unos cuantos los cazadores que además de disfrutar de esta actividad también rellenan sus ratos de ocio ojeando los diferentes trabajos de caza del gran autor vallisoletano. En aquellas páginas, de validez eterna, se destilaba un enorme respeto por estos pájaros que para estas fechas ya van culminando la temporada cinegética y cuyo carácter les hace aún más esquivas si cabe, a sabiendas de que se juegan la vida en cada lance.

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Que a la mínima sospecha pondrán muchos metros por delante o que desaparecen, a veces casi literalmente, del campo cuando se las busca. Dicen los veteranos de esta modalidad que o bien salen muy largas, la mayor parte de las veces rozando el alcance efectivo de la escopeta o fuera de él, o bien que brotan de entre los pies cuando ya no les queda otro remedio. De nuevo la tarea del perro será fundamental para dar con esas mínimas emanaciones que delaten a la perdiz en su entorno, sin adelantarse a su amo y muy atento al asomar en los cortaderos, donde no deberá precipitarse para alertar a estas aves. Luego, cansarlas será una tarea que se lleva en las piernas, para, finalmente, intentar ponerlas a tiro. Además, se trata de pájaros duros y grandes de talla, más apreciados si cabe que los de inicios de la campaña. En ciertos aspectos, esta caza también guarda algunas similitudes con la de la sorda, aunque se desarrolle en escenarios bien diferentes; la patirroja a campo abierto normalmente, y la becada en zonas boscosas. Pero la idea será la misma: tratar de adivinar dónde está cada una, con la ayuda del can, para posibilitar un nuevo levante y tratar de capturarla.

Pero entre ambas modalidades hay una diferencia fundamental: si la becada se trata de un pájaro migrador, que cría y pasa la mayor parte del año en el centro y norte de Europa, la perdiz es un ave sedentaria que puede moverse, por algún motivo concreto, pero no emigrará. Por tanto, los efectivos que se maten en este último mes tampoco quedarán para criar la próxima temporada. Esto lo saben bien los cazadores de perdiz y son muchos los acotados que para estas alturas del calendario han cerrado la temporada de esta especie.

El dilema O algunas, como algún pueblo de La Rioja, que han abierto solo un día de caza y precisamente en este mes de enero, cuando se supone que las patirrojas están más fuertes y esquivas ante un invierno que aún no acaba de ser riguroso. Gran dilema para muchos aficionados: salir a cazar el único día posible permitido o, por el contrario, sujetar y reprimir esa afición porque saben que las capturadas no repoblarán el coto en unos pocos meses.

Todo esto hablando de un pájaro que pasa por un implacable retroceso de poblaciones a nivel estatal. La que fuera “reina” de la caza menor española ha cedido su protagonismo a las aves migratorias debido a causas que casi todos conocen pero, a día de hoy, nadie quiere afrontar con decisión y seriedad desde el ámbito administrativo, político ni institucional. Los hábitats modificados y rotos, la concentración parcelaria, la intoxicación de los campos con productos fitosanitarios o el exceso de predadores, son algunos de los factores de su alarmante disminución.

Los intentos de repoblaciones con tratamientos genéticos en estas aves no parecen cuajar, dividiendo al gremio de perdiceros entre los que defienden las perdices “puras”, si es que quedan, frente a quienes no les importa demasiado salir a cazar las naturalizadas, asilvestradas o repobladas. Una controversia no exenta de muchos matices, pero de la que debiera salir beneficiada la propia especie de la perdiz natural y salvaje. De ahí la importancia de cuidar a esta emblemática ave cinegética.

La temporada de caza, a pleno rendimiento

 

ESTOS últimos días han llegado nuevos contingentes de aves migratorias, completando las satisfacciones de todos los cazadores, desde los más humildes que cazan en mano a lo que salga, pasando por los puestos, en los que han seguido pasando malvices y torcaces, además de las primeras sordas, cuyas noticias de capturas corren como la pólvora en el seno de este particular colectivo. Por si fuera poco, la apertura del pasado domingo de la veda en comunidades como Castilla y León ha permitido medirse a muchos miles de cazadores vascos con sus perros en pos de las perdices, liebres y conejos, principalmente. La patirroja no pasa por su mejor momento, sin duda, como consecuencia del complicado año de sequía padecido, amén de otros peligros de los que nadie parece querer saber nada, como el envenenamiento del campo, y la propia federación castellana ha hecho un llamamiento para que se cace en función del estado de las especies y de los hábitats. Esto es, con moderación siempre, aprovechando allí donde se pueda y mimando donde haga falta. Pautas que se siguen habitualmente pero que este año toca vigilar aún más.

Pase

Los cazadores de migratorias llevan unos días que no paran. Tras el chaparrón de pájaros del día 24, el jueves pasado unas cuantas malvices y algunos bandos rezagados de palomas animaron un fin de semana pasado por agua en el que solo algunos zorzales hicieron acto de presencia. Continúa leyendo La temporada de caza, a pleno rendimiento