Las mejores fechas para la becada

La llegada de las aves migratorias invernales con los vientos del norte también ha empujado a las primeras remesas de sordas hasta nuestras costas y bosques

Javier Atxa Arrizabalaga

Mientras la temporada de pase desde puestos reglamentados agota sus últimas jornadas, en Bizkaia finalizará pasado mañana, el próximo 30 de noviembre, igual que en Castilla y León, aunque nuestros aficionados podrán seguir cazando las migradoras hasta finales de enero, la mayoría de estas aves de invierno ya han dejado sentir su presencia; especialmente las malvices, tanto comunes como alirrojas, como algunos bandos de avefrías y los siempre majestuosos bandos de gansos.

caza

Además de las fechas, propias para la llegada de este contingente de aves, los fríos vientos del norte y nordeste, acompañados de los temporales que han barrido Europa en los últimos quince días, han devuelto a la lógica y a la normalidad la temporada de caza. Por supuesto, también han llegado las sordas, con cierto retraso, registrándose una primera buena entrada hace justo dos semanas, que se repitió la semana pasada y deparando las primeras capturas entre los devotos de la caza con perro. En cuanto a las torcaces, aún deben de quedar contingentes en el sur de Francia, pero solo ellas sabrán cuándo emprender su rumbo a las dehesas extremeñas y portuguesas, algo que sucederá a nada que el mal tiempo les apriete lo suficiente, aunque su movimiento casi sea imperceptible por los cazadores vizcainos de pase. También ha mejorado en las últimas fechas la llegada de zorzales comunes, de los que avisamos de su retraso en la presente campaña, e incluso algunos aficionados han manifestado haber tenido mejores días de entrada que años anteriores.

perro Volviendo a la caza de la sorda, becada u oilagorra, desde hace dos semanas se registran más capturas en nuestros montes y en las cercanías de la costa. Entre chaparrón y chaparrón, la dama del pico largo ha llegado y se ha quedado durante algunas jornadas en territorio vizcaino propiciando muchos levantes y algunas menos capturas para quienes han desafiado al desapacible tiempo climatológico.

Es en esta modalidad en la que el perro alcanza la categoría de mejor aliado del cazador y de él dependerá, casi al cien por cien, que la jornada se salde con éxito o fracaso ya que son muchos los factores que inciden en esta especialidad y donde se conjugarán instinto, pasión por la búsqueda, resistencia, nariz y saber contactar con el dueño una vez detectada a la escurridiza ave. De poco sirve un can que bata monte y monte si su dueño está fuera del alcance o al revés; que haga una búsqueda pero sin cubrir el terreno suficiente de una forma minuciosa. Las teorías de unos y otros llenarían muchísimas páginas de libros especializados a favor y en contra pero siempre con el perro como protagonista. De otra manera es imposible entender esta forma de caza y la afición que genera, a veces rayando la religiosidad o incluso el sectarismo.

En el apartado negativo, algunos disparos sueltos que todavía se escuchan antes del amanecer o después ya de caer la tarde, delatando que aún quedan individuos que se saltan la ley vigente y el respeto a quienes cazan con su esfuerzo y con perro por delante. Quienes se escudan en la oscuridad para abatir a un ave que busca comida o vuelve a su refugio diurno con una puntualidad envidiable y por las misma trayectoria volando como un gran mochuelo, y cuya dificultad al disparo es mínima. En contra de esta práctica, el Club de Cazadores de Becada ha puesto en marcha su campaña Denuncia la caza al pas en la que se puede detallar con un sistema de gps dónde se sigue tirando a la sorda.

Los responsables del club garantizan el anonimato del denunciante mientras aseguran que se pondrán en contacto con las autoridades competentes para dar cuenta de estos actos de furtivismo que aún perduran en nuestros lugares de querencia. Ojalá la iniciativa sirva para acabar con esta práctica ilegal, que sobrevive gracias al silencio cómplice de otros escopeteros.

El peor adversario para la sorda

 

El perro de muestra se convierte en el auténtico protagonista durante estas largas jornadas por los montes en busca de la anhelada oillagorra o becada

Mientras los aficionados al pase siguen mirando las previsiones climatológicas europeas, en espera de que nuevos temporales empujen otras remesas de pájaros hasta nuestras costas y montes, los que sí están en plena faena son los sorderos, que aún recuerdan la buena entrada de hace dos semanas, pero a los que también se les ha estancado el número de oillagorras en nuestros montes.

En esta modalidad, el concurso del perro no solo resulta obligatoria, sino fundamental para poder tener éxito detrás las escurridizas becadas. Hay un montón de tópicos al respecto, de perros y dueños, y la casuística crece en cada jornada, amén de las bromas, cuando no exageraciones, en el mundillo de los sorderos. Pero no se puede decir que sobre perros esté todo inventado porque este complejo mundo siempre está abierto a las nuevas teorías.

Como ejemplo de esto último, en internet aparecen incluso ciertos postulados para desechar en directo a aquellos canes procedentes de los concursos por unas cuantas razones, más o menos discutibles, apostando solo por los perros que demuestren su buen hacer en el día a día en el monte y tras largas jornadas de caza.

Algo que no será nada bien recibido por algunos criadores y adiestradores, que precisamente perseveran en su trabajo con la vista puesta a largo plazo en busca de perros cada vez mejores en el desarrollo de sus cualidades y tareas, no solo en concursos. Su objetivo es la mejora de la raza, no el lucro inmediato. Un debate que seguro durará muchas horas y más vueltas entre aficionados.

Especialista

El buen perro para las sordas deberá mostrar una gran pasión por la búsqueda de este pájaro basada en una afición a prueba de bombas, una resistencia de auténtico deportista de élite para no desfallecer en la búsqueda, y cabeza para saber dónde buscar a la becada, todo ello aderezado con una buena nariz que delate al pájaro.

A veces, son complicadas de ver las líneas que separan a un buen perro de sordas de un excelente becadero. El primero correrá y correrá con mayor o menor fortuna dando más o menos pájaros, pero el segundo seguro que sabrá exactamente dónde y cómo sorprender y bloquear al pájaro que se aplasta o mostrar al que lleva varios revuelos sin dejarse siquiera arrimar, guareciéndose en los sitios más complicados.

Al final, resulta difícil incluso evaluar a estos perros, porque su formación y conocimientos también dependerán de muchos factores. El primero, dando por hecho un adiestramiento mínimo de por medio, tiene que ver el número de horas de monte y el contacto con las sordas.

Un buen perro que apenas salga a cazar una o dos mañanas por semana poco o nada tendrá que ver, seguramente, con otro can quizás menos avezado pero que lleve a cuestas mucho monte y muchos más pájaros levantados, puestos y cobrados.

Los tiempos no perdonan y si hace unos lustros era relativamente fácil enseñar a un perro a cazar sordas, hoy en día no resulta sencillo. Entre la creciente falta de sitios por la progresiva urbanización de nuestros montes, añadiendo el alto número de aficionados a la especialidad, resultan factores que no facilitan el contacto del perro con el ave.

Muchos deberán recurrir a visitar acotados en los que siempre habrá menos cazadores que en lo libre y donde se presume la presencia de sordas, e incluso en los últimos años se está poniendo de moda visitar lugares de los confines de Europa donde se garantiza la presencia de becadas y el consiguiente contacto para los perros, a unos precios cada vez más asequibles.

Todo sea por despertar en el can esa afición que lleva latente en la sangre para buscar, parar y mostrar ese pájaro tan anhelado y que tantas triquiñuelas se sabe. Las modas también evolucionan y cada vez son menos los perros que van con cencerro y a tiro de escopeta de su amo; pero esa es otra historia.