Normalidad doliente

VEO, escucho y leo las informaciones sobre el alarde de Irún y todas destacan su normalidad. En matemáticas la normalidad es aquello que más ocurre. Sigue habiendo dos alardes, ¿normal?; uno tradicional con solo hombres-soldados y otro alternativo mixto, menos numeroso y menos seguido. Con comentarios nada respetuosos del delegado del Gobierno Central sobre el ejército mixto, ¿normal? Y al final del mismo, recepción oficial del alcalde en el ayuntamiento, pero solo a los representantes del tradicional, me imagino que porque en el mixto hay mujeres escopeteras.

Sé que en nuestra sociedad se dan tantas muertes estériles y violentas como evitables, como las 169 entre enero-abril en accidentes laborales. Pero sin quitar un ápice de dramatismo ni a una sola muerte violenta, conviene recordar que desde 2004 cuando entró en vigor la ley contra la Violencia de Género, casi 900 mujeres han sido asesinadas bajo violencia de género, o mejor violencia machista, con sus secuelas de familias destrozadas e hijos/as huérfanos; la cifra supera los asesinados por ETA en sus cincuenta años de existencia; ni una sola provincia está excluida, ni un solo mes está en blanco y eso que tan solo se contabilizan los feminicidios en una relación sentimental.

Cada día hay 426 denuncias por violencia de género; aumentan las denuncias (20% entre enero-abril), las órdenes de protección y las condenas por maltrato (7 de cada 10 juicios acaban en condena); en el registro de víctimas de violencia machista figuran 38.000 mujeres, 20% más que el año pasado. La cita de datos dramáticos es interminable.

Han incrementado en 6 millones el presupuesto para hacerla frente y cuatro compañías de móviles han acordado que las llamadas al 016 no dejen rastro. También las farmacias informarán si detectan casos de maltrato. Bien, buenas noticias, pero el aumento de asesinatos sigue siendo la normalidad.

Tan normal como que la comisión del Parlamento para un pacto de Estado contra la violencia de género se haya dado una nueva prórroga, y van tres, para alcanzar un documento consensuado, algo bastante complicado-improbable. En primer lugar porque no coinciden ni en el nombre del problema: para unos, violencia de género (solo en el ámbito de relación sentimental) y para otros, violencia machista (en cualquier ámbito); por supuesto tampoco en el presupuesto; y parece poco probable la coincidencia en la regulación de la prostitución y de los vientres de alquiler (maternidad subrogada), temas relacionados.

De modo que esta normalidad del enfrentamiento político puede que siga haciendo normal que se mantengan al alza el maltrato y la violencia machista. Hasta es posible que no sepan por donde atajarlo, pero no lo quieran reconocer.

Al menos Soledad Becerril, defensora del pueblo, lo tiene claro “No sé cuál es la solución a la violencia machista”. Tal vez sea esta franqueza la única certeza. Tristísima certeza normalizada del inexorable e inevitable próximo asesinato machista, tan normalizado como un alarde de primera y otro marginado por las autoridades.

De gula a tóxico cerebral

EL calentamiento global está haciendo que paulatinamente se desplacen hacia el norte cultivos tradicionales del sur, por ejemplo la vid a Inglaterra. Se avecina dura competencia comercial cuando las bodegas británicas se expandan y el Brexit bloquee los riojas en Dunquerque.

Leo un tanto perpleja un ensayo sobre el alcohol en la revista médica británica The BMJ. Investigadores de Oxford y College London, tras analizar las ingestas semanales de alcohol de 550 hombres y mujeres sanos durante treinta años, entre 1985 y 2015, concluyen que su “consumo moderado” también daña al cerebro, provocando un notable deterioro cognitivo. Tras ponderar la influencia de otros factores, aseguran que el consumo de alcohol desintegra la sustancia blanca y atrofia el hipocampo, deteriorando la memoria y la capacidad de ubicación espacial. Aunque se beba moderadamente; porque un consumo semanal de cinco copas de 175 mililitros multiplica por tres las probabilidades de padecer esa atrofia.

Las implicaciones para la salud personal y social saltan a la vista, más en un país donde beber es hábito sociocultural implantado. Y de paso echaría por tierra los aireados beneficios de los taninos del vino en la tonicidad intestinal o de sus antioxidantes en la eliminación de radicales libres.

Podría haber sido un estudio patrocinado por Hacienda para colar un nuevo impuesto al alcohol. Pero tras esta maquinación inicial, mi imaginación voló hacia botellas de Rioja o Ribera del Duero con la calavera y leyenda, el alcohol mata, cual desinfectante para matarratas. Y pensé, junto a nosotros, en franceses, italianos o griegos como modelos de dietas mediterráneas, que hemos consumido desde siempre vino en las comidas con igual o mejor salud cerebral y parecidas expectativas de vida que los tristes abstemios. Porque no podemos olvidar ese puntito de euforia que transmite un vasito de buen vino, coadyuvando a relacionarse con los demás. También me vino a la cabeza la posibilidad de que en el norte piensen que aquí producimos poco porque pasamos demasiadas horas consumiendo vino, como si el güisqui anglosajón fuera agua bendita.

Implementado este control de vicios, podríamos decir que la sal produce hipertensión; los mariscos, ácido úrico; correr, lesiones de articulaciones; las grasas, colesterol e isquemias… y en consecuencia, por salud pública habría que controlarlos hasta prohibirlos… para que vivamos más años hasta morir sanos. Por otra parte, al leer también el consumo moderado… más de uno maquinará que si beber poquito también es malo, “de mojados al río” y pasen del vaso a la cuba. Si el daño es similar, ¿por qué no? Hasta hace bien poco fumar, beber y comer podían ser vicio o pecado, pero no impedían ir al cielo porque quedaba lejos y además con confesarte lo arreglabas; pero ahora con la salud en juego, la duda de abandonar el pitillo, el pote y el pilpil es existencial, porque te mueres, o peor, pierdes la capacidad cerebral.

No saben bien los ingleses en qué lío de salud les mete el calentamiento global y la instalación de viñedos en sus antaño brumosos hills.

nlauzirika@deia.com @nekanelauzirika

¡Y quuueeeé?

MONTORO

ASÍ mismo, con esta semiótica entre admiración sorprendida y pregunta retórica dequienvasobrao simultáneas escucho a la administración de Hacienda/Economía, y también de Interior, ante la reciente sentencia del Tribunal Constitucional anulando la amnistía fiscal-2012 del sr. Montoro. De los 40.000 millones que se propusieron regularizar se legalizó la mitad y los ladrones-defraudadores de cuello blanco tributaron lo amnistiado a un raquítico 3%, menos que el 4% de IVA reducido por una barra de pan. ¡Y qué? Te miran por encima del hombro, sabiendo además que gran parte del dinero amnistiado tenía su origen en el narcotráfico, trata de personas, venta de armas, corrupción y otras actividades criminales.

El cazador cazado. Ha dimitido el mismísimo fiscal anticorrupción por trapicheos económico-financieros personales/familiares en Panamá ¡Y qué? Se ha ido como echando en cara a quienes pagan sus tributos aquí, quizá porque no conozcamos como él el camino correcto. Él, junto a otros “listillos” que vehiculan su actividad económica a través de los 15 paraísos fiscales más agresivos del mundo, hacen que el Estado deje de ingresar unos 1.550 millones € anuales, el 60% del déficit de reserva de las pensiones en 2017. ¡Y qué? Inquiere el defraudador al ser señalado, si Panamá ni figura en la lista oficial española de paraísos fiscales, donde como islas del tesoro sólo aparecen las Islas Bermuda, Islas Vírgenes Británicas y Mauricio. Así que como españolita lista podría organizar mis viajes de turismo financiero-fiscal por Islas Caimán, Países Bajos, Suiza, Singapur, Irlanda, Luxemburgo, Curazao, Hong Kong, Chipre, Las Bahamas, Jersey, Barbados, sin traba legal ni miedos tributarios ni penales a reclamaciones del fisco. ¡Y qué? Chulean quienes en lugar de mi potencial podría, conjugan el presente “puedo” y lo hago: es legal.

Tan legal como que en nuestro mundo vivan 1.000 millones de personas que pasan hambre, 800 millones sin agua potable y 2.500 millones malvivan con menos de 2 euros al día; al mismo tiempo que hay 7,6 billones € (el PIB de Alemania y Gran Bretaña juntos) opacos a Hacienda, guardados en conocidos paraísos fiscales, verdaderas islas del tesoro. ¡Y qué? Es mío y legal, aducen sus depositantes. Tan legal como que 62 fortunas acumulen hoy más patrimonio que 3.600 millones de las personas más pobres, mientras que en 2010 eran 388. ¡Y qué? Acaso la economía no puede estar al servicio del 1% de listos/listillos, de la desigualdad galopante. Desigualdad fomentada, porque si entre 1900-2017 se hubiera combatido esta desigualdad hoy habría 700 millones pobres menos.

Legal, aunque por estos defraudadores las pensiones de jubilación puedan bajar un 4% en los próximos diez años. ¡Y qué? Qué no se jubilen y sigan trabajando, rezongan.

En el ciclo Ética, humanismo y ciencia, la catedrática Adela Cortina propone “cultivar la ética que induzca a no dañar al otro”. Loable y justa propuesta, pero al parecer los ¡Y qué? Del 1% son mucho más válidos que la necesidad de igualdad del irrelevante 99%.

¡Y qué? se oirá justificarlo al fiscal anticorrupción.

Diseñador de órganos

ORGANOSHACE unos días comentaba entre risas con una amiga de facultad como corríamos entonces divertidas tras los chicos. “Sí, ya recuerdo”,me dijo, “lo que no recuerdo es por y para qué”.

Un 76% de los jóvenes que estudia Secundaria en Euskadi confiesa que no sabe qué estudiar. La mayoría quiere ir a la universidad, pero no sabe muy bien a estudiar qué.

Paseando por las calles de Bilbao me topo con un grupo de estudiantes cargados de apuntes. “Estudiando en día de fiesta”, le pregunto curiosa a una. “El miércoles comienzan los exámenes de Selectividad”, me responde sin perder el ritmo camino de la biblioteca para conseguir mesa en este inhabitual hervidero de efervescencia neuronal juvenil. Están nerviosos y hasta estresados por un examen que no debería quitarles mucho el sueño si nos referimos a la historia estadística, pues lo supera el 95%. En realidad no les preocupa aprobar, sino la nota que les escalone en la elección de estudios. Vamos, con un 76% en indecisión, la mayoría elegirán casi en cata a ciegas o, más probable, serán elegidos por el escalafón.

Me alegra la reducción del paro. Es buena noticia… Hasta setiembre, cuando se despida estacionalmente a camareros, limpiaplayas, socorristas, camareras de hotel… y otros oficios ligados al turismo, porque ya no tengan a quién poner un café o hacer una cama… Hasta la próxima andanada festiva. O hasta que vayan siendo sustituidos paulatinamente por robots. Ya vivimos cotidianamente con robots, pero como todavía la mayor parte son máquinas sin aspecto humano pasan desapercibidos, hasta que les veamos dirigiendo el tráfico, ayudando a un anciano o recogiendo espárragos. Entonces puede que el ciclo laboral empiece a romperse, y digo empiece, porque conforme vaya incrementándose esta convivencia con robots, tendremos recepcionistas, taxistas o robotdependientes en tiendas autónomas como quiere Amazon Go… y entonces desaparecerán muchos empleos o deberán transformarse. ¿No tendríamos que formar a los jóvenes para adaptarse a ellos? Por ejemplo, si Maite quiere ser diseñadora de órganos, la duda es cómo ayudarle a decidir: ofertarle medicina general pero con cocimientos de genómica y bioimpresión 3D o crear Diseño de órganos como nueva carrera. Si Jon quiere dedicarse a ciberseguridad, ¿debe estudiar abogado con un máster en Cibernética? o ¿deberíamos crear en Derecho la nueva especialidad de Ciberseguridad?

Una arqueóloga conocida ha realizado en Estados Unidos un máster sobre fenoles para entender mejor los yacimientos. Tal vez esta flexibilidad sea el camino. No necesitamos tanto una universidad que sea fábrica de personas muy especializadas, como una institución que forme en la flexibilidad de aprender a aprender y en la versatilidad del reciclaje hacia profesiones punteras. Para las actividades especializadas repetitivas ya tendremos a los robots.

No sé si a los alumnos que pasado mañana hagan la selectividad les estamos indicando el hacia dónde y para qué.

Lo digo aunque solo fuera para que Maite diseñe cuanto antes su primer órgano y veamos disminuir rápidamente las listas de espera.

Vestidas como mujeres

FOTO TRUMP

AUNQUE si yo fuera lesbiana y mi esposa primera ministra del país a mí ni se me ocurriría posar en un acto oficial con las otras primeras damas, aplaudo el gusto y la decisión de Gauthier Destenay, esposo del primer ministro luxemburgués, Xavier Bettel, de posar con las mujeres de los otros dirigentes de la OTAN. Me imagino que cuando mr. Trump haya visto a la espalda de su esposa a esta peculiar primera dama, le habrá brotado un sarpullido de macho engallado.

No sorprendió la zafiedad de un maleducado, pero sí impactó la orden acosadora machista del inquilino de cabello zanahoria exigiendo a las empleadas de la Casa Blanca que vistieran como mujeres, siguiendo el código de figura esbelta con vestidos de alta costura y ropa cara, buscando que sus empleadas lucieran más bonitas. Lógicamente recibió numerosas fotografías de mujeres soldado, bombero, cirujano… con uniformes acordes a su profesión… estaban ¿vestidas como mujeres? Vamos, la monja alférez, Juana de Arco o Barbra Streisand como Yentl/Anshel no son sus modelos femeninos. Ciertamente los roles machistas siguen enraizados en nuestras sociedades. No hace tanto oía a una mujer recriminar a su yerno no haber limpiado el coche; cuando éste le contestó que bien podría haberlo hecho su hija, la respuesta fue contundente eso es cosa de hombres, como lavar, planchar, guisar o atender a los niños sería de mujeres. No ha mucho escuchaba a un orondo tipejo echar pestes porque su hijo veinteañero no encontraba trabajo, si las mujeres se dedicaran “a lo suyo” se acabaría el paro; de los hombres, apostillo, porque las mujeres seguirían bregando duro en casa para este mastuerzo u otro de similar cultura troglodita. No parecía importarle mucho prescindir de la mitad de los ciudadanos, caso de que para él lo seamos.

Antiguallas de pensamiento y comportamiento como estos aún pululan vigentes por nuestros lares, pero a diferencia de su escasa relevancia social, las acciones y decisiones del voluble y tarambana Trump ante millones de personas son cruciales, porque le toman como modelo, al menos si nos atenemos al voto logrado. Intranquilizador, porque si mutando la exigencia vestidas como mujeres ponemos negación del Cambio Climático, vender armas a sátrapas es buen negocio, poner muros al inmigrante es rentable, la salud no es derecho sino negocio, la defensa que se la paguen ellos… es duro asumir que esto lo piensen y opinen algunos miles, pero que los enarbole como banderines de enganche el presidente de la primera potencia mundial, ¿no es algo más que desasosegante? Porque, además, existe una larga lista de aspirantes a imitadores-Trump. De modo que si no eres Gauthier ni tienes figura esbelta, ni vestidos de alta costura ni ropa cara… mal camino llevamos las mortales.