¿Cuál es tu disfraz contra la realidad?

EL FOCO

Onda Vasca, 23 febrero 2017

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Ya es Carnaval, la fiesta de final de invierno y pórtico de la primavera, una fiesta diluida pero aún resistente en una sociedad con el calendario cargado de festejos de todas clases. Nada queda, excepto en algunos lugares muy concretos, de la razón del carnaval, que nació como respiro de extravagancia y burla contra el rigor moral y la autoridad. Este fin de semana, nuestros pueblos y ciudades se convertirán en bailes de disfraces e ironías chuscas. ¿Contra quién y por qué? ¿De qué o quién hay que burlarse hoy? ¿A quién o a qué le hago una burla escandalosa con mi máscara y disfraz?

El carnaval está superado en sus razones originales; ha mutado hacia otros significados. Probablemente, no es más que una fiesta singular que en cada lugar tiene sus peculiaridades. Ya no hay que hacer mofa de la iglesia, que no manda nada; ni de los demonios que arruinan las cosechas, ni de la autoridad que nos impone su designio. No hay mitos. Hay una realidad. En lo que todos están de acuerdo es en el destino de todo el cachondeo: la realidad. De eso hay que mofarse, de la cruda y deprimente realidad y de quienes, desde algún lugar indefinido, condicionan nuestras vidas y la hacen más dura y difícil. La crisis, que es el nombre que le damos a la realidad triste de hoy, no es más que una abstracción de las decisiones y egoísmos que nos han traído desempleo, éxodo juvenil, precariedad laboral, sueldos bajos, recortes en los servicios públicos y la amenaza de las pensiones. La crisis tiene nombre y apellidos y contra ella se disfrazará la gente este fin de semana y hasta la noche del martes. Contra la realidad implacable nos rebelamos.

Me pregunto si disfrazarse hoy tiene, como símbolo, algún sentido. Si nos libera de algo. ¿Qué nos aporta el disfraz y las máscaras burlescas del carnaval? Esto lo tendría que decir la gente, mucha gente, que se disfrazará estos días. Yo creo que tiene sentido, siempre que tengamos idea de lo que estamos haciendo. ¿Es solo una forma de diversión, una risa de nosotros mismos? En esto, hay una gran diversidad. Porque cada uno de nosotros tienen sus demonios; yo también, contra lo que hay que conjurarse. Pero no deberíamos olvidar que el disfrazarse en carnaval va como expresión de alguna ira o cabreo, o para exorcizar algo que nos hace la vida imposible. No deberíamos olvidar, creo yo, que el objetivo no es la autoburla o la risa de cada uno hacia el interior, sino la mofa de lo que nos oprime y deprime. 

¿De qué hay que disfrazarse? En mi opinión, de lo que te obsesiona. Lo digo sinceramente: a mí me gustaría disfrazarme de mujer que es, por otra parte, el disfraz preferido de los hombres, de muchos hombres. Es una fijación masculina en la que habría que profundizar freudianamente. No ocurre al revés. Raramente las mujeres quieren disfrazarse de hombres, lo cual nos plantea una sociología del disfraz muy interesante, que explicaría las profundas diferencias con que hombres y mujeres abordamos la realidad y nuestras vidas personales. Somos tan distintos, tan divinamente complementarios…

La naturaleza creativa de las personas se manifiesta en la elección del disfraz o máscara y el modo en que se transforman en un personaje burlesco. No vale, en mi opinión, comprarse un disfraz estándar en la tienda o en el chino. Eso no tiene ninguna gracia ni mérito alguno. Uno debería fabricarse su propio disfraz y combinar cosas para obtener un antifaz reconocible. Los niños y las niñas, que son las personas que más disfrutan disfrazándose, se compran un modelo de pirata o de algún personaje o héroe de la televisión o el cine. Debería estar prohibido salir de Superman o de Starwars. Esto es muy cutre y resabido. Hay que innovar y dejar que la imaginación y nuestras obsesiones y rabias nos lleven a optar por un disfraz rompedor, único, coherente con el sentido burlesco del carnaval. Claro, ¿y cómo es el disfraz de Fondo Monetario Internacional, o de Bruselas? Ya podemos anticipar que el disfraz preferido será de Donald Trump, que sería algo así como ir de pato Donald y un enorme tupé rubio y cara avinagrada. Será el disfraz que más veamos. Es normal. Es el gran cabrón, el peor demonio posible, el más odioso.

A estas alturas, en vísperas del gran fin de semana del carnaval, muchos ya tendrán decidido su máscara burlesca. Y muchos, como yo, pensarán si tiene sentido disfrazarse de alguna manera en una sociedad donde cada día, a todas horas y en todas partes, vamos disfrazados, entendiendo por tal que física y emocionalmente ocultamos nuestra autenticidad bajo una cuidada imagen o bajo muecas de compromiso. Esto es lo más interesante de todo. El carnaval de cada día. Las leyes del encubrimiento cotidiano. La moda, el maquillaje, la retórica del atuendo, la niebla de nuestra identidad, la ocultación de nuestras fragilidades, el miedo que nos hace ocultarnos bajo algunas señas… Esas cosas son el carnaval que no cesa. Pero no nos pongamos trascendentes.

Hay que sumarse a la fiesta, con mejor o peor disposición. Hacer un par de días el idiota no está mal; pero que tenga sentido. Que sirva para burlarse de nuestros demonios, que todos los tenemos, y que nos valga de desahogo. Participar con los amigos y cuadrilla en estas cosas de purgar los demonios comunes. Maldecir a la vez lo que nos jode. No está mal. Pero sed originales. Haced gracia, incluso sed crueles con quien lo merece: Rajoy, el rey y su familia, la justicia, la violencia, los canallas que matan a sus parejas, todo lo que haya que maldecir durante unos días… Hay que salir de la realidad y pisotearla bien posteada. ¡Feliz carnaval!

 ¡Hasta el próximo jueves!

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Un comentario sobre “¿Cuál es tu disfraz contra la realidad?”

  1. Muy interesante su opinión abordando las fiestas del carnaval que son inminentes en nuestra ciudad.
    Lo cierto que es una fiesta en cierta forma burlesca. Siempre haciendo referencia a temas de actualidad y parodias burlándose de determinadas personas y actividades.
    Lo cierto que en antaño tenía un sentido hoy en día creo que se celebran simplemente por tradición.
    Recientemente he leído como al hombre le gusta disfrazarse de mujer.
    Quizás por esa parte femenina que tiene todo hombre que la quiere ocultar.
    Son fiestas que si se celebra de una forma tradicional pero fina están bien pero cuando ya empiezan a degenerar la burla no tiene ninguna gracia.
    Enhorabuena y felicidades por su opinión en este tema.

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