La Línea 3 y el desarme

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Allí estaba la tele, a las 8:11 del sábado, en el instante que los verificadores internacionales recibían la geolocalización de los arsenales de ETA y la relación de armas, explosivos y demás material mortífero. Compareció la televisión vasca, ETB1 y ETB2, cumpliendo su mandato de servicio público y su responsabilidad social, y no dejó de informar y comentar sobre los hechos en directo hasta las tres de la tarde, cuando todo se había cumplido sin sobresaltos. Las cadenas españolas, incluida La Sexta, siguieron con su rutina -concursos y simplicidades- como si la cosa no fuera con ellos, mientras los canales extranjeros se ocupaban de los 59 misiles Tomahawk lanzados por Trump sobre Siria y las consecuencias del atentado yihadista en Estocolmo. La realidad se mide por lo que a cada a uno le conciernen los acontecimientos, lo que pone de manifiesto que los intereses vascos equivalen, aproximadamente, a la indiferencia de España. Nuestro mundo no es de este reino.

Fue una mañana de contenciones: aliento contenido para que nada extraño arruinara la delicada operación; y palabras contenidas, que Jonan Fernández, Secretario General para la Paz y Convivencia, había suplicado el viernes en La Noche en Jake. Casi lo estropean José Félix Azurmendi y Gorka Landaburu, enredados como dos cascarrabias en aburridas batallitas del pasado. Incomprensible el empeño de Xabier Lapitz, cada día menos moderador, en calificar de histórica la jornada, trascendente, ma non troppo. A lo más, era el penúltimo acto del final de partida de 2011.

El desarme televisado nos proporcionó un sinfín de simbolismos, destacando el inmenso Ram Manikkalingam, verificador, e Iñigo Urkullu, lehendakari, impresionante en su poder de sobriedad y transmisor de emociones contenidas. Y la patética soledad del PP. Lo histórico, con más sentimiento en la calle que el tardío adiós a las armas, aconteció horas después en Bilbao con la apertura de la línea 3 del Metro, una preciosidad que nos sobrepasa de orgullo. Todo importa, pero más el presente que la historia.

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