Yeray y todos los luchadores

EL FOCO

Onda Vasca, 15 junio 2017

Esto no es una crónica de fútbol, pero empieza con fútbol. O, mejor dicho, con un jugador de fútbol. Hablamos de Yeray, defensa central del Athletic de Bilbao, en quien la buena y la mala estrella ha ido a detenerse. La buena estrella de ser un jugador del equipo de San Mamés, con toda su juventud; y la mala estrella de estar afectado por esa enfermedad que a todos nos asusta nombrar, llamada cáncer.

Ya lo sabéis: a Yeray se le diagnosticó a finales del pasado año un cáncer testicular para cuyo tratamiento tuvo que abandonar su profesión durante un tiempo. Tres meses después, volvió, curado, a los campos de fútbol, concretamente el 4 de febrero reapareció en el Nou Camp. Y así, la amenaza del cáncer parecía haberse disipado. Sin embargo, como suele ocurrir algunas veces, la enfermedad ha rebrotado y Yeray tuvo que abandonar el pasado martes la concentración de la selección estatal sub21 para someterse a tratamiento médico después de que en un control médico rutinario se le detectara una recaída de su cáncer.

Lo que hemos visto estos dos días pasado es, de nuevo, una gran ola de solidaridad y afecto hacia Yeray. Todo el mundo del fútbol se ha volcado con él, así como toda Bizkaia, con la intención de transmitir al jugador del Athletic toda la fuerza emocional y el cariño que necesita en estos momentos.

Alguien diría que es fácil ser solidario y volcarse con una persona a la que queremos, porque somos del Athletic, o porque es un jugador de fútbol, o una persona famosa y admirable. Está muy bien. Pero para mí lo más importante es que este afán de ayudar emocionalmente a una persona en situación muy difícil, nos plantea la obligación de hacerlo con todas las personas que, de una u otra manera, están en un momento tan delicado como el que está experimentando Yeray, por cierto, un gran chico, más allá de ser un grandísimo central.

A Yeray le esperan tres meses muy duros, con un tratamiento de quimioterapia que le afectará mucho en lo físico y en lo emocional. Pasados los días de afecto y solidaridad, llegan los momentos de soledad. Y es ahí, en esos momentos, cuando se necesita más que nunca el apoyo de su entorno. La solidaridad y el afecto en sus inicios es muy fulgurante y vistosa, puede que incluso desmesurada. Lo esencial es lo que hay que hacer después, cuando uno se encuentra solo, o casi, ante su miedo, una experiencia brutal.

El miedo, la angustia. Es el sentimiento terrible de una persona ante el cáncer. Esta enfermedad no solo te pone contra las cuerdas de tu salud. Te sitúa ante la incertidumbre. Y uno experimenta, de verdad, el miedo. Nadie te garantía nada, porque nada se puede augurar en tu proceso de tratamiento. Puedes tener mejor o peor diagnóstico. Te hablarán de porcentajes de cura y de tu buena disposición ante el tratamiento, porque eres joven o porque no tienes otras circunstancias que lo hagan más complicado. Pero cada cáncer es un mundo. Y cada persona también.

En un proceso de enfermedad grave como este hay varias etapas: tras el shock del diagnóstico, llega el momento en el que ahora está Yeray: el miedo, la angustia. Es muy importante que no le falte el apoyo y el cariño de su entorno. No puede estar solo ante el miedo, por muy fuerte que uno sea. Ahí es donde cada uno saca fuerzas de flaqueza. Los seres humanos tenemos una capacidad de resistencia enorme. No sabemos lo poderosos que somos. Esa fortaleza propia es la que necesita prodigar consigo mismo el jugador. No se trata de mantener artificialmente hacia el exterior una fortaleza aparente. Uno puede llorar en esos momentos, ya lo creo que puede y debe. Llorar no es lo contrario de fortaleza. Llorar es la fortaleza misma, una terapia grandiosa que la naturaleza nos ha dotado. Somos realmente fuertes y cada uno debe creérselo y ejercitarla.

Después, una vez comenzada la terapia y superada la angustia inicial, llega el peor momento: la resistencia ante la intensidad del tratamiento. No sé en este caso cómo será, pero la quimio te deja hecho papilla. Hay que arrasar para curar. Ese el tratamiento necesario. Hay que vivirlo con confianza. Con la confianza de que puedes ganarle la batalla a la enfermedad. Que el tratamiento va a funcionar. Tienes que aceptarlo de verdad. Muchas cosas están a tu favor.

A partir de ahí hay un zigzag de pruebas y resultados que, a veces son esperanzadores y otras no tanto. Es un momento brutal, pero también lleno de posibilidades y buenas noticias. El tratamiento de Yeray son tres meses. Y en este plazo va a vivir esas ideas y venidas. Por supuesto que le deseo lo mejor, estaremos atentos a las noticias. Puede sonar raro, pero los buenos deseos también funcionan como terapia adicional. Es algo misterioso, pero funcionan. Si bien, lo esencial es que el propio enfermo y su entorno actúen como un equipo -como un Athletic- para ganar este campeonato de vida. Mucho amor, mucha presencia, mucha confianza, mucha resistencia y fortaleza, mucho poder propio. Esos son los componentes del equipo para ganar.

También está el esfuerzo en investigación. Nuestras instituciones tienen que aumentan sus esfuerzos en esta materia y que las entidades privadas, como la Asociación contra el Cáncer, redoblen sus esfuerzos contra la enfermedad. Nuestros donativos y la participación en campañas para recaudar fondos para la investigación y prevención del cáncer son imprescindibles. Esto es una épica mundial. Según el departamento de Salud del Gobierno Vasco, el incremento de la esperanza de vida aumentará el porcentaje de incidencia del cáncer. Este es un horizonte de trabajo.

Como Yeray, hay miles de personas –mayores, hombres y mujeres, de mediana edad, jóvenes y también niños- luchando contra el cáncer. Sobrellevando el miedo, unas veces solos y otras arropados amorosamente por su entorno familiar y los amigos/as. Por favor, no les dejemos solos. Necesitan mucha confianza. No lo pueden sobrellevar solos. Por eso, quiero transmitir mis mejores deseos y mi afecto a todas las personas que están en situación de tratamiento por cáncer. Sabemos lo que estáis pasando. Y tenéis que saber que a vuestro lado hay mucha gente que os desea lo mejor. La vida es eso: sentido, destino y épica. Ninguna épica más valiosa como la de los enfermos de cáncer por su vida.

¡Hasta el próximo jueves!

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