San Fermín: semáforos en los encierros

EL FOCO

Onda Vasca, 6 julio 2017

Hace unas horas se ha lanzado el txupinazo de las fiestas de San Fermín 2017, que se prolongarán hasta el 16 de julio. Medio mundo ha tenido noticia de este arranque festivo y permanecerá atento a lo que aquí suceda durante estos días. No hay fiesta en todo el mundo que, desde una ciudad pequeña, sea capaz de acaparar tanto interés, no sé si un interés muy sano y bastante morboso, pero interés al fin y al cabo que muchas ciudades y eventos internacionales no son capaces de alcanzar, ni de lejos, a pesar de invertir grandes sumas de dinero en promoción y publicidad.

¿Qué ocurre con San Fermín, que llama tanto la atención? Se ha escrito mucho sobre eso, pero yo no quisiera hacer ahora una sesuda investigación sociológica sobre las claves festivas, culturales y simbólicas de este suceso. Donde quiero poner el foco es sobre su evolución al cabo de los años y cómo, a pesar de todo, San Fermín resiste, enfatizo, se resiste a cambiar sus contenidos frente a las demandas innegables de hacer desaparecer la violencia de los encierros, las corridas de toros y los excesos que en este entorno se producen. Dejo aparte la cuestión de las agresiones sexuales, que ya tratamos hace un par de semanas. Este es un problema específico y es común a los eventos multitudinarios, fiestas y conciertos, que apelan al conjunto de la sociedad y su modelo de diversión y ocio.

Inicialmente, la culpa de todo la tiene Hemingway, cuya novela Fiesta, de lectura obligada en los colegios y universidades norteamericanas durante décadas, catapultó a Iruña-Pamplona a la relevancia mundial. Ninguna campaña turística ha hecho más por una ciudad que ese libro. Más tarde, fue la televisión la que impulsó aún más el atractivo de San Fermín hasta llevarla, creo yo, a morir de éxito. O al punto de la masificación y la incomodidad allí donde estés, salvo que, como ocurre muchas veces, tengas tu propio y exclusivo espacio festivo, cerrado a unas pocas personas, al margen del bullicio general.

¿Deben cambiar las fiestas de San Fermín? ¿Y si deben cambiar, por qué no lo hacen? El debate sobre la cuestión está en la propia ciudad, entre los propios vecinos y vecinas de la capital navarra, y a ellos les compete, en exclusiva y libremente, tomar las decisiones que consideren convenientes. A los pamploneses y pamploneses, y a los navarros en general, les molesta mucho que la gente de fuera le diga lo que deben hacer. Tienen razón. También les molesta que tengamos una idea muy corta de lo que son las fiestas de la ciudad, que son, dicen, mucho más que los encierros y los toros. Hay miles de actividades y oportunidades de las que se habla poco. También tienen razón, pero la propia simbología de la ciudad, con los dibujos de Kukuxumusu y otras iconografías, han resaltado la figura del toro como eje visual de las fiestas.

Mañana, con el primer encierro, posiblemente tengamos las primeras imágenes de heridos y problemas con los corredores. Los encierros son de una extrema peligrosidad. Por los toros, por el exceso de gente, por la imprudencia de muchas personas, por el mismo concepto en sí. Y, sin embargo, con pocos cambios puramente técnicos y estéticos, los encierros siguen igual, más allá del horario y de las medidas de seguridad, como el doble vallado, el refugio del callejón, los líquidos antideslizantes y la mayor vigilancia policial para sacar del recorrido a las personas averiadas. ¿Por qué se mantienen los encierros? Porque la gente de Pamplona los quiere y no se plantea, para nada, su eliminación. Se mantienen por una de las fuerzas más potentes que existen, prácticamente invencibles: la tradición. La herencia histórica cultural de una sociedad que se transmite de generación en generación, que se vive desde niños y jóvenes, que tienen prestigio entre las personas y se considera parte de la identidad de esa comunidad. Si algún alcalde se planteara o decretase el fin de los encierros habría un tumulto sin precedentes en la ciudad. Pamplona se rebelaría, casi unánimemente. A pesar de esta voluntad, los encierros, por su violencia y peligrosidad, no deberían permitirse.

Como no podemos vencer a la tradición, tengo la esperanza de que los encierros, y también las corridas de toros y los espectáculos sangrientos y violentos, mueran poco a poco. El gran aliado para que los encierros desaparezcan es la masificación. Como la masificación será creciente y hará, de facto, imposible, la supuesta vistosidad de los encierros, el Ayuntamiento tendrá que acotar el número de corredores y corredoras. Habrá pulseras de entrada y limitaciones. Eso será un rejón de muerte para el festejo. Obligará a que los participantes pasen control de alcoholemia. Otro rejón. Se creará una casta de corredores. Otro rejón. Puede que los encierros se conviertan también en coto para frikis venidos de todo el mundo. Quizás no sea tan descabellado poner semáforos en la calle Estafeta, en Mercaderes y en Telefónica a fin de dejar pasar sucesivamente a una parte de los toros y grupos de corredores. ¡Semáforos en San Fermín, qué gran idea! Será un espectáculo solo para la tele. Otro rejón. Perderá su raíz popular y puede que se transforme en un reality show de la tele. Un rejón más. Los encierros no sobrevivirán a su viejo éxito y a sus propios excesos. Todo en el encierro es excesivo.

Pamplona no tiene el control para la gestión de los encierros, de la misma manera que se le escapa lo que ocurre en muchos otros espacios festivos, donde se producen conflictos. Los sanfermines, en una buena parte, están fuera de control y pertenecen a los miles de personas que acuden a la ciudad. Hay muchas maneras de divertirse, pero no todas son válidas. La tradición puede ser invencible, pero si no se modifica terminará por matarse a sí misma. Violencia y fiesta no son compatibles. Que se diviertan y, ¡Viva San Fermín!, Gora San Fermín!

¡Hasta el próximo jueves!

 

4 comentarios en “San Fermín: semáforos en los encierros”

  1. Has dado con una de las coaves sobre la desaparición del encierro: la masificación. Pero ni siquiera esto será suficiente, pues esta ya se ha producido y siguen siendo viable.

    El encierro desparecerá porque será insumible para la sociedad su coste en muertos y heridos en una actividad en que los perjudicados están asegurados por ella, que es la tomadora y pagana de la prima, y que además pone el espacio público, de todos, la propia calle.

    En cuanto a las corridas de toros te equivocas, pues es todo lo contrario: aquí la masificación no existe según los propios antitaurinos, que argüís que son poco seguidas, pero es que además se produce en un recinto confinado, privativo, bajo unas normas de seguridad ejemplares, un lugar donde nunca hay heridos ni muertos (no como en los campos de football) y donde se desarrolla una ceremonia única por real, artística y representativa de la cultura occidental.

    De todos modos en el fondo yo sueño con que los de la moda animalista hispana de todos los partidos acabéis con la corrida y que tengamos que seguir viendo corridas en la República Francesa si queremos hacerlo sin la txusma antitaurina gritándonos sus delirios de pijos a la entrada de la plaza de toros (el encierro lo mantendríais si fuera posible, aunque no sé cómo si no tenéis corrida en la plaza con toros de lidia a los que transportar y no os imagino pagando por traer toros desde Camargue solo para ese paripé).

    En fin, Blázquez, hoy toca día de subasta de zanahorias, ¿no? ¿Tienes ya el artículo de hagiografía de un partido heroico, astuto e inteligente para mañana?

    1. ¿Un lugar donde nunca hay heridos ni muertos?” Pues en un año han muerto ya tres toreros, el último, un muchacho en México.
      Y, por cierto, no soy animalista. Mi posición, desde hace 30 años de militancia antitaurina, se funda en factores inmorales de las corridas de toros y la repugnancia de la diversión de la chusma que solicita sangre y la tortura, casi nada. En fin, revise sus valores, Argi, está usted muy deteriorado en su corazón y su inteligencia. ¡Suerte!

  2. No te hagas el tonto, JR. Sabes que hablo del püblico.

    Tü mismo, si tuvieras una hija pequeña, preferirías llevarla a una corrida que a un Anderlecht-Athletic Club y lo sabes. Una cosa es que no sepas de tauromaquia ni pajolera idea – aunque quieras mandar en ella, eso sí- y otra que seas tonto.

    La muerte de los toreros es una posibilidad, de eso se trata, pero como digo no voy a seguir por ahí porque no sabes nada del significado de la corrida (y te compadezco por ello, por cierto).

    Por favor, ¿puedes decirme cuántos asistentes han muerto en los últimos años en partidos de football o festivales tipo Kobetamendi, Düsseldorf, etc., y cuántos en plazas de toros o alrededores de esos eventos?
    _________

    He notado cierto rintintín al referirte al insigne torero abertzale Iban Fandiño y otros matados por el toro en el ejercicio de su función, como si cormaras parte de ese ejército de cobardes y miserables de la secta antitaurina que escriben en You Tube alegrándose de la muerte de los toreros.

    Estuve en la misa por Iban en el templo gótico de Urduña, con una organización ejemplar que incluyó la interpretación en medio de la misa del poema cantado “Xalbadoren Heriotzean”.

    Límpiate la boca al referirte a él.

    1. Te doy paso por esta vez, pero no vale la pena hablar contigo. Eres la típica miserable taurina. O taurino. Ni siquiera sé quién eres, parapetada (o parapetado) en el anonimato.
      Agur!

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